El barco de
los locos
Entrevista a German Berger
ANUSCHKA SEIFERT
Viene de lejos, es de Chile y tiene 31 años. German
Berger vive actualmente en Barcelona, donde surgió la idea de
su primer largometraje Viaje a Narragonia, el fruto de una vasta trayectoria
para su edad: trabajos de periodista para la televisión y la
radio, de corresponsal para medios de comunicación que siguieron
de cerca el arresto de Pinochet en Londres, de realizador de cortometrajes
de ficción, y otros tantos proyectos. Su mirada es aguda y durante
la entrevista se distingue un entusiasmo pleno hacia su vocación
de cineasta que también se trasluce en el proyecto de Narragonia,
que es su propia utopía, tema central de la película.
¿Por qué marcas
la estructura de la película alrededor del embarazo de uno de
los personajes?
Es una película cuya estructura la marqué dentro de un
embarazo para hacer la metáfora de la gestación, como
la gestación de la película, pero también como
la búsqueda de algo distinto, de un sueño, tener un hijo,
es la metáfora sobre el viaje a Narragonia, que es una búsqueda
de un futuro, un destino, un sueño. Mi propósito era que
nos metiéramos en este mundo del barco, en este universo que
era como abstraerse del mundo, del tiempo incluso, someterse a una realidad
particular y distinta, a este barco de los locos, donde el tiempo pierde
sentido, y es como la eternidad de un día, si estás un
día en ese barco puedes pensar que han pasado meses, donde lo
que cobra sentido es este viaje, este lugar al cual queremos llegar,
estamos con un grupo de personas reales, estamos con sus sufrimientos,
con sus mezquindades, con su felicidad, con su búsqueda, con
sus carencias, pero no sabemos dónde estamos ni en qué
momento. Me parecía que las imágenes del parto de Irina
en una clínica, en una situación tan real, era también
una manera de acercar esta realidad a nuestro mundo, ella podría
ser un álter ego de cualquiera de nosotros.
Hablas de un colectivo, pero
yo veo más que nada una suma de individualidades que viven una
profunda soledad, cada una con sus pensamientos.
Sí, evidentemente. El "barco de los locos" de la Edad
Media era un barco que se llenaba de personas que eran excluidas de
la iglesia y de las ciudades, que no tenían nada que ver las
unas con las otras y que se veían obligadas a navegar juntas
a la deriva. Acá forman un colectivo, hay varias escenas en las
cuales están juntas, pero no es lo fundamental, porque acá,
ellas están ahí, por varios motivos. Si bien hay un convencimiento
profundo de parte de ellas, de estar vinculadas a esta historia, luchando
por encontrar un mundo que les sea más grato, que tenga que ver
con aquello a lo que ellas aspiran, ellas están también
ahí porque no tienen otro lugar donde estar, eso es verdad, la
gente, cuando viene la marginalidad muchas veces, no opta por la marginalidad,
es también porque no se logra encajar en la sociedad.
En el documental aparece un
confesionario en el que hablan los personajes, ¿quién
se lo inventó?
Fui a la historia, a todo este movimiento filosófico, que surge
al final de la edad media. Erasmus von Rotterdam escribe Elogio de la
locura, Sebastian Brant escribe la novela El barco de los locos con
ilustraciones de Albrecht Dürer, es decir, toda una filosofía
que comienza a analizar al hombre con sus necedades, por la literatura
sé que era una vida hegemónica, todo giraba en torno a
lo mismo, el dios de la religión católica, que era como
el único vínculo social posible, porque hoy el dinero
lo es. Ahora, lo del confesionario pertenece a un lenguaje muy medieval,
en el sentido bíblico, pero traté de extraer el sentido
más profundo, más como bufón de cada historia,
y voy a hablar de estas pinturas, trasladarlas a la historia y transformarlas
en escenas dentro de la película que tienen que ver con la necedad
que describe Brant, que se relacionan directamente con la avaricia,
la mentira, la fidelidad, la maternidad...
¿El confesionario es
parte de su obra o te lo inventaste tu para tu documental?
El confesionario lo construimos juntos, ellos y nosotros. Es propio
de la pintura flamenca, tú ves los cuadros del Bosco y ves ventanitas
pequeñas donde sale un cuerpo, tiene que ver con este arte. Teníamos
un juego, algo que al final no se ve. Teníamos una especie de
dados, donde estaban los nombres. No me dejaron a mí decidir
quién iba al confesionario, tenía que ser el azar, porque
el azar es un juego medieval que básicamente tiene que ver con
la suerte, con el destino, con la fortuna, y a ellos les parecía
que el confesionario tenía que seguir con esa lógica.
Me da la impresión de
que tu de alguna manera has sacrificado la complejidad de tus protagonistas,
el contexto de ellos, al superponerlos con la novela medieval.
No sé si he sacrificado eso, por la novela medieval, sí
sacrifique algunas partes, pero no sólo por una razón
temática sino también por razones técnicas, que
a veces la imagen no era buena, no transmitía lo que yo estaba
viendo, hay como muchas razones más por las cuales uno sacrifica
un plano u otro, no sólo por una razón temática.
Sí es cierto que finalmente creí más conveniente
para la película tomar este camino.
A mi modo de ver hay una contradicción.
Por un lado, los protagonistas están buscando una utopía,
su paraíso o simplemente un futuro diferente, y por eso viven
en el barco, pero al mismo tiempo, confirmas que viven en un barco porque
no tienen otro sitio. Así no tienen opción. Esto es lo
contrario de libertad, ¿o no?
No, porque podrían ser mendigos, ellos no son los únicos
marginales de este mundo, lo que yo no creo es que haya una contradicción,
hay una búsqueda, hay más bien un hallazgo de parte de
ellos, de encontrar un lugar que los acoge y que les permite poder desarrollarse
con mayor comodidad, no veo que haya como una contradicción en
eso, veo que es más como que han encontrado que son un poco afortunados,
de alguna manera, porque la mayoría de la marginalidad o la gente
que vive de la marginalidad vive una profunda soledad, sobre todo en
un mundo como el que vivimos hoy, tan individualista, la marginalidad
es tremendamente solitaria y tremendamente dura y ellos han encontrado
un espacio que los acoge. Y cuando te digo que no tienen a dónde
ir, es también como una metáfora, y también esta
búsqueda del lugar del paraíso.
Paraísos bien diferentes,
motivaciones muy distintas, los rusos por ejemplo tenían sólo
ganas de viajar, ¿no?
Exacto, ellos buscaban eso, ellos habían estado detrás
de esa cortina de hierro y te dicen que la realidad de ellos es distinta,
ellos son intérpretes, barrocos, tocaron en la Sinfónica
de Moscú, tienen una formación profesional de intérpretes
barrocos, importantísima, de 20 años de estudio; sin embargo
ellos cambian eso por abrirse al mundo, por conocer, por viajar, por
buscar. Es cambiar tu vida, tu monotonía, tu rutina, y el barco
de los locos permite eso, pero también sacrificas muchas cosas.
Estás dejando muchas cosas en la tierra, están dejando
familia, amigos, estás dejando tu historia, y es como un desprendimiento
que haces, y de alguna manera todos ellos han tenido que hacerlo, es
una opción de vida.
¿Tu también te
tuviste que desprender de cosas?
De alguna manera lo tuve que hacer, lo mío fue más circunstancial
porque, claro, lo mío era una búsqueda también,
quizás también buscaba eso, también necesitaba
respuestas para cosas que no encontraba.
Pero evidentemente lo mío tenía que ver más con
una búsqueda cinematográfica. Cuando yo terminé
la película, yo me bajé del barco. Ésa era mi diferencia
con ellos, por eso yo nunca te digo que yo me subí al barco,
sigo una amistad con ellos, sigo en contacto, hasta el día de
hoy, me escribo con ellos, hablo por teléfono, a August lo vi
hace tres meses, es decir, hay una relación permanente, pero
yo ya no vuelvo al barco.
¿Cómo surgió que el barco al
final se vaya a la deriva?
¿A Narragonia? No, eso no está planeado.
Pero ¿quién lo
planeó, que al final se acaba en el banco de arena?
Fue una metáfora, ésa fue una decisión compartida,
como lo fueron las decisiones que tenían que ver con la navegación
y con los riesgos que se asumieron, fueron decisiones que tome yo o
que proponía yo, pero que finalmente decidía August. Eso
causó mucho conflicto, porque las decisiones al interior del
barco se toman colectivamente. Por ejemplo, el riesgo vital de naufragio
era real, teníamos un barco que nos acompañaba en caso
de que sucediera. Pero el Barco de los locos se hubiera quedado ahí
y se hubiera perdido todo. Era impresionante. Yo necesitaba unas imágenes
determinadas y August decía: "Yo quiero arriesgar la muerte,
tenemos también que pasar por someternos a la posibilidad de
la pérdida, desprendernos incluso de lo único que tenemos,
que es nuestro barco, no tenemos nada más, no tenemos otra casa",
porque ninguno de ellos tiene una casa fuera y si perdían ahí
quedaban en la calle, como homeless.
La muerte para empezar otro
ciclo...
Claro, la muerte como lo que habla Kant y habla Jung, por eso el parto
también.
August parece como alguien muy
sabio, que ve las cosas a vista larga y sabe perfectamente cómo
encajar las historias, sin tener que hablar mucho, actúa con
una fuerza interior, por lo menos me parece así.
August dice: "En este barco a nadie se le va a negar un plato nunca,
lo que haya se compartirá entre los que están". Son
como normas y a veces a mí me ha tocado estar ahí, que
a veces realmente hay poco y cuando hay poco es que realmente cuesta
dar.
¿Qué tiene que
ver la locura con buscar la luz?
Hoy la diferencia o la noción de ver algo distinto es algo totalmente
contraproducente; la luz para mí es ésa capacidad de ver
cosas y de crearlas. Ellos nos enseñan la capacidad de riesgo,
de cuestionarte lo que haces, de mirarte a ti mismo. Reflexionar es
una capacidad que se ha ido perdiendo cada vez más y es lo que
nos hace diferentes de todas las demás especies.
Ya sé que la escena de
la cual te quiero hablar ahora no fue un regalo del azar, pero el señor
que se baja los pantalones para poder ver el espectáculo es como
la metáfora del otro lado. Ellos están encerrados en su
barco, buscando algo, y nosotros buscamos también algo girando
en torno de lo material y si hace falta nos bajamos hasta los pantalones.
Con una sola imagen has explicado la actitud de nuestra sociedad.
Lo que pasa es que como esa escena así de elocuente no son todas,
son sólo algunas, en este caso, es mi primera película
y a veces uno logra en una escena resumir todo, creo que ésa
es una de las escenas donde se resumen muchas cosas.
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Viaje
a Narragonia.
German Berger, España, Chile 2003; Fotogr.: Oriol
Bosch, Paco Toledo; So.: María Ramos,
Peter Suyderhou, David Sánchez; Ed.: Marc Capdevila;
Mu.: Ricardo Santander; Prod.: CECC, Grup Cinema Art; Coprod.:
A.B.S. Productions; Form.: 35mm 1: 1’66;
V.O.S.: Español; 84 min.;www.cecc.es |
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