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noviembre
2003
Nº 107

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Los judíos
en el humor gráfico
ALEJANDRO
BAER
Al humor gráfico hay que tomárselo
muy en serio. Alejandro Baer ha hecho un seguimiento del humor gráfico
que se ha publicado en España los últimos años y
ha encontrado una tendencia a interpretar a los judíos bajo una
mirada demasiado genérica. ¿Nuevo antisemitismo? ¿Simplificación?
Los hechos saltan a la vista y se exponen razones al respecto.

El Jueves, 17 de abril de 2002
Desde el otoño
de 2000, con la deriva del conflicto israelí-palestino, la expresiones
nuevo antisemitismo y nueva judeofobia (la definición
etimológicamente correcta) se han hecho frecuentes para definir
una renaciente hostilidad hacia los judíos. La novedad de este
antisemitismo radica, por un lado, en sus promotores, y por otro, en su
carácter velado en forma de crítica política. A diferencia
de las décadas precedentes en que las actitudes y expresiones antijudías
provenían principalmente de grupos de ultraderecha más o
menos marginales, ahora forman parte del mainstream, del sentido
común en las sociedades democráticas europeas. Y precisamente
pueden circular con aceptación por tantos entornos sociales y recibir
una difusión importante en los medios de comunicación porque
viajan entremezcladas en un argumento de crítica política
y, fundamentalmente, políticamente correcta. Revestido
de un discurso de solidaridad con el pueblo palestino y su afirmación
nacional y estatal, la crítica a Israel ha tendido a retomar todos
los viejos e invariables estereotipos del antisemitismo clásico.
En España, la prensa ha cruzado con frecuencia el umbral que separa
la crítica a Israel del odio a los judíos, lo cual es apreciable
con una nitidez inquietante en las caricaturas y viñetas del llamado
humor gráfico. También es preocupante que en una sociedad
sensible a la multiculturalidad y al respeto a las minorías este
nuevo antisemitismo no haya suscitado respuestas o controversia alguna.
La acusación
de antisemitismo no es trivial, y por ello demanda una explicación
fundada. En primer lugar, la crítica a Israel se adentra en los
confines del antisemitismo cuando las acusaciones trascienden al Estado
de Israel o los israelíes (su gobierno, representantes, instituciones)
y se proyectan sobre los judíos como grupo. Esta proyección
se produce, en muchos casos, mediante la utilización distorsionada
o paródica de elementos religiosos o culturales judíos (solideo
en las viñetas en que aparece Sharon, expresiones como ojo
por ojo, pueblo elegido, etc.). Las viñetas también
incurren claramente en antisemitismo al acudir a los antiguos estigmas
antijudíos para representar a los israelíes (asesinos de
niños, conspiradores, taimados, vengativos).
Comparaciones
disparatadas
El antisemitismo siempre ha servido de código que designa lo que
en la sociedad tiene un carácter negativo y es por ello que a los
viejos estereotipos se suman nuevos. Hoy, el israelí/judío
es representado como opresor y explotador de un pueblo, como agente del
imperialismo y la globalización y, cada vez más, como asesino
nazi. La transmutación de las víctimas de ayer en verdugos
permite, además, relativizar y reducir la dimensión de la
tragedia del Holocausto mediante comparaciones disparatadas: Sharon es
Hitler y la ocupación de Ramalla es un nuevo Auschwitz, como afirmó
el escritor José Saramago en 2002. Pero el caso de Saramago es
representativo de otra característica definitoria del nuevo antisemitismo:
los nuevos antisemitas no se reconocen como tales y rechazan categóricamente
esta acusación. Algunos de los dibujantes incluso la parodian.
Una viñeta en La Razón, por ejemplo, refleja tanto la creatividad
como la inexcusable ignorancia del dibujante, pues presenta a un soldado
frente a un espacio cercado con un cartel que reza: Gueto Palestino:
prohibidas las comparaciones históricas.
Las caricaturas
o viñetas y la lógica del antisemitismo comparten una característica
común que convierte al humor gráfico en idóneo medio
para la difamación: ambos operan con clichés, generalizaciones
y simplificaciones. La caricatura comunica mediante el humor, la ironía
y el doble sentido. Al mismo tiempo, el estereotipo, la parodia y la exageración
pueden hacer de ella un arma difamatoria de gran eficacia. Las numerosas
viñetas sobre el conflicto israelí-palestino que aparecieron
en la prensa española conectan además con un extenso acervo
histórico de estereotipos, tópicos y libelos demonizadores
de los judíos, el cual es recuperado con fuerza en un nuevo escenario.
Ante una situación política compleja, en que las causas
de los problemas suelen tener matices y coloraciones, las caricaturas
ofrecen modelos simples de identificación y esquemas maniqueos
que, lejos de plantear reflexión o debate, canalizan odios cuyo
potencial destructivo no debería ser desestimado.
Alejandro Baer
(Buenos Aires, 1970) es sociólogo y ensayista. Es coautor de Medios
de comunicación, consumo informativo y actitudes políticas
en España (CIS, 2000). Las viñetas aquí publicadas
son parte de un trabajo realizado con Federico Zukierman, que lleva a
cabo la Asociación Guesher.

El Correo, 3 de agosto de 2002

La Razón, 7 de junio de 2001

Tiempo de hoy, 22 de abril de 2002

Sur, 15 de abril de 2002

La Razón, 2 de junio de 2001

La Razón, 8 de abril de 2002

El País, 23 de mayo de 2001

La Razón, 3 de septiembre de 2001

El país, 24 de mayo de 2001

El Periódico, 27 de octubre de 2003
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