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junio
2003
Nº 102

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Carta de un soldado conocido
Mihály Dés
Un profesor casi nunca puede tener la certeza de
que sus palabras hayan caído en el vacío. La carta que sigue
es una convincente refutación de ese miedo. Pero su autor, ex alumno
mío, no sólo certifica el buen provecho de las lecturas
que le impuse en su día, sino que ofrece a su vez una lectura lúcida
de la aberrante realidad que le ha tocado vivir.
Estimado profesor Dés:
Soy uno de los alumnos que tuvo el placer de asistir a las clases de Introducción
a las Literaturas Eslavas que Ud. impartió durante el curso 2001-2002.
En estos momentos me encuentro en Bosnia y Herzegovina como miembro de
la SFOR, esto es, el conjunto de unidades que la OTAN tiene desplegadas
en este ¿país?, ¿países?... todavía
no lo sé y ya llevo aquí cuatro meses.
Es obvio decir que no pertenezco a una ONG, ni estoy aquí
para eso, al contrario de lo que se dice por ahí sobre el papel
del ejército en la actualidad. La verdad es que cuanto más
tiempo estoy por aquí menos entiendo lo que ha pasado, aunque es
cierto que ni ellos mismos cuando les preguntas sobre los motivos de la
guerra saben contestar algo medianamente coherente.
Una vez un hombre me dijo que antes o después
tenía que pasar, y nos ha tocado a nosotros, pero tras ese
razonamiento no había nada más. Sencillamente un día
empezó, y ya está.
Yo estoy destinado en Mostar, una ciudad mitad croata
y mitad musulmana, y sinceramente le digo que si todo esto no fuera tan
trágico resultaría cómico lo que pasa todos los días
entre ellos. Para empezar, los musulmanes tienen el control de la planta
hidroeléctrica que suministra la energía a la ciudad, pero
la poca industria existente se encuentra en la zona croata, así
que cuando ocurre algo entre ellos los croatas se quedan sin luz accidentalmente.
En respuesta, y como una provocación más, éstos han
erigido una cruz cristiana gigantesca en la cima de una montaña
que se encuentra en su parte (el Monte Hum) y que domina toda la ciudad,
de manera que cuando un musulmán se levanta por la mañana
o se toma un café en una terraza, la cruz es una incómoda
presencia.
Pero los musulmanes no se quedan cortos a la hora de incordiar
a los otros y por eso han instalado un sistema de megafonía en
todas las torres de los innumerables minaretes de las mezquitas, y claro,
cada pocas horas, cuando se llama al rezo (cinco veces al día),
la voz de Alá resuena a todo volumen, con especial vigor en la
mezquita que está más próxima al barrio croata.
Esta Nochebuena, como cada año, la han celebrado
disparando desde sus balcones hacia la zona musulmana, costumbre que han
copiado de los serbios, los cuales sobre todo en Sarajevo
celebran la Navidad ortodoxa disparando con el Kalashnikov al vecino,
por supuesto si éste es musulmán o croata. La presencia
de banderas por todas partes es sorprendente, por no hablar de la ingente
cantidad de iglesias y mezquitas que se han construido o se están
construyendo.
En nuestra base tenemos un trabajador de origen serbio,
uno de los pocos de su etnia que quedaron en esta zona de Bosnia después
de la guerra, durante la cual fue oficial. Pues bien, es posible que tenga
cáncer y a pesar de ello se niega rotundamente a ir a un médico
para hacerse las pruebas porque según dice no me fío
de ningún médico croata. En vista de la situación
será enviado a España por el Ejército y allí
se hará todo lo que se pueda con él, pero fíjese
hasta qué punto llegan las cosas aquí, prefieren morir antes
que aceptar la ayuda del contrario... si es que esa ayuda existe, claro,
quizá al fin y al cabo este hombre no vaya tan desencaminado en
lo que piensa.
No sé, profesor, llega un momento en que te convences
de que esto jamás tendrá arreglo porque nadie va a buscar
una solución, más bien al contrario, alguno me ha dicho
que ahora todo va muy bien... hasta la próxima guerra, en la que
acabarán con todo lo que ha quedado pendiente en ésta.
Le aseguro que esto para mí está siendo
una gran experiencia, algo único que merece ser vivido, donde a
pesar de ver diariamente la destrucción de la guerra siempre hay
algo que aprender o que observar. Por ejemplo, me ha resultado muy curioso
ver a esos individuos que en Barcelona, cuando te ven de uniforme, te
llaman fascista, fuerza de ocupación, asesino... no sé,
me han dicho de todo menos guapo, y cuando llegan aquí en nuestros
aviones con el rol de miembros de ONG con aspecto muy hippie y convenientemente
solidario, que traen ayuda humanitaria en nuestro barcos, y que
son llevados a las zonas calientes protegidos por nuestros soldados, se
deshacen en elogios y efusivos abrazos de despedida cuando se van. De
lo que estoy seguro es que cuando en España me tope con alguno
de ellos volveré a ser sin duda un fascista sanguinario, pero es
lo que hay. Y es que métase Ud. a pelo con ayuda humanitaria en
un pueblo musulmán completamente rodeado por poblaciones serbias,
croatas o viceversa, ya verá, ya, lo rápido que el hippie
se acuerda de las fuerzas de ocupación. ¡Qué
ironía!... el pacifista llamando a los militares.
No se imagina, profesor, hasta qué punto me resultaban
conocidas las vivencias del bravo soldado Schwejk, le aseguro que a veces
cuando describía algún personaje o situación se me
antojaba extraordinariamente familiar, como si lo que narraba Hasek fuese
lo mismo que yo he experimentado antes, sin embargo, como puede comprender,
yo me encuentro más cómodo sin revelar mi profesión
al resto de la clase porque en Barcelona decir que eres militar generalmente
no te ayuda en nada.
En fin, profesor, confío en no haberle aburrido
con esta carta y espero que le guste el cuadro que le envío. En
él aparece el Stari Most, el puente viejo de Mostar
construido por los turcos en el siglo xvi y destruido por los croatas
a cañonazos en el 93, sólo porque era el orgullo de los
musulmanes de la ciudad. Por cierto, actualmente se está reconstruyendo...
por los turcos, así que, como dice algún croata, en
la próxima guerra volverá a caer, y es que esta gente
no tiene arreglo. Nada más, y si Ud. quiere espero verle algún
día cuando vuelva.
Un cordial saludo.
Coda
Semejante carta no podía quedar sin respuesta.
Y ésta, a su vez, tuvo su contestación. Con su nueva carta
mi ex alumno envió dos fotos. La primera es la de la cruz que se
ve en esta página. La segunda una foto que tomé en
Dubrovnik, es de un cartel que se encuentra en la zona antigua y que señala
los impactos que recibió la ciudad por parte de la artillería
de las salvajes hordas yugoslavas, que no respetan ni la cultura
ni la historia. Huelga decir que no había ningún otro
cartel donde se hiciera referencia al asunto del Stari Most, el puente viejo
de Mostar, construido en el siglo xvi, joya de la arquitectura Otomana
y motivo de orgullo para cualquier país que tuviera la
suerte de tenerlo, el cual fue caprichosamente machacado a cañonazos
por la artillería... croata. Será profesor que la Cultura
y la Historia van por barrios.
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