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julio
- agosto 2004
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Juliano Mer Khamis: Arna´s Children Entrevista de Anuschka Seifert y Bruno Geller Hijo de un palestino que fue miembro del partido comunista
en Israel y de una judía que nació en el seno de una importante
familia sionista, Juliano Mer Khamis ha logrado plasmar en su primera
película un retrato conmovedor sobre el destino de un grupo de
niños palestinos que fueron parte de un teatro fundado por su madre,
Arna, en Jenin, Cisjordania. ¿Podrías comentarnos acerca de tu filmografía previa al documental? Éste es el primer largometraje que hago, anteriormente hice cortos, pero fueron experimentales. He trabajado como actor de cine y teatro durante veinte años, por esta razón estoy familiarizado con las cámaras y he aprendido a trabajar con ellas. ¿Qué te motivó a realizar este documental? Mis amigos disparan con Kalashnikov, yo disparo con una cámara, disparamos contra la ocupación. ¿Qué piensas y sientes frente al hecho de que muchos niños que participaron en el teatro que fundó tu madre, una mujer que luchó a favor de la paz y que de hecho ganó el premio mundial alternativo de la paz, terminaran cometiendo ataques suicidas? Muchas personas me han dicho que el proyecto de mi madre falló, pero eso no es cierto. Mi madre fue a Jenin, no como una judía que iba a ayudar a los palestinos, mi madre no es la madre Teresa, ella fue a Jenin como un ser humano que va a ayudar a otros seres humanos que viven bajo la ocupación, para ella la lucha de los palestinos era su lucha y se unió a la Intifada. Ella luchó por los niños en Jenin, ella creía que el conocimiento era la manera que les iba a dar herramientas a los niños para que pudieran conseguir la libertad. Quería brindarles conocimientos a los niños para que pelearan por sus derechos, para que se sintieran orgullosos, para que tuvieran educación y se sintieran libres, y estos niños se transformaron en líderes de la Intifada, y este hecho es un éxito de mi madre. Mi madre sostenía que había que "luchar para aprender y aprender para luchar", y eso es lo que mi madre hizo. Desafortunadamente, la mayoría de ellos murieron, pero pelearon por la libertad. Mi madre estaría orgullosa. ¿Entiendes el proceso que hace que un joven palestino se convierta en un kamikaze? Sí, lo entiendo y eso pretendo explicar en cierta
medida en la película. Yussef, uno de los niños que aparece
en el film, quería ser actor, hablaba de amor, de pintura, de teatro,
quería ser como Omar Shariff y se tranformó en una especie
de líder dentro del grupo de teatro, años después
cometió un ataque suicida. ¿Qué sucedió para
que se originara este cambio? Es un proceso que ocurre en muy especiales
circunstancias impuestas por la ocupación israelí. Estos
ataques suicidas no tienen que ver con la cultura del islam, no es producto
de la genética, es el resultado de un cambio político y
social muy violento instalado por los israelíes en los territorios
ocupados. Estos territorios no son Vietnam o Camboya, no hay montañas,
no hay cerros, es como una pequeña jaula cubierta con helicópteros
Apache, con tanques. La única forma para causar un daño
al poderoso armamento israelí es mediante ataques de este tipo.
Moralmente esto es imposible de aceptar, de entender, pero tienes que
entender el estrés, la pobreza y la presión que viven los
palestinos y si sientes esta presión desde adentro, puedes entender
que muchos se enfrentan al dilema entre morir o ser un muerto viviente,
muchos prefieren estar muertos que ser muertos vivientes. ¿En qué sentido te transformó la realización de esta película? En cierta medida esta película me hizo ser un poco más optimista. Antes era más cínico, más irónico, no creía mucho en los cambios, a menos que usaras las armas, creo que el entendimiento es posible entre los pueblos, y esta película me ha dado muchos frutos ya que puede colaborar para construir ese camino. En estos momentos estoy viajando por diversas ciudades de Israel mostrando este documental, dialogando con las personas. ¿Cómo experimentaste el hecho de ser fruto de un romance entre una judía y un palestino? Como niño sufrí mucho, todas las sociedades
son racistas. Imagina a mis padres en los años cincuenta, una mujer
judía que fue miembro de las brigadas sionistas casándose
con un palestino, fue un escándalo que apareció en los periódicos.
De mi madre, se decía que era una prostituta judía , y de
mi padre, que era un árabe apestoso. Yo intentaba ser judío
a toda costa, ser amado por los judíos, de hecho entré en
la elitista brigada de paracaidistas del ejército de Israel. Luego
me destinaron para trabajar en un Checkpoint en Jenin, le provoqué
daños serios a un oficial que maltrataba a los palestinos y estuve
preso durante un año y medio. En la cárcel, tuve amigos
árabes, gente de la resistencia, y me di cuenta de parte de mi
identidad, me di cuenta de que tenía que enfrentarme a la sociedad
racista.
Fueron varias las dificultades, en cuanto a filmación
había temor ya que para los soldados israelíes las cámaras
son un verdadero enemigo, de hecho ya han terminado con la vida de varios
periodistas. También hubo problemas legales ya que la inteligencia
israelí me acusó de que estaba viviendo y colaborando con
el enemigo, y actualmente hay una causa contra mí en la Justicia
israelí, pero al mismo tiempo creo que pude seguir adelante con
el proyecto porque mi madre es judía y porque yo soy una celebridad
en el mundo del teatro. ¿Hubo diferencias en las reacciones de la gente frente al film en Israel, los territorios ocupados y en el extranjero? No hubo muchas diferencias, en el Festival Internacional de Documentales en Amsterdam, mil personas vieron el documental; israelíes, palestinos y personas de diversos países se acercaron para darme la mano, estaban todos muy emocionados. Me di cuenta de que el film era muy emocional, muy humano, mi objetivo no era imponer ideas ni acusar a un lado o al otro del conflicto, sino más bien contar una historia auténtica de niños, y eso es algo difícil de resistir.
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