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septiembre
2003
Nº 105

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Estantería
Narrativa Hispánica
LA VIDA INVISIBLE
Juan Manuel de Prada
Espasa, Madrid, 2003
531 págs., 22 euros
La escritura de De Prada tiende hacia una prosa culturista.
Esto es, una exhibición de todos los músculos que componen
su hipertrofia (frases alambicadas, léxico cultísimo y añejo,
reiteraciones, comparaciones ocurrentes y, en definitiva, ensimismamiento
en las palabras). En La vida invisible este barroquismo llega a saturar
y agotar porque la prosa se antepone a la novela y no logra cubrir las
debilidades de un argumento endeble.
Tenemos la sensación de que la narrativa de De Prada funciona descargando
constantemente toda la artillería en lugar de emplear aquella que
conviene en cada momento. Lo primero sería acumulación y
lo segundo sería estrategia, que es la misma distancia que hay
de la artesanía al arte. Tampoco la forma tiene que ver con el
contenido, ya que estas frases rizadas a la máxima potencia de
La vida invisible no contienen reflexiones u observaciones ni originales
ni complejas, sino tontorronas y simples, como norma. Esta prosa es precisa
eso es innegable y es ahí donde no hay que perder la fe en
De Prada y en que encuentre el curso adecuado para el caudal narrativo
que encierra, pero aquí sólo actúa de deslumbrante
embalaje de una nadería.
La obra presenta dos tramas, que acaban convergiendo. Por un lado la vida
de una pin-up de vida dura e intensa (locura, sexo y violencia) que parece
sacada de una novela de James Ellroy. Es, con mucho, lo más potable
de la novela. Este hilo se trenza con Alejandro Losada, joven escritor
de provincias, que descubre la vida desaforada de la pin-up a la vez que
está a punto de casarse con su novia y sufre el acoso de una fan.
Si a la primera trama sólo es achacable una escritura inadecuada
(¡personajes de Chicago hablando como engolados académicos!),
a la segunda no hay por dónde cogerla de puro dislate. Ni a sus
personajes, que en lugar de enigmáticos y atormentados se nos presentan
como mojigatos. Ni a la lógica de novela juvenil que gobierna el
texto, en la que la mano del autor, rigiendo todas las acciones es demasiado
evidente, y éste es un error de bulto. Este paseo por el lado salvaje
de la vida parece un reportaje de Informe Semanal, ya que no es ni creíble
ni verosímil. Parece como si esta exhuberancia narrativa no lograse
atrapar en sus arabescos un simple latido de vida.
En la introducción a Las esquinas del aire (2000) De Prada declara:
He aspirado a que la escritura sea mi género, la escritura
en ebria libertad, [...] como única justificación del escritor.
No hay duda de que aquí lo ha conseguido en grado superlativo.
Lo que cabe preguntarse es a cambio de qué, y si valía la
pena tal esfuerzo para tan pobres resultados.
Quim Pérez
TENEMOS QUE VERNOS
María Tena
Anagrama, Barcelona, 2003
176 págs., 12 euros
La escritora madrileña María Tena sorprende
en cada uno de los párrafos que componen su primer libro, Tenemos
que vernos, una novela de corte intimista estructurada en cuatro partes
a las que dan nombre las cuatro estaciones, y un epílogo que cierra
el libro. Como en el teatro romántico más popular, también
aquí el factor meteorológico es un trasfondo de la experiencia
sentimental de la protagonista, y con la llegada del mal tiempo, se iniciará
un proceso de regeneración que culminará en primavera, cuando
Clara, ejecutiva de una editorial, renace al amor en compañía
de su nuevo jefe, Juan, con quien entabla un corto pero intenso idilio.
Escrita en un tono llano, cristalino, muy cercano al de Miguel Delibes,
la historia se centra en la experiencia vital y sentimental de la protagonista,
prototipo del modelo de madre perfecta del siglo xxi. La novela cuenta
con dos voces bien diferenciadas. Por una parte un narrador omnisciente
que va sugiriéndonos aquello que más tarde desvelará
Clara, la otra narradora, a través de las cartas que le dirige
a su amiga Bárbara, prototipo de la frivolidad, y que al final
se mostrará como un elemento fundamental de esta historia de traiciones,
sentimientos de culpa y compromisos literarios y familiares. En estas
cartas, Clara insiste en la idea de ver a su amiga para poder confesarle
sus dudas y desahogarse. En cada una de ellas le suplica tenemos
que vernos, pero este encuentro no tiene lugar hasta el epílogo,
en que se desvela una realidad a la que tanto Clara como el lector eran
ajenos. Es a través de estos textos epistolares donde conocemos
realmente su personalidad y la crisis que atraviesa, y los que nos muestran
el cambio de actitud vital de Clara.
María Tena desgrana todo el saber literario aprehendido en sus
años como colaboradora para distintas revistas literarias, en una
novela de fácil y cómoda lectura que más que una
historia de ficción será un manual sobre la vida para el
afortunado lector que decida deslizarse por cada una de sus páginas.
Mayte Galán
TARTESSOS
Jesús Maeso de la Torre
Edhasa, Barcelona, 2003
566 págs., 25 euros
Todo autor de narrativa debe compaginar dos factores
si lo que desea es atrapar a sus lectores. En primer lugar, debe intentar
que éstos se reconozcan en el libro, que adopten como propios los
personajes y que vivan esa historia como suya. En segundo lugar, sobre
todo en las novelas históricas, como es ésta, no debe haber
ningún juicio moral, porque el lector tiene que vivir la narración
desde dentro, entrar en la piel de los personajes y transformarse en aquel
que más le apetezca. Jesús Maeso de la Torre cumple ambas
premisas en Tartessos, su nueva novela.
En Tartessos se vislumbran cuatro tipos de viajes: el viaje de la vida,
el viaje de descubrimiento, el viaje a los infiernos y el viaje redentor.
Además de unos viajes por mar de los que tanto Hiarbas, el protagonista,
como el lector, no salen indemnes, sino transformados y aprendiendo a
mirar en su interior como no habían hecho antes. Destacan, por
meticuloso y visual, el retrato de las ciudades y los personajes.
Los numerosos intérpretes secundarios de Tartessos ratifican asimismo
una idea muy recurrente en las novelas de Jesús Maeso, algo así
como una marca de la casa: todas las tramas confluyen en una sola. El
mundo antiguo, concretamente las civilizaciones tartésica y fenicia,
pueden producir situaciones novelescas muy interesantes y el creador gaditano
ha sido lo suficientemente valiente como para adentrarse en lo desconocido
y haberlo sabido reflejar con maestría. Tartessos es una novela
que nos permite escapar de la cárcel de nuestra individualidad
y asomarnos a unas vidas lejanas pero que no han cambiado tanto como se
cree, a unas experiencias desconocidas y a unos lugares inalcanzables.
Todo lo que aparece en esta novela es rigurosamente arqueológico.
Con este nuevo trabajo, se debe reconocer a Jesús Maeso como lo
que es: un nombre importante de la narrativa española actual, más
allá de discriminaciones genéricas, ya que la literatura
es un dominio de la imaginación, y la imaginación tolera
mal las fronteras y las definiciones.
Daniel Heredia
LA SENDA DE LOS LOCOS
David Tejera
Algaida, Sevilla, 2002
301 págs., 17,70 euros
La senda de los locos es la primera novela de David
Tejera, ganadora del VII premio Ateneo Joven de Sevilla. Hubo un tiempo
en el que algunos concursos literarios premiaban apuestas literarias arriesgadas.
No es el caso de La senda de los locos, una novela histórica que
sigue el modelo exitoso de autores de best-sellers como Ken Follet, Noah
Gordon o Katherine Neville, repitiendo las formas ya repetidas hasta la
saciedad, reescribiendo lo ya escrito.
No se le puede negar a David Tejera la habilidad de manejar el lenguaje,
los datos históricos y la trama de la historia. Dividida en dos
grandes bloques, La senda de los locos combina la historia de la creación
del David de Miguel Ángel en la Florencia del siglo
xvi, con el relato actual de un joven escultor cuyo genio le obliga a
continuar una escultura inacabada del propio Miguel Ángel, para
poder así desentrañar el secreto que ésta guarda.
En el primer bloque, donde se narra la creación del David,
destaca la ambientación histórica y la precisión
en las descripciones del trabajo escultórico. Por otro lado, muy
acertadamente, el personaje de Miguel Ángel se muestra difuso al
comenzar la novela y se va precisando a medida que se moldea la escultura
del David. No obstante, la indecisión a la hora de
elegir un tipo de narrador hace que la novela, en esta primera parte,
pierda algo de intensidad y verosimilitud.
El segundo bloque, ambientado en la Florencia actual, donde Niko, alumno
becado, queda obsesionado por El esclavo barbudo, una escultura
inacabada de Miguel Ángel, carece de ambientación histórica
y resulta el reflejo pálido del primer bloque de la novela. David
Tejera suple esta falta de vitalidad de la historia con incisiones en
torno al misterio que envuelve la escultura inacabada de Miguel Ángel.
Quizás lo fascinante de esta novela esté más en la
figura de Miguel Ángel que en la propia novela, que aprovecha el
aura del artista para mantener viva la narración.
Estamos, por tanto, ante una narración cuyo mayor logro estético
es el del entretenimiento. Logro cosechado con creces, ya que el lector
queda preso en el relato desde el primer momento. Por lo demás,
el libro resulta manierista, pertenece a la literatura de evasión
y tiene como principal falta la de no proporcionar una representación
coherente ni de la Florencia del xvi ni de la actual. La senda de los
locos repite viejas fórmulas en lugar de intentar sondear otros
caminos menos transitados, una novela conservadora para tiempos conservadores.
Joaquín Fortanet
SI CRISTO TE DESNUDA
Amir Valle
Zoela, Granada, 2002
140 págs., 10 euros
La muerte de dos amantes, cuyos cadáveres
son encontrados justo como se quedaron después de culminar el acto
sexual, es el desencadenante de esta novela negra situada en los barrios
marginales de La Habana: un submundo de negocios sucios, droga, prostitución,
chantajes y leyes al margen de la ley que no aparece en las guías
turísticas.
Dentro de este ambiente, Amir Valle, escritor y periodista cubano nacido
en 1967 y una de las voces jóvenes de la narrativa isleña,
ha creado una historia de corte totalmente clásico, de escuela,
podríamos decir, en la que el lector puede recrearse con los viejos
recursos del género negro, que tan jóvenes y en tan buena
forma se ven aquí. Presenta el típico caso de: amigo de
policía pide ayuda extraoficial para esclarecer la muerte de un
ser cercano (en este caso, su hija), y, de paso, vengarse del posible
asesino. Poco a poco, tirando del cordel, el protagonista va desentrañando
un amasijo de relaciones de poder, odios y venganzas en el que nadie puede
tirar la primera piedra.
Con un estilo crudo y contundente, sin concesiones, Valle rompe con el
decoro literario tradicional, sobre todo en lo concerniente al sexo y
a la escabrosidad: Desnuda, con sus grandes glúteos y su
sexo de vellos negrísimos, abierto, aún con signos de la
humedad del coito [
] encima del muchacho que aún tiene los
ojos abiertos, pero ya con el vacío de la muerte en la retina
No es novedoso, pero sí atrevido este compromiso estilístico
con la realidad, que también se refleja en la propia narración,
escrita desde la marginalidad, desde el lado opuesto al oficial. Así,
Valle y otros autores han dado un giro al género en su país,
que comenzó siendo escrito casi al dictado del régimen.
Se percibe el pulso que el autor tiene con la censura, cómo critica
sin criticar, por ejemplo, a la propia policía en la figura de
Alain, el protagonista: cómo, en el clímax de la novela,
Alain se deja llevar por sus pasiones y sed de venganza y quebranta la
ley; con ello podemos deducir que no puede esperarse mucho de unos policías
que, pretendiendo luchar contra asesinos y rufianes de la peor calaña,
acaban comportándose como ellos.
Dos únicos reproches: en primer lugar, hay ocasiones en que Valle
no utiliza a favor de la intriga recursos tradicionales del género
como el flash-back, pues adelanta en exceso lo que va a ocurrir (vemos
a Alain recordando los hechos a menudo en un ambiente ya relajado, y eso
rompe la expectación); en segundo lugar, los personajes son demasiado
uniformes psicológicamente, su empecinamiento en no evolucionar
hacia ningún lado ni un centímetro hace que puedan parecer
falsos o poco creíbles, especialmente en el caso del protagonista.
En cualquier caso, son fallos técnicos compensados
por una visión rica de la realidad, y comprometida con ella.
Irene Renau Araque
PIEDRA Y CENIZAS
Antonio Maura
Huerga y Fierro editores, Madrid, 2002
132 págs., 10,50 euros
Los cinco cuentos de Piedra y cenizas se basan en
la sensualidad y el primitivismo. El bilbaíno Antonio Maura los
narra como quien explica un mito fundacional en una noche sin televisor
bajo un cielo estrellado.
Concebidos a partir del ambiente rural brasileño en el que vivió
su autor, estos cuentos nos hablan preferentemente de enfrentamientos
simples entre individuos protagonistas de trazos heroicos y las tres o
cuatro realidades esenciales (la muerte, el miedo, el sexo) que nos quedan
cuando nos despojamos de los complementos de la vida moderna.
Un aire telúrico flota en todos estos relatos, protagonizados por
marginales que abandonan las aldeas (con todas sus normas y convenciones)
para adentrarse en la selva oscura y explorar los límites y los
peligros del placer y del dolor. Encontramos así viajes a la ultratumba
y sueños, incestos y viajes, dioses y naturaleza salvaje. Los cuentos
de Piedra y cenizas son un retrato del exceso y de sus consecuencias.
Para bien o para mal, sus héroes deciden abandonar la civilización
y terminan sin billete de vuelta, perdidos en la selva.
Este espíritu de trasgresión encuentra su correspondencia
en un estilo cargado de adjetivos y en descripciones dilatadas que llevan
a una sensualidad extrema. Las ilustraciones de Carlos Bloch, una por
cuento, van en la misma dirección y apuntalan la tendencia al orígen
del libro. En la última historia, Retrato, se introduce
una reflexión sobre las dificultades de la escritura y excepcionalmente,
se narran circunstancias más contemporáneas (con apartamentos,
vecinos, trabajo), aunque el final de la historia nos lleva una vez más
a la atemporalidad de todo del libro.
Jordi Martí
Narrativa Extranjera
VELOCIDAD PERSONAL
Rebecca Miller
Trad. de Esther Tusquets
y Néstor Busquets
Anagrama, Barcelona, 2003
170 págs., 13 euros
Se llaman Greta, Delia, Louisa, Julianne, Bryna,
Nancy y Paula. Mujeres estadounidenses, edades y clases sociales distintas
pero todas ellas neurotizadas, en apuros, problemáticas o directamente
locas. Los argumentos son en su mayoría estupendos, como el de
Delia, la mujer maltratada que huye con sus hijos, o la niña de
ocho años, Nancy, que compite consigo misma para estar el mayor
tiempo posible junto a su padre sin que él se percate. Es muy interesante
también cómo Rebecca Miller traslada el punto de vista de
un mismo hecho, el inesperado ataque de locura de Bryna, desde la perspectiva
de la gloriosamente bella Julianne al de la trastornada Bryna;
la road-movie de Paula recuerda el argumento de la película Catching
dreams con una resolución parecida. Greta habla del éxito
y del ritmo interior para alcanzar sus objetivos y Louisa de la relación
conflictiva entre promiscuidad y curiosidad.
Este conjunto de relatos se organiza como una trama azarosa y cruelmente
arbitraria de vidas cruzadas donde unos personajes protagonistas emergen
como secundarios en un relato posterior. En la mayoría de casos
es como si, al no existir ninguna zona de la psique de estas mujeres que
decidiera asumir el liderazgo en vista a reorganizar esas identidades
convulsas o disgregadas, el conflicto las paralizara hasta que la vida
toma arbitrariamente la iniciativa del desenlace. Al mismo tiempo, la
autora plantea la riqueza de estas identidades femeninas casi como un
estudio de tipos que refuta, a través de la colisión deliberada
de los planos de lo consciente y de lo inconsciente, los planteamientos
estereotipados que la literatura masculina ofrece sobre las mujeres.
En muchos puntos, la propuesta de Rebecca Miller tiene más de guión
literaturizado como paso previo antes de trasladarlo a cine,
terreno en el que tiene ya cierta experiencia que de literatura
propiamente dicha. Películas americanas con pretensión de
ser revulsivas y críticas como la citada de Altman o Magnolia,
o la sobrevaloradísima Monster Ball, se le parecen en la decisión
del narrador de ausentarse, siendo esa incomparecencia un modo de llevar
al límite desquiciado la consigna only facts de Hemingway. En este
sentido, en Velocidad personal hay buenos retratos pero no hay buenas
voces. La hija del dramaturgo Arthur Miller y de la fotógrafa de
Magnum Inge Morath demuestra con talento lo que todos sabemos: que uno
es más hijo de su tiempo que de sus padres. Y está bien
que así sea.
María José Furió
FELIDAE
Akif Pirinçci
Trad. de Irene Dun de Leal
Brosquil, Valencia, 2003
303 págs., 12 euros
Se agradece a la editorial Brosquil esta recuperación
de la primera entrega de las aventuras del detective Francis, best-seller
internacional aunque hasta la fecha poco conocido en España, si
bien se publicó por primera vez hace unos años por la editorial
Urano.
Akif Pirinçci nació en Estambul en 1949 y emigró
a Alemania donde, después de una primera novela que pasó
desapercibida, encontró la fama en 1984 con su serie poli-cíaca
Felidae, que es el nombre latino de la especie de felinos más común.
El protagonista, Francis, es un gato sumamente inteligente (en criterios
humanos), mucho más que Gustav, su abrelatas (así se refieren
los felidae a nosotros, sus amos), un escritor de novelas rosas y especialista
en dioses egipcios aquejado de tontería y obesidad. Después
de mudarse a una nueva casa horrible y decadente (según Francis)
o maravillosa (según su amo), el protagonista empieza a dar con
una serie de cadáveres animales que le permitirán demostrar
sus habilidades como detective. Francis es un gato que sabe utilizar un
ordenador, leer, etc., y que también puede conversar sin problema
con los demás animales, así como con los seres humanos.
Obviamente, su tonto abrelatas Gustav no sabe qué tipo de mascota
tiene
La tensión de esta novela se fomenta en que normalmente los personajes
animales están asociados a un tipo de narración poco realista
(como los cuentos para niños), o bien fuera de la realidad humana
(como en El libro de la selva). Pero Felidae no tiene nada que envidiar
a las más descriptivas novelas policíacas en cuanto a gore
y ambiente urbano negro. No se trata en absoluto de una novela de animales
para niños, sino (y los premios de novela policíaca que
obtuvo lo atestan) de una verdadera obra negra, con serial killers, sangre
y suspense. No obstante, la personalidad del gato Francis y su instinto
felino cambian el punto de vista habitual de la novela negra. Imagínense
que en El libro de la selva Mowgli fuera un animal y que los demás
animales fueran personas humanas, es decir, que el ser inteligente, moral,
que representa la civilización frente a la barbarie y la locura,
fuera un animal que tiene que luchar primero para aclarar los crímenes
causados por la humanidad, y luego para educarla en el sentido de la virtud.
Francis juega el rol de justiciero en un relato que nada tiene que envidiar
a las mejores novelas negras de los años cincuenta. En definitiva,
un Sam Spade felino. No volverán a conversar con sus gatos de la
misma manera.
Stratis Thalassinos
EL RUMOR DEL OLEAJE
Yukio Mishima
Trad. de Keiko Takahashi
y Jordi Fibla
Alianza, Madrid, 2003
210 págs.,15 euros
Sabemos que El rumor del oleaje es una novela de
Yukio Mishima (1925-1970) porque así lo afirma la portada, pero
no lo parece, ya que se trata de una versión libre de Dafnis y
Cloe de Longo, una novela griega de finales del siglo ii, considerada
como la fundadora de la novela pastoril.
En una pequeña isla que vive entregada al mar asistimos al enamoramiento
de los jóvenes Shinji y Hatsue. Pero el eje del relato no es romántico
sino costumbrista y antropológico hasta la exageración.
El resultado es un documental novelado de los usos y costumbres de los
isleños, presentado como si se tratase de una versión convenientemente
cursilona del paraíso. Si la comparamos con El marino que perdió
la gracia del mar (1963) sale mal parada, debido a la sobredosis de buenos
sentimientos. Mientras que los enamorados isleños son de una castidad
que molesta y de una honestidad prehistórica, en El marino... los
protagonistas follan sin complejos ya desde el primer capítulo,
mienten y tienen comportamientos nada honorables. En su descargo diremos
que en El rumor... las pasiones resultan más humanas y la historia
de amor es más memorable.
Parece como si en la novela todo buscase replegarse sobre sí mismo.
Como si la felicidad humana se encontrase en la renuncia al más
mínimo rasgo de modernización. Como si encerrarse en el
caparazón de la tradición oriental fuese la única
vía de salvación posible. El argumento resulta muy rústico
y complaciente aunque escrito con la solvencia y la elegancia propias
de Mishima, dato que John Nathan en su biografía Mishima
(1995) achaca a un deseo del autor por convertirse en algo que fuese su
opuesto, y este anhelo de cambio se cruzó con la fascinación
por Grecia.
Existe un prejuicio imposible de soslayar cuando nos adentramos en la
literatura nipona de postguerra. Se trata de una luz perversa que emerge
de aquel atómico seis de agosto de 1945 y que ilumina todos sus
recovecos. Cree-mos que también hay en El rumor... unos deseos
de pureza, simplicidad y bondad nacidos como respuesta enfrentada a aquel
hongo mortal. Una necesidad de buscar una felicidad edénica unida
a un respeto casi religioso por la naturaleza como repuesta a, en palabras
de Kenzaburo Oé, ese grito silencioso que desde entonces
pasó a regirlo todo.
Ante una figura como Yukio Mishima surge la duda de si el do de pecho
lo dio en su obra o en su vida. Ni una ni otra fueron menores ni desdeñables
y a ambas les casan a la perfección adjetivos como desbordante,
contradictoria y fascinante. Definitivamente, la difusión y el
estudio de su obra, y por extensión el del resto de la narrativa
japonesa del si-glo xx, no merecen la desatención a la que es sometidas
en nuestro país.
Berta Pons
Literatura Catalana
QUE DORMIM?
Enric Casasses Figueres
Edicions 62, Barcelona, 2003
80 págs., 10,40 euros
Cazador diestro, de versos y de vida, peinado a golpe
de viento, como los románticos. De imagen rebelde y underground,
pero con elegante chistera negra y cuchara de madera en la solapa, Enric
Casasses (Barcelona, 1951) es un original renovador de los recitales.
Poeta vivido, traductor leído, matemático iniciado, y continuador
de la avantguarda catalana, la obra de Casasses se insiere en la tradición
lúdica y nihilista de la ruptura, la ambigüedad, la disidencia
y la diferencia. Se expresa con humor para conseguir la sonrisa del lector
a partir de la intensa capacidad lingüística, para recrear
la oralidad y el ritmo del idioma catalán en todos sus registros.
Un poeta que escribe en voz alta y habla por escrito.
La simbiosis con la naturaleza, la tierra como organismo biológico,
y el hombre como cerebro de este organismo, son las claves para leer Que
dormim? (¿Dormimos?). Título retórico, sonoro, real
más que autobiográfico es una interpelación
con que el abuelo del poeta le llamaba la atención, y su padre
le recordaba la necesidad de la constante vigilancia, se presenta
seguido de un subtítulo tan interesante como dislocado: Cant 27
jo també hi era (Canto 27 yo también estaba),
signo de memorialismo visual residiual y de autobiografía por capítulos:
Cuando decimos poesía queremos decir la carne humana que
late dentro, que sufre, que todo.
Un yo poético que recita el itinerario, un viaje iniciático
por la vida y la literatura, gracias a la mitificación y la maestría
de su abuelo materno, auténtico vínculo con el territorio
ultralocal (la Escala), con el macro (Cataluña) y con la tradición
(su amistad con la escritora Víctor Català). Escenas triangulares
cósmicas entre hombre, mujer y mundo interpretado y traducido por
el vino, en territorios vertiginosos o prestigios eróticos. Vida
es no cansarse del pacer de ningún placer.
Las tres partes del extenso poema en prosa a manera de conversación
confesional y basada en los recuerdos se separan mediante un cambio
tipográfico o bien con expresiones del tipo si obres tanca
(si abres cierra). No se utilizan signos de puntuación
en la primera parte, e incluye sendas notas a pie de página, de
textura informativa y tinte humorístico. La reflexión metaliteraria
vuela con el cuadro cultural histórico, o a partir del simulacro
dialogal con la hostalera del pueblo que usa el término literato
como insulto y descalificación.
Casasses mezcla contextos oníricos de ángelas libertarias
con parajes reales; parodias de razonamientos lógicos con lenguajes
dialectales que abren las fronteras del lenguaje; testimonio y semilla;
lectura simplicior y difficilior; porque un poema es como enamorarse,
no tiene programa.
Ana Carreras Aubets
Poesía
LONDRES
David Torres
Calima, Palma de Mallorca, 2003
71 págs., 10 euros
Quienes conozcan la excelente prosa de David Torres
(Madrid, 1966), al fin valorada justamente con el premio finalista del
último Nadal de novela, tienen ahora la ocasión de descubrir
su faceta de poeta en realidad una prolongación más
de este creador plural y honesto que hace apenas un año publicaba
en pequeñas editoriales y gozaba del heroico parabién del
invisible.
Su primera entrega poética está trufada aquí y allá
por agradables hallazgos. Londres es un poemario poco convencional, no
tanto por la construcción formal del verso como por su ingenio
en sazón, y en especial por el brillante tratamiento del lenguaje.
En esa arriesgada vocación por el cultivo de la orfebrería
verbal (que ya se mostraba en su prosa), y a través de la amarga
ironía de muchos de estos poemas, es donde el autor madrileño
alcanza su máxima pericia lingüística y literaria,
una nota cada vez más desafinada en la última poesía
española. En Torres el auténtico valor poético reside,
principalmente, en el afán por el lenguaje, verdadero protagonista,
aunque todo o casi todo/ sucede más allá
del lenguaje... (pág. 29). Apuntemos también un dato
en apariencia pueril: el autor no sólo es novelista notable sino
cuentista vocacional, esto es, inventor de historias. Ni siquiera en su
poesía puede reprimir esa sublime tentación por contar,
por mentir, por atraparnos con un argumento. De ahí que, amodorrados
ante tanto poema biográfico, estos versos se leen con sumo placer
(valga de ejemplo el magnífico poema London ghosts,
entre otros).
Hay en este libro no sólo imágenes agudísimas (Venías
de ningún sitio./ Ibas a ninguna parte./ Qué hacía
yo en medio.; ... toda mujer sumergida en mi alma/ experimenta
un empuje hacia arriba/ directamente proporcional/ al peso de los recuerdos
desalojados...), sino también de gran belleza. Pocos poetas
escriben hoy un endecasílabo como Hay sáharas de amor
en mi garganta... o ... las burbujas de jabón de un
niño/ jugaban para siempre en tus ojos....
Evocación de un paisaje decadente y onírico, Londres no
es tanto una ciudad sino un estado de ánimo. Torres nos ofrece
un fresco de pérdidas, recuerdos, nostalgias y desmitificaciones
a partir de los tópicos, todo ello defendido a través de
esas tan olvidadas herramientas que son la inventiva y el gusto por la
caprichosa musicalidad de las palabras. Los que estén agotados
de la hegemonía poética actual tienen en estas páginas
un motivo de alegría. No sólo descubrirán al nuevo
poeta sino también al escritor con mayúsculas.
Diego Prado
Ensayo
MEMORIA DE LOS POETAS DE LOS LAGOS
Thomas de Quency
Trad. de Jordi Doce
Pre-textos, Valencia, 2003
381 págs., 30 euros
Hace ya algunos años, Bioy Casares recordaba
que la producción de Thomas De Quincey seguía aumentando
considerablemente desde su muerte, acaecida en 1859. Ninguna intervención
telúrica o investigación heurística ha sido tan eficaz
como los hábitos dispersivos del propio autor, quien, según
se ha comprobado, no otorgaba menos importancia a un cambio de residencia
que a lo que dejaba esparcido tras de sí. Lo cual, a la postre,
se ha revelado como una exquisita y suficiente tutela del azar y del tiempo.
En este sentido, lo que dejaba atrás no quedó propiamente
detrás sino delante (un hecho que tal vez influyera
en otros exponentes de este género dispersivo: Felisberto, Macedonio
y Arlt).
Para nada es el caso de Recollections of the Lakes and the Lake Poets.
Este volumen, biografía de los poetas lakistas (Wordsworth, Coleridge
y Southey), fue publicado originalmente en revistas y periódicos
de la época y le valió en vida la enemistad y el reproche
de alguno de sus contemporáneos, y de no pocos de los homenajeados.
Sin embargo, ofrece las dos características ya mencionadas: la
dispersión y el descubrimiento tardío. Es un descubrimiento
tardío para los lectores españoles y, a pesar de que la
narración mantiene una concentración inhabitual en el autor,
frente a otros ensayos más digresivos (como la ética de
Judas Iscariote o la vida de Goethe), posee aquel estilo inconexo
e indeliberado, mitad chismorreo, mitad crítica literaria,
que es el sello propio de Thomas De Quincey.
Su relación con Coleridge da lugar a una biografía entretenida
y mordaz. Relatar su primer encuentro con el admirado filósofo,
the greatest event in the unfolding of my own mind, le lleva
un total de dieciséis páginas (más de lo que tardó
Boswell en recordar su encuentro con Samuel Johnson). Lo que dice de Southey
es suficiente para admirar al escritor y despreciar al hombre. En cuanto
a Wordsworth, en un pasaje sublime, De Quincey describe el sueño
del poeta a la orilla del mar tras leer el Quijote. Ve acercarse un árabe
lance in rest,/ Mounted upon a dromedary, el cual sostiene
en su mano dos libros; uno son los Elementos de Euclides; el otro, que
es y no es un libro, y que semeja tanto una concha como un libro, es a
veces las dos cosas y también ninguna. El árabe le indica
que arrime la concha a su oído; tras lo cual
. Cabría
recordar, ya que el autor no lo hace, que se trata de una recreación
del Libro V del Prelude de Wordsworth, sin duda, una de las cumbres de
la abstracción humana.
La traducción de Jordi Doce es un reflejo lúcido del estilo
de De Quincey, abunda en anotaciones que no son nunca innecesarias o superficiales.
La edición en general está bien lograda y la encuadernación
es por demás perdurable.
Adrián Icasuriaga
PEQUEÑA FILOSOFÍA PARA NO FILÓSOFOS
Friedhelm Moser
Trad. de Macarena González
Herder, Barcelona, 2003
270 págs., 12,90 euros
Es probable que todas las personas se planteen
en algún momento de su vida existencial preguntas filosóficas
capitales: ¿qué es el yo?, ¿existe la verdad?, ¿por
qué la soledad?, ¿por qué la muerte siempre está
presente en nosotros?, ¿somos seres libres o presas del mimetismo
para encajar en el engranaje social?, ¿somos esclavos del tiempo?
Si bien estas cuestiones pueden ir acompañadas de respuestas abstractas,
su solución no exige un abordaje centrado en la forma
y en la indeterminación. Existen diversas maneras de enfrentarse
de cara a tales cuestiones, y una de ellas consiste en abordarlas desde
las experiencias de la vida cotidiana. Es precisamente éste el
tratamiento que F. Moser (1954-1999), filólogo, filósofo
y autor de obras que gozan de buena recepción en Alemania como
El mercadillo filosófico o Todo en la mujer es un misterio, da
a los temas claves de la filosofía en Pequeña filosofía
para no filósofos.
Éste es un ensayo variopinto, que se desmarca de la rigidez expositiva
y compilativa. Cuestiones tan elevadas como la mística, la muerte,
la soledad, el valor cívico o la guerra encuentran su asidero mental
en las películas de James Bond, en locuciones de radio, en transeúntes
anónimos, en anécdotas de vidas de filósofos
Incluso Moser nos sitúa, de forma teatralmente escénica,
ante un drama judicial entre Guerra y Paz en un acto. Este tratamiento
poliédrico del contenido se reviste de un tono irónico,
repleto de humor, que conduce el espíritu del lector a su liberación
mundanal, forzando los límites de su existencia y elevándole
a la fantasía reflexiva del allí. Sin embargo, no se piense
que esta forma de tratar el contenido, por múltiple que sea, carezca
de coherencia. Más bien al contrario, la coherencia reflexiva que
exige toda cuestión filosófica inunda esta obra.
Pequeña filosofía para no filósofos dista mucho de
la pequeñez, pues nos aproxima a cuestiones esenciales de nuestra
existencia a través de la manera gnoseológica más
comprensible para el ser humano: desde sus anécdotas cotidianas.
Sarcasmo, experiencias cotidianas, transeúntes, películas,
locuciones de radio; pero también Filosofía y grandes filósofos
hacen de la lectura de este libro un escenario en el que situarnos para
representar la recreación que supone la introspección.
Olalla Bagüés Bedoya
UNA GRAMÁTICA DE LA DEMOCRACIA
Michelangelo Bovero
Trad. de Lorenzo Córdova Vianello
Trotta, Madrid, 2002
175 págs., 12 euros
Para quienes no estén acostumbrados a la lectura
de textos de filosofía política, la Gramática de
la democracia de Bovero supondrá sin duda una ocasión inmejorable
para abordar por primera vez este género. En su breve libro, Bovero,
que en todo momento se muestra deudor del gran maestro Norberto Bobbio,
efectúa un estudio de los principales conceptos que han acompañado
tanto históricamente como contemporáneamente a la noción
de democracia. Tal como sugiere el título, la obra pretende ser
una especie de manual de uso de la democracia, lo cual en ningún
momento le resta profundidad y rigor. Bovero divide el libro en distintos
apartados que siguen escrupulosamente el planteamiento gramatical: sustantivos
de la democracia, verbos de la democracia y adjetivos de la democracia.
El recorrido histórico del autor, que inicialmente se detiene,
como es lógico, en el mundo griego, no omite precedentes históricos
mucho más recientes y fundamentales como el liberalismo y el socialismo.
En todo momento la oportunidad de la obra resulta patente. Sirva a modo
de ejemplo la reflexión a propósito de la democracia ateniense
y el concepto de isonomía. Hoy en día el poder de decisión
señala el autor no está ya en manos de todos,
ubicado en un centro accesible sin exclusiones. La figura que representa
la nueva situación no puede seguir siendo la de la circunferencia,
sino la de la pirámide, que viene a simbolizar el paulatino distanciamiento
de la clase dirigente respecto del ciudadano, ubicado en la base. La aplicación
de este modelo no es original del autor, pero el pensador italiano consigue
darle toda su relevancia al proseguir con el análisis de otros
conceptos capitales como la distinción entre democracia parlamentaria
y presidencial, representativa y directa, formal y sustancial, liberal
y social, etc., así como con el análisis de nociones como
la de igualdad, ciudadanía y libertad entre otras, y su contundente
crítica al floreciente presidencialismo italiano y al riesgo que
supone su nueva pervertida manifestación telecrática. Finalmente,
otro aspecto que merece ser destacado es el de la vehemente vindicación
del carácter laico que ha de poseer toda verdadera democracia.
Basta pensar en el lenguaje empleado por Bush para entender la idoneidad
de esta lectura para todo aquel que desee reorientarse en el contexto
de las desvirtuadas democracias occidentales.
Ramon Surroca
EL VESTIDO. ENSAYO PSICOANALÍTICO.
Eugènie Lemoine-Luccioni
Trad. de Lola Gavarrón
Engloba, Valencia, 2003
128 págs., 14,50 euros
Engloba Edición ha lanzado al mercado la colección
Tendencias, anaquel que pretende llenar con ensayos sobre la dimensión
intelectual del mundo de la moda. La apuesta es loable por arriesgada
y tangencial, aunque se cierna sobre ella la sombra de la viabilidad.
El cuarto volumen de la colección, El vestido, escrito por la seguidora
de Lacan Eugènie Lemoine-Luccioni, se bifurca en dos sendas casi
antagónicas: primero, una entrevista a André Courrèges,
para después engarzar varios capítulos de aforismos y sentencias
breves de longo aliento. La entrevista al modisto André Courrèges
es inconsistente y vaga, una acumulación de tópicos que
el discípulo de Balenciaga, el que fué arquitecto del nuevo
corte femenino en los años sesenta, el que alcanzó popularidad
con su apuesta compartida con Mary Quant por la minifalda, esputa sin
remilgos: La moda no me interesa. No sé lo que es la moda;
lo que me interesa es el estilo; La mujer compra por sentimiento
y por sueño; ¡Son mucho más fuertes que
los hombres!
Perdonada la leve culpa de dicha ligereza (¿debe el lector la suerte
de esta veintena de páginas a una exigencia mediática?),
queda en libertad el resto del ensayo. En él, su autora escruta
la metáfora del cuerpo y del vestir, sin soslayar ningún
punto de vista por transitado que parezca. Parte de la labor del modista,
ese dibujante que traza y corta (la moda se reduce a una línea),
para pasar a analizar el desnudo, la máscara, la moda como arte
del deseo, la cirugía estética como vestido, el trasvestismo
y la transexualidad, la ocultación, el fetichismo e, incluso, las
dislocadas performances de la artista francesa Orlan (ya saben, aquella
que lleva una década sometiéndose a todo tipo de operaciones
para variar su fisonomía). Sin denostar caminos frecuentados por
Roland Barthes, Mallarmé, Lévi-Strauss, Freud, Lacan, y
otros, Lemoine-Luccioni transita el drama de la pulsión hecha ropa
(El traje habla allá donde el cuerpo no es capaz),
el duelo entre lo externo y lo interior, el noli me tangere implícito
en cada pliegue del vestido femenino, la sobreimposición
imaginaria del hábito, la castración y el desvelo
del sujeto (el sexo se oculta para descubrir el rostro), la
fragilidad de nuestra imagen ante el espejo y el abandono.
Lluís Alabern
IRREDENTAS
Ricard Vinyes
Temas de Hoy, Madrid, 2002
267 págs., 18 euros
Irredentas es un libro duro que no hace concesiones,
porque dedicado como está a relatar y atestiguar la libertad rota
de demasiadas mujeres durante la dictadura franquista no puede hacerlas.
Fue un tiempo en que la cuestión ideológica encabezaba la
lista de motivos de reclusión, y miles de mujeres con sus hijos
fueron hacinadas por sus ideas en las cárceles de la posguerra,
muchas veces durante años. Además de los golpes físicos
que pueden encajarse si uno no muere, la prisión suponía
una tortura psicológica, y eso queda bien explicado en este estudio
gracias a la combinación del discurso del historiador con el relato
oral de las protagonistas, que confieren dramatismo a un texto que avanza
entre la explicación de las razones y el testimonio de lo sufrido.
Fueron auténticas víctimas de sucesos terribles, cargados
de dolor y de desesperación, y se vuelcan en las páginas
para dejar constancia de lo que fue.
En este sentido, el libro se quiere una pieza más para la historia
que defiende el conocimiento profundo de lo previo para evitar que se
repitan los sinsentidos pasados. Para conseguir ese objetivo, se presentan
datos de numerosos archivos, desde bibliotecas hasta registros militares
y documentación de centros penitenciarios y de prisiones. Los comentarios
se refuerzan con las estadísticas, escalofriantes casi siempre.
Las cifras hablan. Hablan de mujeres encarceladas, de niños enviados
al extranjero lejos de unas madres que no eran informadas, hablan de dolor
y explican la muerte.
Los personajes del drama son víctimas o verdugos, entre los últimos
destaca tristemente el psiquiatra Antonio Vallejo Nágera, quien
defiende una idea particular de raza, entendida como la categoría
de hispanidad. A partir de ahí, se imagina la represión
que sufrieron las presas puesto que todos los enemigos de Franco fueron
considerados antiespañoles o antihispánicos. Las mujeres
significaban la reproducción de esa idea de antinación que
tanto temían, por eso fueron tan severos los vencedores con las
vencidas, porque temían al poder de la vida nueva enfrentada al
régimen. De ahí la tortura, el silencio y el expolio de
hijos, de ahí la terrible represión, que adquiría
tintes de venganza.
El libro recoge en sus últimas líneas el drama de las que
consiguen salir con sus vidas dañadas o destrozadas en grados
distintos, desde luego, pero seguían irredentas. Y es que
el sabor de la resistencia les daba la fuerza para la lucha, una lucha
que continúan en el libro.
Blanca Bravo Cela
Música y cine
MI VIDA EN LA MÚSICA
Daniel Barenboim
La esfera de los libros,
Madrid, 2002
343 págs., 23 euros
Más que una pura autobiografía es éste
un libro de memorias. Más aún: intenta ser una perfecta
combinación entre la remembranza y la reflexión, con el
objetivo de darnos algunas claves acerca de una de las personalidades
más influyentes y carismáticas del universo de la música
clásica en nuestros días. Los méritos de Daniel Barenboim
son muchos, y su premio Príncipe de Asturias de la Concordia recibido
junto al palestino Edward Said no hace sino subrayar uno de los múltiples
aspectos en los que este músico y humanista desarrolla una extraordinaria
labor artística, social y cultural en sentido amplio.
Mi vida en la música, desde esa doble perspectiva que señalaba
al principio, esconde los vicios y las virtudes propios del personaje,
y esos son quizá los mayores atractivos de este libro. Porque,
digámoslo ya, a quien no le interese la figura de este excepcional
pianista y director de orquesta poco le pueden aportar sus opiniones sobre
la música clásica, las orquestas que ha dirigido en Chicago
o Berlín, el festival de Bayreuth o la todavía polémica
figura del compositor Richard Wagner, que ha ocupado intensamente los
últimos años de trabajo de Barenboim. Ni sus vivencias,
ni sus recuerdos, ni las anécdotas que salpican su azarosa vida,
desde su Argentina natal hasta el Israel de su juventud o su vida nómada
actual, poco o nada interesaran a una persona que no sienta la pasión
por la música que Barenboim afirma vivir día a día.
Pero, en cambio, sí resulta interesante y muy esclarecedor su punto
de vista sobre el conflicto árabe-israelí, lo que ha dado
en llamarse sentimiento judío y las reflexiones sobre el carácter
de Israel, sus gentes y sus contradicciones. Es ahí donde el libro
de Barenboim desvela su otra cara, la del hombre que ha vivido en carne
viva la historia de un proyecto vital que comenzó siendo la esperanza
de muchos para acabar convirtiéndose en la pesadilla de sus creadores.
Es entonces cuando Barenboim, a través de sus vivencias, analiza
y compara, para llegar a la conclusión de que es el miedo el que
separa a las comunidades y atenaza a la sociedad israelí, y que
sólo a través del diálogo y de la construcción
de puentes como el de su proyecto con Edward Said, la joven orquesta West
Eastern Diwan donde músicos árabes y judíos trabajan
juntos, pueden acercarse posiciones tan distintas.
Es por eso que afortunadamente este libro no sólo es el testimonio
de un artista más o menos popular, con una trayectoria lo suficientemente
extensa y contrastada como para que los melómanos tengan en cuenta
sus opiniones sobre el arte de la música, sino que precisamente
es en la sincera invitación al diálogo y la reflexión
que Barenboim realiza desde la honestidad de su conciencia donde se halla
el inestimable valor de esta obra.
Carlos Alarcón
FÁBULAS DE LO VISIBLE
Àngel Quintana
El Acantilado, Barcelona, 2003
312 págs., 18 euros
He aquí un libro que empieza como un relato
arqueológico, continúa como una historia de la representación
realista y finaliza como un análisis del presente. Todo ello, claro
está, referido al cine. Pero también con excursiones a otras
disciplinas: la literatura, la pintura, la fotografía. ¿Tres
libros en uno? Quizá más bien un discurso fragmentario muy
propio de esta época nuestra, donde la ambición de la totalidad
ha pasado ya a la historia. En las primeras páginas, la comparación
entre un documental de Segundo de Chomón sobre una visita de Alfonso
XIII a Barcelona y los monumentales reportajes épicos de Leni Riefensthal
sobre el nazismo da lugar a una interesante conclusión: incluso
la filmación de una determinada realidad es una cuestión
de retórica. Al final del texto, el autor pretende dar respuesta
a una cuestión básica: Si el presente es visto como
una simple representación, ¿de qué realidad puede
acabar dando cuenta la propia historia?
Es éste, pues, un libro sobre cine, pero también un libro
sobre determinadas imágenes de nuestro tiempo que han acabado sustituyendo
a la realidad. Se trata de un tema que Àngel Quintana ha abordado
ya en varios libros, desde sus monografías sobre Roberto Rosellini
y Jean Renoir, hasta su historia del cine italiano de la posguerra a nuestros
días. Ahora, sin embargo, se atreve a efectuar un salto mortal
sin red. En su doble condición de profesor y crítico, de
académico y periodista, mezcla la erudición y el ensayo
en una peligrosa pirueta que finalmente le reporta sabrosos dividendos.
Su libro, en este sentido, se aparta del texto cinematográfico
al uso en este país precisamente por su libertad de concepción
y ejecución. Abundan las referencias bibliográficas, pero
también las disquisiciones sobre el cine del presente. Es capaz
de elaborar una pequeña historia de la teoría realista,
desde André Bazin a Pier Paolo Pasolini pasando por Siegfried Kracauer,
y luego convencer al lector de la importancia que tienen para el cine
contemporáneo calidades aparte tipos tan distintos
como Abbas Kiarostami y Alejandro Amenábar, Clint Eastwood y Arnold
Schwarzenegger, los hermanos Wachowski y José Luis Guerin. Al final,
los fantasmas de El sexto sentido se confunden con la condición
espectral de las nuevas guerras, de los nuevos poderes virtuales de la
globalización. Y entonces el lector se apercibe de que Fábulas
de lo visible es también un encendido panfleto político.
Carlos Losilla
Cuatro libros de Boris Akunin
Un detective de la Rusia
zarista
Boris Akunin, El ángel caído, Barcelona,
2002, 286 págs., 11 €; Gambito turco, Barcelona, 2002, 250
págs., 11,90 €; Muerte en el Leviatán, Barcelona, 2002,
288 págs., 11 €; Conspiración en Moscú, Barcelona,
2003, 378 págs., 13,50 €. Todos traducidos por Rafael Cañete
Fuillerat y editados por Salamandra.
Desde hace un tiempo la editorial Salamandra
viene traduciendo al español las novelas protagonizadas por Erast
Fandorin con las que el ruso Boris Akunin (o B. Akunin, en guiño
al célebre anarquista) se está dando a conocer en el mundo
entero. Grigori Shalvovich Chjartishvili (Georgia, 1956) es el nombre
auténtico de este escritor que, desde su puesto de director de
la revista Literatura Extranjera, lucha por introducir en Rusia a los
grandes autores europeos contemporáneos. En 1998 inició
su carrera como novelista con El ángel caído primer
título de esta serie de siete, ambientada a fines del xix en diferentes
escenarios mundiales y cuya cuarta entrega acaba de aparecer en España,
que constituye la presentación del héroe ingenuo y su conversión
de simple funcionario novato en afortunado espía encargado de desvelar
los sutiles tejemanejes de una organización terrorista educativa
con ramificaciones mundiales. La novela acaba en el punto trágico
que alumbra los cambios fatales de la personalidad y el físico
de un Fandorin de apenas veinte años cuyas patillas han encanecido
en un solo día.
En Gambito turco, la entretenida peripecia de la joven Varia en persecución
de su novio desde San Petersburgo hasta los campos de batalla rumanos
durante la guerra ruso-turca de 1877-1878 sirve a Boris Akunin para revisitar
y recrear agudamente una extensa colección de géneros literarios.
La novela romántica, la de aventuras, la de espías, y la
novela histórica, así como la intriga detectivesca, surgen
revitalizadas de lo que bien pudo quedarse en mero pastiche. La razón
del acierto se encuentra en la habilidad con que el autor reutiliza los
materiales de las tradiciones de que se nutre y a los que se aproxima
con una intención humorística y desmitificadora capaz, paradójicamente,
de conferir a su texto peso y hondura a los que no son extraños
unos planteamientos filosóficos tan contemporáneos como
los que sus personajes formulan, por ejemplo, a propósito del nihilismo.
Puede que lo más destacable de Gambito turco resulte ser precisamente
su capacidad de enlazar las grandes preocupaciones éticas y morales
del siglo xix con las que nos acucian en el presente (a modo de ejemplo,
el malvado del libro acaba por revelarse como clarividente defensor de
los valores de la civilización frente al atraso que encarna una
Rusia decadente).
La sorpresa para el lector de Boris Akunin surge cuando en Muerte en el
Leviatán en lugar de encontrarse con otra trama de espías
y conjuras internacionales, se ve embarcado junto a Erast Fandorin en
un transatlántico de lujo que transporta a la interesante camarilla
de sospechosos de un crimen. Con habilidad y ligereza, Boris Akunin enlaza
y desenlaza la intriga detectivesca en un cambio de registro casi radical
respecto a las dos novelas anteriores, y lo hace con tal soltura que a
nadie puede extrañar encontrar al diplomático Fandorin inmerso
en conflictos dignos de sus ilustres predecesores, los detectives decimonónicos.
En estas novelas se juega con diferentes tipografías, y se incluyen
con frecuencia textos periodísticos junto con los puntos de vista
de los personajes a través de diarios o cartas (en Muerte en el
Leviatán destaca la curiosa visión que se atribuye, a través
de su diario, a un japonés atribulado entre monos pelirrojos
occidentales. Estos pasajes tienen mayor interés si cabe porque
Boris Akunin mantiene desde su etapa universitaria una estrecha relación
con el estudio de la lengua y la cultura japonesas). Una Conspiración
en Moscú hace regresar a Fandorin a Rusia cuatro años después
de su marcha en misión diplomática a Japón. Más
sabio, adiestrado casi como un ninja y practicando todo tipo de técnicas
orientales de meditación y autodominio, el joven se hace acompañar
por Masa, un sirviente nipón singularísimo, en una nueva
peripecia que compila modos y personajes ya presentes en las tres anteriores.
La caracterización de personajes se realiza con gran acierto, sobre
todo en el caso de la pizpireta y presuntamente liberada Varia, la muchachita
librepensadora que todo lo cuestiona desatendiendo las sensatas advertencias
de Fandorin (esta dulce Varia será la misma que exige amparo ante
el menor contratiempo y se siente molesta cuando las atenciones masculinas
no cubren las expectativas de su inocente pero acusada coquetería).
Con todo, es Erast Fandorin el jovencísimo diplomático
ruso que protagoniza y confiere unidad a las siete novelas de B. Akunin
un personaje romántico, misterioso y tan peculiar que no resulta
extraño que, con sus patillas blancas, su sensatez y su tartamudeo
intermitente, se haya convertido en el favorito del público ruso
y sus aventuras tengan traducción a dieciocho idiomas. Tampoco
nos extrañaría que este atormentado y crítico detective
de la Rusia zarista se hiciera con su particular lugar en las bibliotecas
españolas.
Ana Sousa
Extranjería
LÉCRIT. UNE POÉTIQUE
dans loeuvre de Celan
Jean Bollack
PUF, París, 2003
231 págs., 29 euros
Este nuevo volumen completa la bibliografía
ya extensa de Jean Bollack sobre Paul Celan, dos años después
de la publicación de la antología de artículos Poésie
contre Poésie. El filólogo francés continúa
su investigación del territorio Celan, entrando cada
vez más profundamente en la obra del poeta germanófono,
en búsqueda de una poética que, finalmente, logra retrazar.
En siete capítulos, Jean Bollack intenta un tipo de síntesis
ampliada de sus estudios anteriores: empezando por los pronombres, el
je, el tu, la hermenéutica del autor descifra poco a poco la poesía
de Celan, y llega, en el capítulo V, a la historia del tiempo presente
y la relación del poeta con la violencia nazi, el Shoah, lo judío.
La lectura de los vínculos de Celan con Mandelstam, Adorno y también
Heidegger es un modelo de precisión y sobriedad. El viaje sigue,
en los dos últimos capítulos, dentro de lo obscuro, de esta
ausencia del sentido que es también la poesía de Celan:
La lectura, para llegar a algún resultado o simplemente progresar,
debe descubrir el objeto enmascarado, oculto. Y uno de los milagros
de este libro está aquí: Jean Bollack lo descubre. Si bien
se le ha podido reprochar, a veces con razón, una prosa tan oscura
como los versos que analiza, aquí no es el caso. Las (de)mostraciones,
las lecturas de los textos y sus conclusiones son límpidas y precisas,
y el último capítulo, fascinante, concluye: Los últimos
años, algunos poemas son escritos para los que conocen la obra,
para los lectores iniciados. Y es esta iniciación del lector
lo que consigue tan brillantemente Jean Bollack.
Mathías Enard
MAJNUN EL WARD
Mohamed Chukri
Manshurat al Jamal, Colonia, 2003
133 págs., $ 4
Mohamed Chukri (1935) vuelve a publicar su primera
antología de cuentos, aparecida inicialmente en 1978, cinco años
antes de la autobiografía novelada (autoficción, dirían
algunos) que lo haría famoso: El Pan desnudo (1983 - Debate, 2000).
Este autodidacta, que emigró de muy joven a la ciudad, a Tánger,
la novia del Norte, fue limpiabotas, mendigo, guía
turístico, un poco ladrón, un poco chapero a pesar suyo,
intelectual de bares y amigo de Tenessee Williams, de Paul Bowles y de
Jean Genet, cuyos encuentros y conversaciones contó en varios libros,
como Jean Genet wa Tenessee Williams fi Tanja (1983). En muchos aspectos,
estos primeros quince relatos se pueden considerar el laboratorio
de sus novelas posteriores. Los temas autobiográficos y las anécdotas
reales abundan, como la experiencia de niño callejero, la cárcel,
la violencia y la dureza de la vida urbana más pobre. Del mismo
modo, una gran ternura hacia los personajes y una cierta poesía,
que rompe a distintos niveles con la tradición literaria árabe
(las frases son cortas, de poca adjetivación, con más verbos
que nombres, sin nunca llegar a ser secas) y que volveremos a disfrutar
en Tiempo de errores (1995) y, sobre todo, en su obra maestra, Rostros,
amores y maldiciones (2002), ambas publicadas en Debate.
Una gran puerta de entrada a la obra de un clásico
de la narrativa árabe.
Gorka Lamadze
APPOGGIO
Arno Bertina
Actes Sud, Arles, 2003
223 págs., 18 euros
La ópera, el canto, el cuerpo y la voz de
las cantantes: la nueva obra de Arno Bertina (1975) se aleja aparentemente
de su primera novela, Le dehors ou la migration des truites (Fuera o la
migración de la truchas, Actes Sud, 2001). A través del
juicio de la contralto Maple Gordon, acusada de haber dejado morir a su
agente en circunstancias poco claras, el narrador y a su vez también
personaje Jean (le Bouffon) Duval, su amante y confidente, irá
descubriendo su compleja realidad de personaje de ópera, su relación
con el mundo empresarial y con las discográficas, la competencia
con las demás cantantes.
Esta singular novela no sólo describe este mundo, sino que utiliza
también sus recursos narrativos e, incluso, musicales. Este Appoggio
es, en palabras de Jean le Bouffon, una novela en trenta y cuatro capítulos
y tres o cuatros géneros literarios, precedida de un prólogo
y concluida por un epílogo feliz. A la vez Ballo in Maschera, Traviata
y Ariadna en Naxos, esta novela musical (género que
parece prometedor), llena de detalles, referencias, arias y a veces coloratura
consigue, con las diferentes voces y los instrumentos de su partitura,
describir el complejo de inferioridad de una contralto, y al mismo tiempo
realzar esta tesitura, ligeramente menospreciada (se tenía que
decir) por los compositores. En fin, escribir para cantarla.
Virgilio Matamoros
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