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abril 2001
Nº 76

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ARMAGNAC

 

No precisamos demasiada poesía;

basta la justa y necesaria,

una pequeña copa al anochecer,

ya de nuevo en casa, después de cenar,

igual que hacemos con un viejo armagnac,

siempre que sea posible junto al fuego,

para observar mejor en nuestra palma

el oloroso cuenco cmo centellea

de su estanque espesamente dorado...

 

Espíritu de vino es también el poema,

incoloro y volátil, como bién saben todos los lectores,

pero inflamable si sabemos cogerlo,

pues habrá fermentado dentrode nosotros

y envejecido en los toneles del corazón,

con todas las dulzuras y amarguras

que, una y otra vez, nos hacen y deshacen

hasta hacer de nosotros un copuesto agridulce,

la infausta materia de un sueño corrompido...

 

Al llevarnos a los labios esta copa

de un cristal tan fino como el aire,

todo el tropel de olores que nos embisten

y este gusto que nos llena de lava ardiente,

¿qué nos devolverán sino el fuerte aroma

de nuestros momentos más intensos,

cuando justo vivimos la experiencia

pero no pudimos alcanzar su sentido?

 

Traducción de Joan Margarit

 

Àlex Susanna (Barcelona, 1957) es poeta y prosista. Acaba de publicar su último poemario, Suite de Gelida, de donde procede este poema, así como la traducción castellana del conjunto de su obra poética, Casas y cuerpos. Fundador director del Festival Internacional de Poesía de Barcelona hasta el 2000.