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diciembre
2003
Nº 108

home
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Estantería
Narrativa Hispánica
LA HORA DEL BARQUERO
Víctor Chamorro
El Acantilado, Barcelona, 2003
312 págs., 18 euros
Vuelve Víctor Chamorro, como ya hiciera en El pequeño
Werther (1997), a mostrarnos su predilección por la novela de estirpe
germánica en esta La hora del barquero, premio Café Gijón
2002. Y así, si en aquélla, la historia de Fernando, el
pequeño Werther en cuestión, constituía una bildunsgroman
en el contexto de la devastada España franquista, una novela de
iniciación y formación de fuerte arraigo en las letras germánicas,
a la que añadía ciertos rasgos de la herencia autóctona
de la novela picaresca y la lucha diaria por la subsistencia, en La hora
del barquero el turno es para Kafka, el tema de la soledad del hombre
contemporáneo ante una culpa incapaz de comprender, y su defensa
imposible ante la represión sistemática del burocrático
Estado moderno. Jesús Marea, narrador de la historia, se encuentra
encarcelado e inmerso en un proceso donde debe expiar una culpa que no
conoce porque no recuerda nada de su vida pasada. Entre las torturas que
buscando una imposible delación sufre por parte del policía
Lino y que nos sumergen en antiguos métodos inquisitoriales, y
las sesiones a las que lo somete un psiquiatra innominado que persigue
la reconstrucción identitaria de Marea a través de la recuperación
de sus recuerdos, Chamorro construye un triángulo protagonista
que soporta con brillantez el peso del relato y que nos sumerge en un
mundo de una absoluta miseria moral, donde todo vale y donde a la irracional
represión estatal se sobrepone la animalidad de un terrorismo ciego.
Y en medio de este escenario, historias de amor truncadas e infinitas
discusiones ideológicas sobre revoluciones anheladas, en la brumosa
neblina de la desmemoria del protagonista y un espacio poco concreto que
bien pudiera ser el de cualquier país latinoamericano sometido
a la tiranía de una dictadura militar.
El tema de la reconstrucción identitaria a través de la
recherche proustiana se ajusta con extraordinaria coherencia a la estructura
de ruptura de la linealidad cronológica que nos propone el autor.
Pero resulta arduo reconstruir una historia con vocación
de mosaico. Se mezclan y contradicen esos recuerdos que pertenecen a la
espuma de este sueño desflecado (pág. 158), nos dice
el narrador respecto al esfuerzo de recordar, al tiempo que constituye
una auténtica declaración de principios de su autor. Novela
desasosegante, con momentos de una extrema crueldad y angustia, que reconstruye
con ambición de demiurgo ese viaje último hacia el Hades
a lomos de la barca guiada por Caronte, y que nos enseña, pues,
con maestría narrativa, la llegada hora del barquero.
Óscar Carreño
ORLÁN VEINTICINCO
Juan Abreu
Mondadori, Barcelona, 2003
295 págs., 17,50 euros
Juan Abreu es miembro de esa brillante generación
de creadores cubanos represaliados descrita en Antes que anochezca. Nómada
exiliado, juega a convertir los pequeños detalles de la existencia
en objetos de fascinación o de horror extremo; los lugares más
variopintos, en rincones de humanidad o degradación. Y es capaz
de dotar a lo cotidiano de luz propia, como demostró en Gimnasio.
Emanaciones de una rutina (Poliedro, Barcelona, 2002), su libro anterior.
Con Orlán Veinticinco, segunda entrega de un ciclo iniciado con
Garbageland, presenta un futuro desolador en el que DisneyCorp y el Gobierno
Mundial han instaurado un sistema de certezas aparentemente indestructible,
donde la máxima aspiración es poder alcanzar tras
una existencia dominada por los Historiales Personales de Consumo y el
nivel de Entretenimiento y de Gen de Dios la mítica WebLand-Tierra
Santa, olvidando así para siempre la Muerte. Pero un pequeño
grupo rebelde, encabezado por Alfil Tres y Orlán clon de
la actual y revolucionaria artista, abanderada del carnal art, se
prepara para acometer la Performance Definitiva que logre reinstaurar
el Caos y la Duda. Fábula hilarante y amarga que arremete contra
la sociedad de consumo y la banalización absoluta, la obra no deja
de ser, paradójicamente, hija del mundo que repudia. Su ritmo fragmentado
y en ocasiones hiperacelerado, fruto de una deconstrucción/ reconstrucción
sintáctica que es capaz de ofrecer altas dosis de lirismo con loable
economía de medios, no deja de ser reflejo de las pulsaciones íntimas
de nuestras urbes, de la estética del videoclip. Su jocosidad exacerbada
sólo aparente, y cargada de pesimismo mordaz resulta
por momentos algo ligera, casi inconsistente, a fuerza de insistir en
una serie limitada de símbolos; algunos demasiado evidentes (el
McBurger, por ejemplo), quizá tópicos, aunque no por ello
menos contundentes.
Parodia hiperbólica y entrañable, recorrida hasta la médula
de una iconografía pop que en más de una ocasión
roza lo kitsch, logra un sorprendente equilibrio con constantes referencias
a la más alta cultura: desde la mejor literatura cubana, la de
sus queridos Lezama (¡sacrosanta Paradiso!) y Arenas (el libro bebe
de El asalto, entre otras), hasta la escatología cristiana, pasando
por los grandes maestros del arte pictórico... Mezcla heterogénea
y fascinante de elementos dispares (Gattaca y Blade Runner, Michael Ende,
el mundo del comic y los superhéroes
), logrará convertir
a Walt Disney en el mayor monstruo de la historia, y a Mickey Mouse en
el protagonista de la peor pesadilla del lector. Libertad y belleza son,
pues, el núcleo de esta obra: reflexión sobre el papel del
arte en los siglos por venir, y canto a la insumisión frente a
cualquier tiranía; especialmente, ante el conformismo y la violenta
erótica del poder imperantes. Verdaderamente amena, si semejante
calificativo no resultara blasfemo en el código de valores que
propone Abreu.
Sergio Colina
JÓVENES CUENTISTAS MUERTOS
Fernando Cifuentes
Edaf, Madrid, 2003
255 págs., 11,95 euros
El problema no está en la calidad narrativa de
este libro, la cual, muy posiblemente, sea alta, sino en la esencia de
este tipo de obras en las que se pretende hacer literatura sobre la literatura,
sustituir la literatura por la literatura. Como se dice en un cuento de
Eduardo Galeano sobre la definición del arte, eso rasca. Y rasca
mucho y rasca muy bien... Pero rasca donde no pica.
Jóvenes cuentistas muertos es una antología ficticia de
doce autores de nacionalidad diversa unidos por un idioma común
y diferenciados por sus voces literarias. Los cuentos vienen precedidos
por una reseña de la vida del autor y un comentario crítico
de su obra. Se incluye, además, un prólogo en el que el
antólogo explica su trabajo, y una nota en la que se resumen las
vidas exageradas de escritores no incluidos en la antología. Dado
que los cuentos son homenajes (por no decir perfectas imitaciones) del
estilo de autores como Borges, Rulfo, García Márquez, Lezama
Lima o Roberto Bolaño (por cierto, no conviene perder de vista
la influencia de Bolaño, que en sus inicios escribió un
libro semejante a éste titulado La literatura nazi en América),
el trozo de vida que debe intuirse detrás de la literatura parece
reservado, pues, a las reseñas biobibliográficas, es decir,
no a las narraciones sino al recurso recopilatorio, demasiado justificado
en un prólogo que nos explica cómo debemos leer el libro.
Esta táctica se prolonga en los breves juicios críticos
sobre los cuentos, condicionando la interpretación, pero acertando,
sutilmente, en los lazos que unen alguna característica vital del
escritor imaginado con sus inquietudes literarias. En ocasiones, incluso,
este tipo de connotación se extiende al país de origen del
autor que es referente, para lo cual escoge escritores emblemáticos
con ánimo de confundirnos, de hacernos creer que las literaturas
nacionales pueden funcionar como géneros narrativos.
Con todo, sea creación propia o reelaboración, la digestión
que Cifuentes ha hecho de sus lecturas nos devuelve algunas frases, imágenes
e ideas realmente fantásticas: Una llovizna comenzó
a caer sobre el lugar, y él dijo: ésta debe de ser mi alma
(pág. 32); Tiene tanto trabajo mirando al mundo que no sé
si es que trabaja o si descansa (sobre una tortuga, pág.
121); Se tendió bajo el mosquitero, contó los mosquitos
uno a uno, y durmió (pág. 180). A las que cabe añadir
la excelente reflexión sobre la memoria, y la lucha entre el aprendizaje
y la genética que es el relato Vuelo de pájaros,
tal vez el mejor del libro.
Al límite de caer en el manierismo, Cifuentes demuestra algo que
será muy importante en su carrera literaria: al igual que hizo
Italo Calvino en Si una noche de invierno un viajero, demuestra que es
un gran lector.
Ricardo Martínez Llorca
EL PRIMER CLON
Marcos Manuel Sánchez
Edición Personal,
Madrid, 2003
540 págs., 20 euros
Desde que en 1997 se lograra clonar a la oveja Dolly,
el debate ético en torno a este tema no ha desistido. Marcos Manuel
Sánchez (Ciudad Real, 1961), desde un punto de vista científico
es licenciado en Ciencias Químicas recorre en su primer
novela, El primer clon, la historia de este proyecto. Autor también
de diversos trabajos de investigación Synthesis and Reactiosn
of Novel Substituted Beta Bydroxy-gamma Imino Esters entre otros,
el autor aborda las causas, procedimientos y consecuencias de la creación
de un clon humano.
El primer clon es una historia desarrollada a manera de anécdotas
paralelas a través de una escritura cotidiana, de tono fluido pero
sin una gran tensión narrativa. Con un estilo descriptivo, tanto
en la voz del narrador, como en los diálogos, el autor muestra
el ambiente social de Madrid e Italia para contar esta historia. A partir
del hastío generado por la rutina y la explotación laboral
vivida en su trabajo diario en la Corporación Hache Solo, el protagonista
quiere dar un cambio de ritmo a su vida. Entonces, es atrapado por el
libro del doctor Mark Cóndom, Teorías del clon activo, que
empieza a incitarle a la autoclonación, con el fin de hacer justicia
en ámbitos sociales, económicos y éticos del mundo
que le rodea, así como lograr el replanteamiento de corporaciones
actuales con sus correspondientes reales principios y tabla
de méritos. Por otro lado, en el Instituto Marzens de Italia, se
presenta el primer clon humano, nacido muerto, y se investigan las causas
de la misma muerte. Detrás de estas investigaciones se encuentra
un hombre que, además del tráfico de órganos, se
dedica al narcotráfico, y cuyo objetivo principal es reproducir
miles de clones selectivos con el fin de crear un imperio en estas labores.
Una especie de conquistar el mundo. Por otro lado, Marcos Manuel Sánchez
también enfoca la clonación desde una óptica positiva:
La gente considera la clonación como una técnica que
se reduce a multiplicar por dos el original. Y creen que necesariamente
ha de servir a intereses bastardos, de gente rica que desea multiplicarse
para garantizar la perpetuidad de su imperio. Nunca se miran las innovaciones
por un lado favorable
Desde estos dos puntos de vista, el autor utiliza la clonación
como recurso narrativo en un juego de historias paralelas, para interrogarse
sobre la cuestión ética que envuelve el tema. Un interesante
y completo recorrido por uno de los temas de nuestro tiempo.
Carolina Hernández
Narrativa Extranjera
MEDIA VIDA
V. S. Naipaul
Trad. de Flora Casas
Areté, Barcelona, 2003
235 págs., 18,50 euros
Media vida es la de los hombres y mujeres que viven a
medias, dejándose llevar por las circunstancias, sin tomar decisiones,
convenciéndose a sí mismos de que lo que les ha tocado en
suerte era lo que querían; media vida es también la de la
gente de medio pelo, a caballo entre una tierra a la que no
pertenecen y otra a la que no quieren, o no pueden, volver; media vida
es la que V. S. Naipaul, en cuya identidad son indisolubles el hombre,
el emigrante y el escritor, rinde en su última novela hasta la
fecha, una novela que aparece como la destilación de toda su obra
anterior.
Media vida, publicada en su versión inglesa poco después
de que le fuera concedido a su autor el Premio Nobel de Literatura (2001),
es la menos elaborada de sus ficciones, pero no por ello la menor. Se
ha dicho de ella, en múltiples ocasiones, que carece de las ambiciones
técnicas y estéticas de otros títulos como Una casa
para el señor Biswas o El enigma de la llegada. No obstante, cabría
verla, más bien, como el fruto maduro, depurado, de cincuenta años
de escritura. Es su texto más sobrio y sin embargo contiene todos
los elementos que atraviesan la totalidad de su obra. Como señala
Amit Chaudhuri en su reseña para el TLS (21-9-2001), el libro,
dividido en tres partes asociadas a tres espacios: India, Inglaterra
y África portuguesa, captura en miniatura en
cada una de ellas los tres temas capitales de Naipaul: la figura del padre
y las complejas relaciones filiales; la formación del autor como
hombre y escritor; la esquizofrenia del emigrante entre su colonia de
origen y la metrópolis.
La trayectoria de Willie Somerset Chandran, el protagonista, es una epifanía.
Su búsqueda de la propia identidad comienza con el padre, que le
nombra en homenaje a William Somerset Maugham. El padre deja en su vástago
la marca genética de la inercia y la simulación; el nombre
le lega un objetivo al que Chandran se pliega sin más: ser escritor.
Su primer y único libro le proporciona una lectora, Ana, que será
su mujer y le llevará a vivir una media vida ajena en un país
africano en proceso de descolonización como la India de su
infancia. La epifanía se resuelve al caer de una escalera
y descubrir, en la mitad de la vida, que es hora de seguir su propio camino
y enfrentarse a sus propias serpientes en definitiva la clave de
todos los libros de Naipaul, desde El sanador místico hasta el
presente, pasando por la que, tal vez, sea su obra cumbre: El enigma de
la llegada.
Magda Costa
SUICIDAS
VV. AA.
Opera prima, Madrid, 2003
304 págs., 17 euros
Antología de escritores suicidados que construye
un macabro y genial escenario con veinticinco autores de los siglos xix
y xx. Autores que, más allá de la nota en común del
suicidio, son de lo mejor que ha dado la literatura. Virginia Woolf, Sylvia
Plath, Danilo Kis, Maupassant, Quiroga, Ambroce Bierce, Pavese, Hrabal,
Mishima, Lowry...
Es poco común que una antología ceñida a un tema
concreto reúna una alineación de autores de tal calidad
y envergadura. Sus relatos, que van desde la genialidad surrealista, como
en el caso de Rigaut, hasta la perfección minimalista y melancólica
de Sylvia Plath, no tratan directamente el tema del suicidio. El motor
de esta antología es el suicidio de los propios autores, con una
clara voluntad de atrapar en las palabras de sus relatos algo de su mirada
lúcida, reflexiva, alucinada, algo de eso que les dio el coraje
o la demencia adecuada para que sus vidas acabasen con un disparo certero,
una caída o axifisia... Tantas formas de suicidio (explicitadas
en la introducción) que el lector queda fascinado por la vida de
los autores antes de comenzar la lectura. Como el caso de Ambrose Bierce,
internándose en las profunidades de la selva de Chiapas en plena
revolución sabiendo de antemano que aquello era un símbolo
de su desaparición definitiva; o la certidumbre que tenía
Maupassant de su propia inmortalidad. La lectura de estos suicidios ejemplares
se solapa con la obra de los autores, encontrando en sus literaturas preguntas
obsesivas, envites a la vida, cinismo corrosivo, exigencias de respuestas
absolutas a demandas absolutas... Los relatos de estos autores van desde
el humor negro (tal y como Breton lo definió) como en el
caso de Rigaut y del siempre delicioso Maupassant, hasta la tristeza
amarga y radical de Brice, Plath, Lowry o Hemingway. Hay aquí sucidios
por desesperación, por exigencia poética, por enfermedad
o por locura. Pero, potenciados por la obra, solamente encontramos en
esta antología suicidios dignos. Suicidios que, a pesar de que
no sean en sí mismos un valor literario, tal y como
afirma en su prólogo Benjamín Prado, son consecuencias de
la misma manera de mirar que produjo algunas de las mejores páginas.
Así, esta antología tiene la virtud, además de reunir
a semejantes autores, de no establecer canon ninguno, de no pretender
agotar nada, sino simplemente de dar voz a autores que se rompieron los
huesos del cráneo a base de literatura. Porque sería mezquino
negar a estos autores ese hilo tenue y transparente que une la vida con
la literatura, que hace saltar los límites en ese puro acto de
esquizofrenia que muchas veces llamamos escritura.
Joaquín Fortanet
Literatura Catalana
LA MEMÒRIA DELS MOTS
Ricard Ripoll
3 i 4, Valencia, 2003
87 págs., 9 euros
Con su autoficción poética Ricard Ripoll,
hijo de emigrantes que escoge pertenecer al mundo de la literatura, escribe
un libro sobre la identidad a partir de tres momentos significativos para
su desarrollo físico e intelectual. Desde el trípode Cuerpo-Razón-Pasión,
el poeta lucha por llegar a la salvación total, a la identidad
no vacilante, al rechazo de los absolutos autoritarios y a la construcción
de la paradoja de la existencia. Mado, personaje y moral, conforma este
abismo, la unión entre el pasado y el futuro, utopía irrevocable,
antigua promesa del Este. Recrear el mundo no es reflejarlo, sino impulsarse
en las calles, que son versos, y crear lenguaje a partir del símbolo
que constituyen las palabras, empapadas de memoria histórica. En
perpetuo movimiento, el poeta afirma que todo es palimsesto,
es decir, la fragmentación de cualquier concepto implica la multiplicidad
geométrica de nuevas correspondencias.
En el primer movimiento, Fragments del cos (Fragmentos
del cuerpo), el poeta literaturiza, pasados por el tamiz de la flecha
del tiempo y la velocidad del movimiento imparable, sus años adolescentes
en París, en los cuales el cuerpo respresenta una experiencia vital
y los recuerdos son instantes, pasiones y vapores para inventar itinerarios
mágicos. Es la etapa de la creación de imposibles, o de
la geografía de lo posible, de futuros inciertos y de deseos aventurados
en los límites de la piel o los ojos. La palabra no ahoga, es hipotética
y ondula el paso de las horas. Els aprenentatges (Los
aprendizajes), desarticula el primer movimiento, ya que supone la
reactivación de la razón y la firmeza de una actitud moral
forjada en las lecturas y la trascendida en la escritura. Con la primera
palabra de cada poema en mayúscula pues éstas sí
son autoridades fiables, el poeta rinde homenaje al conjunto de
artistas del verso que se han constituido como sus maestros y sus confesores.
Poesías que germinan la ilusión por la escritura, el pensamiento
sin límites y poetas que resultan, por motivos distintos, correlatos
objetivos del Ripoll poeta.
El tercer movimiento, LEst del teu cos (El Este
de tu cuerpo) es, concatenando la idea de circularidad y de inicio
permanente, la proyección de los dos aprendizajes anteriores, en
los cuales la Pasión inventa de nuevo el Cuerpo para acceder a
tan anhelada identidad, ahora ya con un pleno sentido de la autoficción
y un bagage sexual e intelectivo más robusto. Mado
es aquí el espacio de la liberación, a través de
una presencia nacida de la palabra, provocación y espera: caminos
para alcanzar el infinito.
Anna Carreras
Poesía
LAS VECES DEL RÍO
José Manuel García Gil
Algaida, Sevilla, 2003
78 págs., 10 euros
José Manuel García Gil (Cádiz, 1965),
escritor lento y reflexivo a juzgar por el tiempo que separa de éste
sus otros tres libros publicados, propone con Las veces del río
un libro que parte de la anécdota y su reflexión posterior
para la construcción del poema. Las veces del río son las
veces que el agua corresponde a la piedra con igual entereza en su lucha
por vencerse, las veces que la vida nos arrolla desgastándonos
en un enfrentamiento ganado de antemano. Es a través de esta idea
que el poeta proyecta el libro en sus diferentes escenarios.
Los poemas se desarrollan a través de la complicidad de otra persona,
bien con quien se vivió la experiencia narrada, bien con el propio
lector que actúa de juez modulador de lo narrado. Entendemos que
se trata de una poesía para ser contada: no para sostenerse autónomamente,
sino buscando la mirada cómplice del lector. Si en la primera parte
del libro se desarrollan anécdotas al azar siempre dirigidas hacia
el desgaste vital del yo poético, en la segunda parte leemos unas
versiones y perversiones con una clara unidad temática
a través de diferentes mitos que el autor manipula para demostrarnos
una vez más lo ya indicado.
Se trata de un libro por momentos irregular, ya que echamos de menos una
construcción general más sólida, una cohesión
más definida. Esto sucede porque se engarzan versos realmente interesantes
de imágenes novedosas que animan la lectura del libro, con otros
que no sostienen la misma voz ni la misma exactitud. Y esa falta de destreza
hace que unos poemas que podían haber sido muy buenos, se conviertan
tan sólo en buenos poemas de oficio. Cuando el poeta nos dice y
tu nombre me viene mucho más despacio, citado con letra nerviosa
o Cierta historia de amor, pone una mueca de estricta tristeza en
las cajas del alma, vemos una notable lírica expresada con exactitud
y serenidad reflexiva, pero la coloquialidad de algunos de los versos
que acompañan estas ideas diluye su impacto. Esas imágenes
nos quedan huérfanas dentro del poema, como queda a menudo sin
determinar su sentido dentro de la estructura.
No ayuda a resolver la cuestión ese tono popular que se utiliza
en el libro y que ha sido adquirido por mucha mala poesía de la
segunda mitad del siglo xx, sin saber lo complicado de usar que resulta,
y confiando más en sus posibilidades narrativas que líricas.
Por momentos a su poesía le falta poema y en algunos fragmentos
de sus poemas, falta poesía.
Juan Francisco Jiménez
AUGATORA
Sujata Bhatt
Trad. de Clara Janés
Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Madrid, 2003
129 págs., 13 euros
Augatora, en alemán antiguo, es una ventana, literalmente ojo-puerta,
que se abre, mira, al exterior. A través de ella, Sujata Bhatt
(Ahmedabad, India, 1956) se deja capturar por las imágenes y palabras
que la asaltan en diferentes confines del mundo: Nueva Orleans, Connecticut,
Pune, Berlín, Barcelona... A través de sus poemas va trazando
un canal abierto de vasos comunicantes por el que deja asomar al lector,
sin imponer una voz mediadora, cediendo el protagonismo a la extrañeza
y el placer de los espacios ajenos espacios que acarrean su propio
imaginario, lengua y sonoridad, que devienen próximos al presenciarlos.
La historia dice, es un relato quebrado de hechos dispersos,
sin hilo conductor, de los que uno se apropia al transformarlos en un
lenguaje propio. Sus temas, vaya por donde vaya la anécdota, remiten
en todos los casos a la condición del viajero y su experiencia
en tanto que propia, unitaria, y en tanto que humana, lingüística
de lo otro. Como mujer, nos da paso a espacios a menudo vedados por una
ley del silencio: la sexualidad, el propio cuerpo, las rutinas diarias
sólo reservadas a ellas.
La escritura de Bhatt se sitúa en un marco de poesía de
la experiencia, se apoya en la vivencia contreta, personal, que aun así
aspira a un sentido de universalidad debido a una humanidad y feminidad
compartidas al margen de los límites fronterizos. La anécdota
aparece como punto de encuentro y pretexto. A partir de ella, o con ella,
despliega un estilo sintético, conciso, que al mismo tiempo le
ofrece un cauce para desarrollar y elaborar las imágenes extensivamente,
ya sea narrando una historia o comentando una escena de pocos segundos.
En verso libre, combina con acierto el encabalgamiento y la frase breve
ajustada al verso, dejando que el poema fluya a su propio ritmo. Saca
partido aunque a veces se excede al recurso de la anáfora
y la repetición, creando estructuras recurrentes que vuelven sobre
sus pasos para recoger un leit motif. Es una poesía directa y llana.
Huye de formalismos dejándose llevar más bien por la intuición
del momento y un agudo sentido de la medida justa en la distribución
de las pausas. Cosas todas ellas que merece la pena degustar en su versión
original, gracias a la edición bilingüe.
Hilde Romero
Ensayo
PALABRAS CRUZADAS. UNA INVITACIÓN A LA FILOSOFÍA
Fernando Savater
y José Luis Pardo
Pre-Textos, Valencia, 2003
136 págs., 10,52 euros
Qué pueda ser hoy la filosofía y cuál
su transcendencia social y su rentabilidad social, o cómo se articula
una filosofía en la nueva sociedad del conocimiento y de la información.
Todas estas preguntas, y algunas más sobre lo humano (y menos sobre
lo divino) aparecen en este curioso diálogo que se ha llevado a
cabo gracias a la informática, pues en vez de encontrarse y hablar
cara a cara, Savater y Pardo establecieron una comunicación vía
correo electrónico a través de la cual hablar de los temas
que han ocupado a la filosofía desde siempre, aunque las apariencias
hayan cambiado. Y es curioso que una filosofía que surge de la
conciencia de la mortalidad, y que sólo en la expresa aceptación
de la misma, se revela como verdadera, o radical o ética, se venga
preocupando desde hace ya varios siglos por lo mismo.
Claro que de la filosofía que nos enseñaban en el instituto,
aquí no hay mucho. Apenas hay referencias eruditas, ni listas de
autores o escuelas. Tampoco se encontrará el lector con un compendio
resumido de las principales teorías filosóficas pues
de todo eso se ocupa la historia de la filosofía, sino con
las reflexiones de dos filósofos, en el sentido de personas que
se interrogan acerca del sentido de la vida, y por tanto del significado
de cosas como eso de vivir bien, qué es el hombre... aunque eso
sí, las especulaciones metafísicas quedan reducidas a su
mínima expresión y sólo aparecen al final del libro.
Aparecen y desaparecen algunos otros temas como qué es la sociedad
y cuál es su relación con el individuo, cómo se articula,
cuál es el papel de la política, de los partidos políticos,
de la ética y de los intelectuales, o la importancia que cobra
el espacio público para que exista y se desarrolle de verdad la
ciudadanía, algo que va más allá de los conceptos
de consumidor o de espectador, pues en el fondo los rebate. Es este concepto
de espacio público uno de los más importantes, pues no en
vano no puede haber sociedad sin la existencia de varios de ellos, como
pueden ser la escuela, los periódicos, o incluso los foros telemáticos
con todos los problemas que puedan traer aparejados, entre ellos el de
poder dar libre curso a la demagogia.
En resumen, el lector se encontrará ante una obra filosófica
en el sentido de que no le ofrece verdades incontrovertibles si no argumentos
razonados para el buen vivir, y se aleja de los prontuarios pseudofilosóficos
tanto como de las consignas partidistas.
Santiago Rodríguez Guerrero-Strachan
EL ASALTO A LA CULTURA
Stewart Home
Virus, Barcelona, 2003
232 págs., 12 euros
Asalto a la cultura: Corrientes utópicas desde
el Letrismo a Class War parece comprometerse a convencer al lector más
escéptico de la existencia de una tradición disidente que
va desde el futurismo hasta nuestros días, de un discurso autogestionado
de protesta y agitación político-cultural sin historiar
o mistificado. El sintético repaso de una serie de ismos o movimientos
desde la década de los cuarenta con el grupo COBRA
hasta la actualidad, demuestra que en efecto existe esta tradición.
Pero esto ya había sido constatado antes. El mérito de Stewart
Home es, sobre todo, ordenar con más o menos claridad la secuencia
de sucesión de estos movimientos, es decir, historiarlos. Pero
en este recorrido histórico, Home se muestra tremendamente subjetivo,
para empezar así, porque él mismo confiesa haber sido seguidor
de algunos de estos ismos, como ácido detractor. Y sus antipatías
personales (que le impulsan a tirar puñales contra personajes reseñados
con nombre y apellido) rigen demasiado un criterio que se las da de objetivo.
Obviando las dos introducciones farragosas y la concatenación de
autodisculpas y excusas que esgrime Home al principio y al final del volumen,
las descripciones específicas y ordenadas cronológicamente
de cada movimiento son muy útiles. El autor retrata certeramente
el espíritu del movimiento letrista francés y su papel en
la afloración del situacionismo, aunque tantas páginas como
le dedica desequilibran el ritmo del libro (y más considerando
que hay bastante bibliografía sobre los especto-situacionistas
y la Segunda Internacional). También es muy esclarecedor el capítulo
sobre La verdadera historia de Fluxus, que ayuda a tener una
visión menos mitificadora del fenómeno. Probablemente, lo
que el lector espera de Asalto a la cultura al primer vistazo, empiece
a materializarse a partir de los capítulos que tratan los movimientos
desde los sesenta: el Arte Destructivo, los Motherfuckers, el Punk, Class
War, el Neoísmo, etc., son tratados correctamente, a excepción
del Mail-Art, del que se ha dibujado una semblaza embrollada e inexacta
en cuanto a concepto, ayudada por la, dicho sea de paso, mala traducción
al castellano del volumen.
Así, El asalto a la cultura debería verse como un valioso
libro de consulta sobre movimientos que, por recientes y subterráneos,
apenas tienen bibliografía, pero habría que tener precaución
respecto al aglutinante con el que Home tozudamente ha articulado su particular
itinerario.
Mery Cuesta
Extranjería
ACCIDENT NOCTURNE
Patrick Modiano
París, Gallimard, 2003
148 págs., 15 euros
Patrick Modiano vuelve después de una hermosísima
Joyita (Debate, 2003) una vez más a sus temas predilectos:
la oscuridad de la memoria, los recuerdos sepultados, la noche de la juventud.
Uno podría objetar que después de La place de lÉtoile
o Rue des boutiques obscures todo estaba dicho ya en este campo, y que
sus numerosas novelas posteriores poco añaden a su obra. Que tal
lector escéptico tome, pues, este Accident nocturne como la confirmación
de sus reticencias: aquí, no hay nada nuevo. El vagabundeo urbano,
la búsqueda de una mujer desconocida, o la ciudad como lugar de
la memoria siguen presentes en este breve accidente, como
en todos los libros anteriores. Incluso la música mágica
de las frases de Modiano es la misma. Pero no se trata de la aplicación
sistemática de un método, todo al contrario: este accidente
es la prolongación, la ampliación de un mundo interior,
su síntesis entorno a este eje central que son las obsesiones de
su autor. Porque es en esta novela quizá (y esto sería el
punto novedoso) donde la pared, el muro entre narrador y autor, se vuelve
más diáfano, casi traslúcido; y, por fin, después
de una quincena de novelas, podemos acceder a entrever (o entre-oír)
lo que parece ser la voz de Modiano mismo. Lo cual también puede
provocar otro tipo de accidente nocturno: volver a la triste realidad
al alba, un libro acabado en la mano.
Virgilio Matamoros
DELSHAD. PARASANGAS EN LA ETERNIDAD
Salim Barakat
Al muássasa al-arabiyya lil-dirasat wa al-nashr, Beirut, 2003
196 págs., 6 $
La amplia trayectoria literaria del poeta y novelista
kurdo sirio Salim Barakat llega, con esta duodécima novela, a un
punto culminante. Casi desconocida en España (su magnífica
autobiografía La langosta de hierro sólo se tradujo al catalán
en Andorra), la prosa de Salim Barakat es sin duda la más personal,
la más compleja y sugerente de las letras árabes actuales.
En esta novela abandona los atemporales paisajes del norte de Siria (escenario
frecuente en su obra) para adentrarse en la región de Alexandreta,
cerca de Antioquia. Entre Turquía y Siria, estas tierras fueron
concedidas a los turcos por los franceses en la época del mandato.
Allí, Delshad, el protagonista, está llevando a cabo la
traducción de un misterioso manuscrito siríaco, el Compendio
de álgebra de lo desconocido, traducción que no quiere
acabar. O, quizás, es el manuscrito el que no quiere que lo dejen.
O la historia de lo desconocido que no puede tener fin. En un lugar entre
dos aguas, en un tiempo indeterminado, la novela va recorriendo las parasangas
abandonadas de la eternidad, luchando contra la muerte. Gracias
a su estilo maravilloso, insuperable, que sabe utilizar todos los recursos
de una lengua árabe cultísima, Salim Barakat consigue rellenar
el barzakh, el vacio entre los mundos, y reconciliar así de golpe
vida y muerte, fábula y novela, prosa y poesía.
Mathías Enard
NARRATIVA COMPLETA
Adolfo Couve
Seix Barral, Santiago de Chile, 2003
477 págs., 13 $
Extemporáneo, marginal, raro, son adjetivos con
que la crítica suele calificar al chileno Adolfo Couve (1940-1998).
Calificativos válidos no porque expresen una actitud original o
rebelde del autor frente a las tendencias literarias de su época,
sino porque calan en algo mucho más profundo, más importante
de su personalidad de artista: la soledad. Para Couve, el arte exige un
desafío personal de conocimiento y de experiencia de vida: El
triunfo de la vida no es el éxito, sino morir sin miedo. Yo hice
un camino a través de la belleza, del arte y ésa es mi mística.
No en vano abandonó la pintura, con la que había adquirido
un reconocimiento unánime, y arriesgó su vida en la búsqueda
de la perfección con la escritura. Couve se quitó la vida
dejando el manuscrito de su última y más lograda novela,
La comedia del Arte.
Paradójicamente, el esfuerzo, la corrección y el dominio
lingüístico desembocan en una narrativa fragmentaria y dolorosa.
Lejos de una prosa fácilmente legible, anecdótica, estamos
ante una obra exigente, cuya única recompensa es el sufrimiento
por la vida fracasada de los personajes, por el doloroso ejercicio con
el lenguaje. Ése es el valor de la obra de Couve: la testarudez,
el obcecamiento con que construye unos textos cuyos protagonistas son
personajes mínimos, tragicómicos, a menudo caracterizados
por un detalle que, sin grandes introspecciones psicológicas, alcanzan
una dimensión humana universal.
Valentina Litvan
Un libro de Clarice Lispector
La deliberada extrañeza
María José Furió
Clarice Lispector, La manzana en la oscuridad, Siruela,
Madrid, 2003. Trad. de Elena Losada, 352 págs., 22,50 euros
Lo que escribiré no puede ser absorbido por mentes
de mucha exigencia y ávidas de cosas sublimes dice el narrador
de La hora de la estrella, antes de proceder a relatar la historia de
la muchacha nordestina, Macabea, un alma tan simple que explicarla requiere
apenas ochenta páginas engordadas por las reflexiones sobre la
organización del modo de narrar. Justamente lo contrario sucede
con La manzana en la oscuridad: sólo un lector de mucha exigencia
y ávido de cosas sublimes (o capacitado para digerirlas) puede
acceder a su sentido. Éste, en cualquier caso, no es algo que Clarice
Lispector oculte y que el lector deba resolver como una pesquisa recogiendo
pistas que la autora disemina por las páginas de la novela. Lo
que parece sorprendente es que Lispector defina desde dentro de qué
va la historia. Sorprendente porque su escritura roza lo místico,
elude la descripción histórica nada más lejos
de la novela
ecimonónica que ella, utiliza las sensaciones de los personajes
para construirlos y la realidad de la calle asoma casi sólo como
piedras que deja la parte Pulgarcito de su personalidad como escritora,
la parte que se resiste a abismarse en el surrealismo y a desligarse del
todo del mundo que va dejando atrás, una tentación que bordea
siempre.
Martín, el protagonista de La manzana..., ha matado a su mujer
y huye. En su huida, llega a una hacienda amenazada por la sequía
y que dirige una mujer de mediana edad, Vitoria, cuyo despotismo oculta
una inevitable sed de goce; la acompaña la joven viuda Ermelinda,
neurótica y ociosa. Una mulata con su niña y otro trabajador
completan ese pequeño universo. Martín se emplea como hombre
para todo y en su contacto material con la vida accede poco a poco a una
felicidad esencial comprendiendo enseguida, como si se tratara de un pensamiento
que aguardaba la oportunidad de ser revelado, que el proceso que está
experimentando es una forma de llegar a conocer cuál es la
acción de un hombre. La amenaza que se cierne sobre él
de ser denunciado tarde o temprano por Vitoria, quien desde el principio
intuye que oculta un secreto, y la presencia ocasional del profesor,
emblema del orden social del que ha escapado a través del crimen,
dan relieve a sus gestos de contacto con la tierra, las piedras, los animales,
el deseo de Ermelinda, en definitiva con lo primordial de la vida, una
experiencia de asunción del yo más profundo, por genérico,
que explica los títulos de los capítulos: Cómo
se hace un hombre y Nacimiento de un héroe. Desde
el inicio en que el lector percibe su movimiento de animal mucho
antes de que la autora escriba animal, pasando por su
reconstrucción a través de la lectura a conciencia de lo
que va deseando y haciendo durante el tiempo que pasa en la hacienda,
hasta esa eclosión final que es una ampliación extraordinaria
de las últimas páginas de El Extranjero de Camus, algo
esencial se ha cumplido. El lector que conoce a Lispector sabe que
es vano tratar de explicarla, que todo análisis pasa al lado de
su obra, pero no la transforma ni la amplía, pues nadie mejor que
la autora brasileña de origen ucraniano sabe qué está
haciendo, pues posee como muy pocos las palabras que utiliza y conoce
el peso de sus frases.
Quizá pocos escritores sean tan plenamente conscientes y dueños
de sí mismos como lo fue ella, ni tengan desde el origen la intuición
de cómo una obra literaria refleja al autor íntegro. Es
evidente que las coordenadas de la literatura no pueden restringirse a
desplegar lo metafísico en la experiencia del hombre si aspira
a seguir teniendo lectores, pero no es menos evidente que la producción
de Lispector enriqueció a la literatura con su elegante, rigurosa
y deliberada extrañeza.
Dos libros de Hans Magnus Enzensberger
Un poeta en la era digital
Matías Néspolo
Hans Magnus Enzensberger, Los elixires de la ciencia, Anagrama,
Barcelona, 2002, 281 págs., 14,50 euros; Más ligero que
el aire, La Poesía, señor hidalgo, 2002, 209 págs.,
18 euros
Hans Magnus Enzensberger no es un filósofo. Pero
en rigor tampoco lo fueron W. Benjamin ni G. C. Lichtenberg, para nombrar
dos personajes cercanos de similar estatura intelectual. El primero más
bien fue un disperso que practicó una disciplina que hoy podríamos
llamar crítica cultural, pero que en su tiempo no tenía
nombre ni curso legal. El segundo, un fragmentario que llenaba cuadernos
con breves aforismos sobre los más variados temas mientras sus
coetáneos iluministas construían rigurosas y soberbias catedrales
filosóficas.
Enzensberger tiene algo de ambos y también va a contrapelo. Es
un poeta en los tiempos del genoma humano y la era digital. Su currículum
es extenso y habla por sí solo: premio Príncipe de Asturias
2002, autor de una abundante, brillante y polémica obra ensayística,
dramaturgo, realizador de documentales cinematográficos, incansable
agitador cultural y un traductor cum laude. A él se le deben las
ediciones alemanas de César Vallejo, Neruda y parte de la obra
teatral de García Lorca. El bávaro de setenta y tres años
es una de las cabezas más lúcidas de la posguerra alemana.
Pero su pensamiento, como el de Benjamin o Lichtenberg, es por completo
asistemático. Cada una de sus preocupaciones intelectuales, y por
cierto que la ciencia pura y dura es una de ellas desde su obra temprana,
se traduce en una actividad concreta que pareciera carecer de conexión
con las demás; pero esto no es cierto. El pensamiento de Enzensberger
conforma varias constelaciones que giran en torno a un núcleo central
único: el misterio poético.
Habermas denunciaba en su célebre ensayo La modernidad como
proyecto inconcluso el drama cultural que suponía la escisión
de la actividad humana en esferas autónomas irreconciliables. Pero
esto no siempre fue así, ni debe serlo necesariamente en el presente.
Ni apocalíptico ni integrado, Enzensberger es un intelectual moderno,
tal y como Habermas entiende la palabra. No se cansa de denunciar las
miserias que la modernidad trajo consigo, pero al mismo tiempo cree en
ella con un optimismo feroz.
Enzensberger da el primer paso en esta dirección al proponer el
maridaje entre ciencia y poesía. Una empresa que puede resultar
a simple vista descabellada, pero que no lo es, ni lo era hace tan sólo
un par de siglos. Ciencia y poesía persiguen el mismo objeto, el
conocimiento, y en última instancia trabajan con la misma herramienta,
el lenguaje. Los elixires de la ciencia es una suerte de antología
que reúne en apretada simbiosis textos diversos, muchos de ellos
hasta ahora inéditos. Infinidad de poesías en torno a biografías,
curiosidades y aportaciones de científicos ilustres, prosas breves
y siete magníficos ensayos dan cuerpo a un libro inclasificable.
No se trata de un experimento poético con materiales científicos,
ni de un estudio científico riguroso sobre el hecho poético,
es ambas cosas a la vez.
En todo caso, su lectura es un soplo de aire fresco para todos aquellos
idiot savant, científicos idiotas especializados, enfrascados en
las estrechas mazmorras de su especificidad disciplinar. Y sin duda también
lo es para su hermano gemelo, el idiot lettré. Ya es hora de que
estos hermanos enfadados se miren de nuevo a los ojos y retomen el diálogo,
puesto que el saber sobre el mundo jamás estuvo reñido con
la poesía, y viceversa. Por su parte, en el epílogo final
de este libro, un demoledor ensayo que bien podría funcionar como
prólogo o introducción, Enzensberger nos recuerda que ha
sido la ciencia contemporánea la que más ha explotado las
potencialidades de aquello que Jakobson llamaba la función
poética del lenguaje. Sirvan de ejemplo algunos conceptos
de la física como: agujeros negros, espacio curvo, enanas blancas
o vientos solares, que son, en realidad, imágenes poéticas
envidiables.
Pero repito, Enzensberger es ante todo un poeta, y con mayúsculas.
Las sutilezas de su pensamiento pueden leerse quizá más
detalladamente en su obra poética. A esta profundidad filosófica
debemos sumarle además la coherencia moral de un discurso poético
que no encuentra parangón en lengua alemana desde los tiempos de
B. Brecht. Más ligero que el aire es su último libro de
poemas. Quizá sea recomendable que los lectores desprejuiciados
comiencen por aquí. La poesía de Enzensberger está
muy lejos de cualquier estética contemplativa. Y el lenguaje urbano
y directo que maneja convierte a sus
poemas tanto en verdaderas herramientas epistemoló- gicas como
en claves para la acción política.
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