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marzo 2003
Nº 99

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El espejo de la crítica

Abilio Estévez y 'Los palacios distantes'

La euforia con que fue recibida Tuyo es el reino (Tusquets, Barcelona, 1997) se ha mantenido casi intacta con Los palacios distantes (Tusquets, Barcelona, 2002), segunda novela de un autor que también ha publicado el libro de cuentos El horizonte y otros regresos y las prosas poéticas Manual de tentaciones. Como en Tuyo es el reino, la acción transcurre en La Habana, pero aquí la ciudad, una ciudad en ruinas, sucia y vacía, no es sólo escenario, sino protagonista casi absoluta de una trama urbana de marcado carácter político. Ni la crítica ha podido resistirse a comparar las dos obras, ni nosotros a comparar a la crítica.

 

Alejandro Fernández Diego
Lateral

Se advierte un cambio brusco en el itinerario artístico de Abilio Estévez (Cuba, 1954). Con Los palacios distantes, su segunda novela, el autor se ha alejado de terrenos neutros y ha optado por la denuncia de la situación cubana de hoy en día. No es ésta una novela comprometida o de tesis, pero presenta un fondo escénico elocuentemente siniestro: el autor describe La Habana y su decorado como un tesoro que se derrumba, como una ciudad en ruinas, fantasmal. [...]

El ritmo de la obra, voluntariamente lento, guarda parentesco, que no hermandad, con el de su marvilloso trabajo anterior, Tuyo es el reino. Quizá menos poético aunque igual de fértil en imágenes, Los palacios distantes reduce el artificio pero sigue abundando en descripciones, registro para el que Estévez exhibe una puntería poco frecuente. Deméritos serían algunas pocas morosidades superfluas, que tensan demasiado el arco y pecan en el subrayado; en la redundancia. [...]

En su conjunto no antepondría Los palacios distantes a Tuyo es el reino, pero reconozco que ciertos pasajes están sobradamente a la altura.

 

Esther de Prado Francia
Aceprensa

Al hilo de las imágenes de la ciudad, vívidas e impresionistas, surgen otras antiguas, descoloridas, ocultas en un pasado sórdido que lastra el presente. Las pinceladas para un cuadro de La Habana son la mejor parte del libro, que se desinfla en la acumulación de confidencias crudas y encuentros forzados para vincular el pasado con el presente y terminar de algún modo la historia, aunque sea cerrando por derribo.

La búsqueda del protagonista, que da título al libro, se remonta al recuerdo de un amigo de la infancia y de sus palabras: todos tenemos un palacio que nos espera. Victorio cree encontrar el suyo en el viejo teatro, pero este palacio no resulta más convincente que el constructo artificial con el que se conformaría un hombre cansado de huir.

El palacio de Victorio es el espejismo que encuentra quien no ha sabido dar de sí, la cumbre de una ascensión que podríamos denominar egoísta. El autor del libro yerra al forzar la compasión sentimental hacia el protagonista porque su infelicidad es una vieja conocida, típica en el (anti)héroe literario moderno, lleno de urgencias por ser amado antes de amar en medio de su naufragio individualista.

 

J. Ernesto Ayala-Dip
El País

Al fondo La Habana, en un constante proceso de derrumbe, de hostigamiento a la indigencia y a todo tipo de heterodoxia. De alguna manera, en este sentido, Abilio Estévez procedió al estilo del mejor Balzac, del Balzac que registró como nadie el París del primer tercio del siglo xix. Pocas veces La Habana habrá encontrado un paisajista tan severo y doliente como el autor de Tuyo es el reino. Las grietas de sus edificios, sus ventanas desnudas e insoportablemente chismosas, su calor pegajoso e inhabitable, todo narrado con una precisión tan inclemente como su existencia. [...]

Tampoco es casual que el padre de Victorio, un viejo militante del castrismo de primera hora, se llame Robespierre. Con ello, Abilio Estévez rinde homenaje al Carpentier de El siglo de las luces, y también dibuja con este homenaje la liquidación de las utopías en la Cuba contemporánea. Los palacios distantes es una novela muy distinta a la que consagró como gran narrador a Abilio Estévez. No es mejor ni peor. Es una novela que ha sacrificado la brillantez expresiva y estructural de la primera, pero que sigue vocacionalmente entregada a la defensa de la belleza como el alma de la razón, de la dignidad y de la felicidad.

 

Miguel García-Posada
ABC

No sabemos si Abilio Estévez ha querido escribir una novela política, posiblemente no; pero sí estamos seguros de que ha poetizado un inmenso fracaso histórico, pues el pasado aquí sólo existe para refugiarse en él huyendo de la lamentable realidad y el futuro no es más que una palabra salvo que se entienda por tal el ilusorio y antinatural de los catecismos comunistas ("sustituyeron a Dios por la Idea, por el Ideal, la Historia, ¡qué sé yo!"). [...]

En cambio, nos parece excesivo el culto falocrático que aquí se practica, ligado a una apoteosis homosexual que desborda la peripecia "sin amor" de uno de los protagonistas, Victorio. Por el contrario, es plausible la visión que se nos da de la persecución de los homosexuales.

Es inevitable la comparación con Tuyo es el reino. Esta novela carece de la brillantez de aquélla; digamos con más precisión que se mueve en un nivel distinto.

 

Joaquín Marco
El Cultural

La mayor parte de los personajes resultan simbólicos: el policía que detiene homosexuales, pero que los libera a cambio de un anillo; el chino que lee periódicos de otras épocas

Pero el símbolo fundamental lo constituye la ciudad y sus gentes, presentadas en sus múltiples facetas. Abilio Estévez desgrana sus ideas sobre el cuerpo, el sexo y el placer con descripciones explícitas, como en su anterior novela, identificados con el paisaje y el clima de La Habana.

En su conjunto, la novela configura un mundo grotesco que pretende huir del realismo tradicional, aunque aparezcan escenas, como la del mingitorio, de "realismo sucio". Los mendigos, en degradados palacios con columnas, recuerdan el inicio de El Señor Presidente, de Miguel Ángel Asturias. El relato busca la expresividad del lenguaje; inscribe, a menudo, los diálogos en forma narrativa; se decanta por la ficción poética, elige el símbolo. Pero las historias narradas no evitan lo previsto. El poeta avasalla al narrador.

 

Robert Saladrigas
Culturas

Aguardando en todo este tiempo su segunda novela no había dejado de preguntarme si, en el supuesto que la escribiera, lograría por lo menos emular la altitud de la primera. Finalmente he disipado los temores. He aquí la obra, Los palacios distantes, y en ella la confirmación plena de que Abilio Estévez, salvando lastres extraordinarios, ha sido fiel a sus principios artísticos. Como siempre debería ser cuando se rehúsa manufacturar productos para el consumo cultural e imponer la literatura como verdadera protagonista de lo que se cuenta con la ambición de hacer real la utopía. Si se dejan prender por esta fascinante segunda novela de Estévez sabrán a qué me refiero. Aquí las voces oníricas de La Habana desplegadas en Tuyo es el reino son imágenes de la ciudad, tantas como las miradas de quienes la habitan, resumidas por el personaje narrador, Victorio, "casualmente" nacido en la festividad de Santa Ana de 1953, el mismo día en que se producía el asalto al cuartel Moncada de Santiago de Cuba.

 

Abilio Estévez, Los palacios distantes, Tusquets, Barcelona, 2002, 272 págs., 15