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enero
2005
Nº 121

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Estantería
Narrativa Hispánica
La caja de marfil
José Carlos Somoza
Mondadori, Barcelona, 2004
240 págs., 21 €
José Carlos Somoza (escritor español nacido
en 1959 en La Habana, Cuba) regresa con esta novela a su territorio mítico,
Roquedal, pueblo costero típico en apariencia que fue anterior
escenario de sus libros Planos (CAM, 1994), Cartas de un asesino insignificante
(Debate, 1999) y La dama número trece (Mondadori, 2003). Roquedal
alberga un secreto, y Somoza se ha empeñado en continuar desentrañándolo,
bien a través del glosario que lo tiene por objeto en su web personal
(www.josecarlossomoza.com), bien a través de La caja de marfil,
una de esas tramas detectivescas a que nos tiene acostumbrados este autor
sobrado de calidad y solvencia a la hora de recrear brillantemente atmósferas
y personajes, como ya demostrara en las extraordinarias La caverna de
las ideas (Premio Gold Dagger 2002, traducida a veinte idiomas) y Clara
y la penumbra (Fernando Lara 2001 y Hammett 2002).
Esta novela trata sobre la desaparición de una prodigiosa narradora
adolescente de quien sabemos a través de lo que cuentan de ella
y sus escritos quienes la buscan. La chica, que en un curioso juego intertextual
aparece como autora del glosario de la web de su creador, se presenta
en principio como víctima del turbio negocio de las snuff movies
(tratado recientemente por Care Santos, por ejemplo, en Los ojos del lobo)
y pasa en un quiebro final a desvelarse como demiurgo de un mundo literario
tan real y terrible que es capaz de trastocar todo lo presupuesto hasta
el momento. Aquí aparecen dos de las constantes en la escritura
de Somoza, el personaje-lente, alguien que ansía verlo todo y manipularlo
o fijarlo por escrito para sentirse Dios, y una cierta visión de
la vida que puede resumirse en la afirmación de uno de sus personajes:
"Somos desconocidos que despertamos entre desconocidos en un lugar
desconocido, y tras algún tiempo de confusión e indagaciones
reanudamos el sueño interrumpido".
Las pretensiones de esta novela, resuelta con oficio pero sin brillantez,
son considerablemente menores que las de otras obras de su autor. Están
ausentes en este caso la habitual riqueza de perspectivas, planos y sugerencias
a las que Somoza nos ha acostumbrado. No obstante, sorprende en ocasiones
como ya lo hiciera con su deslumbrante lluvia de mariposas blancas desde
la Acrópolis en La caverna...., pero aquí, con gatos oníricos:
"La calle se llenó de gatos recién llovidos que no
hacían ruido y que sólo Adriana podía contemplar,
porque sólo ella veía la luz de la noche"
ANA SOUSA
Casi inocentes
Pedro Ugarte
Lengua de Trapo, Madrid, 2004
222 págs., 17 €
El mejor activo de esta cuarta novela de Pedro Ugarte
(Bilbao, 1963) es la lente, nada inocente, con la que Alberto Durrio,
el protagonista y narrador de Casi inocentes, observa la realidad urbana
que le rodea y el discurrir de sus conciudadanos de clases media y baja.
Aunque esta mirada tan clarividente tiene su correlato negativo en la
sentenciosidad algo molesta que emplea el narrador; que incordia por su
omnipresencia, pero también por su gran perspicacia.
Desde la primera línea se nos avisa de que se trata de una novela
sobre la paternidad: "Hay una sola cosa memorable en mi vida: haber
tenido un hijo." Pero es una paternidad entendida en un sentido amplio,
como si se tratase de una responsabilidad o una culpa supremas que contraemos
con una persona o, incluso, de una enorme deuda que jamás se acaba
de pagar. Alberto es un oficinista algo anodino que mantiene este vínculo
con su hijo y su esposa, el personaje peor perfilado de todos, pero también
con su padre moribundo y con Piotr, un "sinpapeles" polaco que
salva a su hijo de una muerte segura en un incendio. Cuatro personajes
como cuatro puntos cardinales con los que Alberto trata de saldar, con
suerte inconstante y desigual, su voluntariamente adquirida deuda. Si
los libros se acompañasen de un prospecto esta novela de personajes
y dilemas morales estaría indicadísima para padres recientes
o futuros, por su capacidad de sacudirnos, al tiempo, como lectores y
posibles progenitores.
Una elección que toma Ugarte y que mueve a la reflexión
es la falta de localización del escenario. Sorprende esta asepsia
geográfica entre tanta precisión psicológica y sociológica
ÀAcaso el dilema moral que aborda Casi inocentes perdería
fuelle de ocurrir de manera declarada en Bilbao, por ejemplo? Antes al
contrario, que los personajes caminasen por calles concretas y jugasen
en parques también concretos le haría ganar consistencia.
Dos fallos de bulto emergen en la trama en dos momentos especialmente
relevantes: el incendio de la casa y el despido laboral de Alberto. Ugarte
obvia por completo las causas y las responsabilidades de dicho fuego y,
en relación con el despido, demuestra una falta de documentación
-Àles suena despido improcedente?- que clama al cielo.
Una novela casi buena y este casi pudiera haberse eliminado sin demasiados
esfuerzos editando la novela y no sólo publicándola. Ugarte
mira y narra los tiempos que nos han tocado vivir con una sagacidad a
la que, a pesar de algunas irregularidades, vale la pena atender.
QUIM PÉREZ
Las zapatillas
radioactivas
José da Cruz
La Fábrica, Madrid, 2004
240 págs., 20 €
La novela arranca con la desaparición de
Gastón Almada Salmerón, el conductor del ómnibus
1863, justo cuando su vehículo está a punto de siniestrar.
El caso se le adjudica al inspector Segarra, que inicia una investigación
voluntariosa, no exenta de errores cometidos por la falta de profesionalidad
que impregna la comisaría, el distrito, la ciudad y el país
entero. Al principio, todo ello crea una sensación extraña
de irrealidad, pero luego se asume con una naturalidad preocupante. Los
diversos personajes caricaturescos, no ayudan a mantener el pie sobre
el firme, más bien sus desbordantes peculiaridades (algunos viven
obsesionados por el color blanco y lo que representa, otros no acaban
las frases cuando hablan, y ni los más secundarios se libran, como
el de rasgos orientales que viste con camisetas de propaganda agorera)
nos elevan unos centímetros por encima, lo justo para mantenernos
a salvo de tanta absurda y enfermiza inoperancia.
Al principio la novela puede provocar extrañeza, incluso lejanía,
debido a la manera en la que se expresan y se manejan sus personajes ante
las reglas que imperan en una sociedad recién liberada de un secuestro
institucional. No obstante, una vez lograda la residencia transitoria,
se puede disfrutar de los resortes que inmovilizan a un país al
que "le falta lógica, le sobra escrúpulo", heredados
de una dictadura recientemente superada, exponiendo que el fin de una
situación impuesta no supone el fin de sus consecuencias, que una
sociedad tarda en desembarazarse de la terrible inercia histórica
a pesar de un par de documentos firmados y sellados por la autoridad pertinente.
Sus personajes son una plaga de supervivientes que pelean, mienten y extorsionan,
que, en definitiva, viven familiarizados con unas leyes que se transforman
a medida que se incumplen, que son incapaces de escapar a la impostura
y al timo diario, que están subordinados a un engranaje con el
que chirrían mientras respiran.
José da Cruz usa y abusa de un lenguaje poco habitual, preñado
de giros, hallazgos, recursos y demás bisutería palabrera,
sospechoso de estar inventando para la ocasión, pero siempre inteligible
y jocoso, al servicio del chascarrillo y la broma, hasta el extremo en
el que entenderlo es carcajearlo.
CARLOS PUJALTE
Bocas
del tiempo
Eduardo Galeano
Siglo XXI,
Madrid, 2004
348 págs., 19,80 €
No es una novedad que la crítica literaria y los
medios de comunicación pasen de puntillas ante un nuevo libro de
Eduardo Galeano (Montevideo, 1940). Disentir del discurso ideológico
oficial, omnipotente y homogeneizador, que trata de imponernos una realidad
que construye a su conveniencia, está hoy en día mal visto,
y a quienes incurren en la contestación, se les evita o ningunea.
Parece que a Galeano eso no le importa mucho, pues sigue, perseverante,
en su particular compromiso con el ser humano y mostrando que "el
rey está desnudo".
Galeano no escribe ahora libros, puntuales y clamorosos, de denuncia política,
como en la época de su obra Las venas abiertas de América
Latina (1971). La narración, sin abandonar el ensayo, ocupa en
la actualidad su primordial ocupación. Es una forma más
sosegada y poética de decir que otro mundo es posible; que los
desheredados son víctimas de un determinado sistema económico;
que su endémica pobreza y humillación no es congénita,
sino fruto de un orden de dominación; que la vida debe prevalecer
sobre las políticas ensimismadas en su sedicente verdad. Narración,
más vital que subversiva, que bebe de las múltiples fuentes
de la realidad cotidiana (vivencias, anécdotas, conversaciones
ocasionales, ficciones posibles, reinterpretación de hechos históricos...);
en la intrahistoria, donde la memoria y la identidad se recuperan; donde
se crean vínculos de orgullo, solidaridad y esperanza.
En Bocas del tiempo -como ya hizo en Las palabras andantes (Siglo XXI,
1992)- cada página es un relato. Todos ellos ensalzan la vida mediante
las emociones (amor, miedo, vesania, indignación, risa, amargura,
generosidad...) que allí se narran. Con frecuencia, Galeano recurre
a la ironía para que la sonrisa alivie el dolor de la miseria moral
y material en la que se hallan sumidos sus personajes. En esas historias,
mínimas y aisladas, hay una intrínseca sonoridad oral: las
voces de otros, esas bocas del tiempo hermanadas en un espacio trasnacional,
se transmutan en palabras testimoniales. Finalmente sólo cabe señalar
que la voluntad ética que recorre estos textos está expresada
mediante una escritura llana y amena, bien surtida de dichos y vocablos
coloquiales de Latinoamérica; vivificando el castellano y haciéndole
crecer, a diferencia del apocamiento que sufre por aquí.
ALBERTO HERNANDO
Narrativa Extranjera
El mundo conocido
Edward P. Jones
Trad. de Antonio Fernández Lera
Tropismos, Salamanca, 2004
366 págs., 12 €
Cabe preguntarse, una vez más, por qué
desde las primeras líneas de La Ilíada hasta el punto final
de esta admirable novela, la dignidad humana es uno de los hilos, acaso
el más conmovedor, con los que se cosen las costuras de la narrativa
universal. El mundo conocido es una novela sobre la esclavitud, y por
tanto sobre la libertad, sobre una dignidad superior al prudente conformismo.
El relato coral que nos trae Eward P. Jones aporta un tono de resignación
y, paradójicamente, de sabiduría, ante la idea de que pertenecer
al género humano es inevitable, de que en distintos grados, como
reflejan las actitudes y temperamentos de los seres que pueblan la obra,
la gente necesita que alguien les diga qué está bien o mal,
que lo único parecido a la moral a que pueden atenerse, de lo contrario,
son las leyes que protegen la propiedad por encima de la vida, y la existencia
de un Dios que no pasa de mostrarse como un mero observador. Al igual
que el narrador de la novela, que contempla su obra desde la distancia,
colocando al lector en el lugar en que un espectador enfrentaría
a un descomunal mapa del ficticio condado de Manchester, condenado a percibirlo
por partes, con la vista indagando de modo caprichoso, bailando de aquí
para allá sobre sus dos dimensiones, descubriendo una vida y otra
y otra, y en consecuencia construyéndolo puede que sin volumen,
pero, milagrosamente, sí con la materia de la cuarta dimensión:
el tiempo. Y el lector siempre comprende que se encuentra ante una unidad,
siempre lee, aceptando cierto pasmo como premisa: Manchester, condado
de Manchester, hombres abandonados sobre la tierra del condado, negros,
esclavos, negros llaman amo a otros negros, hombres como mera propiedad
que hablan como hablan los herederos de generaciones que han sobrevivido
en el campo, trabajando, como si esto fuera lo que imponen las leyes naturales,
como si lo terrible fuera que la vida sucediera, que el mundo no se interrumpa,
dado que los presentimientos poseen más fuerza que las convicciones.
Porque, con acierto, Jones elude lo truculento de la historia de la esclavitud,
y se concentra, durante la mayor parte de la novela, en los cinco sentidos
de sus personajes, en las pequeñas cosas que pueden no impactar
al lector, pero que éste reconoce como vitales en las existencias
que lee, de modo que ya no cabe hablar de personajes, sino, como en la
mejor literatura, de personas.
Muy alejado de la narrativa en la que la ciudad nerviosa es dueña
de la atmósfera, Edward P. Jones relata con una armonía
que fluye despacio, nunca aburriendo, tomándose un tiempo necesario,
pues en el condado de Manchester cada segundo pesa tanto como todo el
espacio que media entre la desesperanza y la desesperación.
RICARDO MARTÍNEZ LLORCA
El molinero
aullador
Arto Paasilinna
Trad. de Úrsula Ojanen y Eduardo Vila
Anagrama, Barcelona, 2004
256 págs., 14,50 €
Pertenecer a una de esas literaturas llamadas "periféricas",
como es el caso de la finlandesa, parece constituir un obstáculo
casi insalvable para la divulgación de una obra. Así se
explica que una novela como El Molinero Aullador haya tardado más
de veinte años en aparecer en nuestro país, y en gran parte
lo ha hecho ahora gracias al sensacional éxito cosechado por su
autor, no solamente en su país de origen sino también en
muchos países europeos.
La trama gira en torno a los problemas con los que se topa Gunnar Huttunen,
personaje peculiar de gran integridad y escasas dotes para integrarse
en la sociedad, cuando decide instalarse en un pueblo de la Laponia finlandesa
y hacerse cargo del viejo molino. Su carácter expansivo y burlón
divierte en un primer tiempo a los habitantes del pueblo, pero rápidamente
sus excentricidades empiezan a suponer una grave molestia, especialmente
cuando dedica las noches a aullar su tristeza. Las manifestaciones de
intolerancia de los habitantes del pueblo no hacen más que fomentar
las rarezas del molinero que, a su vez, avivan las ganas de esos habitantes
de solucionar el problema de forma más tajante. En definitiva,
la eterna batalla del inconformista frente a la incomprensión de
una sociedad uniformizadora, pero que Paasilinna consigue llevar a su
terreno gracias a su sutileza, su sentido del humor y una prosa tremendamente
limpia y eficaz.
Se ha comparado la literatura de Arto Paasilinna con el cine de Aki Kaurismaki,
seguramente el referente cultural finlandés más conocido
fuera de sus fronteras, y quizás habría que empezar a pensar
que esas similitudes se deben a la personalidad de un país del
que poco se sabe más allá de su nefasta costumbre de fabricar
millones de teléfonos móviles. En primer lugar, ambos se
acercan a los temas más graves con ligereza y con un humor ambiguo:
uno ríe con seriedad al leer El Molinero Aullador, casi con tristeza.
Como si estuviera viendo una película de Kaurismaki. Además,
tanto el cineasta como el escritor hacen una defensa encendida de los
que viven al margen, los que se niegan a entrar en el juego de los compromisos
y las convenciones sociales aunque esto los convierta en proscritos. Tan
sólo cabe ahora esperar que la publicación de El Molinero
Aullador no sea una excepción, y que pronto podamos disfrutar con
el resto de la obra de Paasilinna.
RAÚL MARTÍNEZ TORRES
El bandido
Robert Walser
Trad. de Juan de Sola Llovet
Siruela, Madrid, 2004
156 págs., 16,50
Cada vez que una de sus obras ha salido al mercado, se
ha intentado reconocer en ellas trazos de la biografía del escritor.
Quizá porque su vida, llena de misterio, despierta ese impulso
tan humano, tan racional, de descifrar lo indescifrable.
Nacido en 1878 en Biel, una localidad cercana a Berna en Suiza, a los
catorce años dejo de estudiar y, a partir de entonces, su vida
fue un constante errar por diferentes oficios, países y por los
inescrutables caminos de escritura laberíntica. Muchos son los
elementos de su biografía que contribuyen a la mitificación
del escritor: la pobreza, el aislamiento, la locura, el fracaso editorial
y, sobre todo, la elaboración de una técnica de escritura
al lápiz, tan minúscula que durante mucho tiempo se creyó
cifrada. Finalmente, su simbólica muerte el día de Navidad
de 1956, fijada para siempre en la fotografía policial: el cuerpo
de un hombre semienterrado en la nieve, y las postreras huellas de sus
pasos señalando un camino inexistente. Era el último paseo
del escritor, quien vivía, desde hacía veintitrés
años, interno en el psiquiátrico de Herisau.
Al misterio de su vida y de su muerte sucede una producción inagotable
e igualmente indescifrable. Todavía existen centenares de manuscritos
inéditos y a lápiz , llenos de abreviaturas, dispersos en
papeles, folletos, formularios oficiales, sobres o los márgenes
de un diario. Hay que destacar el trabajo del traductor, fundamental en
el difícil proceso de descifrar a un autor que escribía
en un dialecto particular de la zona.
Difícil es también el intento de resumir el argumento de
El bandido, un libro en el que no pasa nada más ni nada menos que
la aventura apasionante del escritor con su propia escritura. En este
sentido, podríamos decir que Walser realiza el deseo de Flaubert
cuando declaraba: "me gustaría hacer un libro sobre nada,
sin atadura exterior, que se sostuviera únicamente por la fuerza
interna de su estilo". El bandido, personaje que ni siquiera tiene
nombre propio, al enamorarse de la camarera Edith, transita por las más
inimaginables aventuras, por los vericuetos de las situaciones más
descaradas con tal de lograr su amor. Podríamos afirmar que en
El bandido Walser realiza uno de sus paseos aventurados en busca de otra
historia de amor, la del escritor con el lenguaje, al que hace restallar
experimentando con todos los tonos, desde la parodia hasta el drama. Con
una "negligencia", en palabras de Walter Benjamin, "del
todo inhabitual, difícil de describir."
VALENTINA LITVAN
Conversación en Sicilia
Elio Vittorini
Trad. de Carlos Manzano de Frutos
Gadir, Madrid, 2004
224 págs., 17,50 €
Conversación en Sicilia tiene como eje estructural
un viaje que podríamos calificar de iniciático, un itinerario
que, pese a sus elementos físicos, de recorrido geográfico,
tiene mucho de onírico, en ocasiones de surreal o simbólico;
en definitiva, de metamorfosis espiritual catártica de los personajes.
Pero se trata de un viaje particularísimo, construido a través
del encuentro con personajes (Con Bigote y Sin Bigote, el Gran Lombardo,
el afilador de cuchillos) y, como avanza el propio título de la
obra, de múltiples conversaciones, diálogos con un punto
de absurdo y mucho de verdad esencial.
Vittorini -intelectual siracusano considerado como uno de los máximos
exponentes del neorrealismo literario italiano- presenta el retorno de
un hombre ya adulto a su Sicilia natal, tras muchos años de ausencia,
así como el reencuentro con su madre, con todo el simbolismo que
ello encierra (subrayado, quizá, por su nombre, Concezione), y
sus recuerdos de infancia. Motivo del regreso: un prolongado estado de
apatía generado por las abrumadoras noticias que traen los periódicos.
La "búsqueda" iniciada concluirá con el descubrimiento
de una especie de comunidad de hombres abatidos, como él, a causa
de la furia y el desgarro "por el género humano perdido"
y del dolor del "mundo ofendido" por la maldad humana, y, finalmente,
con el regreso como portador de una nueva moral, o de una nueva fuerza.
O tal vez no.
Duramente impresionado por la Guerra Civil española, el autor publicó
en 1941 esta fábula sobre un entero universo de valores a punto
de desaparecer ante el horror, y para ello utilizó un lenguaje
que oscila entre el moralismo y un tono casi infantil marcado por las
reiteraciones, la candidez y simpleza de los personajes, que no son óbice
para omnipresentes dosis de amargura ni para un cálido halo de
ternura y poesía -como si, salvando las distancias, el estilo del
Ladrón de bicicletas se hubiera convertido en narración-.
Vittorini hace gala de un humanismo profundamente comprometido con el
destino trágico de los hombres y preocupado y afectado por el presente
y el futuro, por los muertos y los vivos. "Es por el dolor universal
por lo que sufre", dice un personaje. Y al final, como única
forma de conclusión posible, la siguiente constatación:
"Ésa fue mi conversación en Sicilia, que duró
tres días con sus noches y acabó como había comenzado".
SERGIO COLINA MARTÍN
Narrativa Catalana
Una vida
al carrer
Jordi Ibáñez Fanés
Tusquets, Barcelona, 2004
238 págs., 15 €
Jordi Ibáñez Fanés (Barcelona, 1962)
ha publicado el ensayo Después de la decapitación del arte
(1996) y el libro de poemas Nou homenatges i altres poemes (Quaderns Crema,
2000). Una vida al carrer es su primera novela, cuya madurez supera todas
las expectativas con una novela intelectual que instala al género
autobiográfico de ficción en el panorama de la narrativa
catalana actual. La originalidad de la novela estriba en la confluencia
entre ensayo y poesía, a través de la mezcla de reflexiones
filosóficas y lecturas críticas en torno al amor, la muerte,
la religión, la ciudad, el arte, la escritura y la lectura; todo
desde el monólogo interior de un personaje-náufrago urbano
que tiene mucho que ver con el protagonista de Diario de un hombre humillado
(Anagrama, 2000), de Félix de Azúa, cuyo escenario es también
Barcelona.
El protagonista se nos presenta sentado en el famoso bar Doria, en lo
alto de la Rambla de Catalunya barcelonesa, cuando tiene una visión,
a través del poso de su café, que le recuerda algunos hechos
importantes de su pasado, caricaturizando hasta rayar lo grotesco el juego
proustiano entre la memoria y su acicate sensorial. A medida que baja
por la Rambla, envuelto por el ir y venir de los transeúntes, va
protagonizando un descenso a los infiernos, acompañado del delirio
(en gran parte producido por el alcohol), del recuerdo y de pensamientos
que lo lanzan a la observación crítica y a la reflexión
irónica sobre el asunto de las líneas de la vida. Durante
el descenso, topa con una antigua novia, se enfrenta a un conocido y presencia
a su madre durmiendo, entre otras visiones que van empujándole
hacia un segundo nacimiento. El estado febril del protagonista está
expresado con un lenguaje coloquial y directo que no cesa desde que arranca,
que se acerca y se aleja del habla cotidiana a la vez que teje una fuente
inacabable de relaciones de ideas.
Todo un paseo por la locura dolorosa de un náufrago urbano que
se siente fracasado hasta el momento en que parece salir de los infiernos,
escena que da paso a un exhausto suspiro en el que el protagonista consigue
agarrarse a esa luz que nunca desaparece. En definitiva, lenguaje, memoria
y pensamiento se funden en una novela absolutamente contemporánea
que se mueve entre la evocación de lo perdido y la condición
del hombre de hoy.
ESTER PINO ESTIVILL
Poesía
El benestar
Sebastiá Alzamora
Proa, Barcelona, 2004
71 págs., 10 €
Sebastiá Alzamora (Llucmajor-Mallorca, 1972) es
poeta y novelista. Entre la geometría y el equilibrio poético,
Alzamora ha publicado cuatro poemarios con anterioridad a El benestar
(El bienestar), Premio Juegos Florales Barcelona 2003. El poeta ama a
los signos de su tiempo, y, en consecuencia, el conjunto se erige como
auténtica epopeya del presente, vehiculada a partir de una posición
moral completa dirigida, cual Ulises con el tiempo perdido, a la búsqueda
de la felicidad -que supuestamente se halla escondida tras los rostros
ocultos y las multimáscaras del hombre contemporáneo-.
La experiencia poética de Alzamora es narración, es juego
y es idea. La ética y la estética de la aventura literaria
rondan de la mano con la intención de estructurar un libro hexagonal
-iconográficamente, un gran poema existencial sobre los pros y
los contras del mero hecho de ser-. En "Una atmósfera (quizás
un esbozo)", el poeta proclama la imposibilidad de perdurar en el
justo medio aristotélico. Primero, porque existimos entre las frustraciones
propias y las creadas por el contexto, entre un falso amor lleno de interrogantes
metafísicos y el problema de la identidad: "Las sombras, ¿evolucionan?".
Segundo, porque el concepto literario del poeta explora límites.
"Barcelona" es el escenario de la acción, del diálogo
-a veces real y otras virtual- entre Roberto y su amigo Jaume. El primero
es un ser crepuscular, desgarrado, pathetico, un intelectual en tránsito
romántico que mezcla los antidepresivos con el alcohol, y las prostitutas
con el dandismo, para crearse una realidad paralela. Jaume es un hombre
mediocre y sumiso que sufre una crisis severa de identidad sexual: "vivo
una vida hecha de fragmentos de las vidas de los demás". Alzamora
reflexiona, en El benestar, sobre la revolución contra el dogma
y sobre la idea de que la felicidad siempre es ilusión falsa, mentira
dulce. La doble visión del mundo circundante a través de
la doble pareja: los que viven del engaño social y el esnobismo,
contra los que creen en la belleza sin exigirle nada.
Este decálogo sobre el utópico bienestar es libro con moral
desde la amoralidad de unas digresiones que activan la autoreflexión.
El ejemplo in contrariis del clásico con dosis de modernidad urbana
procura la memoria, auténtica culpable de la evolución de
las sombras. La lucha aún es posible, gracias al lenguaje poético
capaz de sustentar el espejismo. Sin ventanas, estamos poseídos
por el demonio y el falso humanismo. El viejo pez agoniza cerca del mar.
ANNA CARRERAS
'Poemas del
suburbio. Todo Asusta' y
'Aconsejo beber hilo (Diario de una loca)'
Gloria Fuertes
Torremozas, Madrid, 2004
91 págs., 12 €
96 págs., 6 €
La fama de Gloria Fuertes (Madrid, 1917 - 1998) se la
proporcionó su obra de literatura infantil y juvenil (con un centenar
de títulos publicados) que desarrolló paralelamente a su
obra poética, menos conocida esta última. Su voz rota y
su presencia imponente quedó en la memoria de los niños
españoles de la transición que escuchamos de ella fábulas,
cuentos y pequeñas cancioncillas a modo de poemas en sus apariciones
en programas juveniles televisivos de la época -sin olvidar sus
incursiones en el programa de tauromaquia Tendido Cero de TVE- llegando
a ser conocida como la "poeta de los niños". Y es que
Gloria Fuertes fueron dos: la adulta que escribía cuentos para
niños y la niña que escribía poemas para adultos.
Porque si elevó el nivel de la literatura infantil a un grado de
madurez dado que trataba a los niños como tales y no como ignorantes
(poca es la literatura juvenil en España que ha considerado esto),
en la poesía fue una de las poetas más experimentales y
a la vez poco reconocidas de la literatura española de principios
de la segunda mitad del siglo xx -publicó su primer libro de poesía
para adultos, Isla dorada, en 1950-.
Cabe destacar -y rescatar- aquí la obra poética de Fuertes
confluyendo con la publicación de tres de sus obras por la editorial
Torremozas que viene apostando por la recuperación de la obra de
la autora y que este año lo hizo con tres poemarios suyos. Se trata
de dos libros, uno de los cuales recoge Poemas del suburbio y Todo asusta
y el segundo que contiene su obra más nihilista y posiblemente
experimental en el terreno de lo conceptual como es Aconsejo beber hilo
(Diario de una loca) que fue la obra que consagró la voz original
y singular de Fuertes además de ser la obra más adulta de
la autora; sin olvidar que su lírica también representaba
una poesía social que amparaba a los desprotegidos. Poemas del
suburbio (1954) junto con Todo asusta (1958) se tuvieron que publicar
en el extranjero e insisten en temas bien representativos en toda la obra
poética de Fuertes: la vida, la muerte, el amor, la soledad, la
paz y Dios -se podría inscribir en este punto en la tradición
desarraigada de Blas de Otero, Celaya...-. Además la denuncia social
a "quemarropa" está bien presente en varios de sus versos
aquí propuestos: "¿Qué no soy mística
porque canto el suburbio?/ Y canto el suburbio porque en él veo
a Cristo".
Aconsejo beber hilo es una obra de talante experimental que no renuncia
por ello a su condición social y humana. Juegos de palabras, de
sentidos, de cacofonías y con el cinismo crítico por bandera
llenan estas páginas de un sabor ácido y humorístico
sin dejar de oler a poesía por todas partes: "-Yo quisiera
ser ángel y soy loba-./ Yo quisiera ser luminosamente tuya/ y soy
oscuramente mía". Cabe celebrar pues este tipo de iniciativas
que ponen a nuestro abasto de nuevo obras olvidadas injustamente, en este
caso de una poeta universal.
JUAN FRANCISCO JIMENEZ
Ensayo
El lucernario.
La pasión crítica de Manuel Azaña
Juan Goytisolo
Península, Barcelona, 2004
153 págs., 16 €
Vayamos a la página 61. Goytisolo está hablando
de la lectura que Manuel Azaña hizo de La Biblia en España;
según éste, tres son los temas de la obra: "La difusión
del Evangelio, Don Jorge [en alusión a George Borrow, autor del
libro] y España. Los tres se enlazan en un conjunto armónico".
Pues bien, tres son los temas que se entretejen también armónicamente
en El lucernario, el último libro del mediano de los Goytisolo:
la obra de Azaña, Don Juan y España.
La génesis del libro obedece a un esfuerzo reparador, porque los
españoles, más de medio siglo atrás, contrajimos
-según Juan Goytisolo- una deuda con el último presidente
republicano. A esa intención moral, le suma otra, estética:
en las novelas de Azaña (sobre todo en El jardín de los
frailes y en la incompleta Fresdeval) y en los ensayos de Plumas y palabras
existen suficientes quilates de calidad literaria como para reivindicar
a su autor uno de los escritores españoles importantes del siglo
xx.
Ve en él el autor de Furgón de cola a un cultivador de la
tradición "hispano-escéptica", esa estela de artistas
críticos con la hispanidad católica de rancio abolengo,
a la que pertenecerían desde Fernando de Rojas hasta Clarín
o Américo Castro. Con estos dos, según Goytisolo, Azaña
tendría puntos en común. Su visión de España
es antinacional y anticatólica; sus españoles no provienen
de los visigodos, sino que son el gozoso intercambio genético de
árabes, judíos y cristianos. De hecho, lo que más
me ha llamado la atención del libro es el hecho de que, en la vejez,
el autor de Reivindicación del conde Don Julián añada
a los tres autores que siempre ha considerado como su propia tradición
moderna y exiliada (Cernuda, Castro, White) un cuarto nombre. Y que defienda
a éste con la vehemencia y el énfasis que demostró
cuando hubo de reivindicar a los otros tres.
Virginia Woolf, en uno de sus artículos dedicados a nuestro país,
menciona La Biblia en España y escribe que es "tanto un claro
retrato de Borrow como de España, pero resultaría difícil
decir dónde acaba España y dónde empieza Borrow".
Lo mismo ocurre en el último libro de Juan Goytisolo, después
de la interesantísima novela -y adiós a la ficción-
Telón de boca (El Aleph, 2003): no se sabe dónde termina
Azaña y dónde empieza Goytisolo. Porque muy a menudo, el
comentario de algún capítulo de su biografía provoca
una larga digresión sobre la propia experiencia de Goytisolo como
ensayista. España (Madrastra) es el contexto fantasmal del diálogo,
el escenario en que se enhebra el ensayo y la autobiografía. En
esas mixturas radica el gran problema del libro. O su gran virtud.
JORGE CARRIÓN
Biografía
Nacho Vidal.
Confesiones de una estrella del porno
David Barba
Martínez Roca, Madrid, 2004
400 págs., 17 €
Hay pocas historias y personajes que logran saltar del
reportaje periodístico al libro por derecho propio. La vida y polla
exageradas de Nacho Vidal aseguran un salto con garrocha tan acrobático
como intrascendente. Por eso extraña que un libro obscenamente
comercial como éste pueda no sólo estar bien escrito, sino
que se permita giros que el menospreciado y alimenticio oficio de firmar
opúsculos sobre temas mundanos (desde el 11-M hasta la boda de
Felipe y Letizia), no suele permitirse. Para empezar, aunque Nacho Vidal
vaya por ahí declarando que el libro es "suyo" (para
excitación de los teóricos de las biografías), lo
cierto es que David Barba, periodista cultural, ha logrado la hazaña
de cualquier escritor egocéntrico que no se deja intimidar por
una polla o una editorial igualmente grandes, y acomete una biografía
pop, que es más una mirada humanística del anecdotario de
la bestia folladora que el libro de aventuras de un famosito.
Desconcertado ante los 2.500 polvos profesionales sin condón de
Vidal, o condescendiente cuando su ignorantillo y visceral protagonista
le pide que le cuente la historia de la URSS, Barba lo muestra como estrella
involuntaria del porno mundial y su superdotado Virgilio en las entrañas
de la industria X.
A fuerza de reflejar el mundo de su biografiado, el autor no sólo
se ha bajado los vaqueros en el Bagdad, en un recurso del periodismo gonzo
que lamentablemente no se explota más en el libro, también
utiliza un lenguaje tan crudo y directo como el porno mismo. Como una
declaración de intenciones, escribe en el prólogo sobre
el postporno, algo que ni Nacho ni su maestro Rocco Sigffredi saben que
ayudaron a forjar: el cine pornográfico neorrealista que ve en
el sexo una performance más, amén de renegar del antiguo
porno con decorados y sacar provecho de prácticas impopulares llenas
de escenas violentas y cropofilias. Barba hace lo mismo, escribe con espéculo
de ginecólogo, hace crítica pornográfica -muy intelectual
y divertida- de los vídeos XXX y no teme ser deliciosamente vulgar.
Se le puede reprochar cruzar de ilegal la frontera de la no ficción,
en las noveladas secciones que tratan sobre la niñez y juventud
del chico de Mataró. Sin embargo, para los amantes del género
del gran reportaje, el libro no deja de ser una muestra de todo lo que
se logra con un esforzado reporteo (lujo de detalles, personajes y anécdotas
vívidas) con ropaje literario. Es la conclusión feliz de
un largo proceso, apoyado en la experiencia, compartida y azarosa de retratista
y retratado, que es la base de cualquier buena historia real.
GABRIELA WIENER
La casa de
la vida
Mario Praz
DEBolsillo, Barcelona, 2004
534 págs., 9,50 €
Escriben los objetos que acumulamos a través
de los años un diario de nuestra cotidianidad?ÀPodría
alguien escribir su vida objetual atesorando bienes que al tiempo restituyan
una época en la que nunca vivió? Mario Praz (1896-1982),
ínclito anglófilo de origen italiano, reconstruyó
en su vivienda romana los excesos ornamentales del estilo imperio. Obviando
y denostando, por ejemplo, a Adolf Loos, Mies Van der Rohe, Mondrian y
La Bauhaus, se propuso reconstruir minuciosamente las atmósferas
de la primera mitad del más decadente de los siglos, el xix. El
texto, de una considerable envergadura literaria, opta por narrar las
memorias del autor, visitando habitación tras habitación,
mueble tras mueble, la casa que instauró en el Palazzo Ricci de
la tranquila Via Giulia de Roma.
Coleccionista, políglota, erudito profesor, notabilísimo
ensayista, somete al escrutinio cada instante de su pulsión objetual.
"Existe una secreta fuerza magnética que atrae las cosas hacia
quien las desea", apunta el apasionado compilador de patrimonios
decadentistas. "Sometida al psicoanálisis, la figura del coleccionista
no sale bien parada, y desde el punto de vista ético hay sin duda
en ella algo profundamente egoísta y limitado, mezquino incluso"-
se sincera Praz.
Las mejores autobiografías son aquellas que desde la vida de uno
nos cuentan la vida de muchos, las que a través de una casa nos
permiten entrar en múltiples casas. En La casa de la vida, bajo
el palio de Proust, caben anaqueles, cuadros y grabados, cómodas,
cerámicas, bibliotecas, baldaquinos e infancias, varias de las
Romas que conforman ese laberinto infinito llamado Roma, toda la literatura
rusa, los poetas ingleses del xix, la Francia napoleónica, las
casas vividas por Praz, las residencias leídas, los fantasmas del
mundo exquisitamente personal de un escritor que inspiró a Visconti
el papel de viejo profesor que Burt Lancaster protagonizó en Confidencias.
Parafraseando a Alberto Sabino, Praz nos recuerda lo "grande y mutable
que es el destino del hombre, y no sólo del hombre, sino de todas
las cosas pequeñas y grandes de las que a cada uno gusta rodearse
aquí abajo y que constituyen tantos reinos minúsculos (...)".
LLUÍS ALABERN
La fotografía
en palabras
Por Joana Hurtado
Por favor, "absténgase de mandarnos manuscritos
de ficción". Así se dirige la editorial Gustavo Gili
a aquellos que quieran enviar sus propuestas. Especializada en arquitectura,
urbanismo, paisaje, diseño, arte y fotografía, con libros
en español, inglés y portugués y sedes en Barcelona,
Lisboa y México D. F., Gustavo Gili cuenta, a sus más de
cien años, con éxito internacional. La editorial que empezó
con publicaciones de manuales técnicos de arquitectura, por entonces
inexistentes en España, ha ido ampliando catálogo y hoy
por hoy es la poseedora del catálogo más completo de arquitectura
y diseño en habla hispana. Pero nunca ha dejado de arriesgar. Desde
hace un tiempo nos sorprende con otro género insólito en
el estado español: el ensayo sobre fotografía.
Cuando apenas empezamos a vislumbrar un interés por el ensayo sobre
arte contemporáneo y alguna que otra editorial comienza a creer
en la necesidad de publicar -y sobre todo traducir- los libros que abundan
en otros países donde, digámoslo claro, la cultura y la
teoría interesan, GG vuelve a apostar por la especialización.
Esta vez se mueve en aguas pantanosas y la colección FotoGGrafía
lo demuestra: en el campo de la fotografía está todo por
decir.
ÀPuede una fotografía de hoy ser igual de válida
que una pintura del siglo XVII? ÀPueden nuestros álbumes
familiares ser obras de arte? ÀPuede la fotografía, una
vez considerada arte, acabar minando los principios en que se aguantaba
la institución artística? La fotografía es un medio
de una complejidad histórica y teórica innegable, desigual
y provisional. Así lo indican las últimas publicaciones
de la colección FotoGGrafía. Como Arder en deseos. La concepción
de la fotografía de Geoffrey Batchen, que se sirve de la crítica
histórica basada en la genealogía de Foucault y en la deconstrucción
de Derrida para reflexionar sobre la identidad del medio, analizando sus
dos lecturas opuestas, la postmoderna y la formal. O La confusión
de los géneros en fotografía, resultado de un coloquio entre
conservadores, críticos, artistas y filósofos que tuvo lugar
en la Biblioteca Nacional de Francia en 1999 sobre las confusiones engendradas
por el mestizaje de las imágenes y su difusión o colección.
Indiferencia y singularidad también apunta hacia la ambigŸedad
del medio y la dificultad de fijar una teoría. Antología
de textos dirigida por Jorge Ribalta y Glória Picazo que tiene
su origen en el seminario "La fotografía, entre el museo imaginario
y las ruinas del museo", realizado en 1996 en el MACBA, quien hizo
la primera edición, analiza la fotografía como transformadora
de la entidad museística y, por extensión, del arte. Asimismo,
Dominique Baqué estudia la relación entre fotografía
y artes plásticas para crear una "pequeña historia"
de La fotografía plástica y demostrar así su fuerza
corrosiva para con el estamento artístico.
Gustavo Gili parece hacer caso omiso de lo que se vende, lo que gusta.
Lejos del panfleto publicitario o de la revista fashion, que prefiere
el color y el vacío al monolítico texto, estos libros huyen
de la simple imagen para adentrarse en lo más peligroso y a la
vez suculento: el contenido. Pensar en fotografía no es pensar
en singularidades. Un debate más amplio se mueve detrás
de estas propuestas editoriales, algo que cuestiona la historia y la estética
del arte que hemos aprendido hasta hoy, algo que se alberga en los llamados
Estudios Visuales, que es difícil de resumir y de entender, pero
que es necesario indagar y explicar.
Esta colección ofrece al lector una combinación motivadora
que mezcla "clásicos" imprescindibles (Krauss, Bourdieu,
Newhall, Freund, Cartier-Bresson se cuentan entre sus títulos anteriores)
y novísimas rarezas (como las citadas, todas de finales de los
noventa). Y sobre todo, el placer de la duda. Porque cada novedad será
otra opinión, otra pregunta sin respuesta, otra salida falsa de
este laberinto que es el medio fotográfico. Donde lo importante
es naufragar. Pero en la abundancia.
-Glória Picazo y Jorge Ribalta (eds.), Indiferencia y singularidad,
GG, Barcelona, 2003, 288 págs., 19 €
-Valérie Picaudé y Philipe Arba•zar (eds.), La confusión
en los géneros de la fotografía, GG, Barcelona, 2004, 208
págs., 24 €
-Dominique Baqué, La fotografía plástica, GG, Barcelona,
2003, 288 págs., 28 €
-Geoffrey Batchen, Arder en deseos. La concepción de la fotografía,
GG, Barcelona, 2004, 256 págs., 28 €
Retrato de
un racionalista decimonónico
Por SANTIAGO RODRÍGUEZ GUERRERO-STRACHAN
Con regularidad y cierto tesón, algunas editoriales
van dando a conocer la obra literaria -novelas, libros de viajes, artículos-
del que sin duda es el mejor novelista portugués del Realismo.
Los Maias, El crimen del Padre Amaro, El primo Basilio, La ciudad y las
sierras, La ilustre casa de los Ramires o El mandarín son algunos
de los títulos que el lector español puede encontrar, algunos
con una cierta dificultad, eso sí. A la reedición de La
reliquia y de los cuentos, ahora se añade la publicación
de los artículos que Queirós escribió para la Gazeta
de Notícias a partir de 1880.
En La reliquia Eça de Queirós contrapone lo rancio y lo exótico:
el Portugal conservador e inmovilista contrapuesto al Oriente exótico.
Las aventuras y desventuras del protagonista son la excusa perfecta para
criticar la sociedad portuguesa de la época. En los capítulos
dedicados a ella todo huele a cerrado, a sotana; el lector percibe la
falta de aire fresco, la ausencia de luz, de una verdadera sociedad. Esta
no pasa de ser un círculo muy reducido que no permite que nadie
se inmiscuya en él; en el fondo, es una sociedad de compartimentos
estancos. Oriente, por el contrario, es el exotismo, la seducción,
la salvación, y no sólo para la tía beata, también
el sobrino la encuentra allí como así lo confirma el episodio
amoroso final y sin desenlace, aunque recaiga en la claustrofobia social.
(Hay gente que no tiene remedio).
Oriente es el pasado, un lugar y una sociedad estáticas, una estampa
fijada en el imaginario cultural de los occidentales en el que historia
y leyenda, razón y religión se funden y confunden. No podía
ser de otro modo para un racionalista progresista decimonónico.
La contraposición Oriente y Occidente le sirve para diseccionar
el supuesto progresismo burgués del Portugal decimonónico.
Los últimos capítulos son demoledores. Arrasa con la impostura
de la religión y con los sueños del protagonista de llevar
una vida más libre, sueños que pertenecen a su juventud
y que enseguida son desmentidos por su pasión por el dinero y las
propiedades.
La novela es, al igual que otras del autor, excelente, en la línea
del feroz realismo crítico que le llevó a fustigar, junto
con otros autores como Gustave Flaubert o Ivan Turguéniev, la estupidez
de su época. El azote moral se continúa en los cuentos,
parte de su obra que preludia en muchos casos de-sarrollos mayores. En
cierto sentido Eça concebía el cuento como un ensayo para
posteriores novelas, lo cual no quita valor a las piezas breves a condición
de que no se las vea como simples intentos. En los relatos se encuentran
los mismos temas o escenarios, o incluso subgéneros, al igual que
la misma altura artística.
Los artículos son escritos que en una primera lectura pueden parecer
de crónica social, pero poco a poco se descubren como la particularísima
visión del escritor sobre el panorama científico, literario,
artístico y social. Disecciona con el rigor que la inteligencia
proporciona la sociedad moderna, y para ello echa mano de la ironía
al tiempo que elige Francia e Inglaterra como países sobre los
que aplicar el bisturí incisivo de su racionalismo e humanismo,
si es que se puede llamar así a un escritor que afirma: "el
mejor espectáculo para el hombre será siempre el propio
hombre", o que apela a las luces de la razón frente al oscurantismo
eclesial.
La misma ironía aplica a las relaciones entre los distintos países,
a la idea que los franceses tienen de sí mismos, al sentido que
podía tener las relaciones entre Francia y Rusia, o a la cuestión
colonial, tomando una vez más a Francia como ejemplo, aunque al
final de la lectura el lector tenga la impresión de que el modelo
no es ejemplar ni el ejemplo modélico, por no hablar del concepto
de nación que varios países tenían entonces y que
mantiene aún una vigencia curiosa y vigorosa.
Si en las obras narrativas, el espíritu iconoclasta, contestatario
y en guardia permanente se encarna en unos personajes y en una trama ficticia,
en los artículos de prensa se han de confrontar al día a
día social y transcenderlo si no se quiere quedar en una vulgar
crónica social. Al final, es fácil darse cuenta de que no
hay separación alguna entre los distintos modos expresivos de Queirós.
Bajo todos ellos late el mismo espíritu crítico y lleno
de sorna que le permite derribar con una pequeña ironía
los mayores dogmas.
Si bien existían ya traducciones anteriores de La reliquia y de
los cuentos, se agradece que El Acantilado y Siruela se hayan decidido
a publicarlos en sendas cuidadas traducciones y ediciones que están
más al alcance de los lectores.
José María Eça de Queirós
-Ecos de París, El Acantilado, Barcelona, 2004, 221 págs.,
12 €
-La reliquia, El Acantilado, Barcelona, 2004, 399 págs., 20 €
-Cuentos completos, Siruela. Madrid, 2004. 376 págs.
384 págs., 19,90 €
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