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mayo 2000
Nº 65

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el espejo de la crítica

Espido Freire y 'Melocotones helados'


Por esta sección han pasado ya las últimas creaciones de Javier Marías y de Juan Bonilla. En esta ocasión, los críticos aplican su bisturí a Los detectives salvajes (Anagrama), novela galardonada con el reciente Premio Herralde que ha despertado entusiamo tanto entre el público como entre los profesionales de ambos lados del Atlántico.

Ricardo Senabre
El Cultural

El Premio Planeta de novela correspondiente a este año llega precedido de un gran lanzamiento publicitario que no repara en nada ni deja de subrayar, con criterios un tanto antañones, que el galardón ha recaído en una mujer que, además, es joven. Por si fuera poco, el hecho de que la obra finalista sea de otra mujer completa la faz actualizadísima y progresista del certamen. Enarbolar estos conceptos como si estuviéramos en la época de Nada es un tanto penoso [...]. Digamos, antes que nada, que Melocotones helados es una novela digna, en general bien construida, que revela una notable ambición artística. [...] La prosa de Espido Freire se encuentra muy por encima de la calidad media habitual, aunque la obra contenga algunos lugares que convendría extirpar. Son descuidos o usos poco recomendables que disuenan en un conjunto como éste: "Había escondido sus hábitos por demasiado tiempo"; "echó a faltar [...] a su guía"; "por lo normal ella caminaba en silencio"; [...]. Pocas caídas, y leves, para una novela extensa y bien escrita. Esta vez el Premio Planeta no produce rubor.

 

Jorge Carrión Gálvez
Lateral

La trama de Melocotones helados, la tercera novela de la jovencísima Espido Freire (Bilbao, 1974), Premio Planeta 1999, puede parecer, cuanto menos, sugerente. Sin embargo, el resultado final ha sido una narración que malogra las ideas y sucumbe ante los imperativos comerciales. Creo que el motivo ha sido la precipitación: la autora vasca ha publicado tres novelas en menos de dos años. Las urgencias a las que nos tiene tan acostumbrados la historia reciente de este premio han provocado hasta faltas de bulto, como la que sigue: "los vieron por los bares, pero ninguno de ellos les llamaron la atención". Los errores de concordancia se evitan con una buena revisión del texto. [...]

Si se consulta la lista de los últimos diez ganadores del Premio Planeta, sólo se encuentran dos obras relevantes. A saber: El jinete polaco, la novela más redonda de Muñoz Molina, y Lituma en los Andes, de Vargas Llosa. [...] A la estela dejada por los otros ocho premiados se suma, pues, Melocotones helados, una narración tan correcta como las de los televisivos Delgado y Schwartz, tan femenina como la infame Posadas y con la dosis de misterio (Orden del Grial incluida) del best-seller de Prada.

 

Jordi Gracia
El Periódico

Sólo encuentro razones literarias para que haya ganado Espido Freire, aunque su novela no tenga nada de lo que ha hecho perdurables títulos de otros planetas como Vázquez Montalbán, Semprún, Vargas Llosa y Muñoz Molina. No concurren aparentes razones extraliterarias en una mujer poco conocida, aunque ya era autora de la casa (Seix Barral).

La elección de esta obra por parte del jurado deja en la más oscura incertidumbre qué motivaciones anduvieron detrás de la decisión: quiere ser una novela literaria, pero apenas destaca por encima de un tono monótono y gris. [...]

Espido Freire es joven (25 años) y tiene un modo de ver la literatura ajena a la topografía narrativa de litronas y

afterhours. [...]

Melocotones helados es un retroceso en una carrera todavía muy corta [...] un desangelado intento de narrar desde más atrás y más hondo. [...] Cuando otros narradores jóvenes recrean experiencias de barra y canutos, cocaína y sexo, suelen saber de lo que hablan, algo han vivido y lo cuentan mejor o peor. Frente a ese bajo listón estético, Freire ha preferido escribir desde la otra acera de la literatura, y compartimos la decisión. Pero el desfase entre el logro menor de Irlanda y la superficial exploración de Melocotones helados hace que echemos de menos una progresión más meditada.

 

Antonio Lozano
Qué leer

Con la consoladora excepción de la atmosféricamente subyugante pluma de Juan Manuel de Prada en La tempestad, escarmentado andaba el que esto escribe con unos últimos planetas tan sometidos a la dictadura de las audiencias que, en un acto de suprema coherencia y pachanguero desenmascaramiento, entregó su lozana bolsa a dos espontáneos de naturaleza mediática y a una refinada representante de la beautiful people. Siervos los primeros de las 625 líneas y carne de la prensa rosa la segunda, se entiende que un iluso depositara esperanzas en alguien con un currículum de auténtica escritora como el de Espido Freire. [...]

Es sintomático de la esclerosis múltiple que aqueja esta aséptica novela el que en ella nos hable Espido Freire de desgracias familiares, de perturbaciones psicológicas, de la insatisfacción y resignación de los humildes, de cancerosos rencores... sin conseguir estremecernos o conmovernos en lo más mínimo con su narración inerte y desapasionada y su pulso adormecedor.

Melocotones helados naufraga por medio de divagaciones y reiteraciones vacuas [...] ofreciendo una visión carca y superficial de la posguerra y lanzando al vacío sentenciosas frases que chirrían [...]. Excusaríamos en una principiante que nos dejara tan helados como los melocotones que emplea a modo de símbolo de los sueños rotos o de las promesas incumplidas, pero no en alguien que va a vender a destajo sin necesidad de lucir palmito en los escaparates públicos.

 

Fernando Valls
Revista de libros

Lo que más me ha llamado la atención es su defensa de una poética antirrealista, porque si algún marbete hay que colocarle a su novela es el de realista, lo que no significa necesariamente que trate de jóvenes urbanícolas, colgados o pijos [...] Espido Freire no ha acertado metiéndose en este lío que supone la obtención del Planeta. [...] A la autora le han hecho un flaco favor poniéndole entre los labios la golosina de la difusión masiva y el dinero. ¿Razones? Para empezar, han impedido que siga una trayectoria más lenta y discreta en su maduración literaria [...]. El planteamiento teórico es impecable pero no se plasma en la práctica narrativa. [...] Hay tantos lugares comunes (alguno rancio, como cuando el narrador llama a un personaje "invertido") como hilos sueltos. Mucho me temo que Espido Freire está aún muy verde como escritora. Su novela, en su ingenuidad e imperfecciones me recuerda algunas españolas de los cincuenta [...]. La autora ha sido en esta ocasión víctima de las peores prácticas del mercado literario. De haber caído en manos de un editor sensato estaría todavía trabajando en su novela.

 

Juan A. Masoliver Ródenas
La Vanguardia

La seducción de esta novela no está solamente en lo que pueda tener de fantástica, de sentimental o de trágica, sino en su misma construcción, compleja, ágil e inteligente. [...] Nos hacemos una pregunta: el canto de las sirenas ¿es expresión de una belleza oculta o expresión de un espejismo de belleza? [...] Melocotones helados (no puedo evitar la dentera al escribirlo) [...]. La novela encontrará un amplio marco de lectores. Es, sin embargo, un encanto que se diluye para dejarnos, tras la lectura, con las palabras que leemos en las últimas líneas: "Simplemente, pasó su tiempo, continuó la vida y su lugar fue ocupado por otras cosas, por otras personas. Hubiera sido inútil buscar culpables".