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noviembre 2001
Nº 83

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estantería

NARRATIVA HISPÁNICA


RISAS ENLATADAS
Javier Calvo
Mondadori, Barcelona, 2001
233 págs., 1.900 ptas.

Un Gary Oldman ebrio de éxito, un Johnny Depp drogadicto y un Alfred Molina acabado son algunos de los personajes de "Molina", uno de los cinco relatos que componen Risas enlatadas, opera prima del barcelonés Javier Calvo (1973). En la caricatura de esos personajes del star-system hollywoodiense, protagonistas de todo tipo de excesos, obsesionados con el parecer que elimina al ser, se condensan las claves de la poética del autor: el uso de la parodia como instrumento para evidenciar el absurdo de las relaciones interpersonales en el presente, la denuncia de la vacuidad de la representación mediática, una apuesta por el lenguaje directo, que se mueve entre el lirismo y un registro rabiosamente coloquial, y un marco de referencias eminentemente anglosajón.

No es casual, evidentemente, que Calvo fuera el coordinador del almanaque de nueva narrativa española After Hours. Una muestra de Cult Fiction, de la tan atractiva como desconcertante ­por su calidad dispar­ colección Reservoir Books, del mismo sello que edita su primer libro de relatos. No faltan en éste los elementos que abundaban en aquélla (a saber: drogas, alcohol y (homo)sexualidad). Tampoco es casual que, en su faceta de traductor, haya vertido al castellano obras de Edward W. Said, porque las ideas que vertebran su narrativa hay que circunscribirlas en las de los estudios culturales. La lectura de la primera pieza, por ejemplo, titulada "Arco iris de levedad", cuyo argumento nos sitúa en los entresijos de un programa basura que se burla de todo y de todos, desde la literatura clásica (un personaje se llama Wordsworth Comemierda) hasta el Holocausto, conduce a la reflexión sobre conceptos tales como provocación, resistencia o contracultura. El género utilizado, dadas las alusiones directas a Farenheit 451, podría bautizarse como cultural-fiction.

Literatura de ideas, de personajes premeditadamente mal dibujados y de finales abiertos, en que la forma se pone en segundo plano (el discutible uso del flashback en el primer relato o la fragmentación excesivamente críptica del cuarto), Risas enlatadas es un volumen interesante e inteligente, que destaca sobre todo por la crudeza de las disecciones que vehiculan sus personajes paródicos ("La televisión vive en el presente! (...) ¡Los putos libros de historia han muerto! ¡El holocausto ha muerto!") y por el atrevimiento del autor a la hora de violentar los paradigmas de lo políticamente correcto. En este sentido cabe destacar el escenario multiétnico, geográficamente variado, en que se sitúan las diversas historias (Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Escocia), que parece responder a una voluntad de ocultación de lo hispánico. Hay que esperar con expectación el próximo libro de Javier Calvo, porque su proyecto literario tiene la enjundia del discurso lúcido de un rara avis.
Jorge Carrión

 

EL NIÑO DE LOS CORONELES
Fernando Marías
Destino, Barcelona, 2001
582 págs., 2.900 ptas.

Un asunto de importancia capital, la educación y las manipulaciones a que puede dar lugar, es el que subyace a El niño de los coroneles, fábula moral en forma de novela de aventuras contemporánea con la que el escritor y guionista Fernando Marías (Bilbao, 1958) obtuvo el Premio Nadal de 2001. La envergadura del proyecto que aborda el autor corre pareja con la extensión de una obra excesivamente ambiciosa que, combinando y superponiendo variadas tramas, épocas y escenarios, aboca al lector al presente de Leonito, joven democracia sudamericana convertida en simbólico escenario de la lucha entre el Bien y el Mal encarnados en Jean Laventier y Victor Lars, médicos franceses de trayectorias vitales antagónicas. En un esquemático país imaginario, heredero de las maneras y escenarios propios de la llamada Novela del dictador ­la que viene de Tirano banderas o El señor presidente­, confluyen las vidas de estos antiguos amigos y las de los dos gemelos huérfanos que serán elegidos para poner a prueba con sus propias experiencias el peso real del aprendizaje y el valor auténtico de la moral en el alma humana. Asistimos a partir de aquí al desarrollo de una trama vertiginosa y enrevesada ­aunque plagada de momentos de acción y riesgo bien planteados y resueltos­ que, a fuerza de pretender mantenernos permanentemente en vilo, en no pocas ocasiones carga las tintas con truculencias excesivas y concatenaciones de aventuras un punto inverosímiles. El voluntarioso tratamiento de los personajes presenta cierto interés al personalizar, dos a dos, Bien y Mal: Victor Lars, el malvado absoluto, ser extremado y amoral capaz de las más extraordinarias torturas y manipulaciones, resulta un personaje atractivo, si bien más plano que sus atormentados antagonistas, en los que el Bien se manifiesta con las naturales contradicciones que los humanizan. El misterioso Niño que da título a la novela es un ser del que únicamente se nos informa a través de terceros y cuyo desarrollo hubiera resultado interesante y pertinente porque, en definitiva, él es la marioneta humana, el monstruo en el que ese nuevo Frankenstein que viene a ser Víctor Lars pretende probar la validez de sus perversas teorías.

Unos diálogos naturales y bien trabados, una prosa funcional ­y versátil en la alternancia de personas narrativas­ y un ritmo sostenido aunque forzado en exceso apuntalan esta novela de aventuras que gana interés conforme avanzamos en su lectura.
Ana Sousa

 

FRONTERAS DE ARENA
Susana Fortes
Espasa Calpe, Madrid, 2001
241 págs., 2.900 ptas.

Un periodista británico y escéptico, un joven militar de la República Española y una mujer enigmática y asustada. Estos tres personajes, atrapados en el protectorado de Marruecos en los meses que precedieron a la rebelión militar de 1936, acaparan todo el interés de la última novela de Susana Fortes. La tensión que se establece entre los miembros del trío protagonista crece con las páginas y termina convirtiendo Fronteras de arena en un libro magnético.

Fortes retrata con profundidad la sicología de los personajes, hasta el punto de convertirla en el hilo conductor de todo el libro. Los tres héroes (eso es lo que son el periodista, el joven militar y la dama misteriosa) tienen mucho en común: arrastran un pasado que condiciona su presente. El destino los reúne en la ciudad de Tánger. Se necesitan entre sí. Y sin embargo, están condenados a no entenderse.

La autora envuelve este triángulo de emociones con un aire de aventura romántica y exótica que aleja el libro de la verosimilitud histórica para acercarlo al cine. Lo primero que se piensa cuando se entra en la historia es que el escenario de Fronteras de arena, las calles tortuosas de Tánger, podría haber sido cualquier bar de Casablanca. Tampoco cuesta imaginarse con la cara de Bogart al corresponsal del London Times en la ciudad, a quien Fortes, a pesar de todo, consigue dar un carisma propio.

La historia transcurre en un clima de inseguridad y conspiraciones. Los protagonistas, como la joven y frágil República Española que aman, se ven implicados en el juego de intereses políticos y militares entre los grandes estados europeos, pero no pueden hacer nada por frenar una conspiración que desembocará en la Guerra Civil. La sencillez de la trama argumental, que Fortes monta con espías, traficantes de armas y diplomáticos, sirve para realzar aún más la personalidad de los tres héroes. Del mismo modo, a través de la mirada de los protagonistas nos llegan descripciones cuidadas y densas de los escenarios de la acción. El norte de África aparece como un telón de fondo cálido y sensual. El joven militar, por ejemplo, observa la caída de la noche en el desierto y ve cómo "arriba van apareciendo de dos en dos, de tres en tres, en racimos, como copos helados, las estrellas".

En definitiva, Fortes habla de estas fronteras, más oscuras e inestables (y más difíciles de definir) que las de los estados, en que chocan ideologías y emociones. Como el viento que mueve las dunas en el desierto, el curso de la historia sacude a los tres protagonistas. La resistencia que éstos oponen, inútil pero firme, es el centro del libro.
Jordi Martí

 

NO ACOSEN AL ASESINO
José María Guelbenzu
Alfaguara, Madrid, 2001
412 págs., 2.800 ptas.

No acosen al asesino pasa por ser una novela fresca de intriga en donde ya su comienzo invita a una lectura sosegada. Tenemos al muerto, el magistrado retirado Juez Medina, al asesino, el críptico y enigmático Carlos Sastre y a la juez encargada de investigar el suceso: Mariana de Marco, quien a medida que avanza la obra adoptará el papel de investigadora del caso al más puro estilo de Holmes y que además es una admiradora de la novela del xix. Pero no es sólo lo extraño del hecho el conocer al autor del crimen, sino el desconocimiento del motivo que le induce a cometerlo. A partir de ahí van perfilándose los sucesivos comparsas de la novela: todos tienen su sitio en el libro y su grado de complicidad. En No acosen al asesino no abundan los diálogos inteligentes sino más bien los derivados del provinciano aburrimiento de una población aburguesada. No es la primera vez: basta recordar Un peso en el mundo, en la que Guelbenzu ubica sus novelas en una localidad periférica. Se establece una contienda psicológica entre los protagonistas, la juez y el asesino, y una sucesión paralela de acontecimientos que resultan de sumo interés para comprender el enigmático desenlace. Porque sólo al final de la novela se cerrará un trágico círculo que había comenzado muchos años atrás y que unía irremediablemente a víctima y asesino, otorgándole a éste categoría de verdugo. Destaca en la obra lo infrecuente de los comportamientos del resto de los personajes, empeñados en aportar su granito de arena en la búsqueda del culpable más por aburrimiento que por convicción. Y aquí uno siempre recuerda las películas de Buñuel. Salvando las distancias, Guelbenzu realiza quizás sin pretenderlo un esperpéntico retrato de la sociedad media actual, hastiada y aburrida, mas ocupada del qué dirán que del motivo real por el que "uno de los suyos" decidió regar con la sangre de otro el suelo que pisaba. Baste para ello releer el capítulo en el que los Arriaza celebran una grotesca fiesta para informar a sus vecinos de los dramáticos hechos. Baste observar los comportamientos de Sonsoles, de Marta, e incluso de la propia Carmen, embarcada sin saberlo en una relación amorosa con el propio Carlos. Sin duda se ha alejado Guelbenzu de la poética que impregna sus anteriores obras. Ya no estamos ante una novela experimental, sino ante una de marcado carácter policíaco. Pero es que, como él mismo reconoce, en su biblioteca siempre habrá un sitio para Dashiell Hammett.
Luis García

 

RUMIAS, GRAZNIDOS Y GORJEOS
José Viñals
Montesinos, Barcelona, 2001
156 págs., 1.850 ptas.

Sorprende en un primer momento la dedicatoria con la que inicia José Viñals este libro: "A algunos de mis peores amigos. Nada se pierde haciéndolo, pues estos cuentos son tan malos como ellos." El tono irónico nos acompaña hasta el último relato, aunque no es ésta una obra mordaz, sino un canto a la vida. Es por ello una obra dulce y amarga a la vez, escrita con una prosa de elevado lirismo. Dos ejemplos: "Cual dos espejos de azabache, cual dos espejos negros de obsidiana donde miraba el Inca sus ojos más negros aún, como los ojos del Inca en el espejo negro de obsidiana, así tus ojos"; o bien: "Esa luna que se estira como una masa de hojaldre, como chorro de miel; esa luna gozosa y riente como unas fiestas de pueblo, como una madrugada de verano cuando todavía se siente el olor a pólvora de los fuegos de artificio".

De hecho, Viñals es más conocido como poeta que como narrador, aunque ha publicado dos novelas y otros dos libros de relatos. Nacido en Corralito (Argentina) en 1930, su primer contacto con la literatura fue a través de la poesía gauchesca. Luego leería a Lugones y a Neruda, a Lorca, Rimbaud y Baudelaire. Sus numerosos libros de poesía (Animales, amores, parajes y blasfemias, El cielo y un largo etcétera) le han hecho merecedor de los premios Villafranca de Bierzo y Jaime Gil de Biedma, ambos concedidos en el año 2000.

Rumias, graznidos y gorjeos consta de dieciocho relatos, escritos casi todos ellos en primera persona, y cuyos protagonistas son personas sencillas ­un cojo, una anciana, un actor, un dibujante de cómics­ que nos hablan ­pues muchos de los relatos tienen carácter de monólogo­ sobre temas complicados: el amor, la soledad. Ciertos pasajes logran acelerar el pulso del lector; otros renquean, a pesar del loable intento de Viñals de hurgar en el alma humana. El fallo del autor de El cielo está en intentar confundir al lector con desdoblamientos de personalidad y juegos metaliterarios que no siempre funcionan, y que en ocasiones menguan la magia del texto. Además, la inclusión de un encabezamiento irónico-sarcástico al inicio de cada relato nos distancia de lo que se relata a continuación. Un ejemplo: "Jamás soñó el autor un sueño como el que aquí narra. No le hubiera venido mal soñarlo para tener algo interesante que contarle a su psicoanalista."

A pesar de ello, Rumias, graznidos y gorjeos conmueve. No importa tanto lo que cuenta, sino cómo lo hace, y de ahí su atractivo.
Alejandra de Leiva