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"Los robots serán muy
diferentes"
Luc Steels
Entrevista de Óscar Vilarroya
Luc Steels adquirió fama recientemente por haber
participado en la creación de "Aibo", un robot perrito
que comercializó la compañía Sony. Sin embargo, entre
la comunidad de científicos cognitivos Steels es conocido por ser
uno de los investigadores que está más cerca de responder
a algunas preguntas de la ciencia cognitiva y la lingüística:
¿Qué es un lenguaje? ¿Cómo adquieren las palabras
su significado? ¿Cuáles son las capacidades cognitivas imprescindibles
para que una especie adquiera la capacidad lingüística? Steels
ha conseguido que un grupo de robots autónomos se puedan comunicar
entre ellos. Nos concedió la siguiente entrevista en Barcelona,
donde fue invitado a dar una conferencia en el Museo de la Ciencia en
el marco del congreso de la Sociedad Americana para el Estudio de la Consciencia
(ASSC).
Usted ha creado artefactos que perciben el mundo, categorizan
sus objetos, los nombran, y que son capaces de crear un lenguaje que emplean
como un medio de comunicación. ¿Está seguro de que
lo que hablan sus artefactos es un lenguaje parecido al humano?
No pretendo que los artefactos con los que trabajamos
creen un lenguaje o un sistema de comunicación idéntico
al lenguaje humano. El lenguaje humano es muy rico: expresa emociones,
poesía, etc. Lo que hacemos es un experimento que no intenta reproducir
completamente el lenguaje humano. Un buen símil de lo que hacemos
sería el de la aeronáutica y el volar. Cuando los ingenieros
aeronáuticos construyen un avión no simulan todas las características
de los pájaros que vuelan. No ponen plumas sobre los aviones, ni
quieren que el avión mueva las alas. Es volar lo que les preocupa.
De manera parecida, en nuestro laboratorio intentamos descubrir cuáles
son las propiedades esenciales del lenguaje.
¿Y cuáles son estas propiedades básicas
que debe tener el lenguaje?
Por lo que hemos visto, el lenguaje tiene que estar enraizado
en el mundo, y no consistir sólo en palabras. En muchos programas
de ordenador hay palabras, pero no están relacionadas con el mundo,
con la realidad. El ingeniero computacional pone en los ordenadores la
definición de la palabra, y ya está. El ordenador procesa
esta información para, por ejemplo, una traducción, pero
no tiene la comprensión de la palabra. En este sentido, el lenguaje
que emerge en mis experimentos está más cercano al lenguaje
humano.
¿En qué sentido?
Por ejemplo, un aspecto muy importante del lenguaje humano
es que no está nunca acabado. Es un sistema adaptativo en constante
evolución. Nuevas situaciones dan lugar a nuevas palabras y los
significados cambian. Pues bien, en nuestro laboratorio hemos reproducido
esta propiedad del lenguaje.
En varios de sus escritos usted insiste en que el lenguaje
no es algo dado y estático, producto de una capacidad cognitiva
preestablecida, sino que es en parte importante una convención,
es decir, el producto de un acuerdo social entre individuos.
Pongamos la palabra "rojo". Si yo digo que un
lápiz es "rojo", necesito haber categorizado los colores
y realizar distinciones entre diferentes tipos de colores. Por lo tanto,
el lenguaje debe expresar este tipo de distinciones. Y para explicar los
orígenes del lenguaje debemos entender de dónde vienen tales
categorizaciones. Y tales categorizaciones vienen de la manera en que
percibimos el mundo, pero también de cómo nos comunicamos
con los demás miembros de nuestra especie. Por ejemplo, si yo digo
"déme el lápiz rojo", y luego usted me da el lápiz
naranja, entonces yo diré "oh, no, esto es naranja, y no rojo",
y en el mejor de los casos llegaremos a ponernos de acuerdo sobre qué
es naranja y qué es rojo, y de ahí saldrá la definición
de "rojo" y de "naranja". Es a través de esta
interacción continua con los demás que llegamos a establecer
nuestras categorizaciones y a definir el significado de las palabras.
Nada de esto es innato, sino el resultado de un proceso de negociación
social. Reproducir este proceso es uno de nuestros principales objetivos
experimentales.
Eso significaría que un sistema no precisa disponer
de un "módulo", de un subsistema, genéticamente
programado para procesar y producir reglas lingüísticas específicamente
programadas. ¿Cree que ha demostrado que la tesis innatista de
Chomsky sobre el lenguaje está equivocada?
Sí, así lo creo. Es verdad que mi programa
de investigación todavía no ha sido completado, pero al
menos en las áreas en las que hemos trabajado hemos demostrado
que muchas de las cosas que la gente necesita para comunicarse no son
necesariamente innatas.
Entonces, ¿cuáles son las capacidades básicas,
innatas, que un sistema debe tener para crear un lenguaje con las propiedades
que han identificado?
Todavía no se conocen completamente, pero lo que
es seguro es que son muchas, no sólo una. Para hablar, necesitamos
mover la boca, y de manera muy rápida. Necesitamos percibir sonidos
y realizar distinciones muy sutiles. Relacionar cosas que oímos
con cosas que producimos oralmente. Hay muchas habilidades, pero ninguna
es específicamente lingüística. Mi posición
es que no sólo necesitamos una capacidad, necesitamos muchas, pero
no todas ellas son originalmente lingüísticas. Por ejemplo,
la lengua, las cuerdas vocales o los labios, no aparecieron en el ser
humano para crear un lenguaje, sino para morder y tragar, pero posteriormente
se adaptaron al lenguaje. Lo mismo ocurre con la memoria. Necesitamos
memoria asociativa para encontrar alimentos y recordarlos, pero también
para asociar significados con palabras. Otra de las capacidades lingüísticas
que necesitamos es la capacidad para identificar secuencias y jerarquías.
Pues bien, incluso los pájaros reconocen la jerarquía en
las canciones. En resumen, todas esta habilidades se necesitan conjuntamente
para nuestras capacidades lingüísticas. Podríamos decir
que existe un umbral de capacidades que permite la aparición de
la capacidad lingüística.
¿En qué medida sus robots se diferencian
de los robots a los que la inteligencia artificial, aunque fuera sólo
en películas de ciencia ficción, nos tenía acostumbrados
hasta el momento?
Hay muchas diferencias. Durante mucho tiempo, la investigación
en robótica se dirigía fundamentalmente a los procesos de
fabricación industrial o a ciertos usos domésticos, como
la limpieza. Hoy en día tenemos robots en muchas fábricas
que son muy sofisticados. Sin embargo, no dejan de ser máquinas
y la diferencia con una máquina de lavar no es tan grande. No son
robots autónomos, inteligentes. Por ello, algunos investigadores
decidieron olvidarse de los "robots útiles", y centrarse
en robots que tuvieran procesos cognitivos y emocionales por sí
mismos y que pudieran despertar el interés de los seres humanos
simplemente por su comportamiento "inútil". Y ahí
apareció el robot Aibo de Sony que tanto fascina a la gente, y
que ha llevado a la investigación en robótica a un campo
completamente distinto del que se había llevado hasta el momento.
¿Pero son o no son inteligentes estos nuevos robots?
La cuestión de la inteligencia es muy difícil,
sobre todo porque nuestro concepto de inteligencia cambia con el tiempo.
En los años setenta había gente que decía que un
ordenador no podría nunca batir al campeón mundial de ajedrez.
Veinte años después Deep Blue ganó al campeón
del mundo. Entonces otros dijeron que a pesar de ello, Deep Blue no era
inteligente porque había sido programado. Parece que si un ordenador
puede hacer una actividad que considerábamos inteligente, entonces
eso deja de ser inteligente. Otros pensamos de manera distinta. Por ello
creo que la noción de inteligencia no es muy útil, porque
no nos ponemos de acuerdo sobre ella.
¿Usted cree que si sus robots ya hablan y se comunican,
y en cierto modo piensan, pueden llegar a ser conscientes de sí
mismos?
Esta cuestión es muy profunda. Podemos construir
un robot que realiza procesos de percepción visual, de coordinación
motora e incluso de categorización muy sofisticados. El resultado
es un robot con una gran capacidad cognitiva. La cuestión es: si
seguimos mejorando estos robots con estas capacidades, ¿acabarán
por tener consciencia? Yo creo que no. Algunos dicen que no hay nada más
que estas capacidades cognitivas para explicar la consciencia, y que si
añadimos cada vez más complejidad llegará un momento
que los robots parecerán conscientes. Esto puede ser verdad, pero...
La consciencia parece un misterio. Esta sensación que tenemos por
la mañana cuando nos despertamos y parece que una bombilla se encienda
es realmente curiosa.
Si caminanos de manera automática y de golpe tropezamos,
a partir de ese momento somos conscientes de cómo caminamos, mientras
que antes no. Pasamos de un modo automático de caminar a tener
la experiencia consciente de cómo caminamos. Los robots pueden
caminar y tropezar, fijarse en lo que ha pasado y levantarse, pero no
creo que sean conscientes. La consciencia es ciertamente un puzzle. Es
un misterio que necesita explicación.
¿Un misterio que tienen que resolver los filósofos?
Los filósofos no resuelven nada. Hablan, dialogan,
presentan sus opiniones pero no hay nada peor para un filósofo
que un problema resuelto, puesto que no puede seguir su juego de discusión
y argumentación. La respuesta tiene que darla la ciencia.
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