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junio
2004
Nº 114

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Tres poemas
ROLANDO SÁNCHEZ MEJÍAS
Atributos
dios
no tiene particularidad
dijo el hombre
de la barba blanca
dios no tiene
particularidad
ni tampoco
generalidad
dijo el hombre
de la barba blanca
y frondosa
dicho esto
se tomó su café con
leche
y se calló la
boca
Se ha ido acumulando...
Se ha ido acumulando.
En realidad no hay dolor,
no puede haber dolor
detrás del dolor.
Detrás del dolor
no hay nada,
dicen los monjes budistas.
¿Y detrás de la nada?
No hay nada,
dice el sentido común.
Se ha ido acumulando.
No me está pasando a mí.
A mí me está pasando otra cosa
que no entiendo
ni entiendes.
No me está pasando a mí,
ni a ti,
ni a nadie.
Detrás de la nada
no hay nada.
O hay todo,
depende.
A mí me está pasando otra cosa.
Ven,
te lo voy a decir.
Se ha ido acumulando.
Tibia
una vez
que la muerte llega
acógela en
tu regazo
tibia es
la muerte
no fría
no fría
te han en-
gañado
es un a-
brazo
Un collage de cálculo
LORENZO GARCÍA VEGA
Rolando Sánchez Mejías parece pedir
que no lo lea aquel que no tiene por qué leerlo; parece pedir que
sólo lo lea aquel que tenga el suficiente diente duro como para
llegar a saborear, con sabor de hermetismo, como de cripta que él
nos propone: "La conversión del oro en huevo -nos dice- ocurre
al final de la mente, o en algunos de los recovecos teatrales de la realidad".
Una visión, como se ve, donde hay recovecos teatrales, pero recovecos
que no son grandílocuos, ya que hasta pueden minimizarse como para
poder entrarlos en lo pequeño de una cajita, la cajita que pudiera
soñar un alquimista, y donde lo que se evapora se pudiera volver
sólido, o donde lo sólido se pudiera evaporar. Pero entonces
¿se trata de una poesía sin argumento? No, hay argumento,
lo que pasa es que la trama, en manos de Sánchez Mejías,
se convierte en el relato donde "intentaron torcer la verdad de una
nieve / áspera y mental". Tocando, Rolando Sánchez
Mejías, como las paredes de la imagen, y esto con visiones que,
de inmediato, el lector le sospecha como muy últimas, entrañables.
Tan últimas y entrañables que, seguro, para conocerlas en
su última dimensión, sólo cabría sentarse
con el poeta y hablar con él, hasta así llegar a averiguar
cómo muchas de sus imágenes forman parte de sus huesos ("El
tiempo -nos dice Rolando- es un puerco veloz / que cruza el bosque de
la vida"). Así como, también, Rolando es aquel que
sabe un buen secreto y lo comunica como bajito, o sea, lo comunica sólo
a aquellos pocos lectores (no hay más remedio: ¡tienen que
ser pocos!) que están destinados a saberlo. Un buen secreto, entonces,
pero, curiosamente, ¡qué secreto tan bien dicho!, y ¡cuán
extrañamente sencillo!, pues al final resulta que el poeta nos
dice: "No hay lengua secreta (te lo dije) / ni sacra, a no ser que
te quejes bajito / como muge la vaca a la arboleda / perdida ya".
No se puede decir mejor. Pero pasó un águila por el mar,
y se cayó el muro de Berlín. Pasó un águila,
y se cayó el circo soviético donde el payaso soviético
hacía poesía testimonial y accesible para todos. Así
que, sea como sea, las cosas han cambiado. ¡Las cosas han cambiado!
Así que uno, algunos, después de habernos vuelto viejos
en una caverna donde apenas podíamos entender lo que escribíamos,
pudimos salir afuera y encontrarnos, ¡qué extraño!,
que lo que siempre tuvimos que hacer en la torre de marfil a oscuras ya
lo había hecho un Rolando Sánchez Mejías, con un
grupo de jóvenes de un proyecto llamado "Diáspora",
que bien podían hacerlo a la luz del día, y sin tener que
justificarse. Confieso que esto ha sido como una revelación, confieso
que esto para mí fue muy extraño, ya que todo esto ha sido
para uno, para algunos, como encontrarse con que los que pueden (Rolando,
y los jóvenes de la diáspora) ser nuestros hijos, y hasta
nuestros nietos, resultan ser, de cierta manera, nuestros padres. ¡Las
cosas que se ven!
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Rolando
Sánchez Mejías (1959, Holguín) es escritor
cubano exiliado en Barcelona desde 1997. Sus últimos libros
de ficción son Historias del Olmo (Siruela, 2001) y Cuaderno
de Feldafing (Siruela, 2004). En Cálculo de lindes (México,
2000) publicó una antología de su poesía hasta
1994. Dirigió desde 1995 el proyecto y la revista Diáspora
en La Habana.
Lorenzo García Vega (Matanzas,
Cuba, 1926) es escritor. Perteneció al grupo Orígenes.
Su libro Los años de orígenes (1976) es un clásico
de la literatura cubana. Actualmente reside en Miami. |
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