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noviembre
1999
Nº 59

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sin ficción
El humorista que no bromeaba
MIHÁLY DÉS
El multifacético Frigyes
Karinthy (1887-1938) es el escritor más popular de las letras
húngaras. Pero como suele ocurrir con autores de muchos registros,
sólo a uno de ellos se debe esa popularidad. Era poeta, periodista,
dramaturgo y narrador; escribió novelas borgianas avant la lettre,
obras de ciencia ficción, relatos alegóricos y miles de
columnas sobre asuntos cotidianos. Sin embargo, por lo que le veneran
sucesivas generaciones de magiares, es su faceta humorística.
Karinthy es un característico fenómeno del
Budapest de principios del siglo, que, como Viena, en esa época
tuvo su mayor esplendor artístico. Era la ciudad de Bartók,
de Lukács y de una serie de excepcionales escritores cuya lengua
impedía que fuesen conocidos en el extranjero. El humor de Karinthy,
un autor judío, se halla entre Woodie Allen y la ironía
de Kafka. Es un humor intelectual, tendiente a la paradoja y al absurdo,
que abarca, sin embargo, todos los aspectos de la vida cotidiana. Su ciclo
de relatos sobre la escuela Señor profesor, por favor
(1916) es aún citada con fervor a pesar de que ni la escuela ni
la relación padres-hijos guarda semejanza alguna con las de aquella
época. Sus parodías literarias Así escribís
vosotros (1912) popularizaron a autores que la crítica no era
capaz de digerir y su grotesca novela de ciencia ficción Capilaria
(1922) preconiza un mundo de dominio femenino absoluto.
"Con el humor no se bromea", decía Karinthy,
cuyo mayor complejo era que no le tomaran en serio. El público
esperaba chistes de él, y sus obras serias, como el cuento
"Circo" (que publicamos cual un editorial) desencajaban. Murió
de un tumor cerebral, pero antes había tenido el valor de realizar
la disección literaria de todo el proceso de su enfermedad, incluida
la operación aparentemente exitosa, en Viaje alrededor de mi
cráneo (1937), su mejor novela. Tan buena y seria como sus
pequeños textos de humor.
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