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noviembre 2001
Nº 83

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El espejo de la crítica

Cristina Fernández Cubas y 'Cosas que ya no existen'

Dentro de las novelas que generaron hace poco el entusiasmo crítico por los géneros mixtos, por las narraciones a medio camino entre la realidad y la ficción o por las autobiografías noveladas, Cosas que ya no existen de Cristina Fernández Cubas (Arenys de Mar, 1945) obtuvo una buena dosis de atención. Varias críticas mencionaron, lateralmente, a Javier Cercas; varias coincidieron en hablar del libro en términos de renovación radical de la autora. Algunas hablaron de recopilación de relatos, otras de memorias, otras más de novela autobiográfica. Fernández Cubas tuvo un debut exitoso con Mi hermana Elba (1980) y sus siete libros siguientes, entre ellos Los altillos de Brumal y la novela El año de Gracia, confirmaron una reputación creciente. Éste es el balance crítico del último libro.

 

José María Pozuelo Yvancos
ABC Cultural

Uno de los capítulos de este formidable libro lleva este título, "Guayaquil", y en él condensa Cristina Fernández Cubas su descubrimiento del poder de la narración, asociado a un estado de ánimo, una posada con un patio donde la gente cuenta historias [...]. Este libro es memorialístico, autobiográfico, pero no es una autobiografía propiamente dicha, porque ha evitado lo que Gusdorf llamó pecado original de la forma autobiográfica cuando es servida según el modelo de la novela: la subordinación de la identidad al proceso de su narración, que impone a los hechos el peso de su lógica narrativa y por tanto de su causalidad. [...]

Este libro está escrito con emoción, con la fuerza de quien tiene que decirlo para ser, para seguir siendo. Y eso proporciona a su prosa una capacidad de arrastre arrolladora, como ha de tenerla la buena escritura autobiográfica cuando ha decidido hacer prevalecer la autoconciencia sobre el testimonio, es decir, el modelo confesional sobre el documental. Cristina Fernández Cubas ha entregado su libro más maduro porque ha nacido en la azotea vital, cuando el estilo ya no puede ahogar la escritura, que fluye en los límites de sí misma, de su propia lucidez, como si las palabras sólo fueran necesarias cuando han alcanzado su lugar mejor: servir al tiempo recobrado de la buena literatura.

 J. Ernesto Ayala-Dip
Babelia

Los lectores habituales de la escritora catalana Cristina Fernández Cubas conocen su mundo literario y seguramente les podrá sorprender que en Cosas que ya no existen ese mundo, compuesto de atmósferas tensas y extrañas, aflore con una impronta autobiográfica, pero no por ello menos inclinado a contagiarnos con la materia de lo irreal, de lo inventivo, casi al borde de la ensoñación. [...]

Cosas que ya no existen es un inventario literal. Precisamente de cosas que ya no existen, como un viaje a la Argentina en un trasatlántico en 1974. Exactamente el Cabo San Vicente, por ejemplo. [...]

De hecho, en muchos tramos de este intenso inventario de cosas que ya no existen, la autora se muestra vacilante a la hora de asignar lo que narra a una realidad pasada o a los sueños o incluso a esos filmes que pudo ver entonces o en el más cercano presente. Todo este libro está teñido de cosas que existieron, por eso no se tiene verdadera certeza de que hayan sido reales o soñadas. O inventadas. El resultado es el mismo. Sensación de tiempo perdido, irrecuperable, no de tiempo desperdiciado. [...] Cosas que ya no existen por momentos parece impregnado de [...] esa encendida discusión entre lo que la memoria recupera, oculta o tergiversa. Como libro de relatos, de viajes y como libro de residencias también, este libro formará parte indiscutible de la más exigente literatura española de los últimos años.

Juan A. Masoliver Ródenas
La Vanguardia

Cosas que ya no existen reúne una serie de textos en apariencia independientes que nos cuentan experiencias de la narradora en distintas etapas de su vida: de la niña de once años en un colegio de monjas [...] a la mujer adulta que viaja por América Latina [...] pasando por la adolescente que conoce la terrible experiencia de la muerte de la hermana mayor. [...]

Es notable la capacidad de Cristina Fernández Cubas para crear una unidad narrativa mediante el fragmento y de dos mundos extremos: el cerrado mundo familiar de Arenys de Mar y el abierto mundo de los viajes [...].

Coinciden pasado y presente: la escritura recupera el pasado y, al mismo tiempo, nos lleva al pasado. Las cosas ocurrieron y siguen ocurriendo, el mundo infantil está lejos en el tiempo y, sin embargo, la escritora mantiene el mismo candor y la misma capacidad de rebeldía, similar capacidad para ver el lado melancólico y el lado pintoresco de las cosas, el más sórdido y el más dramático. Rescatando las palabras de las sombras estamos en la claridad, pero las palabras seguirán evocando su lado más oscuro y misterioso. [...]

Son relatos tocados por la gracia y por un candor inteligente, por una malicia que no los hiere. Aventuras de la imaginación y de la memoria que recuperan lo que hay de mágico o extraordinario en la vida cotidiana, lo que hay de familiar en los hechos más insólitos.

Santos Sanz Villanueva
El Cultural

La prosa de ficción de Cristina Fernández Cubas se caracteriza por incorporar un factor de misterio al relato de experiencias cercanas a lo común. Así que no tiene nada de extraño que al abordar un nuevo enfoque, el memorialístico, éste descanse en el poso de incertidumbre que rodea muchas de nuestras experiencias. Ése es el sello distintivo de Cosas que ya no existen [...]

Ganaría el libro, algo irregular, de haberlo sometido a una poda, pero, por suerte, en su mayor parte convierte la autobiografía en plataforma donde presentar objetivos menos limitados: desvelar la cara oscura de la vida, atisbar las sutiles lindes entre lo cotidiano y lo excepcional y, en fin, mostrar cómo algunas decisiones marcan un destino. [...]

El volumen entero es una elegía del tiempo pasado, concebido como lo que no retornará. El título resulta transparente al respecto, aunque necesita una matización. En verdad, no se habla de algo que no exista. [...] Esas "cosas" sí existen, pero ya no están al alcance de la autora.

Luis García
Lateral

Mientras en el caso de otros autores estaríamos hablando de libro de memorias, en el caso de Cristina Fernández Cubas hay que hablar, como su propio título indica, de aquellas Cosas que ya no existen. Porque de eso se trata. Más que de sus memorias y recuerdos ­algo que, como ella misma explica, deja para otro momento­ Cosas que ya no existen es un libro miscelánea en el que es fácil reconocer la impronta de una autora que pasa por ser la que mejor ha sabido conjugar el relato corto fantástico [...] con la fidelidad a una concepción de la literatura [...]. Es un libro fundamental en su poética, pero también por eso sería un libro desaconsejable para quienes quisieran acercarse a la autora por primera vez. Fernández Cubas arrastra tras de sí la estela de haber creado una obra distinta, una novela de novelas chocante incluso para aquellos que la seguimos desde sus comienzos. Pero si bien en una primera lectura esta dicotomía parece excesivamente rebuscada, a poco que nos paremos en los capítulos del libro en una segunda lectura comprobaremos que la autora [...] se encuentra plena de fuerza y vigor.

Leonardo Valencia
Clarín

De eso trata Cosas que ya no existen. De los descuidos, de las licencias, de las sutiles destrezas para que un acontecimiento se convierta en ficción, y ficción memorable. [...]

Por eso, más que un libro de recuerdos, es un libro sobre el arte de la fabulación. Todos son guiños en él. "La biblioteca era mi mejor vestido ­dice la narradora­. Un arma infalible de seducción." [...] Maurice Blanchot decía que hay que exigir que la obra sea la claridad de lo que se extingue. Las cosas de las que habla Fernández Cubas adquieren una claridad última, la imperecedera. Libro de memorias de ambigua utilidad para construir una biografía, pero sí para compartir la atmósfera de una vida. Sigue el ejemplo de una narradora oral de su infancia, Antonia García Pagès, la Totó, quien "nos embarcaba en sus historias, nos hacía suyas durante horas y horas, y luego, en el punto final, se escabullía". Así la Totó, así Cristina. Así la memoria toca las puertas de la ficción para pedir una mano contra el olvido.