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junio
2000
Nº 66

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estantería
LAS ESQUINAS DEL AIRE
Juan Manuel de Prada
Planeta, Barcelona, 2000
578 págs., 2.900 ptas.
No es la primera vez que Juan Manuel de Prada (Baracaldo,
Vizcaya, 1970) demuestra su interés por rescatar a literatos que
el tiempo y sus circunstancias han condenado, a veces con criterio cabal,
otras de manera ignominiosa, al olvido o han sido desterrados al Parnaso
de segunda división. En Las máscaras del héroe fue
la exhumación de los restos inmortales de Pedro Luis de Gálvez,
o sea un ramillete irregular de poesía de marchamo modernista y
un caudal abundante de anécdotas suculentas, la que propició
una singular versión literaria del clásico del cine de terror
La noche de los muertos vivientes, esta vez con bohemios zarrapastrosos
de pipa y chambergo que tomaron la madrileña Puerta del Sol y aledaños
a inicios del siglo veinte. Luego vino la biografía de Buscarini,
un Rimbaud nacional, amigo para más señas del citado Gálvez,
que en su afán por esculpir una leyenda de extrema presteza y miserias
áureas se olvidó de escribir alguna temporada en el infierno.
Poco comparte con estos freaks, si exceptuamos su condición
de olvidada, la figura de Ana María Martínez Sagi, poetisa,
periodista y activista feminista en los inquietos años de la República.
De Prada reconstruye en Las esquinas del aire la biografía fascinante
de esta escritora, una mujer más que avanzada a su tiempo comprometida
con las posibilidades que ofrecían los cambios que se estaban produciendo
en esa encrucijada histórica y la posterior derrota de sus ideales
finalizada la Guerra Civil.
Será el narrador, un escritor en ciernes que sueña
con escapar del autismo provinciano y alcanzar la gloria literaria en
la capital, el que inicia el rastrero documental para llegar a la verdad
de la historia de la misteriosa Sagi. De la misma manera que en su anterior
novela, La tempestad, el autor se sirve de los mecanismos narrativos del
género negro para vehicular el curso de las pesquisas eruditas.
La obra propone un enjambre genérico que incluye biografía,
ensayo, antología poética, arropado todo por la novela de
formación con función de marco narrativo. Quizás
sea esta última parte la más cuestionable, puede que en
gran medida por contraste con el gran trabajo de documentación
y exégesis que contiene toda la parte central. Pero también
por alguna incongruencia o ingenuidad que no cuadra en boca del joven
letraherido que conduce la narración, como por ejemplo: "Nunca
se me había ocurrido que la literatura, además de ser una
vocación ensimismada y exigente, pudiese estar comprometida con
la realidad".
Jordi Bernal Durich
LA COMPAÑÍA DE LOS
SOLITARIOS
Juan Bonilla
Pre-Textos, Valencia, 1999
290 págs., 2.500 ptas.
Juan Bonilla (Jerez, 1996), autor de diversas novelas,
cuentos y trabajos periodísticos, presenta ahora una nueva colección
de relatos con una gran coherencia estilística y temática.
Su engranaje narrativo consiste en hacer pasar a personajes ordinarios
por el alambique de una situación sinuosa hasta extraer de ellos
unas gotas destiladas en forma de final jugoso. Por los recodos del camino,
estos personajes y el lector se topan con individuos y lugares
pintorescos: un millonario fetichista que colecciona libros inconclusos,
un club de adolescentes imitadores de Bukowski, un escritor que somete
a sus traductores a pruebas peliagudas, un local donde se congregan grandes
de la literatura, un paracaidista que se queda suspendido en el aire,
etc. En su estructura, los relatos dan la impresión de obedecer
a la divisa que Poe expresó en su Filosofía de la composición:
escribir siempre con el desenlace a la vista. Así pues, los meandros
argumentales se precipitan indefectiblemente por la catarata de un final
abracadabrante, a menudo condensado en la última línea.
La narración está resuelta mediante una prosa ágil
y tersa, si bien a trechos un tanto roma y carente de variaciones de registro.
En cuanto a la temática, hallamos un predominio
de reflexiones en torno a las confusiones y quebrantos que acarrea la
escritura, en un repliegue sobre la propia actividad del que participan
muchos escritores actuales bajo el manto protector, cómo no, de
Borges y las teorías posmodernas. Sin embargo, el fenómeno
no es nuevo, aunque en nuestros días ha tomado proporciones desmesuradas.
Ya lo constató Montaigne en el siglo xvi: "hay más
libros sobre libros que libros sobre la vida".
Xavier Zambrano
GIRO SOSPECHOSO
Bob T. Morrison
Laguna Negra, Zaragoza, 1999
127 págs., 1.100 ptas.
Hay ciertos autores que publican en casas editoras poco
conocidas y uno juzga que hubieran merecido una edición más
importante. Tal es el caso de Bob T. Morrison (Barcelona, 1960), cuyos
cuentos dio a conocer, a finales del pasado año, una pequeña
editorial de Zaragoza. Sucede que el talentoso y casi desconocido Morrison,
un escritor sin padrinos y sin muchos antecedentes, es uno de los autores
más singulares del panorama literario actual. Y también
un outsider (involuntario) que deambula en los suburbios de la cultura
oficial. Tal vez, y precisamente por ello, su prosa no guarda ningún
respeto por las convenciones establecidas o la tendencia aparentemente
contraria: las modas iconoclastas.
La irreverencia formal de Morrison no parece buscar artificios
que fuercen el canon, pero hace pensar en el Joe Gould sobre el que da
testimonio Joseph Mitchell, salvo que a diferencia de aquél, este
narrador sí que escribe. Podrá decirse que se detecta en
sus relatos la impronta de Raymond Carver, como en "Lilian"
y "Reconciliación", pero ¿acaso no se detectaba
en la obra de Carver la impronta de Chéjov? Morrison nada como
un pez en la corriente del literariamente hablando género
rey; ¿está claro que me refiero a los cuentos? Ya en el
primer relato demuestra su capacidad de economizar recursos (no más
de veinte líneas): una mujer recibe la noticia de que acaba de
ser viuda y entre sus reflexiones, colmadas de rencor hacia el marido,
asoma la dicha. Se alegra porque podrá desprenderse de las latas
de cerveza que éste coleccionaba. "Las jodidas latas de cerveza
siempre llenas de polvo." Ese solo detalle ilumina el cuento y descubre
la intensa mirada del autor.
Lázaro Covadlo
PÚRPURA PROFUNDO
Mayra Montero
Premio La sonrisa vertical
Tusquets, Barcelona, 2000
172 págs. 2000 ptas
Los caminos de la libido son inescrutables. Hay gente
que se mobiliza tan sólo ver una hermosa oveja (¿you remember
aquella borreguita sabrosona en una película de Woody Allen?) y
otros se inspiran con olores o dolores. Podemos considerar, por tanto,
completamente lícita la sexualidad melómana de Agustín
Cabal, protagonista de Púrpura profundo, a quien se le da (no con
los instrumentos musicales, como podrían creer algunos malpensantes),
sino con sus intérpretes (eso sí, empleando a fondo su instrumento).
"Las pocas veces en que me encamé con alguna
mujer que no supiera tocar un instrumento comenta me contagiaba
de su ignorancia: terminaba por no saber cómo tocarla a ella".
Ya sabemos por Marx que el ser determina la conciencia,
y nuestro refinado y cabal protagonista tiene una razón de oficio
para semejante debilidad: es crítico musical. O mejor, ha sido,
ya que la novela arranca en el momento de su jubilación. Esta apertura
algo melancólica será contrapunteada por la fina ironía
de las memorias que el galán retirado empieza a escribir y en las
que demuestra haber alcanzado un sueño: la catarsis artística
convertida en orgasmo, el sexo sublimado a música.
En su segunda incursión en el género erótico,
la cubano-portorriqueña Mayra Montero (autora de novelas tan memorables
como Del rojo de su sombra o Tú, la oscuridad) crea un virtuoso
y culterano divertimento de elegantísima factura. No hay aquí
la sensualidad elemental de su primera novela erótica (La noche
que pasé contigo, 1991), pero ofrece, en cambio, una exquisita
y lúdica pieza que se puede leer también como un tratado
musical en clave erótica.
Mihály Dés
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