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marzo 2003
Nº 99

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estantería

NARRATIVA HISPÁNICA

El pensamiento de los monstruos
Felipe Benítez Reyes
Tusquets, Barcelona, 2002
293 págs., 15 €

Caminar descalzo sobre brasas ardiendo, ésa es la propuesta de Felipe Benítez Reyes para todo aquél que ose adentrarse en las cavernas sinuosas de la mente humana. El roteño, que se desenvuelve con maestría en todos los ámbitos literarios (crítica, poesía, novela) ha sabido describir en esta novela los temores de una generación al borde del abismo, deconstruyendo la experiencia vital de una juventud tardía, aturdida por el mito de la vida eterna. El ganador en 1996 de los premios de la Crítica y el Nacional de Literatura ha sabido transmitir en ésta, como en el resto de sus novelas más importantes ­Humo y El novio del mundo­, sus propias angustias.

En El pensamiento de los monstruos, Benítez penetra en parcelas furtivas de la mente, territorios en los que la voluntad traza un monólogo aparentemente sin sentido. Jeremías Alvarado, "policía, politoxicómano, cuarentón y soltero", hilvana su vida mediante un discurso donde reina la lógica de la negatividad y un sentimiento pesimista del amor, y ataca desde todos los frentes a algunas de las convecciones occidentales. Ni siquiera el amor filial se escapa, y la madre intenta aprovecharse económicamente de la desgracia de su hijo travesti.

La obra de Goya El sueño de la razón produce monstruos (1797) se esconde bajo el título. Desencantado, irónico y con un uso soberbio del vocabulario (casi cortazariano), el narrador desvela que todos somos monstruos cobijando una porción recóndita que puede convertirnos a los ojos de los demás en engendros. Sin embargo, no denigra al ser humano, al contrario, lo sacraliza rodeándolo de una cohorte de seres míticos y héroes clásicos que también muestran su lado oscuro.

Como en la época clásica, la perfección va ligada al número tres: es el número de citas que inauguran el libro y que se refieren al tema central de la novela: el paso del tiempo y el sentimiento de culpa por dejarlo escapar. La novela se estructura en tres partes que se refieren a la vida de Jeremías, el protagonista, cuyo nombre, en la primera parte, aparece en su forma original como signo de que se centra en el yo del narrador: sus terrores, sus problemas con las mujeres. La segunda parte describe un retorno. Ahora es nombrado como Yéremi, apelativo con el que lo conocen sus amigos. Y la última parte remite a todos los personajes del libro al 'Pabellón Helado', nombre de novela china, que remite al presente. Pero el tres denota cierto caos: en la tradición china, el yin y el yan dan orden al mundo. Pero la existencia de un tercer elemento discordante altera ese orden: "Ahí, en la tercera razón, es cuando se duda." Y es el instante donde se tambalean todas las convenciones de Yéremi.
Mayte Galán López

EL CASTILLO DEL ESPECTRO
David Roas (ed.)
Círculo de Lectores,
Barcelona, 2002
284 págs., 16,90 €

Esta antología presenta una selección de dieciséis cuentos fantásticos españoles fechados entre 1832 y 1899. Dispuestos en orden cronológico, en ella se puede seguir el lento y constante proceso de gestación y maduración de la temática fantástica que recorre el siglo xix en España, así como la evolución del género y la nómina de los autores destacados que la componen ­Espronceda, Zorrilla, Bécquer, Galdós y Baroja entre otros. No se puede olvidar que el género fantástico es heredero directo de la novela gótica de la que toma en especial la ambientación: lugares sombríos, escenarios tenebrosos, el componente macabro y terrorífico de las muertes. El desarrollo fantástico se produce cuando la novela gótica entra en crisis y en las narraciones se privilegia lo sobrenatural por encima de los componentes sentimentales y morales. Esta tipología temática bebe directamente de los ideales y la estética del movimiento romántico. En este punto es patente el conocimiento que nuestros autores tenían de la producción escrita tanto en Europa como en América. Las obras de los grandes maestros del género fantástico como Poe, Maupassant o Hoffmann, entre otros, eran leídas en traducciones y se publicaban las críticas. Al igual que en el resto de Europa, en la Península fue un género leído aunque nunca ocupó un lugar destacado en los gustos del público lector del xix.

La evolución del género queda plasmada en la identificación de factores comunes y elementos recurrentes. Destaca por encima de todo la ambientación del mundo contemporáneo ­en sintonía con el naturalismo y realismo costumbrista­, la presencia de las apariciones fantasmales y la ambigüedad de la duda racional respecto a lo que acontece. Otro elemento usado es servirse de leyendas populares a las que se dotan de mayor énfasis en lo referente a su irracionalidad o elemento inverosímil. También llama la atención la introducción de la locura o la pesadilla como intensificadores subjetivos de la percepción del cuento.

Pocas oportunidades como ésta para aprender leyendo sobre un género y un período concreto. Hay que celebrar pues la edición de un libro de estas características aunque sí se debe lamentar las insuficientes páginas de las que consta el prólogo en relación con la descripción del panorama creativo, tanto en la Península como en Europa y América, del género fantástico, su evolución y recepción por el gran público así como los rastros de su tradición en nuestras letras.
Marc Franco

Dédalo
Xavier Monserrat
Biblioteca Nueva,
Madrid, 2002
796 págs., 20 €

Vivimos un tiempo confuso en cuanto a la religión. El número de creyentes sigue descendiendo desde, pongamos, la Ilustración. Sin embargo, la confianza de la gente en ciertos aspectos de la misma se mantiene. Los padres agnósticos o católicos no practicantes desean que sus hijos tengan todos los sellos y confirmaciones sacramentales. Aún más, en Estados Unidos puede constatarse un fenómeno incuestionable, el interés por la religión crece más que, digamos, por los derechos democráticos. En fin, que la religión está de moda.

Las sociedades modernas democráticas se hallan frente a un dilema de difícil solución. Los derechos del ciudadano han perdido fuerza debido al parón de la sociedad de binestar, el cese de la lucha por un justo reparto de los bienes económicos, frenado, entre otras cosas, por el fracaso del modelo económico comunista, y las oleadas de inmigración masiva. Las clases medias se sienten amenazadas en su modo de vida, los gobiernos tampoco han sabido escuchar al ciudadano, y el resultado es que una parte sustancial de la sociedad se siente abandona por los poderes públicos. El único lugar donde los valores tradicionales siguen vigentes es en las religiones, sean cristianas o islamitas. Un libro fundamental a este respecto es Darwin's Cathedral: Evolution, Religion, and Nature of Society (Universidad de Chicaco).

Xavier Monserrat ha escrito una emocionante novela, encarnando toda esta problemática, en una narración donde el lector puede aprender bastante y entretenerse a la vez. La obra relata la constatación al más alto nivel de gobierno, estadounidense y ruso, de que el malestar social, los derechos de los ciudadanos nativos se ven avasallados por los expresados por las gentes que llegan de fuera a la sociedad, por ejemplo, estadounidense. Un grupo de trabajo, que incluye al presidente y a gentes del Pentágono, convencen a un popular senador, líder del partido republicano en el senado, que forme parte de un complot para salvar al país de la desamericanización causada por los inmigrantes y las fuerzas progresistas; el plan se llama Dédalo.

Un segundo componente de la obra es la descripción de un movimiento laico, Nuevo Mundo, apoyado por las diferentes Iglesias, que intenta ofrecer en conjunción con Dédalo una posible salvación al mundo moderno. El desenalce es sumamente sorprendente.

La novela es larga, requiere tiempo, aunque el lector sacará de ella no sólo el disfrute, sino también muchos conocimientos, porque Monserrat escribe sobre la política estadounidense, la religión o la ciudad de El Cairo, como sólo un verdadero conocedor puede hacer.
Germán Gullón

Nata soy
Antonio Álamo
Mondadori, Barcelona, 2001
312 págs. 13,81€

Las intrigas, estupores y desazones que asaltan el alma cándida de fray Gaspar, exorcista inopinadamente convocado al Vaticano, constituyen parte de la materia de esta novela de Antonio Álamo (Córdoba, 1964), autor de numerosas piezas teatrales de transfondo moral y ganador del II Premio Lengua de Trapo con Breve historia de la inmortalidad (1996). En su última obra, iniciática en cierto modo, el autor revisa el tema de la eterna lucha entre las más altas potencias del Bien y el Mal, y siembra la duda de si el propio Satán ­Nata Soy al revés resulta "Yo Satán"­ se ha infiltrado en la cúpula de la cristiandad: las recientes y notorias excentricidades del Obispo de Roma están causando gran preocupación entre los prelados a su servicio, que temen las repercusiones de la extraña conducta de un Papa que viste chándal, se plantea "vender el tinglado a Microsoft" y se oculta de sus fieles durante meses. En un Vaticano sofisticado y postmoderno se desarrolla la aventura de aprendizaje físico y espiritual del traído y llevado fray Gaspar que, en lugar de exorcizar al Papa, confraterniza con él hasta llegar a ser propuesto arzobispo de Lukasa en uno de los giros de esta fábula amable, un punto milagrera y de regusto neorrealista en la que el autor no logra encontrar el tono adecuado.

Antonio Álamo permite que la narración oscile entre lo abiertamente cómico (el guardia suizo repartidor de pizza, el Papa que grita "¡Endemoniado el último!"), lo burlesco (el acoso sexual al fraile) y lo dramático (la tragedia del anciano, incomprendido y tierno personaje del pontífice que desea emprender una revolución total en la Iglesia del nuevo milenio y se confiesa "el hombre más solo del mundo"), y este no encontrar el tono adecuado culmina en una suerte de espantada doble, de personaje y autor, en el preciso momento en que la obra empezaba a entrar en materia sensible. Sin perder de vista los acertadísimos diálogos y la muy meritoria ­y humana, y humorística­ caracterización de personajes y situaciones, el final apresurado y profundamente dramático de esta bienintencionada novela pone un tinte de discordancia demasiado violenta a una obra en la que encontramos muestras abundantes y valiosas del tipo de reflexiones necesarias para aproximarse de modo sencillo y sin afectación a las cuestiones claves del cristianismo actual.
Ana Sousa

El exilio secreto de Dionisio Llopis
Ricardo Bellveser
Algar, Alzira, 2002
167 págs., 15 €

El planteamiento inicial, que se sitúa en la línea de la novela picaresca clásica, ya sugiere que no encontraremos en las páginas héroe alguno. La novela presenta a una serie de personajes a principios de siglo xx, y la retoma cuando la Guerra Civil ya se da por sentenciada. Los personajes huyen. Es una dura crónica de escapados, de exiliados.

Asesinatos, violaciones y traiciones se describen sin concesión porque una guerra, para serlo, tiene que ser cruel, y esta novela rastrea la dureza y la desesperación de la lucha por la vida. Los personajes, pícaros supervivientes en el mejor de los casos, huyen y se exilian sin que eso les salve. En algunos casos la muerte es real, antes de llegar a la frontera, en el monte, muchas veces causada por los mismos que les habían vendido un billete para la fuga. En otros casos la muerte es metafórica, pero no por eso es menos fulminante. Mueren los que marcharon a Francia o a Sudamérica, mueren los niños que llegaron a Rusia y mueren los que, como Dionisio Llopis, vivieron un exilio interior que les embruteció y les fue obligando a perder el norte. Todos son víctimas de un exilio que no acaba.

Avanzada ya la novela, hay una escena simbólica en la que el autor descarga toda su enseñanza. Rafael y José Luis representan dos Españas que, enfrentadas plásticamente, se asesinan porque han dejado de creer. Muchos de los que se fueron estaban convencidos, años después, de que habían sido cobardes: "Ya sé que a los exiliados ­dice uno de los que sufrió el exilio­ se nos ha vestido con trajes de gala, pero los únicos héroes fueron quienes se quedaron luchando y luego, torturados por sus ideas, siempre acosados, fueron faros de luz para los demás." Pero la novela tampoco salva a los que se quedaron, porque tuvieron que renunciar a muchos principios para continuar con vida, porque el estómago de lazarillos buscones les exigía comida cada día. Por eso, cuando en plena democracia, se les ofrecen medallas y premios tienen que renunciar para conservar la dignidad que les queda. El franquismo los había condenado al silencio y la democracia les premiaba por guardarlo. Una prueba demasiado dura para quien se vio obligado a sobrevivir.
Blanca Bravo Cela