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noviembre
2000
Nº 71

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el espejo de la crítica
Gonzalo Garcés y 'Los impacientes'
Tras el mexicano Jorge Volpi por En busca
de Klingsor, Gonzalo Garcés (Buenos Aires, 1974) ha sido el joven
ganador de la segunda entrega del Premio Biblioteca Breve que otorga Seix
Barral. Los tres protagonistas de Los impacientes, dos chicos y una chica
de diecisiete años, se regodean en la autocomplaciencia y la autocontemplación
de sus metafísicos procesos gástricos y sus afrancesadas
preocupaciones y dudas camino de la ansiada madurez. Cita ineludible la
de un importante premio literario, la crítica ha desplegado toda
la artillería pesada y ha afilado sus cuchillos para tratar esta
novela a la que su flamante galardón parece pesarle demasiado.
El resultado han sido demoledoras afirmaciones que no dudan en calificar
Los impacientes de "novela de retórica inflada, lírica
y risiblemente pedante", "ejercicio suicida" o "cúmulo
de ambiciones frustradas". Las iras, sin embargo, no se limitan al
joven Garcés...
Francisco Solano
ABC
De no haber obtenido el Premio Biblioteca Breve de este
año, es más que probable que la publicación de este
título hubiera pasado bastante desapercibida. [...] resulta más
que evidente que se trata de una novela agraz, difusa en sus planteamientos,
con una construcción deficiente [...]. "La guerra se
dice en una de las muchas digresiones es un intento de multiplicar
las iluminaciones: de fomentar la eternidad". El lector puede sacar
las consecuencias que se derivan de este tipo de consideraciones (que
en la novela se deslizan con toda impunidad) y conocer así el sustrato
ideológico, o el mareo existencial, si nos ponemos comprensivos,
de los protagonistas de Los impacientes. La masa reflexiva de la novela
es sorprendentemente pobre, por no decir confusa, y en una narración
que se quiere, por encima de todo, un compendio de preocupaciones de índole
más o menos filosóficas para un fin de siglo, no deja de
suscitar alarma frases como ésta: "Todos los enigmas y las
preguntas sin respuesta del milenio giran en torno a este problema: si
toda personalidad, al igual que la velocidad y posición del electrón,
es indeterminada, ¿cómo haremos para que una merienda a
la inglesa, aun entre almas afines, resulte entretenida?" Estas líneas
han sido sacadas de la página 32, por si el lector cree que estoy
de broma.
Joaquín Marco
El Cultural
El novelista ha buscado conseguir el absoluto narrativo
a través de una ligera trama que se desarrolla en un dispositivo
confuso de tiempos y voces narradoras.[...]
Marcadamente argentina en su expresividad lingüística
[...].
Ni siquiera el realismo de determinadas escenas sexuales,
la ambigüedad de Mila en este aspecto o la lucidez de un Keller [...]
o determinadas audacias acaban de convencernos. Nos hallamos ante un cúmulo
de ambiciones frustradas, ante un autor que habrá de seguir, sin
duda; aunque esta novela, valiosa por su ambición, quede lejos
de aquellos clásicos modernos que hicieron, en buena medida, del
Premio Biblioteca Breve lo que fue y representa.
M. José Furió
Lateral
De lo peor del libro no tiene la culpa Garcés:
donde converge lo más tópico de los argentinos afrancesados
o bonaerenses sin más, es decir, el dar por indiscutibles leitmotivs
que no se sabe si contribuyen a forjar una personalidad o a desdibujarla,
como todo el armazón psicoanalítico de Mila, o las poses
melancólicas de los chicos (infancia + literatura= adolescencia
melancólicodramática), o la hinchazón de la trama
tan flaca, todo eso resulta "muy argentino". [...]
Los méritos del libro creo le pertenecen del todo
a Garcés: entra bien en las psicologías de cada uno, se
esfuerza en decir aunque sea tan poco lo que en definitiva se conoce y
ejerce la lucidez que se tiene a los veintitantos y nunca más de
la misma manera.
Ignacio Echevarría
El País
[...] una novela de retórica también muy
inflada, lírica y risiblemente pedante, si bien más vigorosa
y algo más osada que la de Padilla.
Pese a su juventud casi extrema, los impacientes a que
alude el título hablan de sus veinte años como lo haría
de Vietnam cualquier veterano de aquella guerra. "Yo estuve allí",
parecen estar diciendo a cada rato [...]. Andan demasiado ocupados en
decir enormidades del estilo: "Yo solía pasearme, elegante
como un globo de helio, con todas las ideas y las desesperaciones del
siglo agonizante adheridas a la piel como lapas"; o: "Cuando
quieras buscarme, estaré en el país de la melancolía
burguesa, tomando una cerveza fresca"; o: "Si no podemos tener
cuarenta años, o cien, antes de haber cumplido los veinte, entonces
no vale la pena tenerlos nunca"; o (ésta es la mejor: no se
la pierdan): "El sonido de un cierre de pantalón bajándose
me ha parecido siempre, aun en tiempos de mi admiración por Sade,
de una franca indecencia". Elocuentes muestras del "dialecto
de gasas y terciopelo" en que está escrita esta novela preciosista,
que disimula la delgadez de su imaginación y la mansedumbre de
su narcisismo alternando la infatuación filosófica con la
melopea generacional, y enfatizando la ambientación finisecular
y urbana, con aderezos cultos y metaliterarios. [...]
Jordi Gracia
El Periódico
Es un ejercicio suicidia el que ha emprendido Garcés
y no sé si han acertadolos miembros del jurado al respaldar una
novela inmadura sobre la inmadurez.
Pero el imperio Planeta ya ha estropeado por su cuenta,
y con la muy incauta contribución del autor, a Juan Manuel de Prada,
que está sin duda mejor dotado para la prosa (aunque no para la
novela) que Garcés, y habría que estudiar con calma esta
dinámica exprimidora de escritores prometedores. Puede ser el argumento
definitivo para condenar la alianza de dinero y literatura que vive la
cultura española. [...]
Pero si ya tienen el libro en la mano, entonces vale la
pena ir a la tercera parte. Ahí hay más que en el resto
de la novela: introspección, tono estilístico y mayor densidad
analítica. Ignoro si se empezó a redactar desde ese punto
y creció hacia atrás, o ha sido al revés, pero me
parece que estaría mucho mejor con dejar únicamente esa
voz y quedarnos con una novela breve, concentrada, elíptica y un
punto patética. Como novela temprana de un escritor joven es un
ejercicio casi impracticable; como Premio Biblioteca Breve duele en los
ojos ver la lista que termina con su nombre. Pero eso no es cosa suya.
Raquel Luzárraga
Quimera
[...] una novela justamente galardonada. Una obra que,
además de presentar un proyecto de escritura interesante, aborda
un tema infrecuente desde hace tiempo en la novelística, la juventud
y las infinitas cuestiones que giran a su alrededor. [...]
Con elegancia, impetuosidad e impaciencia, la pluma del
autor acompaña a Los impacientes. Salta admirablemente de lo pensado
a lo sentido, de lo vivido a lo imaginado, y lleva al extremo máximo
el desarrollo de la perspectiva múltiple. [...]
Pero Garcés posee un acertado dominio de la palabra,
con la que salva el escollo e introduce al lector en el mundo propio que
se plasma. La novela nos conduce, finalmente, a felicitarnos por el hecho
no muy frecuente de que se conceda un premio a un autor joven.
Ricard Ruiz
La Razón
Garcés logra mucho más que una concatenación
de cosmovisiones. Logra, aunque a veces se empeñe en asfixiarla,
una narración viva y sentimental, la historia de tres amigos de
diecisiete años en el Buenos Aires de fin de siglo. [...] Y todo
ello en un texto denso y enriquecido por múltiples dimensiones
entre las cuales no es menor la de las referencias literarias. No sólo
por Hamlet, ni por el durrelliano Cuarteto de Alejandría; ni tan
sólo por esa estructura de comedia dantesca que sostiene la novela
con su infierno, su purgatorio y su paraíso. Es por su estilo con
vocación de madurez, madurez anhelada por los personajes, y por
la sólida voz que desgrana esta historia de amor, huidas y destinos
circulares, que Los impacientes se convierte en una novela a revisitar.
Difícilmente Garcés se convierta, como ganador del Biblioteca
Breve, en otro Cabrera Infante u otro Vargas Llosa. Pero su trayectoria
literaria, si prosigue, merecerá ser observada bien de cerca.
J. A. Masoliver Ródenas
La Vanguardia
En este triple contexto, de visión posmodernista
[...], conciencia textual y visión cosmopolita, es donde Los impacientes
de Gonzalo Garcés se incorpora a esta visión argentina que
contrasta con el penoso, cuando no siniestro, nacionalismo exaltado por
los políticos y cultivado por un amplio o ruidoso sector de la
sociedad argentina. [...]
Los personajes de Los impacientes son sorprendentemente
maduros, precisamente porque reflejan "las desesperaciones mentales
(...) de los tiempos modernos", así como el espíritu
de la novela "la quimera que tanto perseguimos y que llamamos madurez,
es apenas el reordenamiento de unas pocas perspectivas"; del mismo
modo que el discutible final es, asimismo, el único final posible.
Gonzalo Garcés, Los impacientes,
Premio Biblioteca Breve, Seix Barral, Barcelona, 2000, 219 págs.,
1.900 ptas.
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