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febrero 2001
Nº 74

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el espejo de la crítica

Luis Antonio de Villena y 'Pensamientos mortales de una dama'

La última novela de Luis Antonio de Villena (Madrid, 1951) ha generado el acuerdo de la crítica al menos sobre la curiosa elección de su título. En Pensamientos mortales de una dama, que acaba de ser publicada por Planeta, parece haber poco de mortal y más de exaltación vital de la sensualidad y del hedonismo. Por lo demás, los críticos se han consagrado a la enunciación de la trama para coincidir, finalmente, en que el resultado final de la novela es poco satisfactorio. La novedad, en esta oportunidad, la aporta la revista Qué leer, que a partir de ahora permitirá al escritor responder a quien lo critica. Villena no ha desaprovechado el espacio concedido y Lateral ha creído justo incluir su defensa. Siempre pensando que la confrontación sólo puede ser beneficiosa para la literatura.

 

Joaquín Marco
El cultural

Según la nota que viene a cerrar esta nueva novela del prolífico Luis Antonio de Villena, Pensamientos mortales de una dama, título poético y equívoco (se trata de una exaltación vital y no mortal), empezó a ser escrita en enero de 1997, pero fue abandonada y reemprendida en varias ocasiones. La razón que nos ofrece su autor es que "tenía algo de reto, para mí, hablar del universo íntimo de una mujer". Se trata, de hecho, de una novela de tesis, puesto que el autor se propone "descubrir que ­en el futuro­ los problemas (o los afanes vitales) de hombres libres y mujeres verdaderamente libres [...] andarán más cerca que nunca".

El tratamiento del relato, el de la mujer nueva (aunque no precisamente en el sentido en que lo entendiera Carmen Laforet), se reduce a una confesión o monólogo, que traza en el comienzo y en pocas páginas la evolución de una mujer [...]. Hasta la página 32, pues, se nos ofrecen los tópicos de situaciones habituales. "Yo era poco más que una señorita tonta", se confiesa. [...]

Villena queda deslumbrado por una mujer-donjuán, cuando el donjuanismo masculino se encuentra ya en clara decadencia. Pero le insufla reflexiones que enlazan el sexo con cierto esteticismo que nos recordará pasajes del olvidado y más sutil Álvaro de Retana. [...]

Con la belleza masculina ­eje vertebrador­, el sexo y el placer constituyen temas casi únicos. Salvo en dos ocasiones en las que la mujer desciende a otro ambiente, el lenguaje narrativo es neutro y ligeramente descuidado. [...]

 

Eusebio Lahoz
Lateral

Tal vez algunas lectoras puedan descubrir en el libro de Villena atisbos de su desconocida personalidad, que las gentes que nos rodean pueden ser más complicadas o más simples como refleja el espejo en el que el autor ha proyectado sus retratos.

En el testamento literario del poeta portugués Mario Cesariny se encuentran unos versos muy conocidos. Según ellos, lo realmente importante es en última instancia "caer verticalmente al vicio". Ello, junto con máximas psicológicas del calibre de "la fuerza de los instintos puede más que los sentidos en temas pasionales" o "la razón poco puede hacer cuando el deseo se empeña en abrirse", sirve de aproximación a la nueva novela de Luis Antonio de Villena, quien justo después del impúdico Madrid ha muerto reincide en el deseo y el riesgo. [...]

El texto roza en ocasiones un tono cursi, "cachorro magnífico con camiseta negra ceñida, el pelo rubio cuidadosamente desordenado con espuma... me sentí eufórica, infantilmente tonta". Casi telenovelesco. No obstante, Villena consigue desprenderse de él a tiempo y construye un personaje serio que al fin y al cabo puede resultar envidiable, pues no todo el mundo tiene la suerte de aceptarse a sí mismo. [...] Así, la novela acaba siendo un manifiesto en favor de la libertad, de la belleza impura, personificada en una belleza anónima que decide "no renunciar jamás a su propio camino".

 

Un año después de publicar Madrid ha muerto, Luis Antonio de Villena regresa a la mesa de novedades con Pensamientos mortales de una dama, una novela de corte intimista, centrada en el relato que hace una mujer de su vida, pasada y presente. La heroína de esta novela no tiene nombre, y quien escucha su confesión apenas parece que exista, amén de asistir estoicamente al río de avatares personales que confluyen en su invisible persona. La que narra tiene casi cincuenta años. Parece que pertenece a una familia burguesa de Madrid de tientes más bien conservadores. Se casa a los 27 años con un arquitecto, Roberto, que salvo los primeros tiempos del matrimonio, no alcanza a satisfacerla en todos los terrenos, fundamentalmente en el físico. Esto lo sabemos no sólo porque la mujer lo explicita ­y en esta novela todo es explícito, como si ello conformara la poética con que De Villena construyó su novela­, sino porque inmediatamente la narradora cuenta el impacto sexual que le produjo su cuñado, un chico infinitamente más guapo y decidido que su marido. A partir de aquí sabemos el drama de nuestra heroína, una fuerza de incontenible hedonismo la vuelca hacia la búsqueda de placeres inmediatos, sustentados siempre en esa avasalladora atracción por los cuerpos perfectos, apolíneos de sus respectivos amantes. A su casi medio siglo de vida, la narradora descubre en los cuerpos jóvenes el elixir de su existencia, algo así como una especie de rebelión contra el encorsetado criterio sexual y familiar que le impuso su clase social.

Ahora bien, esta materia narrativa se agrieta sin remisión porque su autor no ha sabido insuflarle el más mínimo hálito de literatura. Éste es el principal problema con que se encuentran todo los propósitos programáticos de una novela.

 

Antonio Baños
Qué leer

El título del libro es del todo desconcertante si tenemos en cuenta que no hay un solo muerto y que los pensamientos de la dama en cuestión tan sólo la llevarían a caer, como mucho, en la mortalidad que aún pueda tener hoy en día el pecado. ¿Y cuáles son sus pecados? Su pasión por los hombres jóvenes y bellos. En este sentido, el texto nos hace sospechar que la mirada del autor está puesta en un lugar muy distinto de la trama que construye. En un momento del relato, Villena asoma por encima de su personaje y confiesa: "El verdadero tema es la juventud masculina". Efectivamente. La peripecia de tal dama, un estereotipo de burguesa madura pirrada por los jovencitos, sospecho que no es más que un andamio desde donde lanzar una elegía a la juventud viril. Elegía digo, porque la juventud (masculina sobre todo) tiene en su pronta muerte el sentido de su existencia. Por desgracia, el que esto escribe hubiese preferido un Villena desnudamente poético, entregado a esa tradición clásica y romántica de la que es uno de los últimos herederos, que no verlo embridado por una novela cuya trama y personajes empañan las reflexiones e imágenes que pugnan por romper la narración. A veces uno piensa que la dictadura de la novela nos está haciendo perder muy buena literatura.

 

Luis Antonio de Villena responde a Antonio Baños
Qué leer

Sin ironía digo querido crítico, porque un autor debe (casi siempre) agradecer la mal pagada y mal considerada labor del crítico: Cyril Connolly dixit. Tu lectura de Pensamientos mortales de una dama (no entro en que te guste más o menos) me parece, ante todo, enormemente superficial. La novela trata de la metamorfosis de una mujer, que se hace, parcialmente, con el descubrimiento de la belleza juvenil del hombre, esto es, en la novedad ­para la mujer­ del hombre objeto. Cierto que yo he tratado mucho (y de nuevo agradezco tu preferencia) ese tema helénico de la belleza fungible de la juventud masculina. Pero en esta novela ­no entro en si bien o mal resuelta, el crítico eres tú en esta ocasión­ hay otras varias cosas... ¿Cómo no llamar superficial a una crítica que ni siquiera se percata de que hay dos clases de títulos ­al menos­ los explicativos y los sugeridores, los denotativos y los connotativos, en más pedante? Retrato de una dama (y líbreme Zeus de querer compararme con Henry James) puede ser un título explícito. Pero Pensamientos mortales de una dama es un título lírico, sugeridor. De hecho es un autoplagio: lo tomé de un poema de mi libro juvenil Syrtes, pero eso ­desde luego­ no estás obligado a saberlo.

Un artículo de crítica (aunque se mueva en la dificultad del espacio reducido) precisa de una estructura: situación del libro en la obra del autor, tradición y originalidad en esa obra (qué quiere ser la obra) y sólo finalmente la opinión del crítico, que más que personal ­aunque inevitablemente será personal­ debiera ser el fruto de la combinación de las dos anteriores premisas. Agradezco tu artículo, tu lectura y tus cumplidos a mi obra, querido Antonio Baños, pero tu artículo sobre Pensamientos mortales de una dama no es buen artículo. Sea o no sea una buena novela.

 

Gloria Gómez González
La Semana Que Vivimos

Más de uno habrá pensado alguna vez en lo fascinante que sería meterse en la mente de los otros por unos instantes. Saber qué piensan, viajar, incluso, por los túneles oscuros que cada uno posee bajo largas melenas, pelos teñidos o brillantes calvas. Luis Antonio de Villena abre la mente de una mujer enclaustrada, una mujer modelo del siglo xx que decide desmelenarse y lanzarse a una vida de placeres y deseos.

Hay que ponerse en la situación de una mujer de cincuenta años, madre de dos hijos y casada con afamado arquitecto para entender Pensamientos mortales de una dama. Esta novela refleja cómo una mujer, cansada de atender su hogar, de la rutina y abandonada ya por unos hijos independientes, decide dejar de ser fiel a su esposo y mantener un idilio con el masajista del gimnasio al que habitualmente acude.Esta dama deja de lado una vida convencional para dejarse llevar por el placer que encuentra en los fornidos brazos del masajista.[...]

Quizá sea éste el reflejo de muchas mujeres que viven a la sombra de un marido que se lo da todo.

 

Gloria Gómez González
La Semana Que Vivimos

Con la pretensión de escribir una novela intimista que ahonde en los sentimientos de la mujer (¿de hoy?), Villena acaba por retenerse y detenerse en exceso en reflexiones similares, construyendo finalmente una novela que, sabemos, se escribió a ráfagas. La dura vida del escritor atareado.

Podría haber resultado una de esas novelas líricas que denotan la pluma de un poeta, donde lo de menos es el argumento y lo de más su prosa detenida, con la pausa que las propias palabras bien conjugadas saben transmitir. Pero la falta de linealidad, el camino a ninguna parte se advierte demasiado, y la pausa deseada se acaba por convertir en inactividad.

La novela nos acerca a la vida de una mujer cuyo nombre no se dice porque, según el propio Villena, "mi protagonista no tiene nombre porque pretende ser la imagen de una mujer cualquiera ­dentro de su espacio­ (...), la novela de la mujer que decide no renunciar, jamás renunciar, a su propio camino". Su protagonista, que ronda los cincuenta habla y cuenta ("quiero decirle") a un sicoanalista/lector que se supone sentado a la escucha de estos pensamientos cuya pecaminosidad consiste en la transgresión, más que de las reglas cuya existencia suponemos ya vacua y sobre todo en el campo de las relaciones sexuales y personales, de la tradición que proclama que una mujer a los cincuenta carece de impulsos sexuales, de vida, de sana o insana intención de ser libre. La mortalidad, finalmente, se oculta tras la insatisfacción última de la protagonista que sigue esperando algo que no llega. [...]

Es ahí donde radica su verdadera libertad, en la elección personal del camino, en poder decirse puta sin reparos, sin miedos, [...] sin ese "miedo social que ahora ha cambiado al miedo a las enfermedades sexuales. Antes, una mujer que tuviera relaciones fuera del matrimonio era lo que era y quedaba anatemizada totalmente", según dice el autor en una entrevista publicada recientemente en un medio digital.

Lástima, y concluimos, que esta nueva versión liberada de la Carmen Sotillo de Cinco horas con Mario de Delibes, sin bragas y a lo loco, pierda consistencia en un texto repetitivo. Quedémonos de todas formas con el hecho de que una novela de semejante argumento no nos resulte excesivamente inverosímil. Sólo falta que una mujer, y no un hombre por mucho que sepa acercarse a la sensibilidad femenina, pueda escribirlo en primera persona con entera libertad. Y que se titulara algo así como pensamientos vitales de una mujer, que lo de dama tiene un deje...