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octubre
2001
Nº 82

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estantería
NARRATIVA HISPÁNICA
HÁBLAME DEL TERCER HOMBRE
José Carlos Llop
Muchnik, Barcelona, 2001
175 págs., 2.100 ptas.
Las novelas que se construyen alrededor de una memoria
muy imbuida de elementos míticos corren el riesgo de convertirse
en poemas demasiado largos. La evocación, el relato consciente
de elementos que ocurrieron en el pasado pero que se elaboran en el presente
pues es imposible que un niño advierta todo lo que el adulto
puede contar de su infancia, con ser un constituyente básico
de la novelística moderna, entra en conflicto a veces con los cánones
del relato iniciático por, como decíamos, su propensión
al mito.
Algo de esto le sucede a Háblame del tercer hombre,
última novela del notable narrador, diarista y poeta José
Carlos Llop (Palma de Mallorca, 1956). En ella un niño observa
con mirada absorta y lenta cómo se desarrolla la vida en una plaza
militar española de la primera posguerra, cómo los adultos
se traicionan, se son infieles y se entregan a vagas estrategias de resistencia.
Pero si bien es un niño el que observa, no puede ser sino un hombre
quien narra: la prolijidad de detalles epifánicos, la capacidad
para matizar sentimentalmente los hechos y la exaltación de una
cierta nostalgia por las formas del pasado un coche antiguo, una
película en blanco y negro, una mujer de "ojos acuáticos"
y falda por debajo de la rodilla constituyen por sí solos
una conformación del punto de vista necesariamente lírica.
Y así, en efecto, la prosa de Llop despliega con ritmo lento un
arsenal de metáforas e intrigas de inequívoca ascendencia
poética. Sucede, sin embargo, que la elaborada composición
del argumento y su nostálgico punto de partida "No puedo
hablar de aquel invierno de 1949 sin acudir una y otra vez a una pantalla
de cine", su incapacidad para salir del ámbito de la
belleza, impiden que el desarrollo de la educación sentimental
del joven observador se complete, como reitera la tradición, más
allá de la consciencia de pérdida.
No quiero con ello decir que Háblame del tercer
hombre sea una novela fracasada por exceso de nostalgia, más bien
al contrario. Si bien en su estructura siempre reverbera el paso del tiempo
y la construcción de momentos de revelación de carácter
cinematográfico algunos, como indica el título de la novela,
su constancia en el desarrollo de la trama y su enorme capacidad para
crear imágenes de un enigmático atractivo alentan su capacidad
instrospectiva y le otorgan una profundidad estética infrecuente.
Ocurre, simplemente, que la memoria es un material tan muelle que a veces
el narrador en primera persona se olvida de que ya no es el niño
que vio lo que ahora narra. Y que, como casi siempre en una novela, con
un poco menos de lírica ya hubiéramos pasado.
Ramón González Férriz
LO MEJOR QUE LE PUEDE PASAR A UN CRUASÁN
Pablo Tusset
Lengua de Trapo, Madrid, 2001
320 págs., 2.790 ptas.
Los primeros pasos de un buen escritor principiante hacia
la gran literatura suelen ser ligeros pero precisos. En este caso bien
pudiera encontrarse Pablo Tusset, seudónimo de un barcelonés
nacido en 1965 y curtido en el mundo de los fanzines que debuta con firmeza
en el género novelístico con este divertimento cómico-policiaco
que bebe en la mejor tradición de la narrativa disparatada y de
puro entretenimiento al modo de Eduardo Mendoza y su trilogía
iniciada con El misterio de la cripta embrujada (1978). Pero si tratamiento
humorístico, estructura y localización lo emparentan con
él, su muestrario de personajes e incluso la peculiar personalidad
del acertadísimo y desorbitado protagonista y narrador traen a
la memoria La conjura de los necios de Kennedy Toole, en especial al inolvidable
Ignatius Reilly.
Manteniendo la tensión narrativa a fuerza de alardes
de ingenio verbal cómico, el autor incita a seguir la trepidante
peripecia de Pablo Miralles, treintañero inadaptado, culto y excesivo
que se ve en el duro trance de ingresar por la vía rápida
en una categoría, héroe (subespecie "salvador de la
familia") situada en las antípodas de sus expectativas vitales:
Pablo, digno representante de una generación escéptica y
automarginado cibernauta sin ingresos fijos y con intereses metafísicos
y sexuales heterodoxos, subsiste satisfecho al margen de lo políticamente
correcto. El nuevo héroe se verá secundado por tipos bien
caracterizados en su recorrido barcelonés a lo largo de una trama
policiaca suficiente para atrapar al lector en la intriga gracias al agudo
y brillante uso del registro cómico no perder de vista los
diálogos y al ritmo vertiginoso. Pese a ello, en las últimas
páginas el relato se desliza morosamente hacia lo onírico
y pierde de vista el tono general de una obra que cuenta con grandes aciertos
y propuestas muy dignas de ser consideradas, como la adaptación
a nuestra lengua de palabras como "güeb" o "pidsa",
que Tusset prefiere escribir como suenan, y la inclusión de un
lugar en el ciberespacio en que lector y personaje podrán comunicarse.
Y esto resulta especialmente interesante porque Miralles es un caracter
hábilmente cuajado, un ente que permanece vivo en nuestro recuerdo
una vez cerramos esta primera novela magníficamente escrita y que
es un mero divertimento intrascendente. Sólo busca entretener.
Y lo consigue.
Ana Sousa
RELATOS DE SANGRE
Francisco J. Satué
Debate, Madrid, 2001
172 págs., 2.200 ptas.
Relatos de sangre parece el boceto de un libro inacabado.
El lector, tras pasar por los diecinueve cuentos, muy breves, que componen
el libro, se queda con la impresión de haber leído diecinueve
historias a medias, tramas apenas insinuadas que dan paso al relato siguiente
con velocidad de vértigo. El tono elíptico del libro y la
parquedad de la información que se da en todas y cada una de las
historias termina por perjudicar al conjunto de la obra, que resulta más
incompleta que enigmática.
El periodista Francisco J. Satué, dedicado desde
hace años tanto al ensayo como a la ficción, pretende en
este libro elaborar una sarta de pequeñas historias con rasgos
comunes: los protagonistas, llevados por la angustia, no pueden evitar
y hasta buscan un desenlace mortal y sangriento. La mayoría de
relatos se forman a partir de lo mismo: amantes inestables, relaciones
erróneas, distorsiones causadas por el alcohol o las drogas...
Esta atmósfera común da cohesión al libro, pero lo
hace a la vez un tanto previsible.
La fuerza en la descripción de los cadáveres
y del aire de los crímenes es de lo más destacable del libro.
Los relatos ganan interés cuanto más se acercan al género
policial (es el caso de "Alfabeto rubio", historia pasional
alrededor de una rubia destructiva), pero resultan más aburridos
cuando el autor se adentra en largas disertaciones sobre los sentimientos
humanos. Teniendo en cuenta la naturaleza de las tramas, se echa en falta
en Relatos de sangre un estilo más esencial. A menudo se cae en
un lenguaje demasiado denso y efectista. El experimentalismo estilístico
no enriquece la lectura sino que la entorpece. En "No todos",
por ejemplo, se reproduce sin demasiada verosimilitud el discurso hablado
y coloquial de un quinqui (dice "colegui" y "retoño"
en una misma frase, coincidencia que difícilmente se daría
en el vocabulario de un pelagatos de carne y hueso). Otras veces, las
incongruencias confunden al lector: en "Final de la tregua",
se explica del protagonista que "su único anhelo consistía
en poder olvidar", mientras que un par de líneas por debajo,
en cambio, "ni siquiera lo recordaba".
Jordi Martí
RECUENTO. CUENTOS COMPLETOS
Ana Rosetti
Páginas de espuma, Madrid, 2001
185 págs., 2.200 ptas.
La eclosión del cuento en la década de los
80 vino a poner de manifiesto que este género, lejos de haber mostrado
su agotamiento, resurgía con renovadores intentos, sobre todo de
la mano de jóvenes autores que se planteaban escribir novelas y
ensayaban con características semejantes el relato breve. Proponían
una variedad tan amplia que a lo largo de las dos últimas décadas
se han traducido en registros tan universales como personales y hoy muestran
la pesada huella de autores como Chejov, Poe, Kafka o los más contemporáneos
y cercanos, Cortázar, Monterroso y Carver.
Ana Rossetti (San Fernando, Cádiz, 1950) está
de actualidad por la publicación de Recuento. Cuentos completos
(2001), aunque, anteriormente, había publicado diversas colecciones
a lo largo de estas dos últimas décadas, Cuentos eróticos
(1988), Alevosías (1991) y Una mano de santos (1997). En la "Nota
de la autora" se especifica que muchos de los relatos fueron publicados
aquí y allá y que ahora se ofrece su versión definitiva.
Se incluye, además, un relato más extenso titulado "El
antagonista", en realidad el germen de una novela. La primera parte
del libro recoge aquellas historias que han formado parte de diversas
antologías y encargos estivales. Son narraciones eróticas,
tema en el que Ana Rossetti ha volcado esencialmente su obra. Críticamente
se ha relacionado el género como uno de los más característicos
de la transición a la democracia, porque ha incorporado colecciones
exclusivamente dedicadas al género donde han publicado muchos de
los autores españoles que hoy están considerados como de
lo mejor que se ha escrito en novela. En realidad, el mundo narrativo
de las relaciones eróticas presenta una linealidad que tiende a
ofrecer una sensualidad y una fisiología que se combinan con ese
proceso sentimental que se espera de las historias, además de presentar
temáticas heterosexuales, homosexuales, incestuosas, lesbianismo,
zoofilias, y otras. Parte de este mundo se ofrece en Recuento, además
de esa otra vena lírica que es por la que se conoce a Rossetti
y que tan importantes triunfos le ha proporcionado. En su prosa se vislumbra
el mundo de la infancia, la religión, los deseos y de la fantasía
e incluye princesas, ángeles, vírgenes, dragones y criaturas
míticas. Evocaciones del pasado, frustraciones amorosas, esbozos
celestiales y alegorías. No se pierdan "El joyero de la Infanta",
"El reino de Maud" o "El antagonista".
Pedro M. Domene
PÚRPURA
Ana García Bergua
Alianza Editorial, Madrid, 2001
235 págs., 2.500 ptas.
Ana García Bergua (Ciudad de México, 1960),
crítica literaria y colaboradora de numerosas publicaciones de
su país, aborda por segunda vez el mundo de la novela con Púrpura.
La primera incursión tuvo por nombre El umbral. Travels and Adventures.
Así mismo, García Bergua es autora de un libro de cuentos,
El imaginador, y de una crónica de viajes, Postales desde el puerto.
No es de extrañar, entonces, que denotemos el buen
hacer en la narración de las aventuras y desventuras, los líos
y los amoríos de Artemio González, el héroe y narrador
de la novela. Él es un joven inocente, normal y corriente, del
montón incluso mediocre que se traslada a la gran ciudad
desde su pueblo natal, donde ha vivido toda su vida. Aunque en ningún
momento sale nombrada, se trata del convulso México D.F. de los
años 30. Mauro, su acaudalado primo, será su mentor, gracias
al cual traspasará la frontera entre la adolescencia y la madurez,
entre la inocencia y el descubrimiento. Así, tenemos ante nosotros
a la típica novela de iniciación, la del viaje a la
vez geográfico y al interior del ser que transforma a la persona.
Artemio disfruta y padece sus primeras experiencias en el ambiente frívolo
de la sociedad bien, y en los peligrosos y revolucionarios bajos fondos
de la gran ciudad. Tales vivencias llegan a su culminación con
el desvelo de la propia identidad sexual, y de los conflictos interiores
que ello comporta.
Es, por lo tanto, una obra que no aporta grandes novedades
en cuanto al contenido. Incluso en el plano formal también se la
puede calificar de convencional. Pero eso no quita el que funcione bastante
bien, ajustada a los cánones de la narración realista: es
ágil, directa, entretenida y lineal. Además, el lenguaje
es rico en matices y expresiones autóctonas, pero que siempre son
inteligibles para el lector no mexicano. La pega principal, en todo caso,
vendría de la sensación de déjà vu con la
que nos quedamos al finalizarla. Las andanzas del protagonista por
tópicas y recurrentes, nos dejan casi indiferentes, y la mayoría
de los personajes son bastante planos y estereotipados. En resumen, una
novela que se lee de un tirón, interesante por momentos pero que
se queda en eso, en un bonito y ameno entretenimiento.
Esdres Jaruchik Naveiras
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