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septiembre 2003
Nº 105

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Estantería


Narrativa Hispánica

LA VIDA INVISIBLE
Juan Manuel de Prada
Espasa, Madrid, 2003
531 págs., 22 euros


La escritura de De Prada tiende hacia una prosa culturista. Esto es, una exhibición de todos los músculos que componen su hipertrofia (frases alambicadas, léxico cultísimo y añejo, reiteraciones, comparaciones ocurrentes y, en definitiva, ensimismamiento en las palabras). En La vida invisible este barroquismo llega a saturar y agotar porque la prosa se antepone a la novela y no logra cubrir las debilidades de un argumento endeble.
Tenemos la sensación de que la narrativa de De Prada funciona descargando constantemente toda la artillería en lugar de emplear aquella que conviene en cada momento. Lo primero sería acumulación y lo segundo sería estrategia, que es la misma distancia que hay de la artesanía al arte. Tampoco la forma tiene que ver con el contenido, ya que estas frases rizadas a la máxima potencia de La vida invisible no contienen reflexiones u observaciones ni originales ni complejas, sino tontorronas y simples, como norma. Esta prosa es precisa –eso es innegable y es ahí donde no hay que perder la fe en De Prada y en que encuentre el curso adecuado para el caudal narrativo que encierra–, pero aquí sólo actúa de deslumbrante embalaje de una nadería.
La obra presenta dos tramas, que acaban convergiendo. Por un lado la vida de una pin-up de vida dura e intensa (locura, sexo y violencia) que parece sacada de una novela de James Ellroy. Es, con mucho, lo más potable de la novela. Este hilo se trenza con Alejandro Losada, joven escritor de provincias, que descubre la vida desaforada de la pin-up a la vez que está a punto de casarse con su novia y sufre el acoso de una fan. Si a la primera trama sólo es achacable una escritura inadecuada (¡personajes de Chicago hablando como engolados académicos!), a la segunda no hay por dónde cogerla de puro dislate. Ni a sus personajes, que en lugar de enigmáticos y atormentados se nos presentan como mojigatos. Ni a la lógica de novela juvenil que gobierna el texto, en la que la mano del autor, rigiendo todas las acciones es demasiado evidente, y éste es un error de bulto. Este paseo por el lado salvaje de la vida parece un reportaje de Informe Semanal, ya que no es ni creíble ni verosímil. Parece como si esta exhuberancia narrativa no lograse atrapar en sus arabescos un simple latido de vida.
En la introducción a Las esquinas del aire (2000) De Prada declara: “He aspirado a que la escritura sea mi género, la escritura en ebria libertad, [...] como única justificación del escritor.” No hay duda de que aquí lo ha conseguido en grado superlativo. Lo que cabe preguntarse es a cambio de qué, y si valía la pena tal esfuerzo para tan pobres resultados.

Quim Pérez

TENEMOS QUE VERNOS
María Tena
Anagrama, Barcelona, 2003
176 págs., 12 euros


La escritora madrileña María Tena sorprende en cada uno de los párrafos que componen su primer libro, Tenemos que vernos, una novela de corte intimista estructurada en cuatro partes a las que dan nombre las cuatro estaciones, y un epílogo que cierra el libro. Como en el teatro romántico más popular, también aquí el factor meteorológico es un trasfondo de la experiencia sentimental de la protagonista, y con la llegada del mal tiempo, se iniciará un proceso de regeneración que culminará en primavera, cuando Clara, ejecutiva de una editorial, renace al amor en compañía de su nuevo jefe, Juan, con quien entabla un corto pero intenso idilio.
Escrita en un tono llano, cristalino, muy cercano al de Miguel Delibes, la historia se centra en la experiencia vital y sentimental de la protagonista, prototipo del modelo de madre perfecta del siglo xxi. La novela cuenta con dos voces bien diferenciadas. Por una parte un narrador omnisciente que va sugiriéndonos aquello que más tarde desvelará Clara, la otra narradora, a través de las cartas que le dirige a su amiga Bárbara, prototipo de la frivolidad, y que al final se mostrará como un elemento fundamental de esta historia de traiciones, sentimientos de culpa y compromisos literarios y familiares. En estas cartas, Clara insiste en la idea de ver a su amiga para poder confesarle sus dudas y desahogarse. En cada una de ellas le suplica “tenemos que vernos”, pero este encuentro no tiene lugar hasta el epílogo, en que se desvela una realidad a la que tanto Clara como el lector eran ajenos. Es a través de estos textos epistolares donde conocemos realmente su personalidad y la crisis que atraviesa, y los que nos muestran el cambio de actitud vital de Clara.
María Tena desgrana todo el saber literario aprehendido en sus años como colaboradora para distintas revistas literarias, en una novela de fácil y cómoda lectura que más que una historia de ficción será un manual sobre la vida para el afortunado lector que decida deslizarse por cada una de sus páginas.

Mayte Galán

TARTESSOS
Jesús Maeso de la Torre
Edhasa, Barcelona, 2003
566 págs., 25 euros


Todo autor de narrativa debe compaginar dos factores si lo que desea es atrapar a sus lectores. En primer lugar, debe intentar que éstos se reconozcan en el libro, que adopten como propios los personajes y que vivan esa historia como suya. En segundo lugar, sobre todo en las novelas históricas, como es ésta, no debe haber ningún juicio moral, porque el lector tiene que vivir la narración desde dentro, entrar en la piel de los personajes y transformarse en aquel que más le apetezca. Jesús Maeso de la Torre cumple ambas premisas en Tartessos, su nueva novela.
En Tartessos se vislumbran cuatro tipos de viajes: el viaje de la vida, el viaje de descubrimiento, el viaje a los infiernos y el viaje redentor. Además de unos viajes por mar de los que tanto Hiarbas, el protagonista, como el lector, no salen indemnes, sino transformados y aprendiendo a mirar en su interior como no habían hecho antes. Destacan, por meticuloso y visual, el retrato de las ciudades y los personajes.
Los numerosos intérpretes secundarios de Tartessos ratifican asimismo una idea muy recurrente en las novelas de Jesús Maeso, algo así como una marca de la casa: todas las tramas confluyen en una sola. El mundo antiguo, concretamente las civilizaciones tartésica y fenicia, pueden producir situaciones novelescas muy interesantes y el creador gaditano ha sido lo suficientemente valiente como para adentrarse en lo desconocido y haberlo sabido reflejar con maestría. Tartessos es una novela que nos permite escapar de la cárcel de nuestra individualidad y asomarnos a unas vidas lejanas pero que no han cambiado tanto como se cree, a unas experiencias desconocidas y a unos lugares inalcanzables. Todo lo que aparece en esta novela es rigurosamente arqueológico.
Con este nuevo trabajo, se debe reconocer a Jesús Maeso como lo que es: un nombre importante de la narrativa española actual, más allá de discriminaciones genéricas, ya que la literatura es un dominio de la imaginación, y la imaginación tolera mal las fronteras y las definiciones.

Daniel Heredia

LA SENDA DE LOS LOCOS
David Tejera
Algaida, Sevilla, 2002
301 págs., 17,70 euros


La senda de los locos es la primera novela de David Tejera, ganadora del VII premio Ateneo Joven de Sevilla. Hubo un tiempo en el que algunos concursos literarios premiaban apuestas literarias arriesgadas. No es el caso de La senda de los locos, una novela histórica que sigue el modelo exitoso de autores de best-sellers como Ken Follet, Noah Gordon o Katherine Neville, repitiendo las formas ya repetidas hasta la saciedad, reescribiendo lo ya escrito.
No se le puede negar a David Tejera la habilidad de manejar el lenguaje, los datos históricos y la trama de la historia. Dividida en dos grandes bloques, La senda de los locos combina la historia de la creación del “David” de Miguel Ángel en la Florencia del siglo xvi, con el relato actual de un joven escultor cuyo genio le obliga a continuar una escultura inacabada del propio Miguel Ángel, para poder así desentrañar el secreto que ésta guarda.
En el primer bloque, donde se narra la creación del “David”, destaca la ambientación histórica y la precisión en las descripciones del trabajo escultórico. Por otro lado, muy acertadamente, el personaje de Miguel Ángel se muestra difuso al comenzar la novela y se va precisando a medida que se moldea la escultura del “David”. No obstante, la indecisión a la hora de elegir un tipo de narrador hace que la novela, en esta primera parte, pierda algo de intensidad y verosimilitud.
El segundo bloque, ambientado en la Florencia actual, donde Niko, alumno becado, queda obsesionado por “El esclavo barbudo”, una escultura inacabada de Miguel Ángel, carece de ambientación histórica y resulta el reflejo pálido del primer bloque de la novela. David Tejera suple esta falta de vitalidad de la historia con incisiones en torno al misterio que envuelve la escultura inacabada de Miguel Ángel. Quizás lo fascinante de esta novela esté más en la figura de Miguel Ángel que en la propia novela, que aprovecha el aura del artista para mantener viva la narración.
Estamos, por tanto, ante una narración cuyo mayor logro estético es el del entretenimiento. Logro cosechado con creces, ya que el lector queda preso en el relato desde el primer momento. Por lo demás, el libro resulta manierista, pertenece a la literatura de evasión y tiene como principal falta la de no proporcionar una representación coherente ni de la Florencia del xvi ni de la actual. La senda de los locos repite viejas fórmulas en lugar de intentar sondear otros caminos menos transitados, una novela conservadora para tiempos conservadores.

Joaquín Fortanet

SI CRISTO TE DESNUDA
Amir Valle
Zoela, Granada, 2002
140 págs., 10 euros

La muerte de dos amantes, cuyos cadáveres son encontrados justo como se quedaron después de culminar el acto sexual, es el desencadenante de esta novela negra situada en los barrios marginales de La Habana: un submundo de negocios sucios, droga, prostitución, chantajes y leyes al margen de la ley que no aparece en las guías turísticas.
Dentro de este ambiente, Amir Valle, escritor y periodista cubano nacido en 1967 y una de las voces jóvenes de la narrativa isleña, ha creado una historia de corte totalmente clásico, de escuela, podríamos decir, en la que el lector puede recrearse con los viejos recursos del género negro, que tan jóvenes y en tan buena forma se ven aquí. Presenta el típico caso de: amigo de policía pide ayuda extraoficial para esclarecer la muerte de un ser cercano (en este caso, su hija), y, de paso, vengarse del posible asesino. Poco a poco, tirando del cordel, el protagonista va desentrañando un amasijo de relaciones de poder, odios y venganzas en el que nadie puede tirar la primera piedra.
Con un estilo crudo y contundente, sin concesiones, Valle rompe con el decoro literario tradicional, sobre todo en lo concerniente al sexo y a la escabrosidad: “Desnuda, con sus grandes glúteos y su sexo de vellos negrísimos, abierto, aún con signos de la humedad del coito […] encima del muchacho que aún tiene los ojos abiertos, pero ya con el vacío de la muerte en la retina…” No es novedoso, pero sí atrevido este compromiso estilístico con la realidad, que también se refleja en la propia narración, escrita desde la marginalidad, desde el lado opuesto al oficial. Así, Valle y otros autores han dado un giro al género en su país, que comenzó siendo escrito casi al dictado del régimen. Se percibe el pulso que el autor tiene con la censura, cómo critica sin criticar, por ejemplo, a la propia policía en la figura de Alain, el protagonista: cómo, en el clímax de la novela, Alain se deja llevar por sus pasiones y sed de venganza y quebranta la ley; con ello podemos deducir que no puede esperarse mucho de unos policías que, pretendiendo luchar contra asesinos y rufianes de la peor calaña, acaban comportándose como ellos.
Dos únicos reproches: en primer lugar, hay ocasiones en que Valle no utiliza a favor de la intriga recursos tradicionales del género como el flash-back, pues adelanta en exceso lo que va a ocurrir (vemos a Alain recordando los hechos a menudo en un ambiente ya relajado, y eso rompe la expectación); en segundo lugar, los personajes son demasiado uniformes psicológicamente, su empecinamiento en no evolucionar hacia ningún lado ni un centímetro hace que puedan parecer falsos o poco creíbles, especialmente en el caso del protagonista. En cualquier caso, son fallos “técnicos” compensados por una visión rica de la realidad, y comprometida con ella.
Irene Renau Araque

PIEDRA Y CENIZAS
Antonio Maura
Huerga y Fierro editores, Madrid, 2002
132 págs., 10,50 euros


Los cinco cuentos de Piedra y cenizas se basan en la sensualidad y el primitivismo. El bilbaíno Antonio Maura los narra como quien explica un mito fundacional en una noche sin televisor bajo un cielo estrellado.
Concebidos a partir del ambiente rural brasileño en el que vivió su autor, estos cuentos nos hablan preferentemente de enfrentamientos simples entre individuos protagonistas de trazos heroicos y las tres o cuatro realidades esenciales (la muerte, el miedo, el sexo) que nos quedan cuando nos despojamos de los complementos de la vida moderna.
Un aire telúrico flota en todos estos relatos, protagonizados por marginales que abandonan las aldeas (con todas sus normas y convenciones) para adentrarse en la selva oscura y explorar los límites y los peligros del placer y del dolor. Encontramos así viajes a la ultratumba y sueños, incestos y viajes, dioses y naturaleza salvaje. Los cuentos de Piedra y cenizas son un retrato del exceso y de sus consecuencias. Para bien o para mal, sus héroes deciden abandonar la civilización y terminan sin billete de vuelta, perdidos en la selva.
Este espíritu de trasgresión encuentra su correspondencia en un estilo cargado de adjetivos y en descripciones dilatadas que llevan a una sensualidad extrema. Las ilustraciones de Carlos Bloch, una por cuento, van en la misma dirección y apuntalan la tendencia al orígen del libro. En la última historia, “Retrato”, se introduce una reflexión sobre las dificultades de la escritura y excepcionalmente, se narran circunstancias más contemporáneas (con apartamentos, vecinos, trabajo), aunque el final de la historia nos lleva una vez más a la atemporalidad de todo del libro.

Jordi Martí


Narrativa Extranjera

VELOCIDAD PERSONAL
Rebecca Miller
Trad. de Esther Tusquets
y Néstor Busquets
Anagrama, Barcelona, 2003
170 págs., 13 euros


Se llaman Greta, Delia, Louisa, Julianne, Bryna, Nancy y Paula. Mujeres estadounidenses, edades y clases sociales distintas pero todas ellas neurotizadas, en apuros, problemáticas o directamente locas. Los argumentos son en su mayoría estupendos, como el de Delia, la mujer maltratada que huye con sus hijos, o la niña de ocho años, Nancy, que compite consigo misma para estar el mayor tiempo posible junto a su padre sin que él se percate. Es muy interesante también cómo Rebecca Miller traslada el punto de vista de un mismo hecho, el inesperado ataque de locura de Bryna, desde la perspectiva de la “gloriosamente bella” Julianne al de la trastornada Bryna; la road-movie de Paula recuerda el argumento de la película Catching dreams con una resolución parecida. Greta habla del éxito y del ritmo interior para alcanzar sus objetivos y Louisa de la relación conflictiva entre promiscuidad y curiosidad.
Este conjunto de relatos se organiza como una trama azarosa y cruelmente arbitraria de vidas cruzadas donde unos personajes protagonistas emergen como secundarios en un relato posterior. En la mayoría de casos es como si, al no existir ninguna zona de la psique de estas mujeres que decidiera asumir el liderazgo en vista a reorganizar esas identidades convulsas o disgregadas, el conflicto las paralizara hasta que la vida toma arbitrariamente la iniciativa del desenlace. Al mismo tiempo, la autora plantea la riqueza de estas identidades femeninas casi como un estudio de tipos que refuta, a través de la colisión deliberada de los planos de lo consciente y de lo inconsciente, los planteamientos estereotipados que la literatura masculina ofrece sobre las mujeres.
En muchos puntos, la propuesta de Rebecca Miller tiene más de “guión literaturizado” –como paso previo antes de trasladarlo a cine, terreno en el que tiene ya cierta experiencia– que de literatura propiamente dicha. Películas americanas con pretensión de ser revulsivas y críticas como la citada de Altman o Magnolia, o la sobrevaloradísima Monster Ball, se le parecen en la decisión del narrador de ausentarse, siendo esa incomparecencia un modo de llevar al límite desquiciado la consigna only facts de Hemingway. En este sentido, en Velocidad personal hay buenos retratos pero no hay buenas voces. La hija del dramaturgo Arthur Miller y de la fotógrafa de Magnum Inge Morath demuestra con talento lo que todos sabemos: que uno es más hijo de su tiempo que de sus padres. Y está bien que así sea.

María José Furió

FELIDAE
Akif Pirinçci
Trad. de Irene Dun de Leal
Brosquil, Valencia, 2003
303 págs., 12 euros


Se agradece a la editorial Brosquil esta recuperación de la primera entrega de las aventuras del detective Francis, best-seller internacional aunque hasta la fecha poco conocido en España, si bien se publicó por primera vez hace unos años por la editorial Urano.
Akif Pirinçci nació en Estambul en 1949 y emigró a Alemania donde, después de una primera novela que pasó desapercibida, encontró la fama en 1984 con su serie poli-cíaca Felidae, que es el nombre latino de la especie de felinos más común. El protagonista, Francis, es un gato sumamente inteligente (en criterios humanos), mucho más que Gustav, su abrelatas (así se refieren los felidae a nosotros, sus amos), un escritor de novelas rosas y especialista en dioses egipcios aquejado de tontería y obesidad. Después de mudarse a una nueva casa horrible y decadente (según Francis) o maravillosa (según su amo), el protagonista empieza a dar con una serie de cadáveres animales que le permitirán demostrar sus habilidades como detective. Francis es un gato que sabe utilizar un ordenador, leer, etc., y que también puede conversar sin problema con los demás animales, así como con los seres humanos. Obviamente, su tonto abrelatas Gustav no sabe qué tipo de mascota tiene…
La tensión de esta novela se fomenta en que normalmente los personajes animales están asociados a un tipo de narración poco realista (como los cuentos para niños), o bien fuera de la realidad humana (como en El libro de la selva). Pero Felidae no tiene nada que envidiar a las más descriptivas novelas policíacas en cuanto a gore y ambiente urbano negro. No se trata en absoluto de una novela de animales para niños, sino (y los premios de novela policíaca que obtuvo lo atestan) de una verdadera obra negra, con serial killers, sangre y suspense. No obstante, la personalidad del gato Francis y su instinto felino cambian el punto de vista habitual de la novela negra. Imagínense que en El libro de la selva Mowgli fuera un animal y que los demás animales fueran personas humanas, es decir, que el ser inteligente, moral, que representa la civilización frente a la barbarie y la locura, fuera un animal que tiene que luchar primero para aclarar los crímenes causados por la humanidad, y luego para educarla en el sentido de la virtud. Francis juega el rol de justiciero en un relato que nada tiene que envidiar a las mejores novelas negras de los años cincuenta. En definitiva, un Sam Spade felino. No volverán a conversar con sus gatos de la misma manera.

Stratis Thalassinos

EL RUMOR DEL OLEAJE
Yukio Mishima
Trad. de Keiko Takahashi
y Jordi Fibla
Alianza, Madrid, 2003
210 págs.,15 euros


Sabemos que El rumor del oleaje es una novela de Yukio Mishima (1925-1970) porque así lo afirma la portada, pero no lo parece, ya que se trata de una versión libre de Dafnis y Cloe de Longo, una novela griega de finales del siglo ii, considerada como la fundadora de la novela pastoril.
En una pequeña isla que vive entregada al mar asistimos al enamoramiento de los jóvenes Shinji y Hatsue. Pero el eje del relato no es romántico sino costumbrista y antropológico hasta la exageración. El resultado es un documental novelado de los usos y costumbres de los isleños, presentado como si se tratase de una versión convenientemente cursilona del paraíso. Si la comparamos con El marino que perdió la gracia del mar (1963) sale mal parada, debido a la sobredosis de buenos sentimientos. Mientras que los enamorados isleños son de una castidad que molesta y de una honestidad prehistórica, en El marino... los protagonistas follan sin complejos ya desde el primer capítulo, mienten y tienen comportamientos nada honorables. En su descargo diremos que en El rumor... las pasiones resultan más humanas y la historia de amor es más memorable.
Parece como si en la novela todo buscase replegarse sobre sí mismo. Como si la felicidad humana se encontrase en la renuncia al más mínimo rasgo de modernización. Como si encerrarse en el caparazón de la tradición oriental fuese la única vía de salvación posible. El argumento resulta muy rústico y complaciente –aunque escrito con la solvencia y la elegancia propias de Mishima–, dato que John Nathan en su biografía Mishima (1995) achaca a un deseo del autor por convertirse en algo que fuese su opuesto, y este anhelo de cambio se cruzó con la fascinación por Grecia.
Existe un prejuicio imposible de soslayar cuando nos adentramos en la literatura nipona de postguerra. Se trata de una luz perversa que emerge de aquel atómico seis de agosto de 1945 y que ilumina todos sus recovecos. Cree-mos que también hay en El rumor... unos deseos de pureza, simplicidad y bondad nacidos como respuesta enfrentada a aquel hongo mortal. Una necesidad de buscar una felicidad edénica unida a un respeto casi religioso por la naturaleza como repuesta a, en palabras de Kenzaburo Oé, “ese grito silencioso que desde entonces pasó a regirlo todo”.
Ante una figura como Yukio Mishima surge la duda de si el do de pecho lo dio en su obra o en su vida. Ni una ni otra fueron menores ni desdeñables y a ambas les casan a la perfección adjetivos como desbordante, contradictoria y fascinante. Definitivamente, la difusión y el estudio de su obra, y por extensión el del resto de la narrativa japonesa del si-glo xx, no merecen la desatención a la que es sometidas en nuestro país.

Berta Pons

Literatura Catalana

QUE DORMIM?
Enric Casasses Figueres
Edicions 62, Barcelona, 2003
80 págs., 10,40 euros


Cazador diestro, de versos y de vida, peinado a golpe de viento, como los románticos. De imagen rebelde y underground, pero con elegante chistera negra y cuchara de madera en la solapa, Enric Casasses (Barcelona, 1951) es un original renovador de los recitales. Poeta vivido, traductor leído, matemático iniciado, y continuador de la avantguarda catalana, la obra de Casasses se insiere en la tradición lúdica y nihilista de la ruptura, la ambigüedad, la disidencia y la diferencia. Se expresa con humor para conseguir la sonrisa del lector a partir de la intensa capacidad lingüística, para recrear la oralidad y el ritmo del idioma catalán en todos sus registros. Un poeta que escribe en voz alta y habla por escrito.
La simbiosis con la naturaleza, la tierra como organismo biológico, y el hombre como cerebro de este organismo, son las claves para leer Que dormim? (¿Dormimos?). Título retórico, sonoro, real más que autobiográfico –es una interpelación con que el abuelo del poeta le llamaba la atención, y su padre le recordaba la necesidad de la constante vigilancia–, se presenta seguido de un subtítulo tan interesante como dislocado: Cant 27 “jo també hi era” (Canto 27 “yo también estaba”), signo de memorialismo visual residiual y de autobiografía por capítulos: “Cuando decimos poesía queremos decir la carne humana que late dentro, que sufre, que todo.”
Un yo poético que recita el itinerario, un viaje iniciático por la vida y la literatura, gracias a la mitificación y la maestría de su abuelo materno, auténtico vínculo con el territorio ultralocal (la Escala), con el macro (Cataluña) y con la tradición (su amistad con la escritora Víctor Català). Escenas triangulares cósmicas entre hombre, mujer y mundo interpretado y traducido por el vino, en territorios vertiginosos o prestigios eróticos. “Vida es no cansarse del pacer de ningún placer.”
Las tres partes del extenso poema en prosa –a manera de conversación confesional y basada en los recuerdos– se separan mediante un cambio tipográfico o bien con expresiones del tipo “si obres tanca” (“si abres cierra”). No se utilizan signos de puntuación en la primera parte, e incluye sendas notas a pie de página, de textura informativa y tinte humorístico. La reflexión metaliteraria vuela con el cuadro cultural histórico, o a partir del simulacro dialogal con la hostalera del pueblo –que usa el término literato como insulto y descalificación.
Casasses mezcla contextos oníricos de ángelas libertarias con parajes reales; parodias de razonamientos lógicos con lenguajes dialectales que abren las fronteras del lenguaje; testimonio y semilla; lectura simplicior y difficilior; porque “un poema es como enamorarse, no tiene programa”.
Ana Carreras Aubets

Poesía

LONDRES
David Torres
Calima, Palma de Mallorca, 2003
71 págs., 10 euros


Quienes conozcan la excelente prosa de David Torres (Madrid, 1966), al fin valorada justamente con el premio finalista del último Nadal de novela, tienen ahora la ocasión de descubrir su faceta de poeta –en realidad una prolongación más de este creador plural y honesto que hace apenas un año publicaba en pequeñas editoriales y gozaba del heroico parabién del invisible–.
Su primera entrega poética está trufada aquí y allá por agradables hallazgos. Londres es un poemario poco convencional, no tanto por la construcción formal del verso como por su ingenio en sazón, y en especial por el brillante tratamiento del lenguaje. En esa arriesgada vocación por el cultivo de la orfebrería verbal (que ya se mostraba en su prosa), y a través de la amarga ironía de muchos de estos poemas, es donde el autor madrileño alcanza su máxima pericia lingüística y literaria, una nota cada vez más desafinada en la última poesía española. En Torres el auténtico valor poético reside, principalmente, en el afán por el lenguaje, verdadero protagonista, aunque “todo –o casi todo–/ sucede más allá del lenguaje...” (pág. 29). Apuntemos también un dato en apariencia pueril: el autor no sólo es novelista notable sino cuentista vocacional, esto es, inventor de historias. Ni siquiera en su poesía puede reprimir esa sublime tentación por contar, por mentir, por atraparnos con un argumento. De ahí que, amodorrados ante tanto poema biográfico, estos versos se leen con sumo placer (valga de ejemplo el magnífico poema “London ghosts”, entre otros).
Hay en este libro no sólo imágenes agudísimas (“Venías de ningún sitio./ Ibas a ninguna parte./ Qué hacía yo en medio.”; “... toda mujer sumergida en mi alma/ experimenta un empuje hacia arriba/ directamente proporcional/ al peso de los recuerdos desalojados...”), sino también de gran belleza. Pocos poetas escriben hoy un endecasílabo como “Hay sáharas de amor en mi garganta...” o “... las burbujas de jabón de un niño/ jugaban para siempre en tus ojos...”.
Evocación de un paisaje decadente y onírico, Londres no es tanto una ciudad sino un estado de ánimo. Torres nos ofrece un fresco de pérdidas, recuerdos, nostalgias y desmitificaciones a partir de los tópicos, todo ello defendido a través de esas tan olvidadas herramientas que son la inventiva y el gusto por la caprichosa musicalidad de las palabras. Los que estén agotados de la hegemonía poética actual tienen en estas páginas un motivo de alegría. No sólo descubrirán al nuevo poeta sino también al escritor con mayúsculas.

Diego Prado

Ensayo

MEMORIA DE LOS POETAS DE LOS LAGOS
Thomas de Quency
Trad. de Jordi Doce
Pre-textos, Valencia, 2003
381 págs., 30 euros


Hace ya algunos años, Bioy Casares recordaba que la producción de Thomas De Quincey seguía aumentando considerablemente desde su muerte, acaecida en 1859. Ninguna intervención telúrica o investigación heurística ha sido tan eficaz como los hábitos dispersivos del propio autor, quien, según se ha comprobado, no otorgaba menos importancia a un cambio de residencia que a lo que dejaba esparcido tras de sí. Lo cual, a la postre, se ha revelado como una exquisita y suficiente tutela del azar y del tiempo. En este sentido, lo que dejaba atrás no quedó propiamente “detrás” sino delante (un hecho que tal vez influyera en otros exponentes de este género dispersivo: Felisberto, Macedonio y Arlt).
Para nada es el caso de Recollections of the Lakes and the Lake Poets. Este volumen, biografía de los poetas lakistas (Wordsworth, Coleridge y Southey), fue publicado originalmente en revistas y periódicos de la época y le valió en vida la enemistad y el reproche de alguno de sus contemporáneos, y de no pocos de los homenajeados. Sin embargo, ofrece las dos características ya mencionadas: la dispersión y el descubrimiento tardío. Es un descubrimiento tardío para los lectores españoles y, a pesar de que la narración mantiene una concentración inhabitual en el autor, frente a otros ensayos más digresivos (como la ética de Judas Iscariote o la vida de Goethe), posee aquel estilo “inconexo e indeliberado”, “mitad chismorreo, mitad crítica literaria”, que es el sello propio de Thomas De Quincey.
Su relación con Coleridge da lugar a una biografía entretenida y mordaz. Relatar su primer encuentro con el admirado filósofo, “the greatest event in the unfolding of my own mind”, le lleva un total de dieciséis páginas (más de lo que tardó Boswell en recordar su encuentro con Samuel Johnson). Lo que dice de Southey es suficiente para admirar al escritor y despreciar al hombre. En cuanto a Wordsworth, en un pasaje sublime, De Quincey describe el sueño del poeta a la orilla del mar tras leer el Quijote. Ve acercarse un árabe “lance in rest,/ Mounted upon a dromedary”, el cual “sostiene en su mano dos libros; uno son los Elementos de Euclides; el otro, que es y no es un libro, y que semeja tanto una concha como un libro, es a veces las dos cosas y también ninguna. El árabe le indica que arrime la concha a su oído; tras lo cual…”. Cabría recordar, ya que el autor no lo hace, que se trata de una recreación del Libro V del Prelude de Wordsworth, sin duda, una de las cumbres de la abstracción humana.
La traducción de Jordi Doce es un reflejo lúcido del estilo de De Quincey, abunda en anotaciones que no son nunca innecesarias o superficiales. La edición en general está bien lograda y la encuadernación es por demás perdurable.

Adrián Icasuriaga

PEQUEÑA FILOSOFÍA PARA NO FILÓSOFOS
Friedhelm Moser
Trad. de Macarena González
Herder, Barcelona, 2003
270 págs., 12,90 euros


Es probable que todas las personas se planteen en algún momento de su vida existencial preguntas filosóficas capitales: ¿qué es el yo?, ¿existe la verdad?, ¿por qué la soledad?, ¿por qué la muerte siempre está presente en nosotros?, ¿somos seres libres o presas del mimetismo para encajar en el engranaje social?, ¿somos esclavos del tiempo? Si bien estas cuestiones pueden ir acompañadas de respuestas abstractas, su “solución” no exige un abordaje centrado en la forma y en la indeterminación. Existen diversas maneras de enfrentarse de cara a tales cuestiones, y una de ellas consiste en abordarlas desde las experiencias de la vida cotidiana. Es precisamente éste el tratamiento que F. Moser (1954-1999), filólogo, filósofo y autor de obras que gozan de buena recepción en Alemania como El mercadillo filosófico o Todo en la mujer es un misterio, da a los temas claves de la filosofía en Pequeña filosofía para no filósofos.
Éste es un ensayo variopinto, que se desmarca de la rigidez expositiva y compilativa. Cuestiones tan elevadas como la mística, la muerte, la soledad, el valor cívico o la guerra encuentran su asidero mental en las películas de James Bond, en locuciones de radio, en transeúntes anónimos, en anécdotas de vidas de filósofos… Incluso Moser nos sitúa, de forma teatralmente escénica, ante un drama judicial entre Guerra y Paz en un acto. Este tratamiento poliédrico del contenido se reviste de un tono irónico, repleto de humor, que conduce el espíritu del lector a su liberación mundanal, forzando los límites de su existencia y elevándole a la fantasía reflexiva del allí. Sin embargo, no se piense que esta forma de tratar el contenido, por múltiple que sea, carezca de coherencia. Más bien al contrario, la coherencia reflexiva que exige toda cuestión filosófica inunda esta obra.
Pequeña filosofía para no filósofos dista mucho de la pequeñez, pues nos aproxima a cuestiones esenciales de nuestra existencia a través de la manera gnoseológica más comprensible para el ser humano: desde sus anécdotas cotidianas. Sarcasmo, experiencias cotidianas, transeúntes, películas, locuciones de radio; pero también Filosofía y grandes filósofos hacen de la lectura de este libro un escenario en el que situarnos para representar la recreación que supone la introspección.
Olalla Bagüés Bedoya

UNA GRAMÁTICA DE LA DEMOCRACIA
Michelangelo Bovero
Trad. de Lorenzo Córdova Vianello
Trotta, Madrid, 2002
175 págs., 12 euros


Para quienes no estén acostumbrados a la lectura de textos de filosofía política, la Gramática de la democracia de Bovero supondrá sin duda una ocasión inmejorable para abordar por primera vez este género. En su breve libro, Bovero, que en todo momento se muestra deudor del gran maestro Norberto Bobbio, efectúa un estudio de los principales conceptos que han acompañado tanto históricamente como contemporáneamente a la noción de democracia. Tal como sugiere el título, la obra pretende ser una especie de manual de uso de la democracia, lo cual en ningún momento le resta profundidad y rigor. Bovero divide el libro en distintos apartados que siguen escrupulosamente el planteamiento gramatical: sustantivos de la democracia, verbos de la democracia y adjetivos de la democracia.
El recorrido histórico del autor, que inicialmente se detiene, como es lógico, en el mundo griego, no omite precedentes históricos mucho más recientes y fundamentales como el liberalismo y el socialismo. En todo momento la oportunidad de la obra resulta patente. Sirva a modo de ejemplo la reflexión a propósito de la democracia ateniense y el concepto de isonomía. Hoy en día el poder de decisión –señala el autor– no está ya en manos de todos, ubicado en un centro accesible sin exclusiones. La figura que representa la nueva situación no puede seguir siendo la de la circunferencia, sino la de la pirámide, que viene a simbolizar el paulatino distanciamiento de la clase dirigente respecto del ciudadano, ubicado en la base. La aplicación de este modelo no es original del autor, pero el pensador italiano consigue darle toda su relevancia al proseguir con el análisis de otros conceptos capitales como la distinción entre democracia parlamentaria y presidencial, representativa y directa, formal y sustancial, liberal y social, etc., así como con el análisis de nociones como la de igualdad, ciudadanía y libertad entre otras, y su contundente crítica al floreciente presidencialismo italiano y al riesgo que supone su nueva pervertida manifestación telecrática. Finalmente, otro aspecto que merece ser destacado es el de la vehemente vindicación del carácter laico que ha de poseer toda verdadera democracia. Basta pensar en el lenguaje empleado por Bush para entender la idoneidad de esta lectura para todo aquel que desee reorientarse en el contexto de las desvirtuadas democracias occidentales.
Ramon Surroca

EL VESTIDO. ENSAYO PSICOANALÍTICO.
Eugènie Lemoine-Luccioni
Trad. de Lola Gavarrón
Engloba, Valencia, 2003
128 págs., 14,50 euros


Engloba Edición ha lanzado al mercado la colección Tendencias, anaquel que pretende llenar con ensayos sobre la dimensión intelectual del mundo de la moda. La apuesta es loable por arriesgada y tangencial, aunque se cierna sobre ella la sombra de la viabilidad.
El cuarto volumen de la colección, El vestido, escrito por la seguidora de Lacan Eugènie Lemoine-Luccioni, se bifurca en dos sendas casi antagónicas: primero, una entrevista a André Courrèges, para después engarzar varios capítulos de aforismos y sentencias breves de longo aliento. La entrevista al modisto André Courrèges es inconsistente y vaga, una acumulación de tópicos que el discípulo de Balenciaga, el que fué arquitecto del nuevo corte femenino en los años sesenta, el que alcanzó popularidad con su apuesta compartida con Mary Quant por la minifalda, esputa sin remilgos: “La moda no me interesa. No sé lo que es la moda; lo que me interesa es el estilo”; “La mujer compra por sentimiento y por sueño”; “¡Son mucho más fuertes que los hombres!”
Perdonada la leve culpa de dicha ligereza (¿debe el lector la suerte de esta veintena de páginas a una exigencia mediática?), queda en libertad el resto del ensayo. En él, su autora escruta la metáfora del cuerpo y del vestir, sin soslayar ningún punto de vista por transitado que parezca. Parte de la labor del modista, ese dibujante que traza y corta (“la moda se reduce a una línea”), para pasar a analizar el desnudo, la máscara, la moda como arte del deseo, la cirugía estética como vestido, el trasvestismo y la transexualidad, la ocultación, el fetichismo e, incluso, las dislocadas performances de la artista francesa Orlan (ya saben, aquella que lleva una década sometiéndose a todo tipo de operaciones para variar su fisonomía). Sin denostar caminos frecuentados por Roland Barthes, Mallarmé, Lévi-Strauss, Freud, Lacan, y otros, Lemoine-Luccioni transita el drama de la pulsión hecha ropa (“El traje habla allá donde el cuerpo no es capaz”), el duelo entre lo externo y lo interior, el noli me tangere implícito en cada pliegue del vestido femenino, la “sobreimposición imaginaria” del hábito, la castración y el desvelo del sujeto (“el sexo se oculta para descubrir el rostro”), la fragilidad de nuestra imagen ante el espejo y el abandono.
Lluís Alabern

IRREDENTAS
Ricard Vinyes
Temas de Hoy, Madrid, 2002
267 págs., 18 euros


Irredentas es un libro duro que no hace concesiones, porque dedicado como está a relatar y atestiguar la libertad rota de demasiadas mujeres durante la dictadura franquista no puede hacerlas. Fue un tiempo en que la cuestión ideológica encabezaba la lista de motivos de reclusión, y miles de mujeres con sus hijos fueron hacinadas por sus ideas en las cárceles de la posguerra, muchas veces durante años. Además de los golpes físicos que pueden encajarse si uno no muere, la prisión suponía una tortura psicológica, y eso queda bien explicado en este estudio gracias a la combinación del discurso del historiador con el relato oral de las protagonistas, que confieren dramatismo a un texto que avanza entre la explicación de las razones y el testimonio de lo sufrido. Fueron auténticas víctimas de sucesos terribles, cargados de dolor y de desesperación, y se vuelcan en las páginas para dejar constancia de lo que fue.
En este sentido, el libro se quiere una pieza más para la historia que defiende el conocimiento profundo de lo previo para evitar que se repitan los sinsentidos pasados. Para conseguir ese objetivo, se presentan datos de numerosos archivos, desde bibliotecas hasta registros militares y documentación de centros penitenciarios y de prisiones. Los comentarios se refuerzan con las estadísticas, escalofriantes casi siempre. Las cifras hablan. Hablan de mujeres encarceladas, de niños enviados al extranjero lejos de unas madres que no eran informadas, hablan de dolor y explican la muerte.
Los personajes del drama son víctimas o verdugos, entre los últimos destaca tristemente el psiquiatra Antonio Vallejo Nágera, quien defiende una idea particular de raza, entendida como la categoría de hispanidad. A partir de ahí, se imagina la represión que sufrieron las presas puesto que todos los enemigos de Franco fueron considerados antiespañoles o antihispánicos. Las mujeres significaban la reproducción de esa idea de antinación que tanto temían, por eso fueron tan severos los vencedores con las vencidas, porque temían al poder de la vida nueva enfrentada al régimen. De ahí la tortura, el silencio y el expolio de hijos, de ahí la terrible represión, que adquiría tintes de venganza.
El libro recoge en sus últimas líneas el drama de las que consiguen salir “con sus vidas dañadas o destrozadas en grados distintos, desde luego, pero seguían irredentas”. Y es que el sabor de la resistencia les daba la fuerza para la lucha, una lucha que continúan en el libro.
Blanca Bravo Cela

Música y cine

MI VIDA EN LA MÚSICA
Daniel Barenboim
La esfera de los libros,
Madrid, 2002
343 págs., 23 euros

Más que una pura autobiografía es éste un libro de memorias. Más aún: intenta ser una perfecta combinación entre la remembranza y la reflexión, con el objetivo de darnos algunas claves acerca de una de las personalidades más influyentes y carismáticas del universo de la música clásica en nuestros días. Los méritos de Daniel Barenboim son muchos, y su premio Príncipe de Asturias de la Concordia recibido junto al palestino Edward Said no hace sino subrayar uno de los múltiples aspectos en los que este músico y humanista desarrolla una extraordinaria labor artística, social y cultural en sentido amplio.
Mi vida en la música, desde esa doble perspectiva que señalaba al principio, esconde los vicios y las virtudes propios del personaje, y esos son quizá los mayores atractivos de este libro. Porque, digámoslo ya, a quien no le interese la figura de este excepcional pianista y director de orquesta poco le pueden aportar sus opiniones sobre la música clásica, las orquestas que ha dirigido en Chicago o Berlín, el festival de Bayreuth o la todavía polémica figura del compositor Richard Wagner, que ha ocupado intensamente los últimos años de trabajo de Barenboim. Ni sus vivencias, ni sus recuerdos, ni las anécdotas que salpican su azarosa vida, desde su Argentina natal hasta el Israel de su juventud o su vida nómada actual, poco o nada interesaran a una persona que no sienta la pasión por la música que Barenboim afirma vivir día a día. Pero, en cambio, sí resulta interesante y muy esclarecedor su punto de vista sobre el conflicto árabe-israelí, lo que ha dado en llamarse sentimiento judío y las reflexiones sobre el carácter de Israel, sus gentes y sus contradicciones. Es ahí donde el libro de Barenboim desvela su otra cara, la del hombre que ha vivido en carne viva la historia de un proyecto vital que comenzó siendo la esperanza de muchos para acabar convirtiéndose en la pesadilla de sus creadores. Es entonces cuando Barenboim, a través de sus vivencias, analiza y compara, para llegar a la conclusión de que es el miedo el que separa a las comunidades y atenaza a la sociedad israelí, y que sólo a través del diálogo y de la construcción de puentes como el de su proyecto con Edward Said, la joven orquesta West Eastern Diwan donde músicos árabes y judíos trabajan juntos, pueden acercarse posiciones tan distintas.
Es por eso que afortunadamente este libro no sólo es el testimonio de un artista más o menos popular, con una trayectoria lo suficientemente extensa y contrastada como para que los melómanos tengan en cuenta sus opiniones sobre el arte de la música, sino que precisamente es en la sincera invitación al diálogo y la reflexión que Barenboim realiza desde la honestidad de su conciencia donde se halla el inestimable valor de esta obra.

Carlos Alarcón

FÁBULAS DE LO VISIBLE
Àngel Quintana
El Acantilado, Barcelona, 2003
312 págs., 18 euros


He aquí un libro que empieza como un relato arqueológico, continúa como una historia de la representación realista y finaliza como un análisis del presente. Todo ello, claro está, referido al cine. Pero también con excursiones a otras disciplinas: la literatura, la pintura, la fotografía. ¿Tres libros en uno? Quizá más bien un discurso fragmentario muy propio de esta época nuestra, donde la ambición de la totalidad ha pasado ya a la historia. En las primeras páginas, la comparación entre un documental de Segundo de Chomón sobre una visita de Alfonso XIII a Barcelona y los monumentales reportajes épicos de Leni Riefensthal sobre el nazismo da lugar a una interesante conclusión: incluso la filmación de una determinada realidad es una cuestión de retórica. Al final del texto, el autor pretende dar respuesta a una cuestión básica: “Si el presente es visto como una simple representación, ¿de qué realidad puede acabar dando cuenta la propia historia?”
Es éste, pues, un libro sobre cine, pero también un libro sobre determinadas imágenes de nuestro tiempo que han acabado sustituyendo a la realidad. Se trata de un tema que Àngel Quintana ha abordado ya en varios libros, desde sus monografías sobre Roberto Rosellini y Jean Renoir, hasta su historia del cine italiano de la posguerra a nuestros días. Ahora, sin embargo, se atreve a efectuar un salto mortal sin red. En su doble condición de profesor y crítico, de académico y periodista, mezcla la erudición y el ensayo en una peligrosa pirueta que finalmente le reporta sabrosos dividendos. Su libro, en este sentido, se aparta del texto cinematográfico al uso en este país precisamente por su libertad de concepción y ejecución. Abundan las referencias bibliográficas, pero también las disquisiciones sobre el cine del presente. Es capaz de elaborar una pequeña historia de la teoría realista, desde André Bazin a Pier Paolo Pasolini pasando por Siegfried Kracauer, y luego convencer al lector de la importancia que tienen para el cine contemporáneo –calidades aparte– tipos tan distintos como Abbas Kiarostami y Alejandro Amenábar, Clint Eastwood y Arnold Schwarzenegger, los hermanos Wachowski y José Luis Guerin. Al final, los fantasmas de El sexto sentido se confunden con la condición espectral de las nuevas guerras, de los nuevos poderes virtuales de la globalización. Y entonces el lector se apercibe de que Fábulas de lo visible es también un encendido panfleto político.

Carlos Losilla

Cuatro libros de Boris Akunin
Un detective de la Rusia zarista

Boris Akunin, El ángel caído, Barcelona, 2002, 286 págs., 11 €; Gambito turco, Barcelona, 2002, 250 págs., 11,90 €; Muerte en el Leviatán, Barcelona, 2002, 288 págs., 11 €; Conspiración en Moscú, Barcelona, 2003, 378 págs., 13,50 €. Todos traducidos por Rafael Cañete Fuillerat y editados por Salamandra.

Desde hace un tiempo la editorial Salamandra viene traduciendo al español las novelas protagonizadas por Erast Fandorin con las que el ruso Boris Akunin (o B. Akunin, en guiño al célebre anarquista) se está dando a conocer en el mundo entero. Grigori Shalvovich Chjartishvili (Georgia, 1956) es el nombre auténtico de este escritor que, desde su puesto de director de la revista Literatura Extranjera, lucha por introducir en Rusia a los grandes autores europeos contemporáneos. En 1998 inició su carrera como novelista con El ángel caído –primer título de esta serie de siete, ambientada a fines del xix en diferentes escenarios mundiales y cuya cuarta entrega acaba de aparecer en España–, que constituye la presentación del héroe ingenuo y su conversión de simple funcionario novato en afortunado espía encargado de desvelar los sutiles tejemanejes de una organización terrorista –educativa con ramificaciones mundiales. La novela acaba en el punto trágico que alumbra los cambios fatales de la personalidad y el físico de un Fandorin de apenas veinte años cuyas patillas han encanecido en un solo día.
En Gambito turco, la entretenida peripecia de la joven Varia en persecución de su novio desde San Petersburgo hasta los campos de batalla rumanos durante la guerra ruso-turca de 1877-1878 sirve a Boris Akunin para revisitar y recrear agudamente una extensa colección de géneros literarios. La novela romántica, la de aventuras, la de espías, y la novela histórica, así como la intriga detectivesca, surgen revitalizadas de lo que bien pudo quedarse en mero pastiche. La razón del acierto se encuentra en la habilidad con que el autor reutiliza los materiales de las tradiciones de que se nutre y a los que se aproxima con una intención humorística y desmitificadora capaz, paradójicamente, de conferir a su texto peso y hondura a los que no son extraños unos planteamientos filosóficos tan contemporáneos como los que sus personajes formulan, por ejemplo, a propósito del nihilismo. Puede que lo más destacable de Gambito turco resulte ser precisamente su capacidad de enlazar las grandes preocupaciones éticas y morales del siglo xix con las que nos acucian en el presente (a modo de ejemplo, el malvado del libro acaba por revelarse como clarividente defensor de los valores de la civilización frente al atraso que encarna una Rusia decadente).
La sorpresa para el lector de Boris Akunin surge cuando en Muerte en el Leviatán en lugar de encontrarse con otra trama de espías y conjuras internacionales, se ve embarcado junto a Erast Fandorin en un transatlántico de lujo que transporta a la interesante camarilla de sospechosos de un crimen. Con habilidad y ligereza, Boris Akunin enlaza y desenlaza la intriga detectivesca en un cambio de registro casi radical respecto a las dos novelas anteriores, y lo hace con tal soltura que a nadie puede extrañar encontrar al diplomático Fandorin inmerso en conflictos dignos de sus ilustres predecesores, los detectives decimonónicos. En estas novelas se juega con diferentes tipografías, y se incluyen con frecuencia textos periodísticos junto con los puntos de vista de los personajes a través de diarios o cartas (en Muerte en el Leviatán destaca la curiosa visión que se atribuye, a través de su diario, a un japonés atribulado entre “monos pelirrojos” occidentales. Estos pasajes tienen mayor interés si cabe porque Boris Akunin mantiene desde su etapa universitaria una estrecha relación con el estudio de la lengua y la cultura japonesas). Una Conspiración en Moscú hace regresar a Fandorin a Rusia cuatro años después de su marcha en misión diplomática a Japón. Más sabio, adiestrado casi como un ninja y practicando todo tipo de técnicas orientales de meditación y autodominio, el joven se hace acompañar por Masa, un sirviente nipón singularísimo, en una nueva peripecia que compila modos y personajes ya presentes en las tres anteriores.
La caracterización de personajes se realiza con gran acierto, sobre todo en el caso de la pizpireta y presuntamente liberada Varia, la muchachita librepensadora que todo lo cuestiona desatendiendo las sensatas advertencias de Fandorin (esta dulce Varia será la misma que exige amparo ante el menor contratiempo y se siente molesta cuando las atenciones masculinas no cubren las expectativas de su inocente pero acusada coquetería). Con todo, es Erast Fandorin –el jovencísimo diplomático ruso que protagoniza y confiere unidad a las siete novelas de B. Akunin– un personaje romántico, misterioso y tan peculiar que no resulta extraño que, con sus patillas blancas, su sensatez y su tartamudeo intermitente, se haya convertido en el favorito del público ruso y sus aventuras tengan traducción a dieciocho idiomas. Tampoco nos extrañaría que este atormentado y crítico detective de la Rusia zarista se hiciera con su particular lugar en las bibliotecas españolas.
Ana Sousa


Extranjería

L’ÉCRIT. UNE POÉTIQUE
dans l’oeuvre de Celan
Jean Bollack
PUF, París, 2003
231 págs., 29 euros

Este nuevo volumen completa la bibliografía ya extensa de Jean Bollack sobre Paul Celan, dos años después de la publicación de la antología de artículos Poésie contre Poésie. El filólogo francés continúa su investigación del “territorio” Celan, entrando cada vez más profundamente en la obra del poeta germanófono, en búsqueda de una poética que, finalmente, logra retrazar. En siete capítulos, Jean Bollack intenta un tipo de síntesis ampliada de sus estudios anteriores: empezando por los pronombres, el je, el tu, la hermenéutica del autor descifra poco a poco la poesía de Celan, y llega, en el capítulo V, a la historia del tiempo presente y la relación del poeta con la violencia nazi, el Shoah, lo judío. La lectura de los vínculos de Celan con Mandelstam, Adorno y también Heidegger es un modelo de precisión y sobriedad. El viaje sigue, en los dos últimos capítulos, dentro de lo obscuro, de esta ausencia del sentido que es también la poesía de Celan: “La lectura, para llegar a algún resultado o simplemente progresar, debe descubrir el objeto enmascarado, oculto.” Y uno de los milagros de este libro está aquí: Jean Bollack lo descubre. Si bien se le ha podido reprochar, a veces con razón, una prosa tan oscura como los versos que analiza, aquí no es el caso. Las (de)mostraciones, las lecturas de los textos y sus conclusiones son límpidas y precisas, y el último capítulo, fascinante, concluye: “Los últimos años, algunos poemas son escritos para los que conocen la obra, para los lectores iniciados.” Y es esta iniciación del lector lo que consigue tan brillantemente Jean Bollack.
Mathías Enard

MAJNUN EL WARD
Mohamed Chukri
Manshurat al Jamal, Colonia, 2003
133 págs., $ 4


Mohamed Chukri (1935) vuelve a publicar su primera antología de cuentos, aparecida inicialmente en 1978, cinco años antes de la autobiografía novelada (autoficción, dirían algunos) que lo haría famoso: El Pan desnudo (1983 - Debate, 2000). Este autodidacta, que emigró de muy joven a la ciudad, a Tánger, “la novia del Norte”, fue limpiabotas, mendigo, guía turístico, un poco ladrón, un poco chapero a pesar suyo, intelectual de bares y amigo de Tenessee Williams, de Paul Bowles y de Jean Genet, cuyos encuentros y conversaciones contó en varios libros, como Jean Genet wa Tenessee Williams fi Tanja (1983). En muchos aspectos, estos primeros quince relatos se pueden considerar el “laboratorio” de sus novelas posteriores. Los temas autobiográficos y las anécdotas reales abundan, como la experiencia de niño callejero, la cárcel, la violencia y la dureza de la vida urbana más pobre. Del mismo modo, una gran ternura hacia los personajes y una cierta poesía, que rompe a distintos niveles con la tradición literaria árabe (las frases son cortas, de poca adjetivación, con más verbos que nombres, sin nunca llegar a ser secas) y que volveremos a disfrutar en Tiempo de errores (1995) y, sobre todo, en su obra maestra, Rostros, amores y maldiciones (2002), ambas publicadas en Debate.
Una gran puerta de entrada a la obra de un “clásico” de la narrativa árabe.
Gorka Lamadze


APPOGGIO
Arno Bertina
Actes Sud, Arles, 2003
223 págs., 18 euros

La ópera, el canto, el cuerpo y la voz de las cantantes: la nueva obra de Arno Bertina (1975) se aleja aparentemente de su primera novela, Le dehors ou la migration des truites (Fuera o la migración de la truchas, Actes Sud, 2001). A través del juicio de la contralto Maple Gordon, acusada de haber dejado morir a su agente en circunstancias poco claras, el narrador y a su vez también personaje Jean (le Bouffon) Duval, su amante y confidente, irá descubriendo su compleja realidad de personaje de ópera, su relación con el mundo empresarial y con las discográficas, la competencia con las demás cantantes.
Esta singular novela no sólo describe este mundo, sino que utiliza también sus recursos narrativos e, incluso, musicales. Este Appoggio es, en palabras de Jean le Bouffon, una novela en trenta y cuatro capítulos y tres o cuatros géneros literarios, precedida de un prólogo y concluida por un epílogo feliz. A la vez Ballo in Maschera, Traviata y Ariadna en Naxos, esta “novela musical” (género que parece prometedor), llena de detalles, referencias, arias y a veces coloratura consigue, con las diferentes voces y los instrumentos de su partitura, describir el complejo de inferioridad de una contralto, y al mismo tiempo realzar esta tesitura, ligeramente menospreciada (se tenía que decir) por los compositores. En fin, escribir para cantarla.

Virgilio Matamoros