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diciembre 2004
Nº 120

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Cine Documental

Werner Herzog
la ciencia ficción del documental

Anuschka Seifert

Werner Herzog comenta sobre su último documental: “Estoy fascinado con la idea de llevar el género de las películas de naturaleza y de animales a otra dimensión”. The White Diamond se estrenará a partir de enero de 2005 en Europa. Como en su anterior documental sobre los bomberos de Kuwait –después de la primera Guerra del Golfo–, tanto los acontecimientos como las imágenes se elevan a otra esfera. “Uno tiene la sensación de un réquiem para un planeta, que para los humanos se ha vuelto inhabitable. El resultado se parece más a una película de ciencia ficción, que a un documental tradicional.”


Hace once años que el ingeniero británico Graham Dorrington construyó un pequeño zepelín que funcionaba con gas de helio. Con este aparato fueron posibles los primeros movimientos de vuelo casi silenciosos por medio del impenetrable y casi inexplorado“techo de la selva”. Su amigo alemán, Dieter Plage, el renombrable aventurero y cámara de películas de animales, voló (condujo) este pequeño “barco del aire”.

De Plage se conoce un material fílmico inusual: En el este de ¡frica le atropella un elefante mientras la cámara sigue grabando; cuando devuelven a un jovencísimo gorila a la libertad, le ataca un macho salvaje; y en Kenia, filma sin protección alguna desde la superficie de carga de un camión cómo un elefante mueve el todoterreno como si fuese un juguete.
Algunas de estas imágenes son parte del documental de Werner Herzog, The White Diamond, como también los detalles que acabaron con la aventura de Plage y Dorrington: fue un fuerte soplo de aire que metió el zepelín por dentro de las coronas de los árboles. Plage intentó salvar su cámara que quedó enredada entre las ramas. Cayó de unos cincuenta metros de altura y murió dos horas más tarde, a pesar de que Dorrington intentó salvarlo. Hasta hoy, el ingeniero no ha podido superar el accidente. Sin embargo siguió mejorando el zepelín.

Cuando Herzog empezó su rodaje en medio de la Selva, al lado de la catarata Kaieteur de Guayana, se quemaron dos motores y la mayor parte de los instrumentos. Pero las imágenes rodadas son espectaculares. Herzog decidió reparar el zepelín para descubrir esta parte desconocida de la selva, el misterioso “techo” inexplorado, para la pantalla grande.

Este documental no es el primero de Werner Herzog. El año pasado se estrenó La rueda del tiempo, sobre la iniciación budista Kalachakra en Austria. Los dos primeros tercios, que se rodaron en la India, van más allá del análisis de una espiritualidad de una religión ajena. El evento masificado en Graz parece hasta cómico y afirma a través de las imágenes que no se pueden importar tan fácilmente rituales y religiones. Herzog primero quería filmar en el Tibet a los monjes realizando sus postraciones: “Llegar hasta ahí, me costó tres días y sólo me separaban cien metros del monje. Pero aunque en el camino hacia él podía ver cosas increíbles, no llegaba nunca. Siempre pasaba algo impresionante, lo encontrábamos enfrente, por detrás, por encima, por todos los lados. Sólo me quedaba seguir mis instintos, mi curiosidad.” Evidentemente Herzog siempre busca algo más profundo, profundas verdades úpticas, lo extático, paso por paso, convencido de que el ritmo de una película no se consigue a la hora de montar, sino ya rodando.

Herzog tiene una forma muy física de afrontar sus temas y le encanta andar y entender sentimientos profundamente religiosos más allá del Budismo o de cualquier otra religión. Por eso le fue muy fácil entender a este monje que en tres años había hecho una cantidad de postraciones que equivalía a cuatro mil kilómetros.

Va con la cámara directamente al meollo de los acontecimientos. Va directamente a lo que le llama la atención. Por ejemplo su visita al Dalai Lama al que no esperaba entrevistar: “Su Santidad, no tengo previsto hacerle una entrevista, pero me encantaría hablar con Usted. Ni estoy bien preparado, ni tengo preguntas preconcebidas.”

Uno de sus documentales más conocido es seguramente Mi enemigo más querido, sobre el fallecido actor Klaus Kinski. Cuenta con out-takes los ataques de ira que padecía desde su adolescencia y que dificultaban constantemente sus rodajes (Fitzcarraldo, Aguirre, etc.) y vuelve a los lugares originales de Latinoamérica. Ya que Herzog pone en escena no sólo un documental sobre un actor excepcional, sino sobre una amistad masculina llena de luchas de poder y vanidad entre estos dos hombres.

El pequeño Dieter necesita volar (1997) retrata a un hombre de la Selva negra, que siendo un adolescente durante la segunda Guerra Mundial, se refugia en un mundo soñado como piloto. Finalmente es detenido y hecho preso durante la guerra del Vietnam. Herzog confronta a Dieter Dengler con su propia biografía haciéndole revivir la situación de antaño.

En El cambio del mundo en m·sica (1994) Herzog documenta las actividades tanto visibles como sonoros del Taller Bayreuth antes de la apertura del Festival de Wagner. Lecciones de la oscuridad (1991) consiste en un inventario de las catastróficas consecuencias ecológicas que tuvo la Guerra del Golfo con sus yacimientos de petróleo en llamas, pero también aquí Herzog pretende ir más allá del documental y entiende su film como una visión estilizada de un planeta extraño. Si hay un hilo conductor que une la obra de Herzog, es su actitud que va directamente al límite, incluso le asalta. Le llaman poeta, filósofo y hasta visionario. “Nunca me he mirado a mí mismo, ni me va la moda de tener que autoanalizarme”. Tampoco cree a nadie y prueba todo por sí mismo, hasta sus zapatos. Al joven estudiante de cine Errol Morris le prometió que si finalmente rodaba la película de la cual hablaba tanto, iba a comerse un zapato entero. Morris lo hizo y la promesa fue documentada por Les Blank con la película Werner Herzog eats his shoe, 1980.

Herzog creció en un pueblo perdido entre las montañas de Bavaria, sin cine y sin televisión. Con catorce años empezó sus primeros viajes largos a pie y en autostop. Durante su época escolar trabajó como soldador en una fábrica de acero y para financiar sus primeras películas, como Heracles que la filmó con diecinueve años, trabajó de vigilante nocturno. Desde entonces ha producido, escrito y realizado más de cuarenta películas. Arriesga siempre todo y si se le pregunta sobre este asunto contesta: “Qué quiere decir arriesgar, quizás pierdo dinero, pero he ganado una película”. A muy temprana edad ya sabía que vivía bajo cierto destino y la cuestión era decidir si iba como paquete con él: “Lo decidí muy pronto y a sabiendas que no iba a tener exactamente una vida fácil y cómoda”. Muchas de sus obras, sobre todo aquellas hechas para la televisión como Wodaabe, Los pastores del sol, Nómadas al límite sur del Sahara (1989), Jag Mandir: El teatro privado excéntrico del Maharadscha de Udaipur (1991) y otras, no se han visto en Europa y esto que Herzog es junto a Wim Wenders y Volker Schlˆndorff uno de los mejores cineastas alemanes.

Reconocido, egocéntrico, rompiendo moldes siempre, se conmueve si sus espectadores no se sienten solos gracias a una película que han visto en el cine: “Esto es lo máximo que uno desea. De vez en cuando les pasa a personas que salen de una de mis películas. Si esto es así, he conseguido todo que quería conseguir con mi trabajo”.

Para información consultar: www.wernerherzog.com.

 

Anuschka Seifert (Hamburgo, 1964) es crítica de cine documental.