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febrero
2004
Nº 110

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Manuel Forcano
Sudánica
Traducción de Juan Francisco Jiménez
Llovía en Khartum:
desaparecía en barro la ciudad
y la silueta de tu cuerpo bajo la lluvia.
Nos abrazamos como si fuéramos el agua
de los días de sequía.
En casa, una vaca con joroba
masticaba ante la comedora vacía.
El menú del hambre
era rebañar un hueso para comer,
y cenaríamos los labios que al mediodía lo habían
rebañado.
Inútilmente soñaban los cubiertos
bocas.
En el diario una noticia
hablaba de un turista muerto en un safari
atropellado por un rebaño de cebras:
en sus últimas fotografías
patas y pezuñas.
-"¿Y si tu no existieses?"
-"Otro vendría
con los labios llenos de espinas a encontrarte
para sanar y reconciliarse con el polvo
y el hedor a león muerto de estas calles."
En los pies de la estatua sin cabeza
del general Charles Gordon,
me dijiste que eran mentira las revoluciones:
-"Fue breve la libertad
como el celo de los animales en primavera.
Y el caudillo de los rebeldes,
Sulayman ibn Zubayr,
murió dentro de una mosquitera
llena de mosquitos.
Todo es irreconciliable:
mira esta ciudad partida por un río."
Por lo que se refiere a la esclavitud,
lo habíamos decidido:
iríamos al país de los hombres Dinka,
tú, a deshacerte de los grilletes,
y yo, a darme cuenta de que también los llevaba
en mis muñecas y tobillos.
Pero después de arrastrar las cadenas
por las montañas de Kassala
desistimos. Dijiste:
-"Mira atrapado entre músculos
el esqueleto". Un pájaro arrancó a volar:
el cielo cabía en una jaula.
Son distancias iguales recorridas que por recorrer,
los caminos: el viaje nos llevó a ningún lugar.
En Port Sudan
los barcos dormían quietos en el agua-aceite
y vimos a gente pagar por una sombra.
Unos hombres santos, en Fakia Kingui,
nos ofrecieron pociones mágicas
y oímos como los babuinos se reían.
En al-Junayna el sultán nos recibió en el palacio:
era de lata de Coca-Cola su corona,
pero llevaba en el cuello
una fila de siete prepucios
y hacía cumplir las órdenes
con los ojos. En Atbara
un frágil puente de cuerdas con tres hombres
cayó en el río de cocodrilos
y se enrojeció la espuma.
En Méroe, la antigua capital,
el tren no para ya,
y a su paso por la necrópolis
las tumbas de los faraones nubios tiemblan.
¿De qué sirven a una ciudad
mil años de imperio?
Siempre era de noche en las junglas de Kossinga.
Hacíamos trayecto: éramos palabras
pero no decíamos nada.
Nos daba miedo Mokele Embembe,
el monstruo chupa sangres que sigue
cada vez más cerca
la espalda del que va el último en la fila.
Tan cerca del ecuador
no reconocíamos ninguna estrella.
La selva nos confundía
y los poblados llevaban nombres en un alfabeto
que no entendíamos.
La pila de la linterna se consumía:
no decía nada de nosotros dos
el mapa.
Una vez dormimos dentro de un tanque abandonado
de una de aquellas guerras que nunca fueron
pero que todavía continúan.
Le había entrado un misil por el cañón
y el interior estrecho, de golpe,
se había hecho amplio.
"Este país, como tu cuerpo,
está lleno de pólvora."
Cuando te inventas el camino
cada paso es peligroso.
Las flores más vistosas
crecen solamente en los campos de minas:
de vez en cuando alguna oveja
revienta en una nube de pétalos de colores.
Nuestro amor era un árbol
en medio de un campo de mijo.
A lo lejos
vimos acercarse un guardia de frontera:
¿Buscaba una sombra?
Llevaba un hacha.
La virtud del deseo realizado
por Hèctor Bofill
La concesión en diciembre de 2003 del premio Carles
Riba, máximo galardón de la poesía catalana, y el
reconocimiento internacional (premio Tívoli, 2002) coronan la creciente
aceptación que ha despertado la obra de Manuel Forcano a lo largo
de la última década y confirman su protagonismo en el panorama
de la literatura catalana actual. La recepción de sus poemas está
marcada por una rara cualidad en el contexto de las luchas fraticidas
entre estéticas y tendencias, a saber, la de suscitar un consenso
y una estimación casi unánime desde las posiciones más
enconadas, lo que se combina con la capacidad de Forcano de atraer a un
numeroso público, de rebasar el estricto círculo de los
lectores habituales de poesía para reclamar la atención
de sectores más amplios. ¿Dónde encontrar las razones
de este éxito? Sin duda en la habilidad del poeta de transmitir
una concepción del deseo que ha conectado plenamente con la sensibilidad
contemporánea. Paradójicamente, su particular epopeya sobre
la persecución, la evocación y la consecución del
deseo se funde en los anhelos de nuestro mundo más inmediato gracias
al profundo conocimiento que el autor posee de la tradición y al
manejo magistral de los referentes del mundo clásico y semítico
(de Grecia a la Siria bizantina, de Bagdad a la Domus Áurea de
Nerón). El imponente mosaico de personajes, de estampas, de acontecimientos
históricos, se encuentran al servicio de una nueva ética
del erotismo y de la voluptuosidad, la interpretación de una realidad
en la que la pestilencia de la represión y de los traumas que pesan
sobre nuestra conciencia son derrotados por la plenitud de quien no teme
al placer. La poesía de Forcano es puro placer que rehabilita no
sólo nuestra intimidad sino que explora nuevas fórmulas
de relación entre el individuo y la sociedad que le rodea. Estamos
ante un neopaganismo, un desprecio hacia el tabú y hacia el límite,
un discurrir de los cuerpos de los que los poemas no son sino la legislación
de una actitud vital. Con este mensaje de telón de fondo, el talento
literario encuentra una de sus cimas en un poder metafórico deslumbrante,
en una irrupción de imágenes que restallan en la capa más
interna del lector hasta consternarlo, hasta sufrir una especie de catarsis
sensorial que le convencen de una existencia de posibilidades infinitas.
Leer estos poemas es como precipitarse hacia un surtidor de aguas frescas,
peinadas por el sol del desierto, que liquida los restos de nuestra angustia
y que nos redime de nuestro opresivo sentido de la obligación y
de la precariedad. Forcano inició su andadura con el libro Les
mans descalces (1993), libro en el que ya se encontraban todas las constantes
de una obra que iría abandonando su sentido casi apolíneo
del equilibrio en favor de una vocación desbordante: así
en De nit (1999), Corint (2000) y, sobre todo, Com un persa (2001) las
escenas del Mediterráneo oriental, de lo más exquisito de
las civilizaciones que nos precedieron, son el medio de transfusión
de los encuentros amorosos cegadores o de su memoria. Sin duda, la última
aportación al acervo poético, el libro El tren de Bagdad
(premio Carles Riba, de próxima aparición en 2004) está
llamado a ocupar un lugar privilegiado en el panteón de la lírica
catalana y, probablemente, de la lírica europea. En esta obra Forcano
expresa su pulsión expansiva desplazando al poema breve por el
formato del canto extenso, a modo de una subversión en la que el
viaje hacia el éxtasis se eleva a la categoría de la más
grande hazaña por la que los hombres merecemos ser recordados.
Manuel Forcano (Barcelona,
1968) es poeta, doctor en Filología Semítica y traductor
de líricos hebreos. Entre otros poemarios ha publicado Les mans
descalces (Columna, 1993), Corint (Proa, 2000) y Com un persa (Tàndem,
2000). El poema reproducido pertenece a su libro El tren de Bagdad. Premio
Carles Riba de poesía 2003.
Hèctor Bofill (Badalona,
1973) es poeta, novelista, doctor en Derecho y profesor de la Universitat
Pompeu Fabra. Sus últimos títulos publicados son el poemario
La Revolució Silenciosa (Proa, 2001) y la novela L'últim
Evangeli (Destino, 2003). Premio "Ciutat de Mallorca" de poesía
2004.
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