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abril 2001
Nº 76

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EL OJO DEL GESTO

 

Se ha sacado los ojos para disminuir la ceguera,

ahora que el anhelo es llaga y con la llave en el corazón

abre el ojo de la cerradura para entrar en el dominio de la

[visión.

 

Dibuja el rojo ahora que tiene el ojo desnudo

del ciego lame la saliva del ojo pez espía anónimo.

Como lámpara de noche sólo tiene el ojo del Gesto.

 

Él que sabía acariciar el pecho y rodar el ojo sexo...

 

Se abandonó al ardor. El Ardido, el fuego que incuba,

bajo la arboleda de pieles, la bestia y el volcán,

pinta el instinto y pierde la hora, gana el equivalente.

 

Extiende la sábana y enciende el bosque, arde la memoria.

Separa de los cuerpos la pelvis de la entrepierna.

Gira el mundo según descubre el solitario

cuerpo desnudo ojo ciego lápiz errante en la hoja desierta.

 

Traducción de Alberto Tugues

 

Vicenç Altaió (Barcelona, 1954) es poeta, ensayista y editor. Es autor, junto con J.M. Sala-Valldaura, del ensayo Les darreres tendències de la poesia catalana (1968-1978). De entre sus poemarios, destacamos Correspondències com conspiracions, Biathànatos o l'elogi del suïcidi ( El Mall, 1982), de donde se extrae el poema presente, y Groc, el ventríloc, o la indigestió de la veu.