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julio
- agosto 2004
Nº 115/116

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Poesía
Joven poesía argentina
A Sócrates
Walter Cassara
Más que sus palabras, sofísticas
e improbables, guardamos una actitud,
un cero viril en la conducta:
cómo se sienta al potós y bebe
la jarra de vino, cómo permanece lúcido
y atento hasta el fin de la disertaciones
cuando todos ya están borrachos y medio dormidos,
eso que hace decir al despechado Alcibíades:
"parece que me hubiera recostado junto a mi padre
o mi hermano mayor". Una corrosión, una lozanía
de viejo sátiro es lo que amamos, no sus discursos.
Ni siquiera el gusto por los mancebos, sino
el hedonismo despectivo, el gesto diáfano
de elegir eso, no otra cosa
única fuente de sabiduría.
Walter Cassara (Buenos Aires,
1971) es poeta. Publicó La luna alrededor de su cuello, Rígida
Nieve, Juegos Apolíneos y El paseo del ciclista. El poema que aquí
se publica pertenece a Juegos Apolíneos.
Carlos Schilling
Si cada noche vuelven las estrellas
y vuelve el viento y vuelven a fundirse
los amantes y el mar en mi memoria,
si hay más vasos, más sed y más botellas
y brindar equivale a despedirse,
¿es el fin el principio de otra historia?,
¿es la respuesta siempre otra pregunta?
Miren ahora donde el dedo apunta,
¿qué ven?, ¿fantasmas, hombres o mujeres?
Tal vez existen demasiados seres
en cada ser y demasiados mundos
en cada mundo y nunca se terminan,
no, pasan pero nunca se terminan
las horas y minutos y segundos
que faltan para ver el fin de todo
y su principio y cuál sería el modo
de conocer que en la A ya está la Z
y que las sobras son la obra completa,
cuál, cuál sería el modo de volver
a romper este vaso en otra vida
y contar cada vidrio y suponer
que la suma es la forma y la medida
de un acto para siempre reversible.
Tiene que ser, sí, debe ser posible;
más que posible, justo; más que justo
necesario, sentir el mismo gusto
de este vino en las bocas no besadas
todavía, en las lenguas descarnadas
de quienes nunca fueron mis amantes
y abrazarme a sus cuerpos palpitantes
para que mi memoria sea el mar
mismo y el viento y vuelvan a brillar
otra vez, cada noche, las estrellas...
Carlos Schilling (Sunchales,
1965) es poeta. Publicó Dos variaciones y Diana y Nadia (Alción
Editora, Córdoba, 1997), y Mudo (España, 2001).
Réquiem
por las enaguas de chocolate de tatiana Mijailkova
MatÍas Néspolo
no era mujer
fue pura dicha era demonio
de nueva orléans se vino orillando el río
siete palmos de condenada cordura
por la cintura se ahorcaron
por el cogote la gallina
ay, Tatiana
"bendita sea la madre que te parió"
y benditas sean tus pecas
azafranadas
locos
todos locos se volvieron
por untar de chocolate su vainilla
"entre la hombrera y la cabeza
entre rodilla y cinturón"
no hubo hombre sensato
ni lo había
que no perdiera el juicio y las plumas perdía
por hurgar sus pecas el pico
ni quisiera resistirse
ni podía
encendido el braguero
ígnea la melena y coloradas
sus deliciosas pecas azafranadas
en aguas de permanganato se bañaba
y las enaguas de chocolate se quitó
dulce melodía sureña
oreaban al sol del mediodía secó
empolla sus huevos la gallina
y la locura rompe el cascarón
bien delineados
encantadores fueron sus labios
mayores y menores
"la señorita Mijailkova hoy no recibe"
y locos desplumados
todos locos se volvían
Red McKensie subía a la azotea por ella
por ella abandonó la causa
el padre Benedit purgaba el infierno por ella
por ella enfermó grave
el loco Sid componía lamentos y por ella
por ella predicó cinismo
la locura rompe el cascarón
y ardió el azafrán en la hondonada
aún hoy la siguen penando
y en aguas de chocolate
lloraban resecas
las vidalas.
Matías Néspolo
(Buenos Aires, 1975) es poeta y crítico. Publica en diversos medios
culturales españoles. El poema seleccionado pertenece a su libro
inédito Antología seca de Green Hills.
Hijas
Silvio Mattoni
A quién imita caminando así,
con las piernas abiertas y la vista
al frente? Dice que es un varón
armado, aunque el bucle le azota
su pequeña espalda. La hermana
mayor interrumpe mi concentrado
interés de público y me pregunta
qué son los genes. "¿Los genes?
Y... son como una cadena donde
se escribe cómo sos... están
adentro de las células... que son
partes de vos, adentro tuyo, en todo
tu cuerpo...". Y ella suspende un instante
su asombro de cejas perfectas y dice:
"Ah, ya sé, como lo que te ponen
con las inyecciones". ¿Para qué
explicar secretos que apenas entiendo,
si la otra sonríe con las puntas
felinas de los colmillos que mi hermano
tenía de chico? Pero la forma de una cara
esconde menos que un fugaz capricho
tapado por el olvido: su negativa
absoluta a usar vestidos; tres años
y una decisión inamovible. La genética
tampoco seca el llanto de su hermana
sobre los rulos cortados de la menor
de las tres. "Queda fea", solloza.
Una lección de estética. ¿La aprenderá?
¿Aprenderé su estilo de llorar?
¿Sabré captar la valentía y la gracia
en los andares decididos
de la que quiere ser un héroe
y salvar a su padre?
Silvio Mattoni (Córdoba,
1969) es poeta. Publicó: El bizantino (1994), Tres poemas dramáticos
(1995), Sagitario (1998), Canéforas (2000), El país de las
larvas (2001), Hilos (2002) y El cuenco de plata (2003).
79
MartÍn Gambarotta
Los que duermen en el valle de silicio, los que están
despiertos
cargándole combustible a su auto en una estación de servicio
en el valle de silicio, los que duermen en el tren eléctrico
adentrándose en el valle de silicio, los que van despiertos
en el tren eléctrico adentrándose en el valle de silicio
los que duermen en el tren eléctrico que sale del valle
de silicio, los que van despiertos tomando una cerveza
en el tren que sale del valle de silicio
y ven pasar volando en la otra dirección una ráfaga
de vagones iluminados en viaje hacia el valle de silicio
los que quieren llegar al valle de silicio a trabajar
en overol naranja para la compañía eléctrica leyendo
los medidores de luz del valle de silicio, los que quieren
irse del valle de silicio con el overol naranja todavía puesto
porque no quieren trabajar más para la compañía eléctrica
leyendo los medidores de luz del valle de silicio.
Martín Gambarotta
(Buenos Aires, 1968) es poeta. Publicó Punctum (Libros de Tierra
Firme, 1996) y Seudo (VOX, 2000). Este poema es inédito.
En el extranjero
Juan Fernando GarcÍa
Impresiones: lo mismo este paisaje
que el bosque de Necochea
Acá están las ardillas custodiando sus árboles:
éste es nuestro territorio, nuestro espacio
y fuera de aquí.
Arboleda de coníferas.
Rojos, amarillos, verdes perennes
y los picos nevados a lo lejos.
Esto es Canadá, dijimos,
al ver a los pequeños alces
mientras bajábamos al pueblo
en empinada pendiente.
Juan Fernando García
(Necochea, 1969) es poeta. Publicó La arenita (2000). Este poema
pertenece al libro de próxima aparición llamado Todo.
Vuelve sobre
mis pasos de mosca
Jimena Néspolo
Vuelve sobre mis pasos de mosca
En la maceta una semilla ha explotado sin siquiera nacer
Vuelve sobre mi piel de víbora
Sin más abrigo que un cuero ajado por la dura intemperie
(el frío le ha pasmado el pecho)
Regresa a una casa de la cual no ha partido nunca
Besa a su madre y a su padre
Pide la llave de su celda
Vuelve a su vuelo de mosca y emprende hacia los jardines
[sofocados de ausencia
Al caer la noche el terror le desquicia el alma
Besa a su padre, besa a su madre
y a la llave de su celda
Jimena Néspolo (Buenos
Aires, 1973) es poeta. Publicó Incertezas (Simurg, Buenos Aires.,
1999) y Papeles cautivos (Simurg, Buenos Aires, 2002). Este poema pertenece
a Incertezas.
Sueño
Rosario Bléfari
Hasta dónde sube la forma de tu sueño
y queda al descubierto que tus asuntos son los míos? Llevamos las
manos atadas. Contagia nuestro apuro y no nos detiene el frío de
la tarde que envuelve la calle de tu barrio (antes lo odiaba, ahora lo
adoro).
Pasamos por las palabras más torpes y por las
más difíciles como verdaderos acróbatas de la voz.
No hay tensión más alta. Este sufrir de gusto y perder nociones.
Un miedo que no empuja a nadie al abismo.
Precipicios son otros, de eso hablaré otro día.
No conozco la zona, por eso.
Es distinto cuando vos venís a casa. Yo sé el nombre de
cada sombra entonces. Pero ahora, como en un sueño, al final del
camino veo esa luz tan pálida que parece un
fantasma perdido en el horizonte.
Las casas están muy solas, las enmarcan las sombras
de las hojas que se mueven un
poco. Alguien abre una puerta con una llave de un manojo enorme. Es la
llave maestra. Los autos pasan como latigazos de aire. Ya no me puedo
sostener. Hasta mañana he cumplido.
Rosario Bléfari (Mar
del Plata, 1965) es poeta. Publicó Poemas en prosa (Ed. Belleza)
y Felicidad (Buenos Aires, 2001). Este poema es inédito. Rosario
Bléfari (Mar del Plata, 1965) es poeta. Publicó Poemas en
prosa (Ed. Belleza) y Felicidad (Buenos Aires, 2001). Este poema es inédito.
Sin llaves y
a oscuras
Fabián Casas
Era uno de esos días en que todo sale bien.
Había limpiado la casa y escrito
dos o tres poemas que me gustaban.
No pedía más.
Entonces salí al pasillo para tirar la basura
y detrás mío, por una correntada,
la puerta se cerró.
Quedé sin llaves y a oscuras
sintiendo las voces de mis vecinos
a través de sus puertas.
Es transitorio, me dije;
pero así también podría ser la muerte:
un pasillo oscuro,
una puerta cerrada con la llave a adentro
la basura en la mano.
Fabián Casas (Buenos
Aires, 1965) es poeta. Publicó Tuca (1990), El salmón (1996)
y Oda (2003) en la editorial Libros de Tierra Firme, y El Spleen de Boedo
(Ed. Vox, 2003). Este poema pertenece a El Salmón.
Parte I: Precipicios
María Malusardi
a Marcos Rosenzvaig
en la almendra demasiado triste de paul celan
la palabra circuncidada nombra
al inhabitable:
aceite seco en tanta mirada hermosa y destructiva
abarca dedos de manos cortadas
no tiene maternidad
el inhabitable
ni balanza
para pesar la tristeza de la almendra de paul celan
un número debajo de la nieve
las crines
de paul celan
en el alambrado
María Malusardi (Buenos
Aires, 1966) es poeta. Publicó Payaso rojo (Ed. La lámpara
errante, 1989); El accidente (Ed. Mascaró, 2001); y La carta de
vermeer (Ed. Alción, 2002). Este poema pertenece a La carta de
vermeer.
La poesía
heterogénea
Marcelo Damiani
Durante los años noventa la poesía en Argentina
experimentó un apogeo que muchos se apresuraron en catalogar como
inédito. Talleres, lecturas, recitales, performances, concursos,
revistas, antologías, editoriales y publicaciones de todo tipo
formaron una suerte de circuito alternativo frente a cierta cultura "oficial"
que parecía venir, un tanto anquilosada como siempre, por el lado
de los suplementos culturales de los tres grandes diarios capitalinos.
Por momentos, es justo decirlo, el fenómeno (y muchos de sus falsos
vates y debates) se acercaban peligrosamente a la vacuidad entusiasta
que rodeó los años menemistas. Un prestigioso crítico,
con la ambigüedad que lo caracterizaba, llegó a decir que
el fenómeno auguraba la llegada de una revelación que se
hacía esperar y que acaso nunca llegaría. Y para él,
hasta donde sabemos, nunca llegó. El problema, como suele suceder
en estos casos, era que muy pocos podían (y pido perdón
por la doble metáfora añeja) separar la paja del trigo,
o, si se quiere, lo ordinario de lo extraordinario, a pesar de la aparente
simplicidad de la operación. Y esto se debía, quizá,
a la gran cantidad de intereses creados por los mismos protagonistas,
en general guionistas, directores, actores, productores y publicistas
de sus propias películas. No obstante, más allá de
las dudosas luminarias rápidamente destinadas al parnaso por interesados
padrinazgos, surgieron algunos verdaderos poetas cuya voz (y en muchos
casos también, cuyo imaginario) permiten augurar un futuro-presente
prometedor. Es el caso de los reunidos en esta ajustada selección,
donde lo más interesante, me apuro en aclarar, son las diferencias,
aunque sutiles, y no las similitudes. La crítica, siempre rápida
a la hora de etiquetar, y por lo general más interesada en confirmar
sus propios prejuicios que en valorar con ecuanimidad, seguramente se
sentirá decepcionada al percibir la heterogeneidad de los aquí
convocados, y tal vez ésa era la idea. Ahí están
para demostrarlo (de acuerdo a una rigurosa presentación alfabética)
la apuesta levemente narrativa e intimista de Rosario Bléfari y
el coqueteo epifánico en la poesía de Fabián Casas;
ahí, también, esa suerte de añoranza por una verdadera
filosofía de vida en la voz de Walter Cassara. Ahí está
la famosa tensión entre el sonido y el sentido en "79"
de Martín Gambarotta; ahí está, como no podía
ser de otro modo, el aporte impresionista, cuasi melancólico, de
la mano de Juan Fernando García. Ahí está el lazo
con la tradición explicitado por María Malusardi. Ahí
está la veta vital, filosóficamente asombrosa, con la que
nos impacta Silvio Mattoni. Ahí está el gesto recursivo
de Jimena Néspolo y el punto de vista lúdico de su hermano
Matías. Ahí está, por último, la fuerte y
exquisita mirada sonora de Carlos Schilling que nos deja soñando
con las estrellas, como cuando éramos chicos (y todo poeta, en
el fondo, no es otra cosa que un chico) y nos dormíamos bajo la
bóveda estrellada. Ojalá que estos poemas tengan un efecto
parecido en el lector que los lee bajo ese otro cielo que de alguna manera
también es el nuestro.
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Marcelo
Damiani (Córdoba, 1969) es egresado de la Facultad
de Filosofía y Letras de la UBA y del Bath Spa University
College de Inglaterra. Ha publicado las novelas Adiós, pequeña
(1995), El sentido de la vida (Premio del Fondo Nacional de las
Artes 1998) y el libro de poemas Pasajeros (2003). Es colaborador
de Espacios, Clarín, El Metropolitano y El País. |
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