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junio
2001
Nº 78

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estantería
SOLDADOS DE SALAMINA
Javier Cercas
A priori, la trama de Soldados de Salamina
es bien sencilla. Cercas narra la historia del intelectual e ideólogo
falangista Rafael Sánchez Mazas a partir de una conversación
con Rafael Sánchez Ferlosio (hijo de éste) en la terraza
del Bistrot (que no tienen mal gusto), en Girona. La misión de
Cercas es atar los cabos sueltos que la historia dejó en el olvido.
Para ello, el narrador fragmenta Soldados de Salamina en tres relatos,
unos más reales que otros. En la primera parte, "Los amigos
del bosque", el lector toma contacto con el leit-motiv de la novela:
el frustrado fusilamiento de Sánchez Mazas, del que salió
ileso en el Collell, cuando Barcelona ya era de Franco, allá por
el 39. Se escapó entre los arbustos aprovechando el desconcierto
de ladridos de perros y cuerpos agujereados por balas para cobijarse en
el bosque. Cuenta Ferlosio en el libro de Cercas que "en
algún momento oyó un ruido de ramas a su espalda, se dio
la vuelta y vio a un miliciano. Entonces se oyó un grito "¿Está
por ahí?". El miliciano se quedó mirándole a
los ojos y gritó "Por aquí no hay A partir de ahí
siente el autor una doble necesidad: por un lado, de saber junto a quién
sobrevivió los días siguientes en el bosque; y, por otro,
de dar con la identidad del miliciano y saber el porqué de su nadie".
comportamiento, el porqué de la piedad. Así es como "Soldados
de Salamina", la segunda parte de la novela, es la cuenta pendiente
que el fundador de Falange dejó por saldar con quienes le acompañaron
durante su estancia en el bosque, y a la vez el testimonio de lo que allí
sucedió. Pero la historia de los ganadores (sobre todo de éstos),
siempre es vulgar. Por eso, "Cita en Stockton" (la tercera parte)
es un lujo literario en el que un tal Bolaño echa un cable a un
tal Javier que invierte salud y horas de sueño en busca del abrazo
de alguien cuyo nombre jamás condecorará ninguna plaza y
que lleva consigo "el olor desdichado de los héroes".
Soldados de Salamina rezuma más ficción
de lo que aparenta y acaba siendo un novela dolorosa a ritmo de homenaje
y pasodoble. Como ejercicio de investigación, es simplemente enorme.
Sin duda Cercas ha recopilado información sobre el prosista y poeta
falangista que, en palabras de Andrés Trapiello, "ganó
la guerra pero perdió la historia de literatura". El resultado
final es esta narración personal y honrada: una crónica
novelada, o una novela que, en el proceso de contar la verdad, la ficcionaliza
o la transforma.
Eusebi Lahoz
ENE
Jorge Carrión
Según señala Antonio Fernández Ferrer
en su antología La mano de la hormiga, el texto literario más
breve jamás escrito es de François Le Lionnais y se titula
"Reducción de un poema a un sola letra". Dice así:
"T". Carlos Vitale (Buenos Aires, 1953) no llega a tales extremos
de concisión, pero también se caracteriza por una espinosa
brevedad, tanto en verso como en prosa. Así reza, por ejemplo,
su cuento "Epitafio": "Vine, vi y me fui". Éste
y otros muchos integran el volumen Descortesía del suicida, que
fue Premio de Narrativa Breve Villa de Chiva en 1997, y que ha sido ampliado
para esta edición.
Vitale es, sin duda, más conocido como traductor
sobre todo del italiano y catalán, e incluso como poeta
su poesía, reunida bajo el título Unidad de lugar,
vio la luz el año pasado en esta misma colección, que
como narrador. Se presenta ahora como tal, y demuestra un muy digno nivel.
Sus relatos aparecen impregnados de un punzante espíritu crítico,
que practica la sátira y el humor negro, como en el cuento primero,
que da título al libro: "En la estación de Can Boixeres
una mujer protestaba por la
detención de los trenes. En la estación de Sants un hombre
se había arrojado a las vías. En la estación de Can
Boixeres una mujer protestaba por los constantes suicidios en las horas
de máxima afluencia de público". Vitale refuerza la
deriva irónica del relato hiperbreve con su prosa limpia y corrosiva.
En "Es curioso", nos dice: "Curiosamente, todo imbécil
tiene alguien que lo ama, que, curiosamente, no siempre es imbécil".
Esta causticidad, teñida también de melancolía, se
desprende a menudo de la relación entre el título del cuento
y el cuento mismo, como en "La sonrisa de Drácula": "El
candidato sonríe a los desmemoriados". Abundan los relatos
que tienen que ver con el mundo de la literatura, el cual es descrito
con burla suave. En "Un crítico de altura" leemos: "Andaba
por la calle leyendo una elogiosa nota sobre mi poesía (...), cuando
una paloma me cagó la página". Lo lírico recorre
también las páginas de este libro delicioso, porque los
límites entre los géneros están, desde Baudelaire,
saludablemente difuminados. El relato "Solo de sombra" que
es un endecasílabo dice así: "La sombra de un
pájaro, sin pájaro".
Eduardo Moga
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