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marzo
2002
Nº 87

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estantería
NARRATIVA HISPÁNICA
ÚLTIMAS NOTICIAS DE NUESTRO MUNDO
Alejandro Gándara
Premio Herralde de Novela
Anagrama, Barcelona, 2001
369 págs., 15,03 €
A las puertas del siglo xxi, a un grupo de ex agentes
de la Stasi se le encomienda la misión de organizar una asamblea
de antiguos agentes, pero Karl Friedenthal, enlace con Moscú y
depositario de la información clave, aparece muerto en extrañas
circunstancias. De aquí parte una trama que tratará de esclarecer
el suceso, retomar el contacto con las esferas superiores y llevar a buen
término la reunión.
Existen dos motivos por los que Últimas... excede
los límites del género de espionaje. Por un lado Gándara
traza en la sombra, casi con los elementos de atrezzo y sin forzar la
trama, un crítico análisis sociopolítico sobre el
presente de lo que un día fue el bloque comunista. Un retrato donde
la ficción sigue los pasos de una realidad confusa, y donde el
fin de lo que podríamos llamar el espionaje clásico es ofrecido
al lector como la metáfora de un mundo, el nuestro, en continuo
cambio.
Por otro lado, esta perspectiva macro (que se beneficia
del trabajo del autor como investigador social) convive con una perspectiva
micro, atenta a los misterios propios del ser humano, y no de su entorno.
Y es que con el desarrollo de la trama, los ex agentes se ven sumidos
en una búsqueda existencial que corre paralela a sus investigaciones
estratégicas, y que indaga sobre la naturaleza del propio "juego",
y sobre la posición que ellos mismos ocupan en su seno. Las reglas
han cambiado, y de eso los personajes se dan cuenta con el lector, cuando
ya todo ha sucedido. El contexto inmediato de los personajes es pues un
naufragio, el acabose del mundo que dio hasta entonces sentido a sus vidas.
Ya no habrá más misiones ni más órdenes para
ellos, porque ya no hay nadie arriba para mover los hilos, todo ha desaparecido.
Pero eso es algo que ellos no pueden ver. Es condición del género
que los personajes conozcan sólo una parte del plan maestro, pero
en Últimas... a esta ceguera se suma otra aun más determinante,
y es que acaso no exista tal plan y ellos no sean más que un puñado
de actores sin escenario, sin texto, sin nada. "Es una vida ridícula
acaba afirmando uno de los personajes, hacemos el ridículo
viviéndola."
Se trata pues de una sólida novela de género
(la estructura funciona de una forma impecable, y las ambientaciones son
muy minuciosas y sugerentes), pero también de una lúcida
especulación sobre el presente, y sobre el comportamiento humano.
En la última página, Gándara recoge el hilo de estos
tres niveles y los clausura con una conclusión que pone en boca
de Walter Bauss. En ella están presentes dos de las características
de la novela: la ambición, pues es una reflexión sobre el
sentido de las cosas, y el tono desangelado que por todos sus poros emana
el relato. "No ha sido ese hombre se lamenta Anja [...].
¿Y por qué lo he encontrado, entonces?", y es cuando
Bauss le responde: "Por todo lo que dejaste de mirar, como siempre
que se encuentra algo."
Robert Juan-Cantavella
ESTA NOCHE MORIRÉ
Fernando Marías
Destino, Barcelona, 2001
146 págs., 10,22 €
Esta noche moriré ofrece la posibilidad de pasar
un buen rato sumergido en pasiones y desdichas ajenas. Fernando Marías
nos seduce con una buena historia, y reivindica aquí el sabor de
los hechos excepcionales, de la literatura de evasión pura y dura.
Desde la primera página, Esta noche moriré
(que fue publicada cuatro años antes que El niño de los
coroneles, con la que Marías ganó el Premio Nadal de 2001)
asume la forma y las reglas de la novela negra: abundan las barras de
bar y la corrupción y escasean los escrúpulos y la moral.
También está claro desde el principio que la venganza será
el motor de toda la trama hasta el punto y final. Al clima de género
policial, Marías añade después pizcas de literatura
fantástica. La trama va pareciéndose a un guión de
Amenábar, mientras que muchos de los episodios nos llevan a pensar
en Poe.
Marías está tan seguro de su apuesta que
se permite el lujo de dejar cabos sueltos por el camino. Se deja a medias,
por ejemplo, la sugerente historia de las tribulaciones alrededor de un
manuscrito inédito de Dostoievski. Marías tiene razón:
el núcleo del libro, el meticuloso plan de venganza de un criminal,
acapara al final todo el interés. La situación planteada,
de angustia creciente, consigue agobiar al lector; además de la
trama, el juego de instancias narrativas contribuye a la solidez de Esta
noche moriré. El libro se aparta de la novela negra convencional,
si entendemos por esto un discurso en el que el lector, de la mano de
un detective o similar, va desembrollando las incógnitas que se
presentan en fila india, una detrás de otra. El texto de la obra
de Marías es casi exactamente el texto de una carta escrita por
uno de los personajes. Esta carta está escrita muchos años
antes de que ocurran los hechos que narra, y ahí está buena
parte del gancho de la obra. Los pequeños desajustes que al final
se puedan producir entre la carta y la realidad dan verosimilitud y emoción
a la historia.
Jordi Martí
DÍAS IMAGINARIOS
José María Merino
Seix Barral, Barcelona, 2002
320 págs., 16,26€
El relato corto o microrrelato no lo ha tenido fácil,
entre otras cosas por la existencia de ciertos críticos y autores
que veían en él, más que un género literario,
unos meros ejercicios espirituales propios de alumnos de talleres literarios.
Pero guste o no, y al igual que ha sucedido con la poesía, la mayoría
de los autores han sufrido con mayor o menor fortuna en algún momento
de sus carreras el vértigo que supone el acercarse al relato corto,
y lo han cultivado imbuidos por la corriente iniciada por Augusto Monterroso
o Juan José Arreola. Ahora, José María Merino presenta
Días imaginarios, cien visiones y aciertos retóricos que
algunos han calificado como microrrelatos por su extensión, aún
sin ser en sí mismas piezas de tan codiciado género. Se
trata de porciones literarias que, es cierto, podrían sobrevivir
por sí solas (uno de los axiomas que se les exige), que juntas
configuran una notable representación de lo cotidiano, pero que
carecen muchas de ellas del duende que se les exige para despertar asombro
en el lector. Sí que es verdad que algunas de ellas lo consiguen,
y así desfilan ante nuestros ojos epístolas irónicas,
ensayos y pequeñas leyendas, sucesos domésticos y noticias
de diarios, y como no, algún que otro homenaje que justifica por
sí solo todo el volumen. Al despertar, Augusto Monterroso se había
convertido en un dinosaurio. "Te noto mala cara", le dijo Gregorio
Samsa que también estaba en la cocina (pág. 243). Y es que
Merino no puede obviar a algunos de sus referentes literarios, que son
los nuestros. Otros relatos recurren a la armonía del misterio
o a la liturgia de lo mágico, y así nos encontramos con
"Ecologismo", sin duda alguna uno de los mejores del libro.
Porque José María Merino, que no hace sino ser fiel a sus
postulados cuando afirma que el mundo es un caos y que la realidad tiende
a ser fragmentaria, ha escrito Días imaginarios entre otras razones
con la idea de demostrarnos (y demostrarse a sí mismo) que la literatura
entre otras cosas sirve para poner en orden la realidad. Por eso, y ahondando
en el carácter no lineal de su lectura, Días imaginarios
tiene a su vez un efecto catártico en tanto esas pinceladas de
la vida diaria en las que todos nos vemos reflejados no hacen sino ayudarnos
a entender un poco el mundo en el que vivimos.
Luis García
TAN NÍTIDO EN EL RECUERDO
Juan Carlos Méndez Guédez
Lengua de Trapo, Madrid, 2001
125 págs., 11,36 €
"Pero aunque sea una manera de ejercer la arbitrariedad,
prefiero que entiendas mi manera de explicarlo": así interpreta
un personaje de Tan nítido en el recuerdo la realidad escindida
entre un mundo que asedia a sus componentes y la propia interpretación
que cada uno de éstos hace del mismo. Y así es como Juan
Carlos Méndez (Venezuela, 1967) decide mostrar su realidad al lector
en este conjunto de relatos que abordan la vida en su experimentación
más cotidiana. Todos los personajes parten de una duda propiciada
por una falta de totalidad, y la búsqueda les llevará al
intento de hallar su principio en la infancia. La paradójica lucha
estriba en encajar en una realidad propia que ellos mismos han creado,
ya sea a través del amor como motor esencial en la vida "Con
rápidos gestos le quité la ropa y al entrar en ella supe
que la vida ocurría siempre para la eternidad de esos segundos",
ya sea a través del recuerdo que se relaciona con el tiempo presente
a partir de coincidencias y nexos aparentemente invisibles. Se tratará
de profundizar en el presente como hijo esencial del pasado.
A "Tan nítido en el recuerdo", cuento
que da nombre al libro, el lector se debe aproximar con cautela: repetidamente
se rompe el tiempo lineal, llegándose a narrar simultáneamente
varios momentos en la vida del protagonista. Esta estrategia, que logra
su cúspide en este relato, se repetirá en la mayoría.
Así sucede en "El eterno y fugaz retorno", donde un hijo
adulto ve la victoria de un equipo de béisbol como una derrota
de su padre, con el que veía los partidos cuando era niño.
En "Adiós, Penélope Cruz, nos vemos en El Hierro",
muestra otro de los personajes que asumen su propia realidad irrepetible
en otro individuo salpicada por una infancia, en este caso ambigua,
que interroga sobre el origen del propio lector. Encontramos en "1971"
unos mordiscos adultos y sexuales que recuerdan otros mordiscos infantiles
en la iniciación erótica del despertar sexual.
Juan Carlos Méndez se mueve con acierto en aquellas
parcelas donde la vida no se ha definido todavía o lo ha hecho
de una manera difícilmente perceptible. Estos relatos contienen
muchos logros y convierten a Tan nítido en el recuerdo en un libro
notable que transforma la lectura en un desafío contra uno mismo.
Juan Francisco Jiménez
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