lateral


diciembre 2004
Nº 120

home

 

Documentales

The corporation

M. Achbar, J. Abbott y J. Baka. Prod. Mark Achbar & B. Simpson; Edición J. Abbott; Guión J. Bakan H. Crooks & M. Achbar; Musica L. J. Paul. Copyright Big Picture Media Corporation

A finales del siglo XIX, el capitalismo inventó un instrumento nuevo: la sociedad anónima. Tan eficaz fue la S.A., que hoy es tan dominante en la sociedad como lo fueron, en otros tiempos, la Iglesia, la Monarquía o el Partido Comunista. El hecho es que la mayoría de las personas no es consciente de la función y del poder de un instrumento tan ubicuo. De ahí que este documental sea muy oportuno. El invento fue simple: equiparar legalmente una S.A. a una persona. Ahora los realizadores se preguntan: ¿qué tipo de persona es? Y con el manual de psiquiatría en la mano demuestran que el individuo básico del capitalismo moderno actúa como un psicópata. No es una broma, es un análisis lúcido y serio. Muestra las causas del mal funcionamiento del capitalismo moderno, medido en desgaste humano y ecológico en lugar de una pura eficacia financiera. Tiene una selección estupenda de personajes, como el ejecutivo que se dirige a unos colegas atónitos con las palabras “amigos co-saqueadores” y declara a la cámara: “Algún día, la gente como yo, acabará en la cárcel”. The Corporation no deprime, como tantos documentales que nos muestran los males del mundo. Al contrario, nos anima a ponernos en marcha, a hacer algo. Porque va mas allá de la denuncia, revela causas.

Walter Tauber


Mr. Cortisone happy days

Shlomi Shir. Israel, 2004. Fotogr.: Shlomi Shir, Orlin Shir; Ed.: Duki Dror ˆ Zygote Films & Dany Itzhaki; Mu.: Music DJE; Prod: Duki Dror ˆ Zygote Films; Form.: Video; V.O.S.: Hebreo e Inglés; 85 min.


En esta película, el director se toma a sí mismo como protagonista de una historia verídica. Se trata de Shlomi Shir, que sufre de un cáncer que empieza a empeorar en el momento en que nace su hija, y que decide coger una pequeña cámara para registrarse a sí mismo en su pelea contra la muerte. Argumenta que la realizacion de esta película podría ser de ayuda para entender lo que le sucede y a su vez un medio para curarse. Su diálogo con la cámara termina transformándose en una especie de diario de vida en el que Shlomi expresa su fuerte deseo de vivir. Una de las cualidades de Shlomi es la de tener una veta musical, canta canciones en hebreo o en inglés con letras que va improvisando y en las que manifiesta emociones o pensamientos relacionados con la situación que atraviesa. Uno de los mayores temores de Shlomi es morir y no poder cuidar a su esposa y a su hija. Cuando el cáncer empieza a avanzar, Shlomi se traslada con su familia a Nueva York para ser internado en el Mount Sinai Hospital donde le operan en reiteradas ocasiones. Si se presta atención, es posible ver situaciones que demuestran la falta de experiencia de muchos (no todos) médicos y enfermeros para tratar con respeto y sensibilidad a los pacientes. Este documental es un testimonio intenso que nos permite tomar conciencia acerca de la fragilidad de la vida.

BRUNO GELLER


El siglo del viento

Fernando Birri. Alemania, Argentina, España, Francia, Uruguay; 1999. Guión: Fernando Birri y Eduardo Galeano; Fotog. Libio Pensavalle, Udo Alberts; So. y música: Gianni Nocenzi; Ed.: Mercedes Ortiz de Solórzano, Paz Saíz, Annie Bataillard, Pascale Cornuel; Prod. Yvonne Ruocco, Marcelo Cespedes, Detlef Ziegert; Form.: Betacam digital; Dur.: 86 min.

Osadía y libertad. Plantearse producir un documental como El siglo del viento es una osadía y sólo puede hacerse desde la libertad. Con una estructura más literaria que de documental, donde uno no sabe si las imágenes acompañan a las palabras o al revés, Fernando Birri y Eduardo Galeano se pasean por la historia de América del pasado siglo. En contra de la idea de la Historia en mayúsculas, en este documental se propone la historia de las historias, de las personas. De la gente que puso cara a los anhelos y a los hechos de mucha gente, mostrando a la vez, la importancia y la insignificancia del ser humano.
El impresionante fondo de imágenes de archivo, mezclado con imágenes actuales, músicas, sonidos y efectos especiales es atravesado por la vida del salvadoreño Miguel Mármol contada a través de títeres que, siempre en el límite entre la vida o la muerte, sirven de metáfora de la historia de América Latina, de los que no paran.
El siglo del viento es un documental que apunta a la emoción, a las sensaciones, no hay que intentar entenderlo sino –simplemente– dejarse llevar y llenar por el porqué, como dice una de sus frases “la verdad está en el viaje, no en el puerto”.

Ma. eugenia conill