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junio
2004
Nº 114

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I
Premio lateral de Narrativa Extranjera |
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Rodrigo Fresán
o Peter Hook en el jardín de los textos
ROBERT JUAN-CANTAVELLA
Jardines de Kensington (Mondadori, 2003) ha sido elegida
como la mejor novela en castellano del año 2003 en el
I Premio Lateral de Narrativa. La tercera novela de Fresán
transcurre durante una noche en que se recorre la vida y milagros de Barrie,
creador de Peter Pan, y se explora el territorio de la infancia. Resultaron
finalistas J. Á. González Sainz y A. Ibáñez.
Jardines
de Kensington es una novela escrita desde esa creencia postmoderna según
la cual la materia prima de una obra de ficción no tiene por qué
ser enteramente original, acaso porque tal cosa sea imposible. En este
caso concreto, los materiales previos, Rodrigo Fresán (Buenos Aires,
1963) los toma de la vida del creador de Peter Pan, y aunque en el epílogo
el autor asegure que su libro "no es ni intenta ser una rigurosa
biografía de James Matthew Barrie o un preciso mapa de sus alrededores",
lo cierto es que el eje del libro es ése; gracias a Dios ni es
rigurosa ni precisa, pero sí una biografía de Barrie, un
"mapa de sus alrededores". Pues bien, este material previo está
asumido por un aparato textual que lo convierte en una novela al entrelazar
la reconstrucción biográfica de Barrie con otro relato biográfico,
éste completamente inventado. Allí Fresán es Peter
Hook, un autor de literatura infantil tan obsesionado por la vida y opiniones
de Barrie que consigue mirarse en él como en un espejo distorsionado
por el tiempo. Así, en su última novela, Fresán encarna
la voz de un escritor que, a su vez, reconstruye la vida de otro.
Existen dos tipos básicos en esta clase de juegos intertextuales.
Uno tendría que ver con la tradición de Cervantes y Borges,
el otro con los cultural studies y la diseminación deconstructiva.
En caso de Jardines de Kensington estaríamos hablando del primero:
las costuras de los textos son nítidas, discernibles, el juego
de narradores respeta -por decirlo de alguna forma- una ética textual
que en todo momento permite que el lector conozca con certeza el nivel
narrativo en que se encuentra. De este modo es como se articulan y entrelazan
las historias paralelas de Peter Pan y Jim Yang -el niño que detuvo
el tiempo y el que lo transita a su capricho-, de Barrie y de Peter Hook
-los respectivos creadores de estos dos personajes de cuento-, de los
padres de ambos y de sus respectivos hermanos muertos -David Barrie y
Baco, ambos niños eternamente "nuevos" que vencieron
al tiempo- y de las épocas -"La época victoriana y
los Swinging Sixties", dice el narrador, están llenas de "curiosas
similitudes y puntos en común"-. A este sencillo juego de
dobles, tan rotundamente resuelto en una narración que siempre
parece algo más complejo y a la vez algo mucho más fluido,
ya sólo hay que añadir una última artimaña
textual: el narrador, Peter Hook, autor de la saga de Jim Yang, hijo desencantado
de los sesenta y álter ego -casi sin álter- de Fresán,
durante una noche alucinada e interminable le cuenta toda esta historia
a un personaje cuyo nombre, hasta que no llega el último capítulo,
no se enuncia más que en vocativo -apelando así a su condición
de receptor-. Keiko Kai es una pieza fundamental del relato porque permanece
oculto hasta el final, y esto, a la manera de Rebeca, de Alfred Hitchcock,
obstinadamente presente a través de su invisibilidad, de su naturaleza
muerta, lo convierte en un factor de tensión que, en este caso,
alimenta el ritmo vertiginoso de la lectura. Y es que Keiko Kai, este
espectador maniatado, es la coartada de que Fresán se sirve para
hacer uso de su mejor arma: la oralidad. En este sentido, y esta sería
la última pirueta textual, Keiko Kai es el lector, o el lector
es Keiko Kai, pues es a él a quien se dirige el narrador, y quien
da a Fresán su particular carta de naturaleza de contador de historias.
Hay otra clave que me parece interesante a la hora de afrontar Jardines
de Kensington, y es su relación con Mantra (Mondadori, 2001), la
anterior novela de este autor argentino. Porque Jardines de Kensington
es anterior y posterior a Mantra, ya que su primera versión fue
infectada letalmente por un virus informático que le obligó
a escribirla de nuevo dos años más tarde. Resulta inútil
especular sobre cuánto de aquellos "primeros jardines"
fue asimilado por Mantra, pero, así mismo, es evidente que Mantra
está en estrecho diálogo con la versión definitiva
de Jardines de Kensington (que, hasta el momento, hay que considerar también
como el libro definitivo de Fresán). La diferencia entre una y
otra novela estriba en que los elementos que comparten son utilizados
en cada una en distinto grado. Así, el lenguaje torrencial que
en Mantra está puesto al servicio de una estructura centrífuga,
poco interesada en ir atando cabos, y muy dada al despropósito
y la experimentación más libre, en Jardines de Kensington
está sometido, si no a una estructura clara, sí a un ritmo
narrativo que es el ritmo equívoco e intermitente de la memoria,
un tempo que sólo es anárquico en apariencia. También
se mantiene la fascinación por la muerte, la facilidad para acabar
haciendo triste una historia que inicialmente no lo parece, y la tendencia
al catálogo, que si en Mantra tomó la forma de un juego
de entradas enciclopédicas, en Jardines de Kensington es utilizado
para contar la historia a través de sus personajes, y que tiene
su signo más evidente en la recurrente alusión a la portada
de St. Pepper's Lonely Hearts Club Band, de The Beatles, leitmotiv del
catálogo de personajes pop que entran y salen todo el tiempo de
esta libro.
He dicho antes que Jardines de Kensington es el libro definitivo de Fresán,
pero prefiero desdecirme. Su libro definitivo está por llegar.
Siempre hay que ser precavido con esta clase de afirmaciones sentenciosas
si el escritor está en activo, pero no me retracto sólo
por precaución. Hay algo de tentativa en el espacio que separa
Mantra de Jardines de Kensington, y es en ese territorio intermedio, es
decir, dejándose ir un poco más que en la última
novela y un poco menos que en la anterior, donde creo que Fresán
puede rendir al máximo. Me explico. No creo que la voz que las
alienta a ambas vaya a cambiar sustancialmente en un futuro próximo,
pero sí la intensidad en el despliegue de medios y recursos que
la conforman, como ya ha sucedido en estos dos libros. Jardines de Kensington
nos ha mostrado a un Fresán más sobrio, alguien con la audacia
que requiere el despropósito experimental, y con la habilidad necesaria
para -esta vez sí- cerrar todas las puertas que en su "novela
melliza" quedaron desafiantemente abiertas, y que dejó entornadas
en su libro de relatos La velocidad de las cosas (Mondadori, 2002). Pero
el ciclo no está cerrado. Que Tsunami, uno de sus dos próximos
libros (el otro es Pop), esté ya anunciado en Jardines de Kensington
-aunque sólo sea a través de una mención "casual"
(p. 380), como Kill Bill lo está en Pulp Fiction (38:40 min)- puede
tomarse como un signo premonitorio. Sea como sea, ojalá que cualquiera
de los dos esté a la altura de Jardines de Kensington.
El jurado del I Premio Lateral
de Narrativa en su versión de Literatura Hispánica está
integrado por: Jorge Carrión, Mihály Dés, Mathías
Enard, Ramón González Férriz, Robert Juan-Cantavella,
Quim Pérez, Juan Trejo y Juan Gabriel Vásquez..
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Robert
Juan-Cantavella (Almassora, 1976) es autor de la novela Otro
(Laia Libros, Barcelona, 2001). |
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