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ROBERT
JUAN-CANTAVELLA
A finales de los setenta, Harvey Pekar trabajaba como administrativo
en el archivo de un hospital de Cleveland, aunque en realidad
se ganaba la vida revendiendo discos y cómics de segunda
mano. Poco después se había convertido en autor
de culto de comic books underground, y sus historietas eran
dibujadas por gente de la talla de Robert Crumb. Así
como Kafka transmutó su gris existencia funcionarial
en historias opresivas y relatos desesperantes que redibujaban
el mundo a través de un código paralelo a la
realidad, Pekar contó por entregas su vida, igualmente
opresiva y desesperante, en la serie de cómics American
Splendor, sin ahorrarle al lector ni una sola de las roñas
y mezquindades que –como podría decir el propio
Pekar– convierten a cada persona en un individuo único.
La película American Splendor trae estos días
a nuestras pantallas la historia de este autor de cómic
autobiográfico.
Otra película biográfica que ahora mismo comparte
cartelera con America Splendor es El hundimiento, de la que
habla Hernán Migoya en su sección. La polémica
que ha despertado el hecho de representar un tranche de vie
de este significado genocida buscando su “lado humano”
(en Alemania, Win Wenders ha encabezado una oposición
feroz a la película por este motivo), permite hacerse
la pregunta de hasta qué punto el arte, así
como cualquier otro tipo de relato, no tiene siempre un componente
biográfico, cuando no autobiográfico; y hasta
qué punto esta perspectiva no está siempre vinculada
a una forma de “humanidad”, que no necesariamente,
como tampoco sucede con Harvey Pekar, de humanismo.
En este número, por ejemplo, sin haberlo planeado así,
hay varios artículos completamente dispares que están
avalados de un modo u otro por este componente biográfico.
Traemos a colación a Cabrera Infante y a Hunter S.
Thompson porque, tristemente, su relato biográfico
ha finalizado; Juan Gabriel Vásquez entra en el debate
sobre la crítica literaria fijándose en “el
caso colombiano”, del que es un agente activo como escritor
y como crítico; la sección des-varios está
dedicada al relato biográfico; el ensayo sobre Radio
Nikosia da cuenta de un conjunto de biografías marginales;
lo último de Mihály Dés, de una opción
cultural biográfica marginada... Antes de reflexionar,
como está sucediendo con El hundimiento, sobre cómo
debe tratarse y cómo no un material biográfico,
quizá valga la pena preguntarse en qué forma
es posible el acto de creación, e incluso el de reflexión,
si se excluye este componente biográfico.
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