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octubre
2000
Nº 70

Suplemento especial
Cuentos mexicanos
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manifiesto
crack
III. SEPTENARIO
DE BOLSILLO
IGNACIO PADILLA
1. Cansancio y deshaucio
Si Pessoa pudo crear él solo toda una generación
en una Lisboa dictatorial y yerma de literatura, fue, ideas aparte, por
cansancio. Una mañana, después de un sueño intranquilo,
Álvaro de Campos despertó para escribir: "Porque oigo,
veo. Confieso: es cansancio." Y en sus insomnios nació la
gran poesía. De manera similar, creo ue vienen todas las rupturas,
desde los más cotidianos desvaríos hasta las más
cruentas y radicales revoluciones; no por ideologías, sino por
fatiga. Por eso aquí también está de más buscar
definiciones contundentes, teorías. Acaso sólo aparecerán
algunos "ismos" extraños que tienen más de juego
que de manifiesto. Ahí hay más bien una mera reación
contra el agotamiento; cansancio de que la gran literatura latinoamericana
y el dudoso realismo mágico se hayan convertido, para nuestras
letras, en magiquismo trágico; cansancio de los discursos patrioteros
que por tanto tiempo nos han hecho creer que Rivapalacio escribía
mejor que su contemporáneo Poe, como si proximidad y calidad fuesen
una y la misma cosa; cansancio de escribir mal para que se lea más,
ue no mejor; cansancio de lo engagé; cansancio de las letras
que vuelan en círculos como moscas sobre sus propios cadáveres.
De ese agotamiento viene un acta de defunción generalizada, no
sólo literaria, sino aun de la circunstancia. No hablo de pesimismos
o existencialismos impostados o trasnochados. Acaso siempre tenemos la
ventaja de que el espíritu de la comedia, la risa y la caricatura,
se volverán alternativas.
2. Sobre la contienda ausente y otras definiciones en
pensamiento negativo
No es tan gratuito, como opinan algunos, el término
siciliano de "generación sin contienda". Esta allí
la ironía para quienes hayan leído a Ortega y Gasset, y
sepan que entre las características que él apuntaba para
constituir una generación se contaba la contienda.
Pues bien, la ausencia de contienda es uno de los pocos
elementos que nos unifica, querámoslo o no. Y si algo está
ocurriendo con las novelas del Crack, no es un movimiento literario, sino
simple y llanamente una actitud. No hay más propuesta que la falta
de propuesta. Dejaremos a otros más piadosos elaborarla en su momento,
que sin duda lo harán. No es ésta la única definición
en discurso negativo, no sólo es la falta de contienda: cual si
fuésemos escolásticos definiendo a Dios o al infierno, sólo
podría decirse que, más que "ser algo", las novelas
del Crack "no son muchas cosas", son todo y nada, esa expresión
con que Borges definió acertadamente a Shakespeare. A veces, las
definiciones matan al misterio, y una literatura sin misterio no merece
la pena ser escrita.
3. Creacionismo para la escatología
No nos engañemos: no hay en las novelas del Crack,
ciertamente apocalípticas, originalidad escatológica. Sería
injusto otorgarles esta línea, injusto con una larguísima
tradición que, por cierto, no es precisamente mexicana. Por si
esto no bastase, ya el fin de las ideologías y la caída
del muro de Berlín se adelantaron mucho a la escritura; hace tiempo
que nos dejaron por herencia un mundo formado de sufijos, sólo
de sufijos que agregamos, a veces en serio y casi siempre en desesperada
broma, a lo que ya existió, a lo que ya fue. Ya Beckett predijo
una situación del género hace mucho tiempo, no con Godot,
sino con su Final de partida. Como Hamm y Cov, no escribimos desde el
apocalipsis, que es viejo, sino desde un mundo situado más allá
del final. Si al parecer hay en estas novelas un afán creacionista,
no en el sentido literal tipo Huidobro, sino en el amplio de Faulkner,
Onetti, Rulfo y tantos otros, es porque se juzga necesario construir ese
cosmos grotesco para tener mayor y más verosímil derecho
a destruirlo. Y una vez destruido, sólo entonces, comienzan las
novelas del Crack a aparecer dentro del imperio del caos.
4. El cronotopo cero, o hacia una estética de la
dislocación
Este mundo más allá del mundo no aspira
a profetizar ni a simbolizar nada. Acaso hay a veces trampas para un efecto
de extrañeza en homenaje a Brecht y a Kafka, algo para lo grotesco,
algo para la paráfrasis caricaturesca; en realidad, lo que buscan
las novelas del Crack es lograr historias cuyo cronotopo, en términos
bajtinianos, sea cero: el no lugar y el no tiempo, todos los tiempos y
lugares y ninguno. Del comic hemos tomado lo que accidentalmente hicieran,
hace más de medio milenio y en forma accidental, los refundidores
del Amadís de Gaula y lo que, sólo hace cinco años,
ha hecho el austríaco Ransmayr al situar a su Públio Ovidio
Nasón frente a un ramillete de micrófonos. La dislocación
en estas novelas del Crack no será a fin de cuentas sino remedo
de una realidad alocada y dislocada, producto de un mundo cuya massmediatización
lo lleva a un fin de siglo trunco en tiempos y lugares, roto por exceso
de ligamentos.
5. El nimbo y la palabra
A la novela del Crack, pues, le queda renovar el idioma
dentro de sí mismo, esto es, alimentándolo de sus cenizas
más antiguas. Quede para otros, los que sí tienen fe, tratar
el idioma con el argot de las bandas o con el discurso rockero, que ya
sabe a viejo. Hay más libros aún por hacer. Por cortar hay
tela en la peremiología, en la oralidad del rapsoda, en los arcaísmos
y la lengua atávica, en la oralidad y el folclor, en la retórica
juglaresco-clerical. Estos recursos, al menos, han mostrado una mayor
resistencia al tiempo, y aunque parezca más difícil esta
alquimia, sus resultados son más ricos.
6. Elogio de los monstruos
Ya nadie escribe novelas, o bien: ya nadie escribe novelas
totales. Pero, me pregunto, ¿novelas para quién?, ¿totales
para quién? ¿Se escriben acaso? Mejor será hablar
de novelas supremas y de nombres como Cervantes, Sterne, Rabelais y Dante,
con todos los que los han seguido abiertamente. Se trata de organismos,
que no por gigantescos debieran asustarnos, que no por monstruosos debiéramos
privarnos de ellos.
Más soberbio me parecerá el autor que se
aleje de esos gigantes aduciendo una incapacidad dudosa, que aquellos
nosotros- que los asuman abiertamente, que se revuelquen con ellos.
La literatura que reniega de su tradición no puede ni debe crecerse
en ella. Ningún monstruo niega sus sombras. Novela o anti-novela,
espejo contra espejo, sólo así es posible la ruptura en
digna continuidad.
7. Ruptura y continuidad
No vale la pena agitar el frasco de las garrapatas. Esto
es un juego, como todo lo que vale en la literatura. La palabra es una
y la misma; la novela, digan lo que digan, viene de siempre y continúa.
Rompiéndola, prevalece. En efecto, si no hay nada nuevo bajo el
sol, es porque lo viejo vale para la novedad.
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