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El espejo de la crítica
Juan José Millás y 'Dos Mujeres en Praga'
Ignacio Soldevila Durante
ABC
La red narrativa con la que Millás
acaba de obtener el último Premio Primavera está tejida
con una habilísima mezcla de hilos de ficción y de realidad
en la que el lector se ve instantáneamente envuelto, y por la que
va a ser sometido a una recia y estimulante sesión de ducha escocesa
en la que se alternan ficción y realidad, con inevitables pasajes
de fusión entre ambas, de la misma manera que en la ducha escocesa
se pasa por momentos de tibieza entre los extremos del frío y del
calor. Y el lector tiene la impresión de que a esa misma alternancia
de estímulos ha sido sometido el propio autor, que se ha visto
arrastrado por un cabo suelto del que tiró sin prevenciones hasta
verse sorprendido por una malla hecha de coincidencias y convergencias
asombrosas y bien trabadas entre sí, como si lo que parecían
azares dispersos constituyeran finalmente un prefijado destino. []
Así, de sorpresa en desencanto, de pista en despiste,
esta novela de Millás es, por su trama, casi una novela de detectives,
aunque no haya crímenes ni delitos mayores, por la que el lector,
cualquier lector, anda cambiando de rumbo y de singladura a medida que
las supuestas verdades se transmutan en afirmadas mentiras y los datos
ciertos en fantasías por una cadena sin fin de sorpresas y decepciones,
hasta tener la sensación de estar perdido en un laberinto.
Rafael Conte
Babelia
Ya no hay grandes sorpresas en la consolidada obra narrativa
de Juan José Millás, autor que goza hoy no tan sólo
del aprecio de la crítica, sino de la masiva aceptación
del público también. Su éxito se ha apoyado sin embargo
no tanto en su obra estrictamente novelesca, sino en su evidente éxito
como articulista, que al parecer le ha resultado algo mucho más
fulminante. []
El actual Premio Primavera concedido a esta misma novela
que provoca estas líneas, que me parece una de las mejores y de
la que lo único que no me gusta del todo es su título, eso
de Dos mujeres en Praga que me parece una concesión comercial a
la feminización del mercado y la utilización gratuita de
referentes literarios mucho más graves. []
Aquí se utiliza su lema principal, la confusión
entre la verdad (del periodismo) y la ficción de la literatura
(ya invención antigua pues data de Cocteau), que al ser lo mismo
lo mezcla todo: lo literario con la vida, la novela con la biografía,
la literatura con la terapéutica y los talleres literarios con
la psiquiatría: Faulkner (lo del cuento repleto de ruido y furor)
a la basura pues toda la vida es un cuento que vale la pena contar.
Santos Sanz Villanueva
El Cultural
La progresiva complejidad de la trama dificulta dar noticia
sintética de un argumento a la vez sencillo y enrevesado, y me
limitaré a destacar que los sucesos, distorsionados por un múltiple
juego de espejos, desembocan en uno de los asuntos medulares de toda narrativa
de Millás, el problema de la identidad. []
El sustrato costumbrista tiene un valor engañoso:
al autor le importa poco el aquí y el ahora porque sus desvelos
se centran en nuestra precaria condición existencial.
El ingenio, la paradoja, la ocurrencia sorprendente, el
retruécano, el humor constituyen algunos de los recursos de una
historia construida con pericia formal. La novela produce una visión
del mundo desasosegante y caótica. En su balance definitivo, no
se libra, sin embargo, de un aire de superficialidad que resta fuerza
a su corrosiva mirada. La hondura que pide la inconsistencia de la irrealidad
recreada se disuelve en juegos y artificiosidades. Un algo frívolo
diluye un fondo bastante nihilista, le resta credibilidad y termina por
no parecer del todo auténtico.
Joaquín Fortanet
Lateral
Para hacer verosímil el destino extraño
y ajeno de los personajes, Millás echa mano de una serie de juegos
retóricos donde los fantasmas de cada personaje se entremezclan
y retornan en un continuo replegamiento de la trama narrativa. El pasado,
la falta de perspectivas, el tedio y la inutilidad de los personajes se
arremolinan provocando finalmente que el narrador con el que vagamente
se identifica Millás escriba la novela. []
Lo mejor del libro es la habilidad retórica de
Millás para justificar la equidistancia entre ficción y
realidad, las coincidencias inverosímiles, los solapamientos de
los personajes. El estilo periodístico y sobrio de Millás
sin ninguna duda, ayuda.
Quizás sobren algunos achaques teóricos
sobre el mundo de la literatura, enquistados de una manera un tanto gratuita:
"Solo existen dos escrituras: la del bastardo y la del legítimo"
(pág. 112); así como varios fogonazos demasiado literarios:
"Como los árboles cuando se retira la niebla" (pág.
115), que chocan con el pulso sobrio del libro.
Elena Hevia
El Periódico
Nadie más preocupado por las palabras que este
escritor que las mima y seduce hasta hallar ese hueco de silencio que
se esconde tras ellas. Juan José Millás (Valencia, 1964)
tiene la cualidad de mirar el mundo como si se tratase de la primera vez
y lo nombra con esas palabras llenas, que al trasluz se perciben vacías
y silenciosas. Con ellas el autor ha explorado territorios parecidos a
los de la realidad pero sutilmente extraños, como en el especular
país de Alicia.
Ya desde Cerbero son las sombras (1974), Millás
trasmitía ese sutil extrañamiento de la cotidianidad que
atrapa al lector como una tela de araña a la vez insidiosa y seductora.
Lo hizo en La soledad era esto, El desorden de tu nombre, Tonto, muerto,
bastardo e invisible, El orden alfabético, y No mires debajo de
la cama. En todas ellas demostró ser un fascinante demiurgo de
la realidad. De ésta que conocemos y de la otra que intuimos.
Juan A. Masoliver Ródenas
La Vanguardia
Luz Acaso, la protagonista, es el motor. Ella relatará
una historia que nos mantendrá en vilo: a sus oyentes en la ficción,
hombres fascinados, obsesionados por sus palabras, y a los lectores que
sospechan que el relato no es más que una máscara que esconde
otra cosa. ¿Qué cosa? No es caso de revelarlo aquí.
Sólo adelantar que el autor le ha robado el mecanismo a Rubik.
Juan José Millás ha ido creando un universo
único centrado en el enfrentamiento entre el orden y el desorden,
la lógica y el absurdo, el mundo interior y el exterior, las manifestaciones
somáticas, el fetichismo, las prótesis, la escritura como
dolencia, desasosiego o remordimiento, el enfrentamiento entre realidad
e imaginación, el desdoblamiento, la fragmentación, la amputación
de los seres queridos, personajes del mundo exterior que recorren siempre
las mismas calles del mismo barrio madrileño y que viven encerrados
en un universo mental poblado de fantasmas. []
Las sugerencias son infinitas y nos adentramos en ellas
a través de los encuentros y desencuentros, de los distintos textos
y de los fetiches: el pezón, el vouyerismo, la atracción
por las prostitutas, los tatuajes, los zapatos y el móvil como
un sexo artificial. Todo tiene algo no de artificial, sino de artificio:
asistimos a la creación de la creación de la novela que
no es sino el espacio en el que contemplamos nuestras vidas. Vidas enriquecidas
por lo que tienen de absurdos.
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