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el espejo de la crítica
Espido Freire y 'Melocotones helados'
Por esta sección han pasado ya las últimas creaciones
de Javier Marías y de Juan Bonilla. En esta ocasión, los
críticos aplican su bisturí a Los detectives salvajes (Anagrama),
novela galardonada con el reciente Premio Herralde que ha despertado entusiamo
tanto entre el público como entre los profesionales de ambos lados
del Atlántico.
Ricardo Senabre
El Cultural
El Premio Planeta de novela correspondiente a este año
llega precedido de un gran lanzamiento publicitario que no repara en nada
ni deja de subrayar, con criterios un tanto antañones, que el galardón
ha recaído en una mujer que, además, es joven. Por si fuera
poco, el hecho de que la obra finalista sea de otra mujer completa la
faz actualizadísima y progresista del certamen. Enarbolar estos
conceptos como si estuviéramos en la época de Nada es un
tanto penoso [...]. Digamos, antes que nada, que Melocotones helados es
una novela digna, en general bien construida, que revela una notable ambición
artística. [...] La prosa de Espido Freire se encuentra muy por
encima de la calidad media habitual, aunque la obra contenga algunos lugares
que convendría extirpar. Son descuidos o usos poco recomendables
que disuenan en un conjunto como éste: "Había escondido
sus hábitos por demasiado tiempo"; "echó a faltar
[...] a su guía"; "por lo normal ella caminaba en silencio";
[...]. Pocas caídas, y leves, para una novela extensa y bien escrita.
Esta vez el Premio Planeta no produce rubor.
Jorge Carrión Gálvez
Lateral
La trama de Melocotones helados, la tercera novela de
la jovencísima Espido Freire (Bilbao, 1974), Premio Planeta 1999,
puede parecer, cuanto menos, sugerente. Sin embargo, el resultado final
ha sido una narración que malogra las ideas y sucumbe ante los
imperativos comerciales. Creo que el motivo ha sido la precipitación:
la autora vasca ha publicado tres novelas en menos de dos años.
Las urgencias a las que nos tiene tan acostumbrados la historia reciente
de este premio han provocado hasta faltas de bulto, como la que sigue:
"los vieron por los bares, pero ninguno de ellos les llamaron la
atención". Los errores de concordancia se evitan con una buena
revisión del texto. [...]
Si se consulta la lista de los últimos diez ganadores
del Premio Planeta, sólo se encuentran dos obras relevantes. A
saber: El jinete polaco, la novela más redonda de Muñoz
Molina, y Lituma en los Andes, de Vargas Llosa. [...] A la estela dejada
por los otros ocho premiados se suma, pues, Melocotones helados, una narración
tan correcta como las de los televisivos Delgado y Schwartz, tan femenina
como la infame Posadas y con la dosis de misterio (Orden del Grial incluida)
del best-seller de Prada.
Jordi Gracia
El Periódico
Sólo encuentro razones literarias para que haya
ganado Espido Freire, aunque su novela no tenga nada de lo que ha hecho
perdurables títulos de otros planetas como Vázquez Montalbán,
Semprún, Vargas Llosa y Muñoz Molina. No concurren aparentes
razones extraliterarias en una mujer poco conocida, aunque ya era autora
de la casa (Seix Barral).
La elección de esta obra por parte del jurado deja
en la más oscura incertidumbre qué motivaciones anduvieron
detrás de la decisión: quiere ser una novela literaria,
pero apenas destaca por encima de un tono monótono y gris. [...]
Espido Freire es joven (25 años) y tiene un modo
de ver la literatura ajena a la topografía narrativa de litronas
y
afterhours. [...]
Melocotones helados es un retroceso en una carrera todavía
muy corta [...] un desangelado intento de narrar desde más atrás
y más hondo. [...] Cuando otros narradores jóvenes recrean
experiencias de barra y canutos, cocaína y sexo, suelen saber de
lo que hablan, algo han vivido y lo cuentan mejor o peor. Frente a ese
bajo listón estético, Freire ha preferido escribir desde
la otra acera de la literatura, y compartimos la decisión. Pero
el desfase entre el logro menor de Irlanda y la superficial exploración
de Melocotones helados hace que echemos de menos una progresión
más meditada.
Antonio Lozano
Qué leer
Con la consoladora excepción de la atmosféricamente
subyugante pluma de Juan Manuel de Prada en La tempestad, escarmentado
andaba el que esto escribe con unos últimos planetas tan sometidos
a la dictadura de las audiencias que, en un acto de suprema coherencia
y pachanguero desenmascaramiento, entregó su lozana bolsa a dos
espontáneos de naturaleza mediática y a una refinada representante
de la beautiful people. Siervos los primeros de las 625 líneas
y carne de la prensa rosa la segunda, se entiende que un iluso depositara
esperanzas en alguien con un currículum de auténtica escritora
como el de Espido Freire. [...]
Es sintomático de la esclerosis múltiple
que aqueja esta aséptica novela el que en ella nos hable Espido
Freire de desgracias familiares, de perturbaciones psicológicas,
de la insatisfacción y resignación de los humildes, de cancerosos
rencores... sin conseguir estremecernos o conmovernos en lo más
mínimo con su narración inerte y desapasionada y su pulso
adormecedor.
Melocotones helados naufraga por medio de divagaciones
y reiteraciones vacuas [...] ofreciendo una visión carca y superficial
de la posguerra y lanzando al vacío sentenciosas frases que chirrían
[...]. Excusaríamos en una principiante que nos dejara tan helados
como los melocotones que emplea a modo de símbolo de los sueños
rotos o de las promesas incumplidas, pero no en alguien que va a vender
a destajo sin necesidad de lucir palmito en los escaparates públicos.
Fernando Valls
Revista de libros
Lo que más me ha llamado la atención es
su defensa de una poética antirrealista, porque si algún
marbete hay que colocarle a su novela es el de realista, lo que no significa
necesariamente que trate de jóvenes urbanícolas, colgados
o pijos [...] Espido Freire no ha acertado metiéndose en este lío
que supone la obtención del Planeta. [...] A la autora le han hecho
un flaco favor poniéndole entre los labios la golosina de la difusión
masiva y el dinero. ¿Razones? Para empezar, han impedido que siga
una trayectoria más lenta y discreta en su maduración literaria
[...]. El planteamiento teórico es impecable pero no se plasma
en la práctica narrativa. [...] Hay tantos lugares comunes (alguno
rancio, como cuando el narrador llama a un personaje "invertido")
como hilos sueltos. Mucho me temo que Espido Freire está aún
muy verde como escritora. Su novela, en su ingenuidad e imperfecciones
me recuerda algunas españolas de los cincuenta [...]. La autora
ha sido en esta ocasión víctima de las peores prácticas
del mercado literario. De haber caído en manos de un editor sensato
estaría todavía trabajando en su novela.
Juan A. Masoliver Ródenas
La Vanguardia
La seducción de esta novela no está solamente
en lo que pueda tener de fantástica, de sentimental o de trágica,
sino en su misma construcción, compleja, ágil e inteligente.
[...] Nos hacemos una pregunta: el canto de las sirenas ¿es expresión
de una belleza oculta o expresión de un espejismo de belleza? [...]
Melocotones helados (no puedo evitar la dentera al escribirlo) [...].
La novela encontrará un amplio marco de lectores. Es, sin embargo,
un encanto que se diluye para dejarnos, tras la lectura, con las palabras
que leemos en las últimas líneas: "Simplemente, pasó
su tiempo, continuó la vida y su lugar fue ocupado por otras cosas,
por otras personas. Hubiera sido inútil buscar culpables".
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