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octubre
2000
Nº 70

Suplemento especial
Cuentos mexicanos
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manifiesto
crack
IV. LOS RIESGOS
DE LA FORMA. LA ESTRUCTURA DE LAS NOVELAS DEL CRACK
RICARDO CHÁVEZ CASTAÑEDA
Lugares comunes como "las páginas nos hablan"
o "el libro se defiende solo" se tornan pertinentes a la hora
de evaluar una propuesta estética. Si un manifiesto es, en el mejor
de los casos, un mapa para contornear lo que resulta obvio a una mirada
medianamente atenta a los comunes denominadores, las obras representan
los verdaderos reinos del compromiso con una postura y una proclama.
Las cinco novelas Crack son precisamente el sitio donde
ha de buscarse cuanto de pacto, de alma prometida y de ambición;
cuanto de apuesta por una literatura, llamémosle, "profunda",
hay en el momento actual de estos escritores.
Lo extraordinario ha sido la coincidencia. Las novelas
fueron elaboradas sin consigna colectiva. Si posteriormente se agruparon
hubo, por un lado, menos voluntad que destino compartido en el siempre
voluble medio de las editoriales, y, por otro lado, lo más importante,
una correspondencia de postulados, promesas y quizá, por qué
no, incumplimientos.
Exposiciones como ésta no hacen sino compartir
nuestro asombro: desembocar en los accidentes episódicos de la
época había sido, hasta ahora, el único punto de
reunión en nosotros, autores nacidos a partir de los sesenta.
Palabras más, palabras menos, lo que nos ha unido
hoy es una misma condena, si se entiende que las novelas son ya, para
bien o para mal, una demarcación y un voto de proceso. De aquí
en adelante se trata sólo de recorrer y exprimir hasta sus últimas
consecuencias la elección hecha.
¿Cuáles han sido los términos del
convenio? ¿Cuál ha sido el juramento?
Los libros son el único sitio donde han de buscarse
las respuestas; sin embargo, es posible adelantar el mapa que toda declaración
de principios desdibuja para facilitar las adhesiones y los agravios.
Las novelas del Crack comparten esencialmente el riesgo,
la exigencia, la rigurosidad y esa voluntad totalizadora que tantos equívocos
ha generado. Si volviesen sus majestades, Memoria de los días,
La conspiración idiota, Las Rémoras y El temperamento melancólico
rehúsan cualquier fórmula masiva o probada. Corren el riesgo
de ensayar. Podrá reclamárseles incumplimiento mas no insuficiencia
en la ambición: explorar al máximo el género novelístico
con temáticas sustanciales y complejas, sus correspondientes proposiciones
sintácticas, léxicas, estilísticas; con una polifonía,
un barroquismo y una experimentación necesarias; con una rigurosidad
libre de conmplacencias y pretextos.
De este modo, mientras una secta completa se encarga de
narrar el fin del mundo en Memoria de los días, son las voces de
los actores que irrumpen en la película que se filma en El temperamento
melancólico, quienes nos dan cuenta de la soberbia infinita de
un director que se asume como dios. O, en otro extremo, Si volviesen sus
majestasdes involucra en el aparente orden de su historia principal un
caos de historias engarzadas, lo mismo que las tres breves novelas que,
al modo cervantino, interrumpen el viaje principal de Ricardo hacia Las
Rémoras. Y en un último tour de force, La conspiración
idiota apuesta por deletrear el secreto lenguaje de los niños con
un léxico tan original como el que balbucea nuestro bufón
en Si volviesen sus majestades.
En las novelas del Crack ustedes encontrarán, pues,
los alcances del proyecto pero también sus límites; las
conquistas pero también sus desvaríos. Nada se soslaya,
nada se modera, porque las apuestas que valen sólo contienen extremos,
tan arriba y tan abajo se desee la escalada o la caída.
Un libro así obligadamente es profundo y severo
con sus lectores. La novela del Crack demanda pero ofrece. Se jacta de
ser recíproca: cuanto más se busque, más se recibirá,
con la certeza de que preexiste el iceberg para saldar cualquier deuda.
Aquí se exige una precisión. Contra esas
novelas mundo, voraces, que todo lo aspiran y todo lo exhiben; libros
que se quieren científicos, filosóficos, de enigma, etcétera,
a un tiempo, y que, como la vida misma, desecha tanto como ciñe
sin transformarse, así las novelas totalizadoras del Crack generan
su propio universo, mayor o menor según sea el caso, pero íntegro,
cerrado y preciso.
Los libros del Crack crearon su propio código,
y lo han llevado hasta sus últimas consecuencias. Son cosmos egocéntricos,
casi matemáticos, en su construcción y en su fundamento,
absolutos en su urgencia de comprender las realidades seleccionadas desde
todas las perspectivas, que en la literatura se traducen como multiplicación
de registros e interpretaciones; no hay un vértice que no sea nude
o no se cerque, como una red que es una combinación de lazos y
agujeros.
En fin, no se hace nada nuevo. Cuando más, desbrozar
una estética olvidada en la literatura de México. Hemos
elegido ascendencia y uno sólo de los mil caminos posibles. La
proposición, pues, está hecha, escrita, y ahora publicada,
porque cualquier diálogo en términos de propuesta literaria
se realiza con libros: "las páginas nos hablan", "los
libros se defienden solos".
El Crack está listo para hacerlo.
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