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abril 1997
Nº 28

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estantería

EL ARTE DE LA FUGA
Sergio Pitol
Anagrama, Barcelona, 1997
312 págs.

Conocido en España por sus novelas El desfile del amor, Domar a la divina garza o La vida conyugal, Sergio Pitol es también uno de los ensayistas mexicanos más profundos. Su conocimiento del mundo eslavo y germánico, sus viajes ­entre el vagabundeodiplomacia­, su vocación de traductor y su cercanía con figuras como Baijtin lo han convertido en un comentarista indispensable de la literatura en español. Ahora ha publicado su versión de un libro de memorias.

El título escogido por Pitol para este libro ­en 1996 había publicado ya una precoz autobiografía­ es significativo: se llama El arte de la fuga no sólo por su composición polifónica, sino porque, frente a la huida y el tránsito diarios, el arte es el único sostén permanente. A través de un largo recorrido por sus lugares y personas más entrañables ­Escudellers, Varsovia, Venecia, Praga, su amigo Carlos Monsiváis, Gombrowicz, Tabucchi­ el lector descubre esta verdad poco a poco, como si fuese un acertijo, una conclusión entre líneas.

Pero El arte de la fuga es, sobre todo, el relato de una ausencia. Desde que salió de México, en 1963, el escritor estaba seguro de que lo único que quería era viajar, no permanecer mucho tiempo en un solo sitio, alejarse de sí mismo. Para ello, la literatura le servía a la perfección. Así, tanto la hipnosis o el psicoanálisis como los libros y los idiomas ajenos le han permitido apartarse del presente, ensayar vidas distintas, convertirse en otro.

Si en su primer esbozo reseñaba sus primeros años fuera de México, esta corrección intenta recobrar su carácter después de tantos lugares visitados, tantas lenguas habladas y tantas páginas escritas: más que una autobiografía intelectual, ésta es sentimental.

A través de un riguroso examen de sí mismo, Pitol entrevé que el pasado no permanece en el presente sólo porque podamos recordarlo, sino porque, de un modo apenas comprensible, el pasado vive en nosotros, nos forma y nos retiene: la memoria es el último residuo que nos queda de aquello que hemos visto.
Jorge Volpi