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marzo
2005
Nº 123

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Estantería
Fe de
Erratas
Por problemas de imprenta, en la sección "estantería" de
la versión impresa del número 123 de la revista -el que ahora tienes en
pantalla-, se repiten tres reseñas. Apelamos a tu comprensión, lector.
Narrativa
Hispánica
La
luna nómada
Leonardo Valencia
Algaida,
Cádiz, 2004
216 págs., 15,38 euros
No sentirse en casa en ninguna parte, pero sentirse bien casi
en todos los sitios”. Con esta cita de Georges Perec abre Leonardo Valencia
(Guayaquil, 1969) esta colección de catorce cuentos. Los personajes del
escritor ecuatoriano afincado en Barcelona se toman al pie de la letra
dicha máxima. El viaje lo viven como una experiencia positiva y placentera,
a la que conceptos como exilio, destierro
o huida, tan habituales en la narrativa hispanoamericana, le son bastante
ajenos. Los cuentos trascurren de la forma nómada que anuncia el título,
entre Cuba, la China Imperial, Roma y los aledaños o Guayaquil.
Como es habitual en los libros de cuentos
de escritores incipientes el resultado tiende a la disparidad. Hay cuentos
magníficos –“El demonio en Palestina” o “No se necesita una razón”–, aunque
alguno se desmarque de la médula espinal del libro –“Insuperable capítulo
seis”–. Algunos otros relatos empiezan golosos pero el remate no está
a la altura –“Las emisarias”–. En otros Valencia ensaya diferentes recursos
como el realismo mágico –“Relato de la extranjera”– o la novela histórica
–“La trama de Montoya”–. Con todo, el autor de la novela El desterrado
(Debate, 2000) demuestra ser un narrador de raza capaz de captar el interés
del lector con una prosa trabajada pero de gran fluidez. Si de algo todavía
carece su narrativa es de unos motivos o unos tics que inequívocamente
puedan denominarse leonardovalencianos. En definitiva, de un territorio
narrativo propio bien perfilado.
Valencia publicó un libro homónimo en Lima en 1995 y luego una reedición
retocada en su ciudad natal en 1998. Ahora nos ofrece la tercera versión
en la que también se añaden cuentos, se reescriben algunos y se suprimen
otros sin que se nos den razones ni noticias para saber en qué medida
esta edición mejora o altera las anteriores. En el post scriptum da fe
de la voluntad de alumbrar un libro nómada que jamás quede fijado sino
que esté sometido a un movimiento perpetuo. A esta pretensión –a la que
cabría enfrentar que se tratase de tres lunas, y no de una sola en sus
diferentes fases– es oportuno enfrentar la enseñanza que Borges dejó en
el “Pierre Menard”. Es el lector, en el ejercicio libérrimo de la lectura,
el que provoca mutaciones en el libro y lo convierte en nómada. Tanto
es así que cualquier lector del Quijote es quien convierte dicha obra
en un nuevo Quijote y, entonces sí, en un libro nómada.
QUIM PÉREZ
Magia
Manuel
Vilas
DVD
Ediciones,
Barcelona,
2004
229
págs., 12,31 euros
Magia niega a la novela lo que la vida niega al ser humano. Está construida
sobre una estructura tan compleja que el lector la sobrenada sin dificultad,
o tan inexistente que el lector explorador se pierde en un laberinto de
vericuetos y trampas. En cualquiera de los dos casos, la historia se enreda
alrededor de múltiples columnas transparentes que, según la luz, impresionan
al visitante con un juego de verbo emocionante. Porque el libro de Manuel
Vilas es, ante todo, pisos, calles, edificios y ciudad derruida por seres
desmembrados, gigantes y vampíricos, huecos e insaciables. La historia
no avanza, vive atrapada en el interior de una ciénaga que esconde múltiples
peligros que se deslizan entre las piernas, que se engancharán a ellas
a la mínima oportunidad, una ciénaga cosmopolita abierta en una avenida
céntrica que se extiende a lo largo de las callejas y callejones, en la
que late un corazón sin sangre.
La prosa es clara y diáfana, pero consigue, por acumulación,
convertirse en oscura e inalcanzable. Leído un párrafo al azar, éste se
entiende con facilidad. Un capítulo, extraña e inquieta. La novela, aturde
y marea. La desorientación y desubicación de los personajes se contagia
y se instala sin posibilidad de una rápida curación. Mal urbano, quién
no se pondría a gritar en el interior del vagón de un metro desafiando
a la soledad, reclamando la atención que nadie merece.
El autor es ante todo poeta, y pone su oficio
y naturaleza al servicio de una obra monumental. En Magia encontramos
mito, trascendencia, la necesidad y la voluntad de impregnar este exceso
de materialismo con leyenda, de ofrecer la oportunidad a un renacimiento,
a la resurrección de la belleza, a la flor que se alimenta de la escoria.
Y se revela un mundo alternativo, al volver de la esquina, después del
quiosco sin diarios, un paisaje que el autor está dispuesto a pintar,
aunque sea a base de grises. Magia es un grito sordo y prolongado de una
sociedad que se muere, de un modelo que se resquebraja a pedazos sin encontrar
alternativa. Magia no es un libro fácil, pero la vida tampoco
lo es.
CARLOS PUJALTE
New
York Shitty
Germán Sánchez Espeso
El Tercer Nombre,
Madrid, 2004
348 págs., 18 euros
Pese a situarnos en Nueva York, Sánchez Espeso
retoma unos referentes peculiares de cierta narrativa española, la que
se ocupa del esperpento, la de Valle Inclán y Pedro Almodóvar. La cuestión
que debe resolverse es qué ocurre cuando ese planteamiento se traslada
a una urbe en que las dimensiones no son humanas, y que aquí se soluciona
inflando hasta lo caricaturesco las magnitudes obscenas y anales de los
personajes y la acción. New York Shitty es una novela desvergonzada, chistosa
y que transcurre a toda pastilla, sin permitir descansos para cosas tan
necesarias como la belleza. Con la apariencia de una gamberrada, con el
estilo de la novela negra de serie B en la que la voz del narrador es
la de un matón barato, presenciamos una cadena de sucesos impíos en la
que los protagonistas pasan a segundo plano, dejando que los dueños de
la novela sean las hemorroides, las erecciones, la pornografía que se
oye o los artículos chocantes de las sex shops. Los hombres son priápicos,
las mujeres ninfómanas y todos padecen problemas de incontinencia por
culpa de alguno de los agujeros por los que se segregan sustancias desagradables
que produce nuestro organismo. No se respeta ni a los muertos, ni a los
niños ni a los animales (cuyo principal atributo es que cagan). Ni se
respeta la vida que es algo así como el remolino del desagüe del fregadero.
Esta comedia, a veces solamente sensacionalista,
se organiza atendiendo, en la mayoría de los capítulos, a lo que hace
un personaje del grupo cerrado de figuras, lo cual provoca una sensación
de teatralidad que impide hacernos creíble la historia. La estructura
de eslabones permite a la casualidad de los encuentros hacerse ama y señora
de las calles, pues en una ciudad tan grande no hay lugar para que la
gente se conozca. De hecho, ni siquiera se folla en la cama sino allí
donde coincidan los personajes. Sánchez Espeso
apuesta por una insegura combinación de sarcasmo y decadencia, sin salir
del todo bien librado: podría haber algo más que entretenimiento empaquetado
en esta novela, podría traslucirse algo de elogio o denuncia dado que
Nueva York es el paradigma de las ciudades occidentales. Pero, ¿puede
un narrador que es un viejo verde ser crítico?, ¿no recurrirá al ingenio,
al sarcasmo o al cinismo, apuntando que hay algo corruptamente atractivo
en la juerga utilizada para describir la sociedad? ¿Y por qué no proponer
alternativas? ¿Acaso esto se deba a que otras opciones no existen? Así
pues, riámonos de un Nueva York imposibilitado para superar la fase anal.
RICARDO MARTÍNEZ LLORCA
Narrativa Extranjera
Historia
de Tönle
Mario Rigoni Sern
Trad. de César Palma
Pre-textos,
Valencia, 2004
97 págs., 8,67 euros
La historia de Tönle es la historia de su autor y de sus vecinos.
La historia de una Europa casi mítica que desapareció en los albores del
siglo xx.
Porque la historia que Mario Rigoni Stern nos explica no es sólo la vida
de un pastor del altiplano del Asiago; no es únicamente el cuento de tradición
oral que explican los pastores las noches de invierno después de haber
recogido el rebaño. Es también el relato crepuscular de un tiempo que
se fue, quizás prematuramente, de forma violenta, al ritmo de la primera
gran guerra. Y ese tránsito penoso es magistralmente llevado por un excelente
guía; un pastor sin estudios pero de exquisita tradición humanista, que
le echa un pulso a la historia sabiendo de antemano lo inútil del asunto.
Un hombre de paz que ante la agresión no devuelve el golpe, se limita
sabiamente a encender la pipa y deja que pase la tormenta.
Después de una de sus excursiones con productos de contrabando al otro
lado de la frontera, Tönle es cogido por los guardias. En un descuido
de estos escapa. Pero para evitar ser encarcelado, peregrina durante el
año por el centro de Europa para volver a casa durante los inviernos.
Ese recorrido físico y vital lo hermana al Danubio de Magris. El Danubio
recorre, igual que él, los territorios de la Europa central uniendo a
sus pueblos. Tönle hace lo mismo y es testigo de esa convivencia armónica;
recoge experiencias e historias que luego, cuando regresa, transmite a
sus paisanos.
Mario Rigoni Stern pertenece a esa especie de hombres en extinción que
se sienten vinculados de una manera particular a su entorno más cercano
–los Alpes italianos– a la vez que, y sin ser una contradicción,
son herederos de aquella cultura de la Mitteleuropa. Su apellido y su
lugar de nacimiento nos revelan que no estamos ante un escritor italiano
al uso. Como su protagonista, Stern nació y pertenece a las montañas del
Asiago. Esto explica quién es Tönle y quiénes fueron los habitantes del
altiplano. Cómo vivieron y por qué se sentían arraigados a una civilización
de origen germánico que se diseminaba por toda Centroeuropa.
Historia de Tönle es un precioso relato limpio de ortopedias estéticas
en el que la descripción y el paso de las estaciones –que funcionan como
un personaje más– rigen las vidas de los habitantes alpinos que vieron
interrumpida su existencia por la guerra. Tönle espera sentado a los pies
de un olivo el fin de la contienda.
IVAN SERRANO TAPIADOR
Gestas
y opiniones del Doctor Faustroll
Alfred
Jarry
Trad. de José Fernández-Arroyo, Norberto Gimelfarb
March Editor,
Barcelona, 2004
142 págs., 14 euros
Publicada en 1911, cuatro años después de su muerte, las Gestas y opiniones
del Doctor Faustroll ha acabado por constituir una de las obras claves
de Jarry y el texto fundacional de la Escuela Patafísica. Sorprende aún
la poca difusión y el escaso conocimiento que entre nosotros se tiene
de la obra y figura de Alfred Jarry. No parece bastar para su reconocimiento
la pléyade de herederos y deudores que en mayor o menor medida se deben
a Jarry; una influencia que se extiende desde el teatro del absurdo de
Ionesco hasta el grupo Oulipo que, fundado por el eminente patafísico
Raymond Queneau, se postulaba contra los principios de la economía textual
de los Nouveaux Romanciers reivindicando la experimentación constante
con los infinitos recursos que ofrece el lenguaje literario, y que mucho
deben a las peripecias de un Faustroll, quien funda la patafísica en el
famoso capítulo VII de la obra: “la ciencia de las soluciones imaginarias
[...] que estudia las leyes que rigen las excepciones”, es decir la ciencia
de la no ciencia, la negación satírica de la epistemología positivista
que regía el conocimiento de su época.
La novela relata el viaje de Faustroll por un París que no es París, junto
al narrador de la obra, el alguacil Panmuphle, embargador de los bienes
del doctor por incumplimiento del contrato de alquiler le acompaña un
mono papión que sólo acierta a articular un “Ha, ha” ante todas las situaciones
que se suceden en la peripecia. Además de un catálogo de personajes, animales,
objetos e imágenes que, a manera de donoso escrutinio cervantino, Faustroll
salvará de su biblioteca para embarcarlos en un Arca de Noé que es en
realidad una cama de doce metros de largo que a su vez no es una cama
sino una criba, acta para la navegación por el mar de piedra de ese París
erigido como espacio mágico. Escrutinio benevolente con la tradición simbolista
de los Baudelaire, Mallarmé, Rimbaud, Verlaine o Lautréamont o con los
ecos ancestrales de la Odisea o las pantagruélicas aventuras de Rabelais.
Tradición de la que bebe Jarry para dislocar la realidad desde la cual
erige su Faustroll; para suplantar las ansias miméticas del Naturalismo
coetáneo y edificar un magma de imágenes fantásticas e imposibles. La
lectura, hoy, de Jarry, se presenta como un ejercicio que pone en solfa
las verdades absolutas. Una obra por la que no pasa ni pasará el tiempo,
de una modernidad aplastante, apta para este tiempo nuestro que se cimienta
sobre mentirosas verdades.
ÓSCAR CARREÑO
Tristano
muere
Antonio
Tabucchi
Trad.
de Carlos Gumpert
Anagrama,
Barcelona,
2004
192
págs., 14 euros
Tristano muere, y en el lecho de muerte se acuerda de Pascal
y su visión de la naturaleza como una esfera “cuyo centro está en todas
partes y su circunferencia en ninguna”, una esfera en la que pueden circunscribirse
por qué no la vida, por qué no la historia, por qué no el pasado, una
esfera que contiene los sueños, los recuerdos de los sueños, los sueños
de los recuerdos, todo ello alumbrado por ese hálito mágico que desprende
la memoria y que puede otorgar a lo solamente imaginado el cariz de lo
más intensamente vivido, y es en esa esfera ocupada por una suerte de
flujo biográfico en la que Tristano, moribundo y bajo los efectos de la
morfina, hunde las manos rescatando un recuerdo aquí, un recuerdo allá,
recuperando todo aquello que considera merecedor de la permanencia.
En sus últimos días, Tristano ejerce de arqueólogo de sus propias ruinas,
un terreno repleto de claroscuros, de surcos engañosos e indicaciones
vagas que escudriña con el fin de recomponer el estropicio y fijar la
versión definitiva de su vida. Pero la labor retrospectiva no es inocente
ni desinteresada, pues su registro es encomendado a un escritor anónimo
que ya había publicado una novela sobre Tristano y que ahora deberá enfrentarse
a la versión en carne y hueso de su antiguo personaje, deberá acompañarlo
en su agonía y escucharlo como confidente, y anotarlo como testimonio.
El Tristano moribundo volverá sobre los hechos tratados en la novela anterior
para dudar de la honestidad del escritor y la literatura, para reprocharle
que se vistiera con su piel, que se convirtiera en él y le robara la palabra
y la libertad.
Antes de morir, Tristano pide no “ser aquel que relata”, sino “ser relatado”,
delega la sujeción del testigo aún siendo consciente que las cosas pueden
dejar de pertenecer a quien las dice para pertenecer a quien las escribe.
Por ese motivo, el escritor se ausenta del texto y deja que sea la voz
de Tristano y no su voz la que hable, por ese motivo escribe lo que ningún
escritor escribiría, por eso lo incluye todo, incluso el delirio, las
dudas, las contradicciones, para que la escultura textual sea en esta
ocasión un homenaje justo y sincero, para respetar la inmediatez de un
testigo por quien ya nadie testificará jamás. La verdad histórica perdurará
en la palabra impresa, en la subjetividad de las palabras y no en la objetividad
de los hechos, perdurará en lo que se consiga repescar de esa esfera que
Tristano hurga mientras Tristano muere.
ALBERT GRABULOSA
A
las que amamos
Aleksandar
Tisma
Trad. de Luisa Fernanda Garrido y Tihomir Pistelek
El Acantilado
Barcelona, 2004
139
págs., 12 euros
De madre judía húngara y de padre serbio, Aleksandar Tisma (Novi Sad-Voivodina,
1924-2003), estuvo preso en un campo de concentración hasta 1944, cuando
se unió al ejército de liberación para, décadas después, acabar refugiándose
en Francia. Tisma es autor también de Los usos del hombre (Anaya &
Mario Muchnik, 1997) y de El Kapo (El Acantilado, 2004). Su obra nace
de la vivencia del drama del superviviente: “Todos los que hemos sobrevivido
a la Segunda Guerra Mundial fuimos cómplices y culpables de la muerte
de los demás”. En ese sentido su obra es tan esencial en el panorama europeo
como Sin destino de Kertész o Si esto es un hombre de Levi.
En A las que amamos (El Acantilado, 2004), Tisma retrata el mundo de la
prostitución en un país que sufre los estragos de la posguerra. Novi Sad
es el escenario, esa ciudad famosa por ser un cruce de culturas y mosaico
étnico y religioso al borde del Danubio, que sufre de manera directa la
miseria y salpica a todos los hombres y mujeres en su vida cotidiana.
Las grandes protagonistas de esta novela son las mujeres, a las que la
necesidad de preservar sus vidas y conseguir dignidad material las lleva
a comerciar con lo único que tienen: su cuerpo y el deseo que éste provoca
en los hombres. Tisma las retrata magistralmente en su intimidad, en su
día a día. Es una novela que recrea interiores, lugares que la guerra
ha dejado en penumbras. Atravesamos umbrales para ver fogones fríos y
“camas sin un trozo de sábana”, cruzamos pasillos y entramos en cocinas
mohosas y buhardillas mal ventiladas. La escasez se refleja también en
sus cuerpos. Pero la de Tisma es una mirada tierna que no se regocija
en la sordidez.
Beba sobresale como la mujer protagonista. La novela recorre su iniciación
y el lector comprende las circunstancias que la llevan a dejarse llevar
por el consejo de otras mujeres. Ella “es una mujer abandonada, engañada,
pero una mujer que, por desgracia, no atiende a razones, como si la experiencia
no le hubiera bastado”. Al final la protagonista toma conciencia del deseo
que suscita su cuerpo y decide vivir de acuerdo a ello.
Eva Arroyo Jaén
Chicas
Nic
Kelman
Trad.
de Julieta LIonetti
Poliedro,
Barcelona
2004
219
págs., 16 euros
En Chicas abundan las sensaciones corruptas y el depredador deseo del
cuerpo joven por otros cuerpos que ya no lo son tanto. Es un libro donde
la provocación, la reflexión con visos históricos y sociológicos, el sexo
explícito, los viajes de negocios a exóticos paisajes, batallan entre
sí. Pero acaso en estas lides ganadas o perdidas en el siempre peligroso
campo de las relaciones sexuales –con una chica que aún no ha rebasado
los dieciocho y bajo el tibio refugio de sus padres– no hay otra intención
que combatir y ratificar esa idea de que uno, pasada cierta edad y un
número no menor de viciadas rutinas, se cree con fuerzas para volver a
ese tiempo en el que la testosterona era la reina y nosotros sus príncipes.
Alternan en la historia la primera persona y la segunda, aunque por momentos,
ambas se funden dentro de un mismo pasaje, creando esa impresión de oralidad
y confianza sobre aquello que se nos cuenta, y que vive o sucede, no lejos
de nosotros. Cierto que las interpolaciones de los versos de la Iliada
y la Odisea podrían parecernos gratuitos. Sin embargo se siente que obran
en la narración, dentro de su aparente estructura dispersa, como los elementos
añadidos que sostienen, rítmicamente, la historia mil veces repetida del
viaje a la máxima intensidad: recordemos que la batalla en el campo de
Troya no duró más de cinco días. Y a la comprometida y errática travesía
del astuto Ulises antes de arribar a su casa después de años de ausencia
para encontrarse con los suyos y liberarlos. Un personaje de la novela
de Kelman descubre esta reflexión: “Es como si esa chica me hubiese recordado
que hay algo más en el ancho mundo”. ¿Qué le recordó esa chica al maduro
cuarentón sobre el ancho mundo del ayer? Que ya no existe. Esta certeza
le pone sobre la pista de la firmeza del cuerpo, porque es probable que
ahí, en esa ninfa-niña a la que aún no le han brotado las alas del cálculo
y su vasallo el temor, encontremos a otro yo, tal vez un poco más decrépito,
pero espejo al fin y al cabo de lo que nos estaba por llegar. Como si
se tratara de una ofrenda nueva en un templo demasiado hoyado por los
idolillos de la sensualidad y el divertimento. Esta novela provoca, con
nostálgica felicidad, una lectura de una seducción implacable.
UBALDO R. OLIVERO
Literatura
Catalana
Adrada
Jaume
Subirana
El
Balancí, Edicions 62
Barcelona,
2005
171
págs., 18,50 euros
Adrada es muchas cosas, pero por encima de todo es un libro de notas que
recupera el canal escrito como soporte de la memoria. En conjunto, se
trata de un dietario que mezcla relato, poesía y ensayo, realidad y ficción,
crítica y creación literarias. Adrada es la continuación de la trilogía
que Subirana comenzó con Suomenlinna (Proa, 2000) y también un recipiente
donde cabe cualquier tema. De este modo, Subirana se instala dentro de
la tradición del dietario, que en la literatura catalana ha tenido claros
exponentes con Pla, Soldevila o Gimferrer, para presentar de forma sumamente
fragmentada y dispersa un conjunto extenso de ideas y visiones que tienen
un denominador común: la versatilidad del yo.
Subirana rompe con las reglas clásicas del género invirtiendo el hilo
cronológico de sus notas, y divide la obra en doce capítulos que van desde
diciembre a enero, de 2004 a 2000. Una obra estructuralmente cerrada por
su entidad cíclica y que representa el funcionamiento de nuestra memoria.
El espejo rodorediano ya aparece roto en el inicio de la obra, a modo
de explosión de pedazos de vida que se nos presentan bajo la forma de
entradas léxicas de diccionario, rápidas y afiladas. Un mosaico que nace
de la voluntad del autor de decir lo que piensa, homenajear a los que
admira (Carner, Verdaguer) y ridiculizar a los que no soporta (Aznar,
Bush), todo a través de una voz polifónica que toca la heterogeneidad
de caras de la existencia. En Adrada hay sitio para el aspecto individual,
familiar, ocupacional, cultural, crítico y poético de la vida; para la
política, la música, la traducción, el juego lingüístico, la pesca, etc. porque el autor afirma que este desmenuzamiento
“és la sola possibilitat d’atrapar algun reflex del que abans en deien
veritat literària.”
Subirana, hombre de letras comprometido con la lengua y la cultura catalanas,
hace una crítica mordaz, no exenta de ironía y siempre tocando de pies
con el suelo, de la política actual, a la vez que deja entrever el panorama
sociolingüístico y cultural del país. El autor ha observado y ha reflexionado
para después sacar a la luz el mercantilismo cultural y las estrategias
editoriales que se esconden bajo el deseo de equiparar la literatura catalana
con el resto de literaturas. En Adrada aparece una cita de Perejaume:
“en català cada cop hi ha més coses que callen”. Subirana no se calla.
ESTER PINO ESTIVILL
Poesía
Blues
Langston
Hughes
Pre-textos,
Valencia, 2004
198 págs., 15 euros
En Harlem y en las décadas de los años veinte y treinta, coinciden escritores
tan importantes como Langston Hughes, Countee Cullen o Zora Neale Hurston,
quienes en pleno auge de las vanguardias deciden explorar las posibilidades
literarias de la cultura afroamericana. Les acompañan, en otros ámbitos
expresivos, otros artistas negros, de entre los cuales conocemos sobre
todo a los músicos de jazz y de blues. Langston Hughes (1902-1967) es
considerado como uno de los referentes de la época. Persona inquieta,
que viajó a México, África, Rusia y Europa –también España– es autor de
libros de poemas, relatos, ensayos y de su autobiografía.
Así, funda su poética literaria en la revalorización de la cultura africana,
dentro del amplio contexto americano, y en el uso de temas folclóricos
y patrones rítmicos provenientes de la mencionada cultura. No extraña
entonces su interés –casi obsesión– por el jazz, por las composiciones
de Duke Ellington, Cab Calloway, o Count Basie, o por el blues – son numerosos
los poemas con su estructura rítmica, y podrían ser cantados como tales
sin la menor dificultad– o el uso de la lengua hablada afroamericana.
Si se tiene en cuenta que la poesía americana de entonces estaba dominada
por la poesía culturalista de Ezra Pound o TS. Eliot, la abstracción de
Wallace Stevens, o el minimalismo de William Carlos Williams, el lector
se dará cuenta de la valentía de Hughes –y de otros escritores negros
de entonces– al fijarse en lo popular negro. Lo que no quiere decir que
Hughes no conociera la tradición americana y europea, tal y como “El Negro
habla de ríos” o “Yo, también” demuestran. “Jazzonia”
o “La joven bailarina desnuda” atestiguan la reivindicación de
lo africano; otros como “El blues de la añoranza” o “Los cansados blues”,
su pasión por la música.
Blues es una buena antología para quien quiera iniciarse en su poesía.
La traductora se deja llevar –con acierto– por su afición musical y selecciona
aquellos que tienen que ver con la música. Prefiere los dos primeros libros
The Weary Blues (1926) y Fine Clothes to the Jew (1927), que recogen la
frescura de los inicios, y deja de lado otros más complejos como Montage
of a Dream Deferred (1951) o Ask Your Mamma (1961). En general, la selección
es equilibrada y el lector puede formarse una idea cabal. La introducción
y las notas finales son de mucha ayuda a la hora de entender el contexto
y al autor, y abren sendas al lector curioso para posteriores inquisiciones
en una época más que interesante. Habría sido de desear en la traducción
una mayor cercanía a la musicalidad del blues, y un uso, si no calcado,
sí cercano al habla coloquial.
SANTIAGO RODRÍGUEZ GUERRERO-STRACHAN
Ensayo
Porno,
marihuana y espaldas mojadas
Eric
Schlosser
Trad.
De Francisco J. Ramos Mena
Debate,
Madrid,
2004
412
págs., 20,90 euros
El subtítulo del libro es: “La economía sumergida en los Estados Unidos”,
su lectura nos da tres ensayos de extensión desigual sobre temas distintos,
unidos por un prólogo que nos indica su relación con la misma. Cada uno
de estos textos hubiera podido crecer hasta ser un libro independiente,
juntos no acaban de formarlo.
El primer ensayo, dedicado a la marihuana, explica que ésta es uno de
los principales cultivos de los Estados Unidos. Insiste sin embargo menos
en su aspecto comercial que en la manera en que las leyes que la regulan
se han endurecido, limitando los derechos civiles y como ejemplo de la
locura de esas leyes, y de su dispar aplicación, se concentra en el caso
de Mark Young y en la condena desproporcionada que recibió por su rol
como pequeño vendedor.
El uso del factor humano sobre la estadística es característico del libro,
y así de nuevo el tercer ensayo trata de mostrarnos la industria pornográfica
a través de uno de sus personajes, Reuben Sturman, que en el texto progresa
de comerciante con visión de futuro, pater familias generoso y defensor
de las libertades civiles, a evasor de impuestos y criminal dispuesto
a la violencia. Su historia no debería bastar para incluir la pornografía
entre los negocios irregulares en un momento en que los Hoteles Marriott
pasan películas porno, distribuidas por AOL-Time-Warner, y un pornógrafo,
Larry Flint, es candidato a la gobernatura de California.
El segundo ensayo, el más breve, se concentra en la mano de obra ilegal
y en por qué tanto grandes compañías como pequeños agricultores prefieren
usar sus servicios. La mitad de las fresas consumidas en Estados Unidos
son cultivadas en California y recogidas por mano de obra ilegal. Las
condiciones horribles en que tienen que vivir esos trabajadores, la creación
de un subproletariado sin derechos, son temas de este texto, probablemente
este último el de más importancia en España, ya que son las mismas condiciones
que se dan aquí, en áreas de conflicto como El Ejido.
Inicialmente desilusionado, acabó gustándome un libro que, sin dar lo
que ofrece, informa en profundidad, con abundantes datos, sobre aspectos
poco conocidos no sólo de la economía norteamericana sino de la relación,
a veces incómoda, entre los Estados Unidos y sus ciudadanos.
J. C. CASTILLÓN
La
vida sexual de Immanuel Kant
Jean-Baptiste
Botul
Trad.
de Juan Francisco Megías con un ensayo de Alexandra Makowiak
Arena
Libros,
Madrid,
2004
91
págs., 10 euros
La vida de Kant, casi desde su misma muerte, ha estado rodeada por la
leyenda y enmascarada por unos interesados malentendidos que fomentaron
sus primeros biógrafos –Wasianski, Jachmann- que sí habían tratado al
filósofo de Königsberg pero que, quizá por ello mismo, dieron de él una
imagen irreal. Filósofo sin “vida”, luminaria metafísica, parece que sólo
sus manías y su vejez patética –novelada con habilidad por Thomas de Quincey–
han trascendido. Lo cierto, sin embargo, como recientemente mostró Manfred
Kuehn en su espléndida biografía, es que su vida no fue esa caricatura
que la tradición parecía obligarnos a creer, y de la que el misterioso
Jean-Baptiste Botul se sirve en estas deliciosas conferencias para interrogarse
sobre la vida sexual del creador de la filosofía crítica. Impartidas en
Paraguay en mayo de 1946, según nos informa Fréderic Pagés en la presentación,
a una fantástica audiencia de emigrantes alemanes que habían constituido
una nueva Königsberg, La vida sexual de Immanuel Kant, es un inteligente
divertimento que a partir de la imagen caricaturizada del pensador prusiano
–y en parte propiciada por algunas estupideces escritas por el propio
Kant– se interroga sobre la condición del filósofo –de la filosofía, en
suma– situando al sexo en el centro del pensar kantiano. Desmitificador,
irónico, inteligente y manipulador, Botul traza líneas chispeantes, desliza
“botuladas” sorprendentes y explica la peculiar reproducción asexual,
aséptica y melancólica de los filósofos con una fuerza y una gracia que
encantan. El final, antes de ser corregida toda la obra por la mayor ecuanimidad
y contención del ensayo de Alexandra Makowiak, es un tanto amenazador
y estruendoso: un Kant de doble vida cuya razón engendra monstruos; un
precursor posible, involuntario, inevitable del nazismo. El “inexistente”
Botul, a partir de la inexistencia de la sexualidad kantiana, dibuja,
en fin, una imagen caricaturesca pero sugerente, de Kant, injusta e inquietante:
una lectura deliciosa, sin duda.
ANTONIO GARCÍA VILA
Apócrifos
del Libro
Emilio
Pascual
Ilustrador:
Javier Serrano
Alianza,
Madrid,
2004
157
págs., 15 euros
Estos Apócrifos del Libro están escritos desde los libros, como una reivindicación
del plural frente a la dictadura del singular, de la minúscula democrática
frente a la mayúscula intolerante, porque Emilio Pascual, lector atento,
minucioso e ilustrado, a fuer de volteriano, ha querido tomar como pretexto
la Biblia para poner de relieve el oscurantismo ideológico y la brillantez
narrativa y lírica que en ella se dan la mano. Recorre ese camino de la
mano de las ilustraciones sorprendentes de Javier Serrano, con una recreación
personalísima del románico y una visión del cuerpo y de la composición
que me recuerdan a Tamara de Lempicka. Las ilustraciones son parte esencial
de los Apócrifos y en sí mismas
tienen una capacidad de interpretación –¡ahí está la impagable de Job,
por ejemplo!– dignas de la pluma pascual con quien conviven.
Original en estos Apócrifos que glosan algunas de las historias más
conocidas de la Biblia. Lo usual es que se nos ofrezca “la otra cara de
la historia oficial”, lo que implica una reescritura de la misma para
despojar al Libro de sus muchos defectos, entre los que su carácter intransigente
de pieza sagrada e irrebatible destaca con demérito propio. En ese proceso
de demolición, Emilio Pascual ha empleado una prosa que mezcla sabiamente
el lirismo y la diatriba, de modo que podemos encontrar desde el poema
que glosa dos versos del Cantar de cantares hasta la airada queja de Leviatán.Todo
el libro está habitado por una ironía que exige la lectura atenta, como
en el caso de “La anábasis del Mago”, cuando Moisés habla con Dios e intercala
ese inciso maravilloso, “Aquí, entre profesionales”, que tanto dice a
quien quiera enterarse. Pero junto a esa virtud, podríamos decir intelectual,
encontramos la intelectora, esto es, el tejido de relaciones literarias
con que Emilio Pascual, en forma de ecos, alusiones directas o recreaciones
ha abrigado estos Apócrifos. Es éste, en fin, un libro que, en su brevedad,
invita a la relectura, para degustar ese “mosto de granadas” que rezuma
por sus cuatro costados, los escritos y los ilustrados.
DIMAS MAS
Literatura infantil
De niños y algo más
El
cuento de los reyes magos (bien contado)
Dominique Jorand y Pablo Rulfo
Thule, Colección Trampantojo,
Barcelona, 2004
96 págs., 11,52 euros
El
apestoso hombre queso y otros cuentos maravillosamente estúpidos
Jon
Scieszka y Lane Smith
Trad.
de Jorge González Batle, Aloe Azid. Ilustrador, Lane Smith
Thule,
Colección Trampantojo,
Barcelona,
2004
52
págs., 17,18 euros
Thule acaba de iniciar su camino por la literatura infantil ilustrada
de forma maravillosa con dos buenos álbumes: El cuento de los reyes Magos
(bien contado) y El apestoso hombre queso y otros cuentos maravillosamente
estúpidos. Ambos tienen en común su afán por mostrar los entresijos de
contar o inventar historias, un narrador que intenta poner orden página
tras página y un claro homenaje a los viejos cuentos, esos que viajan
de boca a boca.
En El cuento de los reyes magos, Dominique Jorand parte de un juego constante
de equivocaciones, muy parecido al que utilizaba Rodari en sus ejercicios
de Gramática de la fantasía, para ir construyendo la verdadera historia
de los reyes magos. El collage, en el que los personajes parece que vuelen
y las rectificaciones se inmiscuyen por cualquier parte del dibujo mostrando
el camino del texto, se presenta como la mejor técnica para ilustrar una
historia de equívocos y superposiciones. El álbum alterna las ilustraciones
de Pablo Rulfo con páginas de recapitulación, en las que el narrador pone
orden a todo lo que hasta el momento ha entendido, para poder comenzar
de nuevo con la historia y llegar, no antes de muchos otros errores, al
final del cuento.
Entre las páginas de El apestoso hombre
queso, la confusión también es el elemento clave. Una gallina a la cual
nadie hace caso, un índice que cae aplastando a los personajes de todo
un cuento, garbanzos que pasan a ser bolas de jugar a bolos o Juan –un
narrador que cuenta las historias antes de tiempo, mosqueando, entre otros,
al lobo feroz– conviven con personajes que se han equivocado de cuento,
gigantes que pretenden inventar historias al más puro estilo dadaísta
o un apestoso hombre queso que huye sin ser perseguido. Un álbum en el
que las ilustraciones de Lane Smith y el texto de Jon Scieszka cazan de
forma perfecta hasta en el más mínimo detalle, conformando un todo maravillosamente
divertido y encantadoramente irreverente.
Puede que, como dice Juan en la introducción, les falte una pizca
de magia y maravilla, pero estos cuentos maravillosamente estúpidos se
convierten en una delicia para todo tipo de lector, una delicia que se
prolonga hasta el último instante, cuando el libro se cierra y algunos
personajes todavía andan sueltos por sus tapas. Una nueva colección de
literatura infantil cuyo nacimiento celebramos y que esperamos nos deleite
con nuevos títulos del mismo estilo juguetón.
ANNA JUAN CANTAVELLA
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