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marzo 2005
Nº 123

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Estantería

Fe de Erratas
Por problemas de imprenta, en la sección "estantería" de la versión impresa del número 123 de la revista -el que ahora tienes en pantalla-, se repiten tres reseñas. Apelamos a tu comprensión, lector.

Narrativa Hispánica

La luna nómada
Leonardo Valencia
Algaida,
Cádiz, 2004
216 págs., 15,38  euros

No sentirse en casa en ninguna parte, pero sentirse bien casi en todos los sitios”. Con esta cita de Georges Perec abre Leonardo Valencia (Guayaquil, 1969) esta colección de catorce cuentos. Los personajes del escritor ecuatoriano afincado en Barcelona se toman al pie de la letra dicha máxima. El viaje lo viven como una experiencia positiva y placentera, a la que conceptos como exilio,  destierro o huida, tan habituales en la narrativa hispanoamericana, le son bastante ajenos. Los cuentos trascurren de la forma nómada que anuncia el título, entre Cuba, la China Imperial, Roma y los aledaños o Guayaquil. 


Como es habitual en los libros de cuentos de escritores incipientes el resultado tiende a la disparidad. Hay cuentos magníficos –“El demonio en Palestina” o “No se necesita una razón”–, aunque alguno se desmarque de la médula espinal del libro –“Insuperable capítulo seis”–. Algunos otros relatos empiezan golosos pero el remate no está a la altura –“Las emisarias”–. En otros Valencia ensaya diferentes recursos como el realismo mágico –“Relato de la extranjera”– o la novela histórica –“La trama de Montoya”–. Con todo, el autor de la novela El desterrado (Debate, 2000) demuestra ser un narrador de raza capaz de captar el interés del lector con una prosa trabajada pero de gran fluidez. Si de algo todavía carece su narrativa es de unos motivos o unos tics que inequívocamente puedan denominarse leonardovalencianos. En definitiva, de un territorio narrativo propio bien perfilado.  
Valencia publicó un libro homónimo en Lima en 1995 y luego una reedición retocada en su ciudad natal en 1998. Ahora nos ofrece la tercera versión en la que también se añaden cuentos, se reescriben algunos y se suprimen otros sin que se nos den razones ni noticias para saber en qué medida esta edición mejora o altera las anteriores. En el post scriptum da fe de la voluntad de alumbrar un libro nómada que jamás quede fijado sino que esté sometido a un movimiento perpetuo. A esta pretensión –a la que cabría enfrentar que se tratase de tres lunas, y no de una sola en sus diferentes fases– es oportuno enfrentar la enseñanza que Borges dejó en el “Pierre Menard”. Es el lector, en el ejercicio libérrimo de la lectura, el que provoca mutaciones en el libro y lo convierte en nómada. Tanto es así que cualquier lector del Quijote es quien convierte dicha obra en un nuevo Quijote y, entonces sí, en un libro nómada. 

QUIM PÉREZ

Magia
Manuel Vilas
DVD Ediciones,
Barcelona, 2004
229 págs., 12,31 euros


Magia niega a la novela lo que la vida niega al ser humano. Está construida sobre una estructura tan compleja que el lector la sobrenada sin dificultad, o tan inexistente que el lector explorador se pierde en un laberinto de vericuetos y trampas. En cualquiera de los dos casos, la historia se enreda alrededor de múltiples columnas transparentes que, según la luz, impresionan al visitante con un juego de verbo emocionante. Porque el libro de Manuel Vilas es, ante todo, pisos, calles, edificios y ciudad derruida por seres desmembrados, gigantes y vampíricos, huecos e insaciables. La historia no avanza, vive atrapada en el interior de una ciénaga que esconde múltiples peligros que se deslizan entre las piernas, que se engancharán a ellas a la mínima oportunidad, una ciénaga cosmopolita abierta en una avenida céntrica que se extiende a lo largo de las callejas y callejones, en la que late un corazón sin sangre.

La prosa es clara y diáfana, pero consigue, por acumulación, convertirse en oscura e inalcanzable. Leído un párrafo al azar, éste se entiende con facilidad. Un capítulo, extraña e inquieta. La novela, aturde y marea. La desorientación y desubicación de los personajes se contagia y se instala sin posibilidad de una rápida curación. Mal urbano, quién no se pondría a gritar en el interior del vagón de un metro desafiando a la soledad, reclamando la atención que nadie merece.

El autor es ante todo poeta, y pone su oficio y naturaleza al servicio de una obra monumental. En Magia encontramos mito, trascendencia, la necesidad y la voluntad de impregnar este exceso de materialismo con leyenda, de ofrecer la oportunidad a un renacimiento, a la resurrección de la belleza, a la flor que se alimenta de la escoria. Y se revela un mundo alternativo, al volver de la esquina, después del quiosco sin diarios, un paisaje que el autor está dispuesto a pintar, aunque sea a base de grises. Magia es un grito sordo y prolongado de una sociedad que se muere, de un modelo que se resquebraja a pedazos sin encontrar alternativa.  Magia no es un libro fácil, pero la vida tampoco lo es.
CARLOS PUJALTE

New York Shitty
Germán Sánchez Espeso
El Tercer Nombre,
Madrid, 2004
348 págs., 18 euros


Pese a situarnos en Nueva York, Sánchez Espeso retoma unos referentes peculiares de cierta narrativa española, la que se ocupa del esperpento, la de Valle Inclán y Pedro Almodóvar. La cuestión que debe resolverse es qué ocurre cuando ese planteamiento se traslada a una urbe en que las dimensiones no son humanas, y que aquí se soluciona inflando hasta lo caricaturesco las magnitudes obscenas y anales de los personajes y la acción. New York Shitty es una novela desvergonzada, chistosa y que transcurre a toda pastilla, sin permitir descansos para cosas tan necesarias como la belleza. Con la apariencia de una gamberrada, con el estilo de la novela negra de serie B en la que la voz del narrador es la de un matón barato, presenciamos una cadena de sucesos impíos en la que los protagonistas pasan a segundo plano, dejando que los dueños de la novela sean las hemorroides, las erecciones, la pornografía que se oye o los artículos chocantes de las sex shops. Los hombres son priápicos, las mujeres ninfómanas y todos padecen problemas de incontinencia por culpa de alguno de los agujeros por los que se segregan sustancias desagradables que produce nuestro organismo. No se respeta ni a los muertos, ni a los niños ni a los animales (cuyo principal atributo es que cagan). Ni se respeta la vida que es algo así como el remolino del desagüe del fregadero.

Esta comedia, a veces solamente sensacionalista, se organiza atendiendo, en la mayoría de los capítulos, a lo que hace un personaje del grupo cerrado de figuras, lo cual provoca una sensación de teatralidad que impide hacernos creíble la historia. La estructura de eslabones permite a la casualidad de los encuentros hacerse ama y señora de las calles, pues en una ciudad tan grande no hay lugar para que la gente se conozca. De hecho, ni siquiera se folla en la cama sino allí d
onde coincidan los personajes. Sánchez Espeso apuesta por una insegura combinación de sarcasmo y decadencia, sin salir del todo bien librado: podría haber algo más que entretenimiento empaquetado en esta novela, podría traslucirse algo de elogio o denuncia dado que Nueva York es el paradigma de las ciudades occidentales. Pero, ¿puede un narrador que es un viejo verde ser crítico?, ¿no recurrirá al ingenio, al sarcasmo o al cinismo, apuntando que hay algo corruptamente atractivo en la juerga utilizada para describir la sociedad? ¿Y por qué no proponer alternativas? ¿Acaso esto se deba a que otras opciones no existen? Así pues, riámonos de un Nueva York imposibilitado para superar la fase anal.
RICARDO MARTÍNEZ LLORCA


Narrativa Extranjera

Historia de Tönle
Mario Rigoni Sern
Trad. de César Palma
Pre-textos,
Valencia, 2004
97 págs., 8,67 euros


La historia de Tönle es la historia de su autor y de sus vecinos. La historia de una Europa casi mítica que desapareció en los albores del siglo xx.

Porque la historia que Mario Rigoni Stern nos explica no es sólo la vida de un pastor del altiplano del Asiago; no es únicamente el cuento de tradición oral que explican los pastores las noches de invierno después de haber recogido el rebaño. Es también el relato crepuscular de un tiempo que se fue, quizás prematuramente, de forma violenta, al ritmo de la primera gran guerra. Y ese tránsito penoso es magistralmente llevado por un excelente guía; un pastor sin estudios pero de exquisita tradición humanista, que le echa un pulso a la historia sabiendo de antemano lo inútil del asunto. Un hombre de paz que ante la agresión no devuelve el golpe, se limita sabiamente a encender la pipa y deja que pase la tormenta.

Después de una de sus excursiones con productos de contrabando al otro lado de la frontera, Tönle es cogido por los guardias. En un descuido de estos escapa. Pero para evitar ser encarcelado, peregrina durante el año por el centro de Europa para volver a casa durante los inviernos. Ese recorrido físico y vital lo hermana al Danubio de Magris. El Danubio recorre, igual que él, los territorios de la Europa central uniendo a sus pueblos. Tönle hace lo mismo y es testigo de esa convivencia armónica; recoge experiencias e historias que luego, cuando regresa, transmite a sus paisanos.

Mario Rigoni Stern pertenece a esa especie de hombres en extinción que se sienten vinculados de una manera particular a su entorno más cercano –los Alpes italianos–  a la vez que, y sin ser una contradicción, son herederos de aquella cultura de la Mitteleuropa. Su apellido y su lugar de nacimiento nos revelan que no estamos ante un escritor italiano al uso. Como su protagonista, Stern nació y pertenece a las montañas del Asiago. Esto explica quién es Tönle y quiénes fueron los habitantes del altiplano. Cómo vivieron y por qué se sentían arraigados a una civilización de origen germánico que se diseminaba por toda Centroeuropa.

Historia de Tönle es un precioso relato limpio de ortopedias estéticas en el que la descripción y el paso de las estaciones –que funcionan como un personaje más– rigen las vidas de los habitantes alpinos que vieron interrumpida su existencia por la guerra. Tönle espera sentado a los pies de un olivo el fin de la contienda.

IVAN SERRANO TAPIADOR

Gestas y opiniones del Doctor Faustroll
Alfred Jarry
Trad. de José Fernández-Arroyo, Norberto Gimelfarb
March Editor,
Barcelona, 2004
142 págs.,  14 euros


Publicada en 1911, cuatro años después de su muerte, las Gestas y opiniones del Doctor Faustroll ha acabado por constituir una de las obras claves de Jarry y el texto fundacional de la Escuela Patafísica. Sorprende aún la poca difusión y el escaso conocimiento que entre nosotros se tiene de la obra y figura de Alfred Jarry. No parece bastar para su reconocimiento la pléyade de herederos y deudores que en mayor o menor medida se deben a Jarry; una influencia que se extiende desde el teatro del absurdo de Ionesco hasta el grupo Oulipo que, fundado por el eminente patafísico Raymond Queneau, se postulaba contra los principios de la economía textual de los Nouveaux Romanciers reivindicando la experimentación constante con los infinitos recursos que ofrece el lenguaje literario, y que mucho deben a las peripecias de un Faustroll, quien funda la patafísica en el famoso capítulo VII de la obra: “la ciencia de las soluciones imaginarias [...] que estudia las leyes que rigen las excepciones”, es decir la ciencia de la no ciencia, la negación satírica de la epistemología positivista que regía el conocimiento de su época.

La novela relata el viaje de Faustroll por un París que no es París, junto al narrador de la obra, el alguacil Panmuphle, embargador de los bienes del doctor por incumplimiento del contrato de alquiler le acompaña un mono papión que sólo acierta a articular un “Ha, ha” ante todas las situaciones que se suceden en la peripecia. Además de un catálogo de personajes, animales, objetos e imágenes que, a manera de donoso escrutinio cervantino, Faustroll salvará de su biblioteca para embarcarlos en un Arca de Noé que es en realidad una cama de doce metros de largo que a su vez no es una cama sino una criba, acta para la navegación por el mar de piedra de ese París erigido como espacio mágico. Escrutinio benevolente con la tradición simbolista de los Baudelaire, Mallarmé, Rimbaud, Verlaine o Lautréamont o con los ecos ancestrales de la Odisea o las pantagruélicas aventuras de Rabelais. Tradición de la que bebe Jarry para dislocar la realidad desde la cual erige su Faustroll; para suplantar las ansias miméticas del Naturalismo coetáneo y edificar un magma de imágenes fantásticas e imposibles. La lectura, hoy, de Jarry, se presenta como un ejercicio que pone en solfa las verdades absolutas. Una obra por la que no pasa ni pasará el tiempo, de una modernidad aplastante, apta para este tiempo nuestro que se cimienta sobre mentirosas verdades.
ÓSCAR CARREÑO


Tristano muere
Antonio Tabucchi
Trad. de Carlos Gumpert
Anagrama,
Barcelona, 2004
192 págs., 14 euros

Tristano muere, y en el lecho de muerte se acuerda de Pascal y su visión de la naturaleza como una esfera “cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna”, una esfera en la que pueden circunscribirse por qué no la vida, por qué no la historia, por qué no el pasado, una esfera que contiene los sueños, los recuerdos de los sueños, los sueños de los recuerdos, todo ello alumbrado por ese hálito mágico que desprende la memoria y que puede otorgar a lo solamente imaginado el cariz de lo más intensamente vivido, y es en esa esfera ocupada por una suerte de flujo biográfico en la que Tristano, moribundo y bajo los efectos de la morfina, hunde las manos rescatando un recuerdo aquí, un recuerdo allá, recuperando todo aquello que considera merecedor de la permanencia.

En sus últimos días, Tristano ejerce de arqueólogo de sus propias ruinas, un terreno repleto de claroscuros, de surcos engañosos e indicaciones vagas que escudriña con el fin de recomponer el estropicio y fijar la versión definitiva de su vida. Pero la labor retrospectiva no es inocente ni desinteresada, pues su registro es encomendado a un escritor anónimo que ya había publicado una novela sobre Tristano y que ahora deberá enfrentarse a la versión en carne y hueso de su antiguo personaje, deberá acompañarlo en su agonía y escucharlo como confidente, y anotarlo como testimonio. El Tristano moribundo volverá sobre los hechos tratados en la novela anterior para dudar de la honestidad del escritor y la literatura, para reprocharle que se vistiera con su piel, que se convirtiera en él y le robara la palabra y la libertad.

Antes de morir, Tristano pide no “ser aquel que relata”, sino “ser relatado”, delega la sujeción del testigo aún siendo consciente que las cosas pueden dejar de pertenecer a quien las dice para pertenecer a quien las escribe. Por ese motivo, el escritor se ausenta del texto y deja que sea la voz de Tristano y no su voz la que hable, por ese motivo escribe lo que ningún escritor escribiría, por eso lo incluye todo, incluso el delirio, las dudas, las contradicciones, para que la escultura textual sea en esta ocasión un homenaje justo y sincero, para respetar la inmediatez de un testigo por quien ya nadie testificará jamás. La verdad histórica perdurará en la palabra impresa, en la subjetividad de las palabras y no en la objetividad de los hechos, perdurará en lo que se consiga repescar de esa esfera que Tristano hurga mientras Tristano muere.
ALBERT GRABULOSA

A las que amamos
Aleksandar Tisma
Trad. de Luisa Fernanda Garrido y Tihomir Pistelek
El Acantilado
Barcelona, 2004
139 págs., 12 euros

De madre judía húngara y de padre serbio, Aleksandar Tisma (Novi Sad-Voivodina, 1924-2003), estuvo preso en un campo de concentración hasta 1944, cuando se unió al ejército de liberación para, décadas después, acabar refugiándose en Francia. Tisma es autor también de Los usos del hombre (Anaya & Mario Muchnik, 1997) y de El Kapo (El Acantilado, 2004). Su obra nace de la vivencia del drama del superviviente: “Todos los que hemos sobrevivido a la Segunda Guerra Mundial fuimos cómplices y culpables de la muerte de los demás”. En ese sentido su obra es tan esencial en el panorama europeo como Sin destino de Kertész o Si esto es un hombre de Levi.

En A las que amamos (El Acantilado, 2004), Tisma retrata el mundo de la prostitución en un país que sufre los estragos de la posguerra. Novi Sad es el escenario, esa ciudad famosa por ser un cruce de culturas y mosaico étnico y religioso al borde del Danubio, que sufre de manera directa la miseria y salpica a todos los hombres y mujeres en su vida cotidiana.

Las grandes protagonistas de esta novela son las mujeres, a las que la necesidad de preservar sus vidas y conseguir dignidad material las lleva a comerciar con lo único que tienen: su cuerpo y el deseo que éste provoca en los hombres. Tisma las retrata magistralmente en su intimidad, en su día a día. Es una novela que recrea interiores, lugares que la guerra ha dejado en penumbras. Atravesamos umbrales para ver fogones fríos y “camas sin un trozo de sábana”, cruzamos pasillos y entramos en cocinas mohosas y buhardillas mal ventiladas. La escasez se refleja también en sus cuerpos. Pero la de Tisma es una mirada tierna que no se regocija en la sordidez.

Beba sobresale como la mujer protagonista. La novela recorre su iniciación y el lector comprende las circunstancias que la llevan a dejarse llevar por el consejo de otras mujeres. Ella “es una mujer abandonada, engañada, pero una mujer que, por desgracia, no atiende a razones, como si la experiencia no le hubiera bastado”. Al final la protagonista toma conciencia del deseo que suscita su cuerpo y decide vivir de acuerdo a ello.
Eva Arroyo Jaén

Chicas
Nic Kelman
Trad. de Julieta LIonetti
Poliedro,
Barcelona 2004
219 págs.,  16 euros

En Chicas abundan las sensaciones corruptas y el depredador deseo del cuerpo joven por otros cuerpos que ya no lo son tanto. Es un libro donde la provocación, la reflexión con visos históricos y sociológicos, el sexo explícito, los viajes de negocios a exóticos paisajes, batallan entre sí. Pero acaso en estas lides ganadas o perdidas en el siempre peligroso campo de las relaciones sexuales –con una chica que aún no ha rebasado los dieciocho y bajo el tibio refugio de sus padres– no hay otra intención que combatir y ratificar esa idea de que uno, pasada cierta edad y un número no menor de viciadas rutinas, se cree con fuerzas para volver a ese tiempo en el que la testosterona era la reina y nosotros sus príncipes.

Alternan en la historia la primera persona y la segunda, aunque por momentos, ambas se funden dentro de un mismo pasaje, creando esa impresión de oralidad y confianza sobre aquello que se nos cuenta, y que vive o sucede, no lejos de nosotros. Cierto que las interpolaciones de los versos de la Iliada y la Odisea podrían parecernos gratuitos. Sin embargo se siente que obran en la narración, dentro de su aparente estructura dispersa, como los elementos añadidos que sostienen, rítmicamente, la historia mil veces repetida del viaje a la máxima intensidad: recordemos que la batalla en el campo de Troya no duró más de cinco días. Y a la comprometida y errática travesía del astuto Ulises antes de arribar a su casa después de años de ausencia para encontrarse con los suyos y liberarlos. Un personaje de la novela de Kelman descubre esta reflexión: “Es como si esa chica me hubiese recordado que hay algo más en el ancho mundo”. ¿Qué le recordó esa chica al maduro cuarentón sobre el ancho mundo del ayer? Que ya no existe. Esta certeza le pone sobre la pista de la firmeza del cuerpo, porque es probable que ahí, en esa ninfa-niña a la que aún no le han brotado las alas del cálculo y su vasallo el temor, encontremos a otro yo, tal vez un poco más decrépito, pero espejo al fin y al cabo de lo que nos estaba por llegar. Como si se tratara de una ofrenda nueva en un templo demasiado hoyado por los idolillos de la sensualidad y el divertimento. Esta novela provoca, con nostálgica felicidad, una lectura de una seducción implacable.
UBALDO R. OLIVERO

Literatura Catalana

Adrada
Jaume Subirana
El Balancí, Edicions 62
Barcelona, 2005
171 págs., 18,50 euros


Adrada es muchas cosas, pero por encima de todo es un libro de notas que recupera el canal escrito como soporte de la memoria. En conjunto, se trata de un dietario que mezcla relato, poesía y ensayo, realidad y ficción, crítica y creación literarias. Adrada es la continuación de la trilogía que Subirana comenzó con Suomenlinna (Proa, 2000) y también un recipiente donde cabe cualquier tema. De este modo, Subirana se instala dentro de la tradición del dietario, que en la literatura catalana ha tenido claros exponentes con Pla, Soldevila o Gimferrer, para presentar de forma sumamente fragmentada y dispersa un conjunto extenso de ideas y visiones que tienen un denominador común: la versatilidad del yo.

Subirana rompe con las reglas clásicas del género invirtiendo el hilo cronológico de sus notas, y divide la obra en doce capítulos que van desde diciembre a enero, de 2004 a 2000. Una obra estructuralmente cerrada por su entidad cíclica y que representa el funcionamiento de nuestra memoria. El espejo rodorediano ya aparece roto en el inicio de la obra, a modo de explosión de pedazos de vida que se nos presentan bajo la forma de entradas léxicas de diccionario, rápidas y afiladas. Un mosaico que nace de la voluntad del autor de decir lo que piensa, homenajear a los que admira (Carner, Verdaguer) y ridiculizar a los que no soporta (Aznar, Bush), todo a través de una voz polifónica que toca la heterogeneidad de caras de la existencia. En Adrada hay sitio para el aspecto individual, familiar, ocupacional, cultural, crítico y poético de la vida; para la política, la música, la traducción, el juego lingüístico, la pesca, etc.  porque el autor afirma que este desmenuzamiento “és la sola possibilitat d’atrapar algun reflex del que abans en deien veritat literària.”

Subirana, hombre de letras comprometido con la lengua y la cultura catalanas, hace una crítica mordaz, no exenta de ironía y siempre tocando de pies con el suelo, de la política actual, a la vez que deja entrever el panorama sociolingüístico y cultural del país. El autor ha observado y ha reflexionado para después sacar a la luz el mercantilismo cultural y las estrategias editoriales que se esconden bajo el deseo de equiparar la literatura catalana con el resto de literaturas. En Adrada aparece una cita de Perejaume: “en català cada cop hi ha més coses que callen”. Subirana no se calla.
ESTER PINO ESTIVILL


Poesía


Blues
Langston Hughes
Pre-textos,
Valencia, 2004
198 págs., 15 euros



En Harlem y en las décadas de los años veinte y treinta, coinciden escritores tan importantes como Langston Hughes, Countee Cullen o Zora Neale Hurston, quienes en pleno auge de las vanguardias deciden explorar las posibilidades literarias de la cultura afroamericana. Les acompañan, en otros ámbitos expresivos, otros artistas negros, de entre los cuales conocemos sobre todo a los músicos de jazz y de blues. Langston Hughes (1902-1967) es considerado como uno de los referentes de la época. Persona inquieta, que viajó a México, África, Rusia y Europa –también España– es autor de libros de poemas, relatos, ensayos y de su autobiografía.

Así, funda su poética literaria en la revalorización de la cultura africana, dentro del amplio contexto americano, y en el uso de temas folclóricos y patrones rítmicos provenientes de la mencionada cultura. No extraña entonces su interés –casi obsesión– por el jazz, por las composiciones de Duke Ellington, Cab Calloway, o Count Basie, o por el blues – son numerosos los poemas con su estructura rítmica, y podrían ser cantados como tales sin la menor dificultad– o el uso de la lengua hablada afroamericana. Si se tiene en cuenta que la poesía americana de entonces estaba dominada por la poesía culturalista de Ezra Pound o TS. Eliot, la abstracción de Wallace Stevens, o el minimalismo de William Carlos Williams, el lector se dará cuenta de la valentía de Hughes –y de otros escritores negros de entonces– al fijarse en lo popular negro. Lo que no quiere decir que Hughes no conociera la tradición americana y europea, tal y como “El Negro habla de ríos” o “Yo, también” demuestran. “Jazzonia”  o “La joven bailarina desnuda” atestiguan la reivindicación de lo africano; otros como “El blues de la añoranza” o “Los cansados blues”, su pasión por la música.

Blues es una buena antología para quien quiera iniciarse en su poesía. La traductora se deja llevar –con acierto– por su afición musical y selecciona aquellos que tienen que ver con la música. Prefiere los dos primeros libros The Weary Blues (1926) y Fine Clothes to the Jew (1927), que recogen la frescura de los inicios, y deja de lado otros más complejos como Montage of a Dream Deferred (1951) o Ask Your Mamma (1961). En general, la selección es equilibrada y el lector puede formarse una idea cabal. La introducción y las notas finales son de mucha ayuda a la hora de entender el contexto y al autor, y abren sendas al lector curioso para posteriores inquisiciones en una época más que interesante. Habría sido de desear en la traducción una mayor cercanía a la musicalidad del blues, y un uso, si no calcado, sí cercano al habla coloquial.
SANTIAGO RODRÍGUEZ GUERRERO-STRACHAN


Ensayo


Porno, marihuana y espaldas mojadas
Eric Schlosser
Trad. De Francisco J. Ramos Mena
Debate,
Madrid, 2004
412 págs., 20,90 euros


El subtítulo del libro es: “La economía sumergida en los Estados Unidos”, su lectura nos da tres ensayos de extensión desigual sobre temas distintos, unidos por un prólogo que nos indica su relación con la misma. Cada uno de estos textos hubiera podido crecer hasta ser un libro independiente, juntos no acaban de formarlo.

El primer ensayo, dedicado a la marihuana, explica que ésta es uno de los principales cultivos de los Estados Unidos. Insiste sin embargo menos en su aspecto comercial que en la manera en que las leyes que la regulan se han endurecido, limitando los derechos civiles y como ejemplo de la locura de esas leyes, y de su dispar aplicación, se concentra en el caso de Mark Young y en la condena desproporcionada que recibió por su rol como pequeño vendedor.

El uso del factor humano sobre la estadística es característico del libro, y así de nuevo el tercer ensayo trata de mostrarnos la industria pornográfica a través de uno de sus personajes, Reuben Sturman, que en el texto progresa de comerciante con visión de futuro, pater familias generoso y defensor de las libertades civiles, a evasor de impuestos y criminal dispuesto a la violencia. Su historia no debería bastar para incluir la pornografía entre los negocios irregulares en un momento en que los Hoteles Marriott pasan películas porno, distribuidas por AOL-Time-Warner, y un pornógrafo, Larry Flint, es candidato a la gobernatura de California.

El segundo ensayo, el más breve, se concentra en la mano de obra ilegal y en por qué tanto grandes compañías como pequeños agricultores prefieren usar sus servicios. La mitad de las fresas consumidas en Estados Unidos son cultivadas en California y recogidas por mano de obra ilegal. Las condiciones horribles en que tienen que vivir esos trabajadores, la creación de un subproletariado sin derechos, son temas de este texto, probablemente este último el de más importancia en España, ya que son las mismas condiciones que se dan aquí, en áreas de conflicto como El Ejido.

Inicialmente desilusionado, acabó gustándome un libro que, sin dar lo que ofrece, informa en profundidad, con abundantes datos, sobre aspectos poco conocidos no sólo de la economía norteamericana sino de la relación, a veces incómoda, entre los Estados Unidos y sus ciudadanos.
J. C. CASTILLÓN

La vida sexual de Immanuel Kant
Jean-Baptiste Botul
Trad. de Juan Francisco Megías con un ensayo de Alexandra Makowiak
Arena Libros,
Madrid, 2004
91 págs., 10 euros


La vida de Kant, casi desde su misma muerte, ha estado rodeada por la leyenda y enmascarada por unos interesados malentendidos que fomentaron sus primeros biógrafos –Wasianski, Jachmann- que sí habían tratado al filósofo de Königsberg pero que, quizá por ello mismo, dieron de él una imagen irreal. Filósofo sin “vida”, luminaria metafísica, parece que sólo sus manías y su vejez patética –novelada con habilidad por Thomas de Quincey– han trascendido. Lo cierto, sin embargo, como recientemente mostró Manfred Kuehn en su espléndida biografía, es que su vida no fue esa caricatura que la tradición parecía obligarnos a creer, y de la que el misterioso Jean-Baptiste Botul se sirve en estas deliciosas conferencias para interrogarse sobre la vida sexual del creador de la filosofía crítica. Impartidas en Paraguay en mayo de 1946, según nos informa Fréderic Pagés en la presentación, a una fantástica audiencia de emigrantes alemanes que habían constituido una nueva Königsberg, La vida sexual de Immanuel Kant, es un inteligente divertimento que a partir de la imagen caricaturizada del pensador prusiano –y en parte propiciada por algunas estupideces escritas por el propio Kant– se interroga sobre la condición del filósofo –de la filosofía, en suma– situando al sexo en el centro del pensar kantiano. Desmitificador, irónico, inteligente y manipulador, Botul traza líneas chispeantes, desliza “botuladas” sorprendentes y explica la peculiar reproducción asexual, aséptica y melancólica de los filósofos con una fuerza y una gracia que encantan. El final, antes de ser corregida toda la obra por la mayor ecuanimidad y contención del ensayo de Alexandra Makowiak, es un tanto amenazador y estruendoso: un Kant de doble vida cuya razón engendra monstruos; un precursor posible, involuntario, inevitable del nazismo. El “inexistente” Botul, a partir de la inexistencia de la sexualidad kantiana, dibuja, en fin, una imagen caricaturesca pero sugerente, de Kant, injusta e inquietante: una lectura deliciosa, sin duda.
ANTONIO GARCÍA VILA


Apócrifos del Libro
Emilio Pascual
Ilustrador: Javier Serrano
Alianza,
Madrid, 2004
157 págs., 15 euros


Estos Apócrifos del Libro están escritos desde los libros, como una reivindicación del plural frente a la dictadura del singular, de la minúscula democrática frente a la mayúscula intolerante, porque Emilio Pascual, lector atento, minucioso e ilustrado, a fuer de volteriano, ha querido tomar como pretexto la Biblia para poner de relieve el oscurantismo ideológico y la brillantez narrativa y lírica que en ella se dan la mano. Recorre ese camino de la mano de las ilustraciones sorprendentes de Javier Serrano, con una recreación personalísima del románico y una visión del cuerpo y de la composición que me recuerdan a Tamara de Lempicka. Las ilustraciones son parte esencial de los Apócrifos y  en sí mismas tienen una capacidad de interpretación –¡ahí está la impagable de Job, por ejemplo!– dignas de la pluma pascual con quien conviven.

 Original en estos Apócrifos que glosan algunas de las historias más conocidas de la Biblia. Lo usual es que se nos ofrezca “la otra cara de la historia oficial”, lo que implica una reescritura de la misma para despojar al Libro de sus muchos defectos, entre los que su carácter intransigente de pieza sagrada e irrebatible destaca con demérito propio. En ese proceso de demolición, Emilio Pascual ha empleado una prosa que mezcla sabiamente el lirismo y la diatriba, de modo que podemos encontrar desde el poema que glosa dos versos del Cantar de cantares hasta la airada queja de Leviatán.Todo el libro está habitado por una ironía que exige la lectura atenta, como en el caso de “La anábasis del Mago”, cuando Moisés habla con Dios e intercala ese inciso maravilloso, “Aquí, entre profesionales”, que tanto dice a quien quiera enterarse. Pero junto a esa virtud, podríamos decir intelectual, encontramos la intelectora, esto es, el tejido de relaciones literarias con que Emilio Pascual, en forma de ecos, alusiones directas o recreaciones ha abrigado estos Apócrifos. Es éste, en fin, un libro que, en su brevedad, invita a la relectura, para degustar ese “mosto de granadas” que rezuma por sus cuatro costados, los escritos y los ilustrados.
DIMAS MAS

Literatura  infantil

De niños y algo más


El cuento de los reyes magos (bien contado)
Dominique Jorand y Pablo Rulfo
Thule, Colección Trampantojo,
Barcelona, 2004
96 págs., 11,52 euros


El apestoso hombre queso y otros cuentos maravillosamente estúpidos
Jon Scieszka y Lane Smith
Trad. de Jorge González Batle, Aloe Azid. Ilustrador, Lane Smith
Thule, Colección Trampantojo,
Barcelona, 2004
52 págs., 17,18 euros

Thule acaba de iniciar su camino por la literatura infantil ilustrada de forma maravillosa con dos buenos álbumes: El cuento de los reyes Magos (bien contado) y El apestoso hombre queso y otros cuentos maravillosamente estúpidos. Ambos tienen en común su afán por mostrar los entresijos de contar o inventar historias, un narrador que intenta poner orden página tras página y un claro homenaje a los viejos cuentos, esos que viajan de boca a boca.

En El cuento de los reyes magos, Dominique Jorand parte de un juego constante de equivocaciones, muy parecido al que utilizaba Rodari en sus ejercicios de Gramática de la fantasía, para ir construyendo la verdadera historia de los reyes magos. El collage, en el que los personajes parece que vuelen y las rectificaciones se inmiscuyen por cualquier parte del dibujo mostrando el camino del texto, se presenta como la mejor técnica para ilustrar una historia de equívocos y superposiciones. El álbum alterna las ilustraciones de Pablo Rulfo con páginas de recapitulación, en las que el narrador pone orden a todo lo que hasta el momento ha entendido, para poder comenzar de nuevo con la historia y llegar, no antes de muchos otros errores, al final del cuento.

Entre las páginas de El apestoso hombre queso, la confusión también es el elemento clave. Una gallina a la cual nadie hace caso, un índice que cae aplastando a los personajes de todo un cuento, garbanzos que pasan a ser bolas de jugar a bolos o Juan –un narrador que cuenta las historias antes de tiempo, mosqueando, entre otros, al lobo feroz– conviven con personajes que se han equivocado de cuento, gigantes que pretenden inventar historias al más puro estilo dadaísta o un apestoso hombre queso que huye sin ser perseguido. Un álbum en el que las ilustraciones de Lane Smith y el texto de Jon Scieszka cazan de forma perfecta hasta en el más mínimo detalle, conformando un todo maravillosamente divertido y encantadoramente irreverente.  Puede que, como dice Juan en la introducción, les falte una pizca de magia y maravilla, pero estos cuentos maravillosamente estúpidos se convierten en una delicia para todo tipo de lector, una delicia que se prolonga hasta el último instante, cuando el libro se cierra y algunos personajes todavía andan sueltos por sus tapas. Una nueva colección de literatura infantil cuyo nacimiento celebramos y que esperamos nos deleite con nuevos títulos del mismo estilo juguetón.
ANNA JUAN CANTAVELLA