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septiembre 2003
Nº 105

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El judaísmo de san Pablo
Mario Javier Saban

Su nombre judío fue Saúl de Tarso, su nombre cristiano, Pablo. Mientras para muchos fue el auténtico fundador del Cristianismo, para otros fue el traidor de Israel. Pero, ¿qué hay de verdad en todo esto? Mario Javier Saban sostiene una tesis revolucionaria, basada en los textos bíblicos, según la cual el apóstol nunca habría dejado de ser judío.

Intentar llegar al pensamiento de un hombre que vivió hace más de dos milenios es una tarea que algunos podrían calificar de atrevida. Y más cuando vemos que dicho sistema de ideas fue indudablemente el que generó la aparición del cristianismo como religión autónoma del judaísmo. Sin embargo, la teología ha intentado penetrar la ideología subyacente dentro del Nuevo Testamento.
Desde mi perspectiva, es indudable que jamás los primeros seguidores del rabino Yeshu de Nazaret pensaban apartarse del judaísmo y fundar de ese modo una nueva religión. El planteamiento de la “originalidad de Jesús” como el factor de desvinculación entre ambas religiones es un absurdo teológico. El historiador judío Joseph Klausner veía en Jesús un componente original que segregó a la comunidad hebrea creada por Jesús del judaísmo. Si comprendemos que el propio Jesús plantea que el mandamiento fundamental de su sistema de pensamiento es el Credo judío o Shema Israel (san Mateo, cap. 12, versículos 28 y 29) no hay duda de que siempre fue un judío fiel a su herencia. Sin embargo, tras la muerte de aquel humilde rabino galileo, aparecerá en la escena histórica aquél a quien se le confiere el dudoso título de ser el “verdadero fundador del cristianismo”. Y decimos dudoso porque quien lea y analice en profundidad las ideas de este hombre podrá imaginarse cuánto judaísmo poseía.
Hablamos del judío Saúl de Tarso. La historia le conoce con el nombre de san Pablo. Todos apuntan a que fue este hombre el “sedicioso” o “el traidor de Israel”. A él es a quien se le atribuye la fundación del cristianismo como una religión independiente, con la creación de un sistema de ideas que desvinculó definitivamente al grupo mesiánico judío de los nazarenos (como eran llamados los primeros cristianos) del tronco del judaísmo tradicional.
La teología católica admira sus cartas apostólicas y las estudia en forma permanente. La teología judía lo ignora olímpicamente. Sin embargo ambas teologías cometieron lo que yo podría denominar una tergiversación teológica con fines particulares. ¿Cuál fue la tergiversación histórica que sufrieron la figura y el sistema ideológico del judío Saúl de Tarso?
El cristianismo lo desjudaizó y el judaísmo lo ignoró. La desjudaización del judío Saúl de Tarso para transformarlo en el campeón de Cristo como objeto de redención fue un proceso que comenzó a mediados del siglo ii, por obra de quien después sería considerado un hereje por parte de la Iglesia, Marción del Ponto (86-150). La Iglesia católica y el cristianismo en general se han apoderado del judío Saúl de Tarso y lo han desjudaizado. El judaísmo por su parte cometió otro error histórico y teológico al abandonar el análisis de la teología paulina a su suerte, y dejar en manos de los gentiles que ingresaron al movimiento mesiánico judío nazareno (cristiano) el estudio de su pensamiento. El interrogante es: ¿Cómo podemos llegar al pensamiento real del judío Saúl de Tarso?
En primer lugar debemos extraer de nuestra mente dos preconceptos que son completamente falsos y que se relacionan con ambas teologías, tanto la judía como la cristiana. El primer preconcepto que debemos extraer de nuestra mente es el que proviene del judaísmo rabínico: Pablo fue un traidor al judaísmo. Esta afirmación carece de sentido. Decir que Pablo fue un traidor al judaísmo es no haber leído jamás a san Pablo. Saúl de Tarso nació judío, vivió como judío, pensó como un judío y murió judío. Por lo tanto para una verdadera comprensión de san Pablo no podemos tomar este camino de análisis.
El segundo preconcepto que debemos solucionar y extraer de nuestra mentalidad es el que proviene de la tradición católica y cristiana en general. Aquí la Iglesia en su intento de desjudaización de Pablo dice que gracias a él se derogó la circuncisión al enfrentarse a los judaizantes (cristianos que deseaban continuar la ley de Moisés), y por lo tanto, después de su conversión, abandonó su tradición farisea para volverse cristiano. También se dice de él que ya había abandonado el shabat hebreo y que gracias a este hombre la Torá (ley) era derogada por la fe. Debemos revisar todas estas ideas.
Decir que Pablo se convirtió en cristiano es no comprender su judaísmo. “Pablo nació judío, vivió judío, pensó como judío y murió como judío.” Es interesante que con respecto al judío de Tarso, tanto la teología cristiana como la judía, desde ópticas diametralmente opuestas, acepten el mismo punto. Para el cristianismo Pablo es el héroe antijudío y para el judaísmo Pablo es el traidor antijudío. Después de diez años de investigación sobre los orígenes judíos del cristianismo, he llegado a una conclusión histórica y teológica: el judío Saúl de Tarso deseaba universalizar el judaísmo a través de la figura del Mesías y de ningún modo pensó en crear una comunidad separada del judaísmo. Sin embargo no es correcto científicamente que yo exponga mi conclusión antes de plantear todo el sistema ideológico de este genial judío.

Ni héroe ni traidor
Llegamos entonces al núcleo central: ¿Quién fue el enigmático judío Saulo de Tarso? ¿Quién fue en realidad y qué pensó san Pablo? La pregunta central es: ¿Qué pensaba el judío Saúl de Tarso de la Torá judía? Para ello citamos un párrafo del Nuevo Testamento que dice: “De manera que por su parte, la Torá es santa y el mandamiento es santo, justo y bueno” (“Carta a los romanos”, cap. 7, versículo 12). La Ley de Israel es para san Pablo una legislación santa. ¿Podemos pensar que el hombre que creía que la Torá era santa deseaba crear otra religión separada del judaísmo? Y vuelve a repetir en su “Primera Carta a Timoteo” (cap. 1, versículo 8): “Ahora bien, nosotros sabemos que la Torá es excelente con tal de que uno la maneje legítimamente.” ¿Cuándo creó este judío el cristianismo? ¿Cuándo definió Pablo qué es ser cristiano? Pablo no dice en ningún lado quién es un cristiano, sin embargo sí plantea quién y cómo debe ser un judío: “Es judío el que lo es por dentro y su circuncisión es la del corazón por espíritu y no por un código escrito. La alabanza de ése viene, no de los hombres, sino de Dios.” “¿Cuál es pues la superioridad del judío o cuál es el provecho de la circuncisión? Muchísimo de todas maneras. En primer lugar porque a ellos fueron encomendadas las sagradas declaraciones formales de Dios” (“Carta a los romanos”, cap. 2, versículos 28 y 29, y cap. 3, versículos 1 y 2).
¿Es posible pensar que el fundador del cristianismo y el hombre que dividió la Iglesia de la Sinagoga pueda hablar de este modo?
Imaginemos entonces a quien los teólogos e historiadores judíos han llamado a través de los siglos “el traidor”, y a quien los cristianos han llamado “el héroe de la teología”, diciendo que la superioridad del judío se mantiene y que la circuncisión sigue siendo provechosa. ¿Es posible que alguna persona con sentido común pueda dudar leyendo estos versículos del sentimiento judío de san Pablo? Cuando un judío lee a san Pablo en los versículos 1 y 2 del capítulo 3 de su “Carta a los Romanos” debe sentirse admirado del profundo judaísmo de este hombre. ¿Por qué razón los rabinos abandonaron el judaísmo de san Pablo? ¿Por qué razón los sacerdotes cristianos no han comunicado a sus millones de feligreses en todo el mundo la definición del judaísmo de la “Carta a los romanos”? ¿Qué estrategias teológicas negaron el verdadero judaísmo de Saúl de Tarso? ¿Por qué se desjudaizó a Pablo? ¿Por qué los rabinos judíos no lo rescataron? ¿Tendrían miedo los rabinos de la Iglesia cuando ya en el siglo iv se constituía en el poder imperial de Roma? Por ahora son preguntas sin respuesta.
San Pablo o Saúl, era un judío, hijo de padres judíos, que había nacido en Tarso (Cilicia, Asia Menor). Era ciudadano romano de nacimiento, lo que implica que su padre seguramente obtuvo este honor por su elevado rango económico y sus favores al Imperio. Había sido circuncidado al octavo día como todo varón hebreo, y había estudiado la ley judía con el rabino Gamaliel, de la escuela de pensamiento de Hillel el Sabio. Pertenecía a la ideología farisea como él mismo declaró: “Fariseo, hijo de fariseos.” Los fariseos eran aquellos judíos que creían en la llegada mesiánica, la resurrección de los muertos y la importancia del saber rabínico como método de interpretación de la legislación. Estos tres conceptos serán heredados tanto por el judaísmo como por el cristianismo. Habría nacido entre los años 6 y 7 de la era común, y por lo tanto en el momento de su ingreso en el movimiento mesiánico nazareno tendría unos treinta y dos o treinta y tres años. Se declara históricamente que Saulo fue aceptado dentro del grupo mesiánico alrededor del año 38 o 39. Esto es, unos seis años después de la muerte del rabino de Nazaret. Quizás éste sea ya un dato clave: Pablo jamás conoció a Jesús de forma personal.
La teología cristiana ya se encuentra aquí con el primer obstáculo: el gran teólogo Pablo no conoció a Jesús sino en una visión en el desierto. Esto aleja al judío de Tarso del pensamiento central apostólico de los primeros seguidores. Si para el judío Simón Bar Yona (san Pedro) y sus seguidores hebreos, el judío Yeshu (Jesús) es un sujeto de enseñanzas, para el judío de Tarso, Jesús será el objeto de la creencia mesiánica.
El otro elemento que debemos tener en cuenta para el análisis de la figura de san Pablo es el ámbito de su prédica. Si uno lee profundamente el libro de Hechos de los apóstoles desde el capítulo 12 hasta el final, verá que Pablo va y viene a través de todas las sinagogas del Mediterráneo Oriental hasta llegar a Roma. ¿Cuál es entonces el ámbito central de actuación de san Pablo? Las sinagogas. ¿Qué día es el mejor para la prédica? El shabat, el día del descanso sabático. Aquí la teología cristiana intenta por todos los medios informarnos falsamente que después del shabat los primeros cristianos recordaban el día de la resurrección de Jesús y que ya había una conciencia clara de abandonar el sábado judío por el domingo. Esta idea carece completamente de fundamentación. El Shabat judío continuó siendo practicado por el cristianismo desde la muerte de Jesús hasta el año 150, cuando san Justino nos informa que se adoraba a Jesús el día del dios Sol. El judío de Tarso jamas abandonó la práctica judía del descanso sabático, y esto lo confirman sus permanentes prédicas sinagogales.
El otro elemento que debemos analizar es si Pablo observó la legislación de Moisés. Aquí, en el intento de su desjudaización, la teología cristiana nos ha plan-teado de forma permanente que, conforme a unas palabras de la carta a los gálatas “El fin de la Torá es el Mesías”, la intención de Pablo era la anulación de la Torá (ley de Moisés). ¿Podía un judío como Pablo llegar a esta conclusión cuando en su propia vida continuó practicando la legislación hebrea en su totalidad? Veamos.
En los primeros versículos del capítulo 16 del libro de los Hechos de los apóstoles, el judío Saúl de Tarso circuncida a Timoteo. ¿Por qué lo circuncida? Es muy simple la respuesta: Timoteo era un hijo de madre judía, y siguiendo la más antigua legislación hebrea debía estar circuncidado. ¿Qué legislación aplica Pablo aquí? La legislación judía.
El segundo caso de observancia judía en Pablo se verifica cuando en el año 58 va al Gran Templo de Jerusalén a orar, y realiza el voto de nazareato. Ahora bien, la teología católica y la cristiana en general nos planteó siempre que Pablo derogó la Torá porque él fue el campeón de la fe. Siempre escuchamos que Pablo elevó la fe sobre la ley de Moisés. Tan repetido está este preconcepto, que creemos que es verdadero. Ahora bien, leamos lo que el propio Saúl de Tarso nos dice: “¿Abolimos la Torá pues por medio de nuestra fe? ¡Jamás suceda eso! Al contrario, establecemos la Torá.” (“Carta a los romanos”, cap. 3, versículo 31) ¿Alguna vez alguien leyó este versículo? “¡Jamás suceda eso!”, grita Pablo. Jamás se deberá derogar la Torá por la fe, todo lo contrario, le damos fuerza a la Torá judía.
Llegados a este punto, debemos comenzar la reflexión, debido a que podría continuar citando a san Pablo unas cincuenta o sesenta veces a favor de la ley de Moisés, del judaísmo y de la continuidad de la observancia ritual hebrea.

¿Quién mintió?
Nos enfrentamos aquí a un punto nuclear: ¿Quién nos mintió? Porque indudablemente estamos tan llenos de preconceptos que cuando leemos el texto encontramos que la literalidad textual deroga las “verdades repetidas” por la teología. Tenemos aquí varias cuestiones complicadas en cuanto a las consecuencias de la investigación teológica que estoy realizando:
En primer término, demostrar el judaísmo de san Pablo no implica solamente decir que la “originalidad cristiana” no apareció con Jesús, sino que tampoco es atribuible a san Pablo, lo cual nos lleva a la conclusión de que el cristianismo se fundó en el siglo ii, cuando ya habían pasado dos o tres generaciones de aquella primera generación de judíos mesiánicos. En segundo término, mostrar el verdadero rostro judío del cristianismo primitivo es en esencia enfrentar a los sectores cristianos que continúan dentro del antiju- daísmo medieval, que en el fondo representa un anticristianismo pagano camuflado. En tercer lugar, analizar el pensamiento judío de san Pablo es comprender que la división religiosa entre el cristianismo y el judaísmo no fue una ruptura tajante, sino un proceso evolutivo, o involutivo, según se lo quiera analizar.
Para el judaísmo san Pablo representó al “judío universal” en el momento en que, en la guerra del 66 al 70, el nacionalismo judío se rebeló de manera frontal contra Roma. Mientras Saúl de Tarso caminó por un esquema de internacionalización del judaísmo, el judaísmo caminó por un camino nacionalista. La idea del judaísmo de Pablo era probablemente la desnacionalización del judaísmo del pueblo hebreo, él fue quien intentó romper la nacionalidad de la religión judía, y este esquema resultó inseparable hasta nuestros días. Quizás los rabinos no le perdonaron por esto.
El judío de Tarso abrió la ética judía a los gentiles mediante un difícil proceso de teología estrictamente judía que analizaremos en otros artículos. Los rabinos pusieron un cerco a la nacionalidad judía y encerraron la religión hebrea en una estructura nacional. El rabinismo talmúdico salvo así al judaísmo de su desaparición, y no tomó el camino de la universalización, que podría implicar el peligro de aniquilamiento.
El grupo de gentiles (no judíos) que asumió la conducción del movimiento mesiánico a fines del siglo ii desjudaizó el judaísmo mesiánico de Jesús, para dejar simplemente su huella mesiánica y abandonar el nacionalismo hebreo. Los gentiles que se apoderaron de la dirección del cristianismo tenían como objetivo la expansión y la internacionalización de la ética judía mesiánica. Fue así como la teología católica deformó todo el componente judío de los Evangelios a través de la interpretación teológica, con el fin de crear una religión independiente del ju-daísmo nacionalista.
De ese modo el pensamiento del judío Saúl de Tarso fue utilizado para crear una división religiosa, aunque no haya sido ese el objetivo del apóstol.

Mario Javier Saban (1966) es investigador de historia judía y autor de diversos libros de temática judía, entre los que destaca Las raíces judías del cristianismo (Beas, Buenos Aires, 1994).